Yuri on Ice y sus personajes no me pertenecen.
Victuuri / Transexuales / AU
Sinopsis: Víctor Nikiforov inició su carrera literaria con historias hablando sobre el amor que traspasan las barreras. Yuuri Katsuki se dio a conocer en Japón gracias a sus cuentos de terror. Cuando ambos se encuentran, inician un camino que nadie ha imaginado para responder a una sola pregunta: ¿cómo puedes amar a alguien si tú no te amas?
La historia que han vivido juntos no ha sido escrita, pero hoy será contada.
Advertencia: Yuuri y Víctor trans, posible OOC, aparición de OCs (ninguno conflictuando la relación Victuuri) Universo Alterno.
II — Ella
Víctor Nikiforov se puso de pie para acercarse a su pareja, Yuuri Katsuki, quien le miraba con los ojos brillantes. Sus rasgados rasgos eran enfatizados por el maquillaje y sus labios estaban coloreados de un suave color rosa vieja; lucía un bellísimo vestido de decorado japonés en tono azul rey, con bellas representaciones de aves con plumas brillantes que resaltaban en su piel blanca. Cuando se puso de pie, la falda del vestido cubrió un poco más arriba de sus rodillas y se quedó abrazada en los brazos de su pareja, arrullándose mutuamente con sumo cariño, mientras el anillo en su mano derecha resaltaba entre los mechones claros de su novio.
Cuando la había visto llegar, era una chica tímida y reservada que buscaba usar ropa holgada y cómoda, con un estilo muy clásico y conservador. Víctor tuvo la razón al decir que cuando la maquillaran se sorprendería porque era la mujer más hermosa que podrían ver. Sus senos eran resaltados por el corte V del vestido y su cabello estaba alisado y peinado para la ocasión, con una peineta que fue regalada por su propia madre. Era preciosa.
El director dio las instrucciones para continuar y Bárbara volvió a tomar aire. Pidió que le entregaran un pañuelo porque estaba segura de que, en la próxima parte de la historia, no podría aguantar. Todo lo que sabía de lo ocurrido con Yuuri obedecían a algunos comentarios previos cuando estaban programando esa entrevista, pero si con Víctor había sentido esa sensación de querer abrazarse, no imaginaba que sentiría ahora que la escucharía.
Tras el aviso, Víctor se acercó de la mano a su novia, Yuuri Katsuki; nadie jamás imaginaría que una mujer como ella fuera uno de los exponentes más importantes del género del terror.
—¿Estás lista? —Preguntó Víctor, mirando a la periodista con suavidad.
—Yo lo estoy. —Barbara recogió más aire, dirigiéndole una mirada maravillada a Yuuri Katsuki—. ¿Tú lo estás, Yuuri?
—Sí… —respondió la japonesa tomando tanto aire como ella. En ese momento, Víctor se inclinó y le robó un suave beso a Yuuri, provocando que ella se echara hacia atrás y mostrara un preciosísimo rubor—. ¡Víctor, me quitarás el labial!
—A estas alturas, quiero quitarte más cosas. —Barbara carraspeó ante la insinuación y Yuuri se puso aún más roja. Sus orejas semiocultas entre el cabello y adornadas por alhajas doradas se mostraron enrojecidas.
—¡Listo! ¡A sus posiciones! —Se sentaron esperando el conteo y Barbara vio el modo en que Yuuri buscó la mano de Víctor que vestía el anillo y apretó el agarre—. ¡Tres, dos, uno!
—Continuamos con nuestra entrevista de hoy, en nuestro espacio 'Vientos de cambio', donde podrás conocer historias realmente inspiradoras que son capaces de cambiar nuestra visión del mundo. Y que mejores exponentes que nuestros invitados: Víctor Nikiforov y su pareja, Yuuri Katsuki, ambos grandes exponentes del género del romance y terror, respectivamente, en el mundo de la literatura.
» En esta ocasión quiero hablar sobre nuestra invitada, Yuuri Katsuki. Durante los primeros años que este nombre se escuchó como parte de la nueva cultura del terror en Japón, se desconocía la apariencia de esta mujer. Es hasta hace un año que pudimos tener la primera aparición en público de esta increíble autora, que me fascinó y me dejó sin aliento con su obra: 'Cuando las ramas sollozan', su libro más popular hasta el momento. Gracias por haber aceptado la invitación, Yuuri.
—Gracias a ustedes por habernos ofrecido este espacio. —La voz suave y ligeramente gruesa de Yuuri se escuchó.
—Era inevitable que llegara este momento. Dime Yuuri, usaste tu propio nombre como seudónimo y, a diferencia de Víctor, que sí requirió un cambio de nombre en su documentación, tú decidiste permanecer con el tuyo. ¿Por qué razón?
—Realmente el nombre de Yuuri es un nombre muy especial, tengo que agradecerle a mi madre el que me lo haya dado. Entre los kanjis que componen su escritura, está el kanji del coraje, y en algún momento sentí que esto tenía algún significado sobre lo que realmente era, porque además mi nombre tiene otro uso en Japón, que es para llamar a los lirios, mi flor favorita. Tiene un gran valor para mí y es un nombre unisex, así que no había problema de mantenerlo siendo hombre o mujer.
—Y se convirtió en su seudónimo.
—Pensé que las personas creerían que era una casualidad el que compartiéramos el mismo nombre y no sospecharían que yo era la autora de esos libros. Creí que sería una forma efectiva de despistarlos.
—Según el relato de Víctor, cuando te envió esa carta con sus impresiones de tus cuentos, dejaste de escribirle. ¿Qué ocurrió?
—La verdad, me aterré. Siempre me presenté a Víctor como una mujer, sentí que con él podía dejar salir esa identidad que había guardado por mucho tiempo. Su forma de escribir y sus personajes me invitaban a imaginar que alguna de esas historias de amor podría ser la mía, que yo podría vivirla. Así que para mí fue fácil escribirle y presentarme de esa forma. No esperé que Víctor mejorara tan rápido el japonés, mucho menos que tuviera el interés de buscarme. Cuando me di cuenta de que me había encontrado, me sentí asustada. No quería que Víctor viera quien era en realidad: un hombre gordo, no una bella japonesa.
—Y entonces, él llegó a tu casa.
—Víctor nunca dejará de s-sorprenderme…
—Y lloraste.
—Estaba muy asustada, convencida de que él me odiaría. Todo lo que podía sentir era vergüenza y terror. No quería que me viera, deseaba desaparecer. Si hubiera sido posible, hubiera muerto allí mismo y hubiera estado bien. Me aterraba más pensar que los ojos de no solo un ídolo, sino casi un amor imposible, me miraran con asco.
—¿Cómo fue que te diste cuenta de tu real naturaleza?
—Tenía tres años. Mi mamá me dejaba a cargo de Minako-sensei y ella era una bailarina muy cotizada. El ballet me enamoró y quería verme con esos trajes de pedrerías que veía en las fotografías y videos. Allí fue que me di cuenta de que algo andaba mal, aunque no lo entendiera. ¿Por qué me señalaban al príncipe si quería ser la princesa? Al inicio, mis padres no vieron con problemas el que usara tutú, el que agarrara los vestidos de mi hermana mayor y tratara de usar los pocos labiales de mi madre. Conforme fui creciendo, pude notar que esa mirada de diversión cambiaba a miedo.
» La primera vez que me enfrenté a esa mirada en mi madre, supe que algo estaba mal en mí. Recuerdo que ese día me había vestido con el kimono del festival de verano de mi hermana, que me quedaba muy grande, e intentaba ponerme una de las peinetas que tenía sobre el tocador. Mi hermana solía usarme para vestirme como si fuera una muñeca, yo era muy feliz con esos juegos, así que fue fácil jugar solo mientras mi hermana estaba en la escuela. Pero cuando mamá me encontró, sus ojos se quebraron. Fue como ver partirse una ventana y que entrara la lluvia. Empezó a limpiarme la cara para quitarme todo el maquillaje que intentaba colocarme y lloraba diciendo: 'perdón', 'perdón', 'perdón'. No puedo culpar a mi madre de sentir miedo, no sabía qué hacer. Vivíamos en un pueblo olvidado y lejano, con costumbres muy arraigadas y el miedo fue su primera reacción. Le prohibió a Mari-chan volver a jugar conmigo como si fuera su muñeca y yo, yo entendí. Entendí qué estaba mal: yo lo estaba.
» Mis padres, pese a la confusión y el miedo que tuvieron, intentaron hacerme feliz. Papá logró explicarle a mamá que no importaba si quería usar rosa porque me seguía gustando el azul, que estaba bien. Que creyera en lo fuerte que yo era. Recuerdo el día que mi hermana me regaló un vestido rosa, ante la mirada asustada de mamá. Yo fui feliz de poder vestirlo, aunque estuviera dentro de la casa. Entonces se convirtió en eso, en algo dentro de casa, que solo algunos turistas y vecinos veían, pero lo consideraban como una manera de consentirme demasiado. Sin embargo, al salir... al salir debía ser un niño.
—Debió ser muy duro para ti y tus padres.
—Mis padres me aman, jamás podría dudar de ello. Me aman de una forma infinita, pero para combatir el odio no puedes hacerlo solo con amor, sino con conocimiento. Eso era algo que ellos no tenían en ese momento. Hubo una vez que escuché la discusión de un anciano que llegó a nuestra casa con su familia. Regañó a mi padre por no darme corrección. Mi padre intentó contenerlo, pero aquel anciano hablaba de lo horrible que era permitir que su hijo varón vistiera como una chica y no tomara el liderazgo de la casa, dejándoselo a mi hermana. Era un adolescente cuando eso sucedió. El hombre salió diciendo lo que vio y no sé por qué razón, de repente todo el colegio lo sabía. Todo el mundo supo que yo me vestía como niña en casa, que mis padres me tenían escondido y que en algún momento bailé ballet.
—¿Qué pasó con el ballet?
—Mamá me hizo dejarlo cuando se dio cuenta de cómo quería vestirme, luego cuando ella quiso regresarme, yo le dije que ya no quería. Tenía miedo, no quería que llorara de nuevo. No quería que me pidiera perdón de nuevo como si fuera su culpa el que yo estuviera defectuoso.
—Entiendo. —Barbara tragó y tomó aire—. Wow, no sé qué decir.
—No hace falta decir nada, eso fue lo que hizo el colegio. Mis compañeros dejaron de acercarse, mis amigos se alejaron, mi mejor amiga Yuko se metió en peleas cuando intentó defenderme. Fui víctima de bullying en mi colegio. No es la clase de bullying que se ve en occidente: yo recibía flores y cartas en mi mesa. Todos pueden decir: ¿qué es lo malo de recibir flores y cartas? Lo malo es que eso se hace solo cuando un alumno murió. Me estaban diciendo que esperaban mi muerte, solo eso, el mensaje es que querían que yo muriera. No encontré apoyo en los profesores porque solo hicieron silencio, y pronto me encontré solo.
» Recibir esta clase de trato en la escuela provocó que no quisiera volver a estudiar. Mamá volvió a llorar y de nuevo era por mi culpa. Sentí que todo lo malo que pasaba en mi familia era por culpa mía y todo esto empeoró cuando mi cuerpo comenzó a presentar los primeros cambios. Me detesté, me odié, llegué a atentar contra mi propio cuerpo. Hubiera acabado con mi vida en ese tiempo si Mari-chan no me hubiera encontrado allí, después de haber intentado ahorcarme infructuosamente en el closet. Estaba tan gordo que se cayó el tubo y me llevé conmigo toda la ropa. Mari-chan entró preocupada por el ruido y yo estaba llorando. Pensó que solo intenté acomodar o alcanzar algo y que por eso pasó, pero cuando vio la correa amarrada en mi cuello, entendió todo... entendió todo y me abofeteó.
—Dios mío...
—La cachetada retumbó en mi cabeza. Ni siquiera sentí el dolor irradiando en mi mejilla, porque inmediatamente me abrazó, pegándome a su pecho mientras me apretaba y lloraba. Lo que sí sentí fue el profundo dolor con el que mi hermana lloró. Me dijo: 'Yuuri, te amo, te amamos. Mamá te ama, papá te ama, yo te amo. ¿Nos quieres matar del dolor? Si te mueres nos morimos, Yuuri. Nos morimos'.
—¿C-cuántos años tenías cuando eso ocurrió, Yuuri?
—Trece años. —Barbara intentó controlar el temblor de su mandíbula, mientras Yuuri secaba con cuidado la lágrima que había escapado—. Tenía trece años.
—Y… ¿qué ocurrió después?
—Mari-chan le dijo a mis papás lo que había pasado, porque yo en medio del llanto lo confesé. Le dije sobre la gente que se alejó, las notas y flores sobre mi mesa, el silencio de mis profesores, incluso las veces que lastimaron a Yuko por mi culpa. Esa noche, mis padres lloraron conmigo y me dijeron que todo iba a estar bien, que no me preocupara. Pero ya había llegado en ese punto de que duele tanto que ya no lo sientes. Me sentía anestesiado, encerrado en una burbuja. Oía el llanto de mis padres y solo pensaba en una cosa: 'que detestable eres, Yuuri. Los hiciste llorar de nuevo, Yuuri'. Yo no quería hacerlos llorar, yo quería que estuvieran orgullosos de mí, honrarlos, satisfacerlos, darles felicidad. Decidí que, si no podía cambiar lo que el mundo pensaba de mí, entonces tendría que cambiar lo que yo pensaba de mí mismo. Dejé de referirme como ella y me convertí en solo él.
» Cuando días después salí de casa con solo mi ropa normal y Mari-chan notó que había botado todo lo que guardaba y me gustaba vestir, incluyendo ese vestido rosa, me preguntó si estaba segura. Le dije: 'estoy seguro'. 'Quiero ser fuerte, Mari-chan', le dije, 'me haré más fuerte'. No pensé que en algún momento todo ese intento de ser más fuerte y negar mi naturaleza me traería un problema mayor, con el que aún combato hoy.
» Entré a clases de karate y defensa personal, y me convertí en uno de los mejores deportistas del nuevo colegio donde mi padre me inscribió, en Fukuoka, cuando me mudé con mi hermana al iniciar ella la carrera técnica. Me convertí en lo que quería: el orgullo de mis padres, porque a los quince años había ganado el campeonato nacional. El karate me despejaba, hacía que hubiera silencio en mi cabeza. Mientras todos se admiraban, yo solo podía practicar, día y noche, sin descanso, e intentaba evadir la idea de que cada vez era menos mujer. Que cada día que pasaba había más vello, más grosura en mi voz, más de un hombre que no me sentía.
» En medio de ese conflicto, recibí una lesión en mi tobillo en uno de los campeonatos juveniles. Fue en un momento de distracción donde el que fue mi oponente se acercó y me susurró: 'eres una niña'. Jamás pensé que pudiera ser suficiente para desestabilizarme, pero una y otra vez escuchaba esa voz en la noche diciéndome de nuevo eso, en muchas formas, en distintos decibeles. Eran voces que se fueron potenciando en mi cabeza. Empezaron los primeros síntomas: la sensación de ser perseguido, de que alguien sabía lo que realmente era, que la gente podía verme desnudo con el cuerpo que no me pertenecía, que todos sabían y escuchaba lo que pasaba por mi mente. La ansiedad comenzó a ahogarme y al cumplir mis dieciséis años, tuve mi primer ataque de pánico.
—Colapsaste.
—Nadie puede ser fuerte negándose a sí mismo.
—¿Qué ocurrió?
—Ocurrió lo que tenía que ocurrir. En la terapia a la que me vi obligado a ir, me pidieron escribir lo que sentía y soñaba para calmarme. Así escribí mi primer cuento: 'El cadáver de la pared'. Nació la escritora y esta fue la única manera en que enfrenté al miedo.
» Al escribir sobre mis temores, esto ayudó a que se quedaran en el papel. Después de las prácticas de karate o cuando estaba a punto de tener un ataque, agarraba el cuaderno que tenía encima y escribía. Escribía sobre los hedores, los sonidos que se hacían eco, los pasillos largos y las luces parpadeantes. Pero, sobre todo, escribía de mis latidos furiosos, de mi sensación de persecución, de aquella sombra acechante y el olor al cadáver que tenía en mi espalda. En menos de cuatro meses, ya había llenado hojas y hojas de cuentos de distintos personajes. Mi psiquiatra entonces me regaló mi primer libro del terror: 'The Ring' de Koji Suzuki. Me dijo que muchas veces la vida nos pone pruebas porque necesita enseñarle algo al mundo y debe crear a su propio vocero. Creyó en mis habilidades con la escritura y con esto me volví fan de varios autores japoneses del género.
—¿Y cómo llegaste a los libros de Víctor, si solo leías terror?
—Fue una forma graciosa, nada pensada. En mi cumpleaños dieciocho, mi hermana me regaló uno de sus libros: 'Bajo la luna de Leningrado'. Me dijo que como solo leía terror, leyera algo bonito para variar. Una amiga se lo había enviado en PDF y como ambas manejábamos muy bien el inglés, no habría problema. Pero ese libro llevó sin ser abierto dos años en el computador, no estaba interesada en el romance. El volverme una lectora asidua del terror, me ayudó a comprender que gran parte de mis miedos solo existían en mi cabeza y a manejar mucho mejor la ansiedad.
—Luego, ¿qué ocurrió?
—Tiempo después, fui a Tokio. Gracias a haber ganado un concurso de terror, tenía un cupo en la universidad para estudiar psicología. No es algo que sea muy bien visto, pero valoré mucho el trabajo que mi psiquiatra hizo conmigo al llevarme al camino de la escritura, y quise intentarlo. Así que empecé a estudiar y a escribir en mi tiempo libre, los estudios ayudaron en mucho el poder entender y expresar mejor los terrores de mi cabeza. Allí me hice 'novio' de una chica, Yuzuki. Era linda, vivaz e inteligente. Fue mi nuevo intento para encajar en la sociedad.
» Nuestra relación fue bastante corta, a pesar de que había una buena química. Ella era encantadora y me hacía sentir bien, también me parecía atractiva así que estuve segura de que era una buena señal. Pensaba en que podría casarme con ella, aunque me asustaba ante la idea de vernos a las dos vestidas de novia. No podía verme con smoking y eso empezó a causarme, de nuevo, conflicto. Sin embargo, todo acabó después de nuestra primera noche juntas. Estaba muy nerviosa, mi cuerpo era amorfo y extraño para mí, me costaba tener sintonía entre lo que sentía, lo que quería sentir y el cómo mi cuerpo reaccionaba. Veía su cuerpo y quería tenerlo, quería que ella acariciara mi pecho como si tuviera senos, quería que ella alabara mi cintura, aunque no existiera. Toda esa complejidad en mi cabeza volvió a golpearme y ella al final me abrazó. Me dijo que todo estaba bien, que ella ayudaría y simplemente se encargó de todo.
» Dejé de ser virgen y no puedo decir que fue espectacular, mi cabeza estaba en blanco. Llegué a sentir placer, pero no llegué a sentirme bien conmigo misma. Era como si no pudiera quitar el dedo de ese reglón: 'eres niña', 'eres niña', 'eres niña'. Desperté a media noche, mientras ella dormía y, tras ir al baño, recogí las ropas que quedaron en el suelo. No pude contener el impulso de tomar su vestido; era uno negro, corto y muy sensual, con el que salimos al bar donde tuvimos la cita. Lo tomé, me metí al baño y me desnudé. Me quedó ajustado cuando pude vestirme con él, pero me sentí… yo. Fue unos minutos, solo unos minutos donde sentí que estaba bien verme así, imaginarme con el cabello largo, con unos senos pequeños y hasta pensé que estaba dispuesta a seguir una dieta para tener una bonita cintura. Fueron solo unos minutos, hasta que ella entró. Sus ojos me lo dijeron todo. El terror de nuevo estuvo allí.
—No lo aceptó.
—No. Me miró con asco, empezó a moverse furiosa en la habitación, me dijo que había sido el peor polvo que había tenido y que había entendido el porqué. Yo acepté todo en silencio mientras me vestía rápido con mi ropa. Ella no dejó de decir que la única razón por la que se ponía su vestido era porque no traía más, de otro modo, lo hubiera quemado. 'Jamás se pondría la ropa tocada por un degenerado'. Yo comprendí que ya no había vuelta atrás, la universidad se iba a convertir de nuevo en un infierno. De nuevo, me dio una crisis en casa, y no volví a clase por semanas, hasta que mi hermana llegó. Toda mi vida antes de Víctor se había tratado de eso: momentos efímeros de felicidad al verme como quería verme, con meses y meses de tratamientos como si hubiera sido algo traumático. Me daba miedo sentirme bien, me daba miedo porque sabía que después sería un suplicio.
» Ya después de eso dejé de acercarme a las personas y algunos me confundieron con un Hikikomori. La verdad es que no había llegado a ese extremo, pero funcionaba si así no tenía a nadie acercándose. Paralelamente, abrí la cuenta en una página de escritores y usé mi nombre de seudónimo, pero con la foto de una mujer japonesa que era modelo en aquel entonces. La dejé allí y publiqué algunos de mis cuentos corregidos, así fue como me fui dejando conocer allí.
» El que cada uno de los comentarios me felicitaran refiriéndose a mí como una mujer se convirtió en un bálsamo. Así logré acabar la carrera y graduarme para volver a casa. No obstante, no calmaba mis miedos, ni para sentirme satisfecha con mi vida. El que publicaran uno de mis libros no fue suficiente, el que ganara los premios en las revistas no me llenaba y a cada pedido de presentarme para entrevistarme me negaba rotundamente porque prefería que el mundo se quedara con la imagen de una mujer que nunca iba a ser.
—No pensaste en atravesar el tratamiento para la reasignación de sexo.
—En aquel entonces, era algo imposible para mí. No quería que mis padres sintieran vergüenza. Ellos eran los únicos que sabían, junto a Yuko, mi hermana y Minako-sensei, que yo era esa autora de libros de terror que se estaba vendiendo en Tokio. Ellos y por supuesto, la editorial, que guardó silencio considerando que esa manera de presentarme haría que las ventas subieran. El misterio era un buen agente de mercado.
—¿Y qué pasó con el libro que habías recibido de Víctor?
—Lo leí mientras terminaba mi carrera. Mi computador estaba bastante lento y tuve que hacer respaldo de mis archivos para formatearlo. Allí fue que vi que estaba el PDF aún allí, el nombre no me dijo nada en ese momento. Solo lo abrí, me salté todo hasta llegar al primer capítulo y leí el primer párrafo. Nunca lo voy a olvidar, lo repetí tantas veces, que me lo aprendí de memoria:
» 'Sus ojos brillaron en medio de esa noche oscura, sobre el puente de Pevchesky. Me miró como se mira a una mujer y de nuevo quise verme como una, sentirme como una, oírme como una. Allí, en medio de las calles donde la sangre corría y el hambre nos llenaba el alma bajo la luna de Leningrado, lo tuve que dejar ir. Al único que supo quién era, antes de yo conocerlo y que me amó, antes de yo amarme. No pude pedirle que se quedara.' Entendí porque mi hermana me lo había regalado, porqué lo había puesto en mi computador y me dijo: 'léelo'. Lloré al leerlo y aún lloro cuando reviso algunas de sus escenas. Cada carta que ella le escribió al soldado que salió a pelear a Stalingrado y no volvió, se convirtió en mi compañía.
» Tras leer como cinco veces su libro, me animé a escribir una carta con todo lo que yo había sentido al encontrarme con su historia. Víctor Nikiforov se había convertido en algo irremplazable, necesitaba agradecerle por haber escrito algo tan hermoso y profundo como ello. Le escribí, sin esperar que lo leyera, nunca imaginé siquiera que Víctor tomara tiempo de responderle a los fans. Así que el hecho de no recibir respuesta en la primera carta no fue problema, me gustaba ese anonimato, me gustaba sentirme así. Tras haber comprado su libro y que este me llegara en inglés a mi apartamento, marqué cada frase que me había gustado. Si ven mi libro, es una edición llena de colores fosforescentes, notas y retazos de hojas con impresiones. Estaba al lado de mi cama y cada vez que tenía pesadillas me metía a leer y a vivir esa vida. Luego necesité más, con Víctor nunca era suficiente.
» Me traje los libros que él ya había publicado utilizando mis ganancias. Los leía, los analizaba, lloraba, volvía a leer y me dediqué a pensar que algún día yo podría vivir una historia así. Claro que mi mente me saboteaba, me decía que eso era imposible: 'Eres un hombre gordo y feo que te crees mujer, Yuuri'. Esa fue la inspiración para la historia que escribí: 'Cuando las ramas sollozan', ese enemigo invisible del bosque Fuji que persigue a la joven protagonista en el bosque, enloqueciéndola e instándola a matarse. Ese era yo.
—¿Y cómo fue cuando llegó su primera carta de respuesta?
—Me quería morir. —Por primera vez desde su espacio, se permitió reír—. Bueno, querer morir era una constante en mi vida desde los trece, pero en esa ocasión era morir de felicidad. Al principio pensé que seguro era una respuesta automática, como las de las redes y los correos electrónicos. Seguro era una persona la que escribía por él para tener contentos a sus fans. Pero no, cuando empecé a leer lo percibí, se trataba del mismo Víctor Nikiforov agradeciéndome por mis palabras, diciendo cuánto le había gustado leerme y con escenas especiales de su historia. Allí, quise volver a morir. Iba a morir de felicidad.
—Menos mal no moriste, mi Yuuri. ¿Qué iba a hacer yo sin mi love and life?
—Te amo…
—Y yo amo poder estar aquí, escuchando todo esto, partícipe de unas historias tan… impresionantes. —Suspira—. En la tercera parte, me encantaría escuchar la historia de cómo inició tu camino para convertirte en esa mujer que siempre supiste que eras, y como Víctor Nikiforov estuvo allí para ayudarte a iniciar este largo camino. También, conoceremos cómo fue que comenzó 'You love you', la organización impulsada por Víctor Nikiforov para la promover la aceptación y el amor hacia uno mismo. Volveremos en unos minutos.
El director volvió a decir corte y Barbara necesito taparse el rostro. Comenzó a temblar, a sentir sus huesos vibrar dentro de su piel, a sentir doler sus coyunturas y todo lo que quería era simplemente desbordarse en llanto. Víctor se levantó de su asiento, ofreciéndole un pañuelo para consolarla, y cuando Bárbara volvió a levantar su mirada, Víctor fue capaz de ver que aquellos grandes ojos verdes estaban quebrados y húmedos. Estaba afectada y necesitaba tiempo para reponerse, su profesionalidad no podía con todo eso.
Cuando tuvo fuerza, se levantó y se acercó hacia donde Yuuri esperaba de pie, visiblemente preocupada por el arrebato. Bárbara no contuvo el poderoso abrazo que le dio apenas la tuvo a su alcance. Le dijo que era fuerte, una de las mujeres más fuerte que conocía. Fuerte y bella. Yuuri solo agradeció mansamente sus palabras y la dejó llorar hasta que se calmó.
Le era imposible no sentirse así de afectada porque a pesar de escuchar una historia de esperanza, reconocía a todos aquellos que no habían podido vivir así.
Notas de autor: Y vuelvo ahora, con el segundo cap. La verdad es que he tenido una semana terrible peor quería contentarme con los comentarios. Mañana respondo a los que me faltan. La historia de Yuuri me conmovió de una manera especial, porque considero que para una mujer trans es muy difícil para por este proceso, gracias a todo ese machismo que obliga a los hombres tener que seguir un estándar en la sociedad.
Cuando vi sobre los modos de bullying en Japón, me pareció este muy cruel y elegante. Una forma fina y despiadada para desear la muerte a alguien. No puedo imaginar lo que sienten los jóvenes que lo han vivido.
No tengo mucho que decir, más que agradecer la recepción a esta historia. Muchas gracias por animarse a leer.
¿Preguntas para Yuuri? ¿Preguntas para Víctor?
Deysizg501: ¡Gracias por leer! ¡Me alegra que te haya gustado!
