Deseos

El Capitolio, día 18 después de la caída de la Arena. Hora: 8:42 pm

Katniss:

Estás viva.

¿Puedes creerlo? Al principio yo no hice. Tenía demasiado miedo de que fuera una treta de Snow, una forma de destruirme hasta que no quedara más de mí que el polvo. Pequeños átomos casi invisibles que fueran esparcidos por el viento hasta que no quedara prueba de que alguna vez existí. ¿De cuantas maneras pueden destruirme en este lugar? A veces pienso que ya no me queda nada por que vivir.

Me mostraron el video ¿sabes? Uno de ellos, al menos.

Aún me encojo de miedo cuando observo tu aspecto, con el chichón en tu cabeza y el torrente de sangre manando de tu brazo, ahí donde Johanna clavó la afilada arma. Creo que rompí algo en el momento en que vi esa parte ¿sabes? No estoy seguro de que fue, pero comenzaron a atarme después de eso.

Aún ahora me pregunto cómo estás ¿lograron curar tus heridas? ¿Estás mejor ahora?

Tengo miedo, Katniss. ¿Y si no me están dando toda la información, solo para apaciguarme? ¿Y si en realidad moriste por tus heridas y ellos no han querido decírmelo? ¿Cómo saber si realmente estás bien?

Trato de consolarme pensando que esta vez podré sentir en mi corazón si estás muerta. Pero tal vez esa sea una visión demasiado romántica de la vida ¿no crees? La última vez tu muerte fue la constatación de un hecho probable. Ahora no sé qué hacer. Deseo creer que estás viva. Sé que saliste viva de la Arena y cada una de mis células clama por creerlo, porque la alternativa resulta demasiado dolorosa.

Han pasado tres días y a veces siento que mi cabeza explotará por el exceso de información. No estás muerta, Katniss. No estás muerta y estás en un lugar que se supone había sido destruido hace décadas. ¿Será cierto? ¿Puedo creerle a Snow? La historia resulta casi inversímil. ¿Te imaginas a un distrito resurgiendo de entre sus cenizas para hacerse autosuficiente? Dejar de responder ante el Capitolio, no necesitar de los otros distritos… Parece una de esas historias locas que escribía Moleen Pascal, la vencedora loca del Tres que escribía novelas ¿recuerdas que leímos juntos algunos pasajes?

Estoy tendido en la cama que me han dado. Esta habitación a la que me han enviado es distinta, ya no es una copia de la que compartíamos por las noches en la torre de entrenamiento, sino que me recuerda a la habitación de un hospital. Es blanca, tan blanca que me lastima los ojos, como si estuviera viendo sin parpadear una bombilla encendida. Las paredes, el techo, la sábana, la almohada, el suelo, los barrotes metálicos de mi cama… cada parte de este lugar es blanco, como las rosas que Snow se cuelga de la solapa de su traje.

Sé que no puedes verlo, pero tengo cuatro paredes a mí alrededor, aunque tal vez lo correcto sería decir que son tres paredes y una más que pretende serlo.

Cuando alguno de los hombres de Snow aparece para atormentarme saca un mando de su chaqueta y entonces la pared desaparece para dar paso a una gran pantalla. Es ahí en donde he visto de nuevo tu rostro, Katniss.

La primera escena que me presentaron fue la de nuestra despedida. Aún ahora, cuando cierro los ojos, soy capaz de verlo. ¿Pudiste tu ver el miedo y la desesperación en mis ojos cuando me diste el último beso? Creo que de alguna manera yo sabía que esa sería la última vez que vería tu rostro, que mis labios acariciarían los tuyos. Aún hoy me pongo un poco enfermo al pensarlo.

Me acerqué tanto a la pantalla que la estática hizo que mi cabello se pusiera de punta y tu rostro se convirtió en un manchón color piel cuando mis ojos quedaron a escasos centímetros de la pantalla. Aun así no pude sentir la tibieza de tu piel ni aspirar tu aroma. Creo que es otra de las formas crueles en que Snow me demuestra que él tiene el control, que él me tiene a mí y que por ello es que no puedo verte.

¿Se sentirá victorioso por ello? ¿Qué clase de victoria puede obtener un hombre como él, con un país a su merced, al ver destruido a un chico de diecisiete años como yo?

Por más que lo intento no logro darle sentido a lo que hacen, Katniss.

Me han obligado a comer mucho en los últimos días, no estoy seguro de que es lo que quieren, pero sea lo que sea necesitan que gane el peso que he perdido en las últimas semanas.

Al principio me negué a comer. Los platos, llenos hasta el borde de comida, se me antojaban asquerosos, una prueba más de lo mentalmente perturbadas que están éstas personas. Como si pudieran llenar con comida el vacío que me había dejado tu ausencia. Arrojaba los platos al suelo o contra las paredes. Infantil, lo sé, pero ¿qué más podía hacer?

Después de que nos dimos nuestro último adiós, morí un poco por dentro.

Si me vieras ahora ¿me reconocerías? ¿Recuerdas lo que te dije antes de nuestros primeros Juegos? Aún hoy tengo miedo de perderme a mí mismo. Siento que me estoy convirtiendo en un peón más, como los del ajedrez de Haymitch. Ellos quiere manejarme a su antojo y yo no puedo permitirlo.

Las cosas se pusieron bastante feas después de que me negué a comer, la comida dejó de ser sólida para convertirse en asquerosos batidos que según la mujer que los traía, una chica con la cabeza rapada y el rostro lleno de agujeros de los cuales colgaban argollas metálicas, estaban llenos de nutrientes que me alimentarían tan bien como la comida real.

Tampoco reaccioné bien a eso y los batidos, oscuros, malolientes y espesos como la savia de los árboles; fueron a parar contra la pared blanca de mi habitación.

Me han noqueado dos veces, Katniss. El dolor de cabeza al despertar ha sido casi insoportable. Cuando desperté la primera vez estaba atado a una silla. Mis muñecas aseguradas contra los reposabrazos de metal. Mis piernas atadas a las patas de la silla, supongo que por temor a que tratara de defenderme y acabara haciéndole daño a alguien.

Me lo han pedido una vez más, tengo que darles ese crédito al menos, me lo han pedido con amabilidad, pero sin dejarme elección. He desobedecido y lo próximo que supe era que me sostenían el rostro entre dos personas y me introducían un embudo por la boca.

No te contaré el resto, no tienes por qué saberlo, pero te puedo decir que me sentí despojado de mi humanidad. Panem nunca se ha caracterizado por respetar mucho los derechos de los seres humanos, pero ahora siento que he perdido el control. Me han arrebatado los derechos sobre mi cuerpo.

Me consuela el pensar que al menos estoy recibiendo en cuerpo y alma lo que el Capitolio tenía reservado para ti.

Snow disfrutó mucho el hecho de que el Distrito 13 tuviera que elegir entre tú y yo ¿sabes? Me mostraron las imágenes: el aerodeslizador, tal vez un poco más anticuado que los del Capitolio, flotando en el aire, encima del agujero que abriste en el campo de fuerza, balanceándose hacia los lados, como si quien tuviera que tomar la decisión entre ir por ti y por mí no lograra hacerlo.

Me alegra que te eligieran a ti.

No soportaría estar en ese lugar, a salvo, sabiendo la clase de cosas que esta gente podría estarte haciendo.

Cada célula de mi cuerpo se rebela ante la posibilidad de que puedas estar siendo herida. Te quiero, Katniss. Te he querido cada segundo de mi vida desde que te escuché cantar por primera vez, aquel día en nuestro primer día en la escuela cuando los sinsajos dejaron de cantar porque sus voces no podían competir con la tuya.

Te quiero y me alegra que estés a salvo. Pero dudo que me quede mucho tiempo,

Peeta.

Tomo el lápiz y lo introduzco con cuidado entre los resortes del cuaderno. La punta se ha vuelto redondeada, es solo cuestión de tiempo para que se torne plana y resulte inservible. El grafito está casi escondido en medio del cilindro de madera, necesitaré un cuchillo para sacarle punta, pero dudo que confíen en mí lo suficiente para darme uno. Mis muñecas están cubiertas por una fina capa de gasa, para evitar que el ungüento que me han puesto sobre las laceraciones que han causado las esposas en mis brazos acabe en las sábanas. La sustancia hace que mis células aceleren su crecimiento para que las heridas sanen con mayor rapidez.

Anoche me noquearon de nuevo y me ataron para cortarme el cabello y evaluar los daños que sufrí en la explosión de la Arena. Las heridas ya habían sanado pero creo que ahora se están preparando para suplir necesidades de carácter estético. Están preparándome para algo, puedo sentirlo. La pregunta es ¿para qué?

Me levanto de la cama y alzo el colchón para devolver el cuaderno a su escondite. Es un afán casi infantil, como cuando era pequeño y robaba pedacitos de las galletas que se quebraban y las escondía en el agujero ovalado que tenía el manzano del jardín para que mamá no se diera cuenta. Me aseguraba de que nadie me estuviera viendo, pues mis hermanos disfrutaban fastidiándome y eran más que capaces de comerse los restos de las galletas.

Muchas veces, cuando regresaba en medio de la noche a buscar mi botín me encontraba con que los sinsajos o las ardillas habían dado con él y no quedaban más que migajas. A lo que voy es a que nunca podré estar seguro de que mis secretos sean solo míos. He buscado por todas partes, tratando de encontrar las cámaras que sé que se ocultan en la estancia pero hasta ahora no he conseguido encontrar nada, sin embargo sé que me observan. El Capitolio es ese ojo vigilante que nunca descansa, ni siquiera para parpadear.

Me tiendo boca arriba en la cama y empiezo a buscar patrones inexistentes en el techo. Si pudiera, pasaría todo el día escribiendo interminables cartas para Katniss, sin embargo mis recursos son limitados y siento que podría necesitar el lápiz en otro momento. Si la punta se gasta por completo ¿qué haré?

No he visto al presidente Snow desde hace unos días cuando me presentó el primer video. En su lugar he tenido a una mujer llamada Hendria Vols, cuyas exageradas pelucas me recuerdan mucho a Effie.

Effie. Mis pensamientos han estado tan enfocados en Katniss que no me he detenido a pensar en nadie que no sea ella. Por Snow sé que Haymitch participó activamente con el movimiento rebelde, hasta qué punto, no lo sé, pero estoy seguro de que no tendré nada que decir para cuando decidan interrogarme.

Katniss tampoco sabía nada sobre los planes rebeldes, me lo habría contado o yo habría acabado dándome cuenta. Nunca ha sido la mejor jugando a los secretos. Yo por otra parte si habría podido jugar a las dobles intenciones, como lo hicieron, según Snow, algunos tributos como Finnick, Beetee, Mags y Johanna.

Estoy seguro de que si sigo con vida es porque están esperando a interrogarme.

¿Por qué no lo han hecho aún? ¿Qué sucederá cuando sepan que no puedo aportar ninguna información nueva para ellos? Una gota de sudor desciende desde mi nuca hasta mi espalda cuando pienso en mis opciones. Si se dan cuenta de que no se nada, me matarán ¿qué utilidad tengo para ellos si no puedo darles nuevos datos? Si decido mentirles y darles información falsa, terminarán dándose cuenta de ello.

¿Qué harán conmigo entonces?

La almohada se siente extraña bajo mis manos. Las puntas de las pequeñas plumas atraviesan el material y se clavan en las palmas de mis manos. Observo mis manos como si no me pertenecieran. Después de mis primeros juegos me hicieron un "pulido" lo que básicamente se encargó de eliminar cualquier imperfección en mi piel, lo que claramente incluía cada una de las quemaduras que me había hecho en una vida entera de manejar bandejas calientes y hornos de gas que de vez en cuando se volvían temperamentales y lanzaban llamaradas que podían hacerte daño si no tenías cuidado con lo que hacías. Uno de mis hermanos mayores, el más descuidado de los tres, perdió sus cejas en un par de ocasiones por culpa de nuestras herramientas de trabajo en mal estado.

¿Son estas mis manos? He perdido ya tantas cosas que no me extrañaría estar observando las manos de un completo desconocido. Agito los dedos y los apéndices, largos y delgados, se mueven, flexionándose con suavidad, sin crujidos.

Recuerdo que mamá solía quejarse porque decía que tenía unas manos demasiado delicadas para el trabajo duro. Papá decía que eran manos de artista. Cuando comencé con la decoración de los pasteles rápidamente le gané el lugar a mamá. Ahí donde ella hacía las cosas con su enfado habitual yo lograba abstraerme y crear cosas realmente sorprendentes, aunque tal vez esté mal que lo diga yo. Mientras decoraba las tartas lograba separar mi mente de Katniss y de lo que ella podía estar haciendo con Gale, cuando aún no la conocía en realidad.

Más tarde, cuando volví de los Juegos y Portia se encargó de abastecerme con materiales para mis pinturas, encontré una nueva forma de escape, al menos por unos días. Empecé a pintar paisajes y cosas que muchas veces salían de mi imaginación, pero muy pronto el dolor de saber que Katniss no me amaba de la misma manera en que yo la amaba a ella hizo que su rostro comenzara a aparecer una y otra vez en mis pinturas.

Al final resultó maravilloso, porque era una forma en la que podía ver a Katniss sin tener que verla realmente, la sensación era maravillosa y dolorosa al mismo tiempo.

Desearía poder pintar ahora. Podría sacarme de encima el millón de cosas que tengo en mi cabeza y tal vez el punzante dolor que tengo en las sienes desaparecería.

Muevo las piernas y me doy cuenta de que la prótesis que reemplaza la extremidad que perdí ha vuelto a quedarme ajustada. Los batidos que me han obligado a beber hacen su trabajo rápidamente y he vuelto a ganar peso. Las correas que aseguran la prótesis a mi cuerpo rozan mi piel haciéndome daño.

El dolor es extrañamente bienvenido, me recuerda que estoy vivo.

Una extraña agitación recorre mi cuerpo cuando me doy cuenta de que si se han molestado en cortar mi cabello y revisar mis heridas debe ser porque tendré que hacer una aparición en público. Un estremecimiento recorre mi cuerpo entero y siento un extraño vacío en mi interior mientras una ola helada desciende por mi columna. ¿Qué quiere Snow? ¿Qué pretende que haga?

Mis pensamientos se ven interrumpidos por el sonido, casi imperceptible, que hace la puerta al abrirse.

Intento ignorar la ligera molestia que produce en mí el hecho de que me gustaría que tocaran antes de entrar. Sé que no gozo de privilegios en este lugar pero eso no hace que deje de esperar ciertas consideracione, aunque podría considerarse algo tonto.

¿Qué esperaba para un prisionero de guerra? ¿Desayunos especiales? ¿Un programa recreativo?

No sé qué es lo que espero ver cuando me giro, tal vez a más doctores o posiblemente más especialistas en mejoramiento físico.

Definitivamente no espero ver al Presidente Snow entrar tranquilamente en la habitación con un periódico bajo el brazo y un aire de autosuficiencia que no me permite ver cuáles son sus intenciones.

— Es agradable, señor Mellark, el ver que ahora cuando menos luce como un ser humano. Su equipo de preparación se encargará de corregir las cosas en su apariencia que resulten… inoportunas.

Sus palabras entran por mis oídos pero no alcanzan a cobrar sentido dentro de mi cabeza.

—¿Inoportunas?- siento deseos de morderme la lengua cuando la pregunta sale de mis labios. No he podido detenerme, la curiosidad me ha ganado la partida.

—Usted dará una entrevista para nosotros en unos cuantos días- me confía él mientras desenrolla el periódico.

—¿En serio? ¿Y qué es lo que desea que diga? ¿Debería comenzar a tomar nota?- le respondo mientras mi voz rezuma sarcasmo.- ¿Lo feliz que soy viviendo aquí o lo mucho que me alegra haber ganado los Juegos?

La sonrisa en su rostro, hasta ahora apenas perceptible, se ensancha hasta lucir dolorosa, como si yo le hubiese dicho exactamente lo que él quería oír.

—En realidad lo que queremos va más allá de eso. Usted va a pedir un cese al fuego, señor Mellark.

Sus palabras despiertan mi curiosidad por segunda vez en menos de un minuto. Un cese al fuego… Hasta ahora me he imaginado al Capitolio tratando de exterminar a los distritos como una manguera frente a un hormiguero. Sin embargo deduzco por lo que ha dicho que los distritos están dando la lucha, más que eso, deben estar ganando o al menos generando bajas considerables. No hay ningún otro escenario que haga que alguien como Snow decida recurrir a mí para pedir algo como esto.

-Ustedes…- comienzo yo- ustedes están perdiendo.

Él se echa a reír pero la risa acaba cuando su cuerpo comienza a sacudirse en un ataque de tos. El saca un pañuelo de seda de su chaqueta y se lo lleva a la boca. A pesar de que sus movimientos son rápidos, soy capaz de ver la mancha carmesí, del tamaño de un grano de maíz, brillando sobre la tela blanca.

Sangre.

Él hace como que nada ha pasado.

— Me temo, señor Mellark, que usted le da demasiado crédito a sus rebeldes. Pero ya hablaremos más tarde sobre ellos. Ahora lo importante es que usted se llene de convicción. Necesitamos que sea convincente cuando pida a los distritos que se detengan.

Empiezo a negar con la cabeza antes de que el termine de hablar.

—No lo haré. Si los distritos tienen la posibilidad de dar la lucha y ganarles, no seré yo quien intente detenerlos.

Los ojos de Snow se vuelven fríos, pero hay una sonrisa en sus labios cuando me dice:

—Usted parece pensar que es una lucha en igualdad de condiciones. Puede que la repentina aparición del Trece en los radares haya sido algo… sorpresiva, pero se equivoca si cree que cualquiera de los otros distritos tiene algo que ofrecer en lo que se refiere a esta lucha. La última vez aceptamos que uno de los distritos se hundiera en el olvido solo para evitar daños mayores. Nosotros los apuntábamos con nuestras armas, ellos con las suyas y al final todo se habría puesto bastante feo, sin embargo no se engañe- y sus labios se curvan hacia arriba- ninguno de los once distritos que quedan puede siquiera soñar con que los enviemos al exilio, si continúan con sus lucha, los desapareceremos a todos.

Sus palabras envían un estremecimiento a través de mi columna vertebral. Once, ha dicho once. ¿Qué ha hecho?

Obligo a las palabras a que pasen a través de mi garganta, aterrorizado ante la respuesta:

-¿Once?

Esta vez la sonrisa alcanza a iluminar sus ojos de serpiente.

-Creo que va siendo hora de que vea, señor Mellark, lo que suceden con aquellos que se atreven a desafiar nuestra hegemonía.


Perdón, perdón, perdón! Sé que ya muchos se estaban preguntando si había decidido abandonar esta historia. NO LO HARÉ. Lo juro, lo que pasa es que he tenido algunas semanas duras y ocupadas y recién ayer regresé de unas vacaciones en el extranjero que me tenían sin internet, así que me fue imposible actualizar.

En cualquier caso aquí ya está el siguiente capítulo y por fin nos acercamos a un pasaje conocido de Sinsajo, la entrevista de Caesar con Peeta.

A ver que les ha parecido hasta ahora esta historia. Tengo que decir que realmente me da pena tener que escribir a un Peeta tan roto. Me gustaba cuando sufría y luego era feliz y luego sufría de nuevo… pero ni modo.

¿Quién quiere una dosis de Mazapán en el próximo capítulo?

Les cuento que ya subí la primera canción del playlist de YouTube. Un millón de gracias a quienes me dejaron sus canciones, han sido muy útiles, trataré de dosificarlas para que me rindan. Aún se aceptan nuevas propuestas. Pueden encontrar el link en mi perfil.

La de este capítulo se llama All I Want y es de Kodaline, oíganla, me ayudó a pensar en lo mucho que Peeta quiere ver el rostro de Katniss.

Espero no tardarme tanto con el próximo capi.

Por cierto, un millón de gracias por los 45 reviews en el primer capítulo. Ustedes son los mejores!

Un abrazo, E.