Con nerviosismo entre sus pequeñas manos giraba delicadamente la rosa blanca que estaba ligeramente bañada con el roció de la madrugada, no quería ni pensar que pasaría cuando su madre se diera cuenta que había cortado una de sus rosas.
Aun indeciso con entregar o devolver la flor al jardín, con lentitud comenzó a acercarse a su compañera de clase, que dormitaba a unas mesas de distancia, él sabía que Sakura solía llegar temprano, muy temprano, para leer y repasar los textos de los libros de la academia, por lo que en esa ocasión había madrugado.
Con delicadeza retiro algunas espinas de la flor, recordando una conversación que alguna vez había escuchado de su madre con la señora Yamanaka.
"—Llevara rosas blancas, Mikoto, buena elección."
"Mikoto apenada solo rascaba su mejilla derecha con nerviosismo, sin esperar más la rubia continua."
"—Ya sabe lo que dicen de la gente que regala rosas blancas: es una de las demostraciones más puras de un amor que va más allá de lo físico o material."
"La señora Yamanaka se había embelesado mirando el sencillo ramo de rosas blancas, mientras continuaba alabando la elección de su madre."
"— Sentimientos sinceros, que romántica Mikoto, nunca lo hubiera imaginado de ti, Miko y más aun teniendo en cuenta lo poco que se llegaron a tratar ambos, prácticamente le está diciendo a su marido "Soy más que digna de estar a tu lado."
El pequeño azabache escondió detrás de su espalda la flor y con lentitud se acercó a su compañera que permanecía dormida entre la pila de libros, manuales y cuadernos.
Con nerviosismo aclaro su voz y se animó a hablar.
— ¿ Saku… Haruno? —Su voz tembló inevitablemente.
La chica no respondió, por lo que, armado de valor, se colocó a cuclillas frente de ella, su tembloroso dedo lentamente se acerco a la frente de la chica y repitiendo el gesto que su hermano siempre le hacía para disculparse de sus ausencias o llamarle la atención, con suavidad golpeo la frente de la niña.
Ella suavemente se removió entre las hojas de sus libretas indispuesta a despertar, Charasuke la observo con atención esperando, una suave sonrisa ilumino su infantil rostro al observarla tan cerca, era aún más bonita de lo que recordaba, aun mas sin tener su entrecejo arrugado.
Sentía la enorme necesidad de besar su frente, tal como su madre lo hacía antes de que fuera a dormir, pero no pudo el recuerdo del día en que la conoció no lo dejo hacerlo, con lentitud coloco la flor en el largo y despeinado cabello rosado de la chica y sin más se alejó, a pesar de todo temía a que ella lo volviera a mirar, como en la ceremonia de inicio de curso, con sus ojos jade fríos de desprecio.
Ya habría tiempo para que ambos se volvieran amigos, pensó dándose ánimos.
La voz de Iruka inmediatamente la despertó, con rapidez levanto su cabeza, sintiéndose algo mareada por la falta de sueño, miro a su alrededor, logrando identificar donde estaba, arrugando aun mas sus ojos observo la enorme pizarra blanca donde su profesor comenzaba a escribir algunos artículos de los tratados y derechos de los ninjas.
La tímida voz de Ino llamo su atención.
—Saku… Haruno, que bonita rosa, la de tu cabello. —Murmuro la chica tartamudeando por su extrema timidez.
Sakura con incredulidad arrugo aun mas sus ojos y chasqueo la lengua, mientras miraba de reojo el reflejo propio por una de las ventanas del salón.
—¿Pero… quién? —Pregunto la niña de ojos jade.
—Lo siento, cuando llegue ya la tenías. —Ino susurro avergonzada por no poder darle la información, a su única amiga, o al menos ella veía así a Sakura.
Discretamente miro a cada uno de sus compañeros, buscando un indicio de culpabilidad o risas.
Nada, todos parecían estar metidos en sus temas, nadie parecía burlarse, mirarla con picardía o esperando el momento de humillarla.
Bruscamente giro su torso para continuar su búsqueda con los compañeros de atrás y casi inmediatamente sus ojos se cruzaron con el par de ojos color carbón, la miraba y le parecía extraño, sin darle importancia al hijo del líder de los Uchiha, su estómago la volvió a traicionar, revolviéndose como la otra vez.
Incomoda hizo un mohín molesta e inmediatamente continuo su búsqueda, hasta que su par de ojos color jade chocaron con el rubio de ojos azules que no prestaba atención, en su cabello y ropas había una gran cantidad de hojas de árboles y tierra.
—¿Menma? —Susurro lo suficientemente fuerte como para que tanto ambas compañeras con las que compartía mesa la escucharan.
Los aperlados ojos de la digna heredera Hyuuga la miraron con enojo en respuesta, mientras que los azulados y tímidos ojos con sorpresa se abrieron ante la noticia.
Las mejillas de la chica de cabello azulado rápidamente se tiñeron de rojo ante la molestia y enojo, sin titubear hablo en susurros.
—A mi Menma no puede gustarle una niña tan fea y simplona como tú.
Ignorando olímpicamente a la niña de cabello corto y azulado, volvió su vista a la pizarra.
Hinata, rodo los ojos aun molesta, mirando de reojo al verdadero autor de tal acto, Charasuke Uchiha, lo maldijo mentalmente por ocasionar tales confusiones, rezaba que solo quedara en eso o que al menos ese idiota aclarara todo y sin más se giró, volviendo a su mundo, mientras que Ino, siendo más atenta que cualquiera de los niños de ese salón, se percató de como las mejillas de su amiga la que todos consideraban más fría que el hielo e inclusive una insensible, se habían tornado de un ligero color carmín y que sus labios suavemente se habían curveado en una ligera sonrisa boba.
En su mente infantil Ino lentamente canturreo un "A Sakura le gusta Menma y a Menma le gusta Sakura."
La conocía y sabia que Sakura cuestionaría a Manma en cuanto terminaran las clases.
La niña de ojos cielo a tino a rezar a sus dioses porque todo resultara bien para Sakura.
La campana de salida sonó y la chica de ojos jade sin titubear se acercó al rubio.
Ambos se miraron, pero antes de que Sakura pudiera decirle algo Menma la miro con repugnancia y rio en forma de burla.
—Piérdete. —Le dijo sin más, para alejarse.
Los ojos jade lentamente se inundaron en las lagrimas que amenazaban con estallar en cualquier momento y exploto en cuanto el peculiar cabello azabache junto a otros de sus compañeros se asomaron mirándola con intereses, que ingenua había sido sin soportarlo corrió a su escondite en el bosque prohibido.
Charasuke estuvo a punto de ir detrás de ella, pero la gélida voz de su madre lo evito.
La elegante mujer se acerco a su hijo y lo tomo de su mano, sin dirigirse palabra alguna caminaron a casa.
—Hijo. —Mikoto hablo rompiendo el silencio. — ¿Debo recordarte que como hijo del líder del clan tienes una gran responsabilidad?
Charasuke negó y su medre continuo con amargura.
—La realidad es cruel, pero es mejor saberla y no olvidarla hijo porque podrías terminar con el corazón roto, la vida no es fácil ni de color rosa, tristemente tu vida, no te pertenece, tu vida es del clan y Konoha. —Destaco Mikoto triste. —Uno como ninja debe cumplir sus obligaciones antes de pensar en uno mismo, tu eres un Uchiha y jamás podrás estar con una chica cualquiera, estas destinado a tener lo mejor y serlo, por tus venas corre un poder único y no se puede perder mezclándolo con la sangre de cualquiera, podría sonar cruel, pero todos en este mundo tenemos un camino y el tuyo no es con aldeanos.
Charasuke sintiendo un nudo en su garganta, no respondió, pero asintió sin ánimos.
