Es fanfiction, nada me pertenece.


Inseguridadaes

El moreno juzgaba la distancia entre sus cuerpo como asquerosamente inaceptable. Desde que se unió al picnic, se exilió echado sobre las raíces del roble, lejos de los demás que se agolparon alrededor de la enorme canasta rebosante de bocadillos que Sakura trajo consigo. No quiso hacer comentarios, apenas respondía con gruñidos o cabeceos a los fugaces interrogatorios a los que era sometido.

-¿Qué infiernos es lo que te sucede, Sai? –la pelirrosa había querido que fuese un susurro, pero su voz salió fuerte y ronca.

El infame aludido se observó a sí mismo con una sonrisa que goteaba simpleza. Llevaba un muy afelpado disfraz de panda, tal escena en el parque un sábado por la mañana ameritó más de una ceja alzada, al menos por parte de su grupo de amigos. Sasuke ni siquiera quiso bufar de molestia.

-En una revista…

-En una revista nada, esto es un picnic, y de primavera a Halloween falta mucho. –retorta Sakura nuevamente.

-Soy consciente, aun así…-el muchacho no pudo defender su tesis al verse derribado por un huracán amarillo y naranja. Se suponía que era un abrazo, entre risotadas y frases como "hace tiempo que no te veía, desgraciado, ttebayo", "extrañaba tu estupidez", Sai meditó la eficacia de su estrategia de una fructuosa amistad.

-Que proble-

-Calla, he borrado esa palabra de mi disco duro gracias a ti, Shikamaru.

Se escuchó un sonoro suspiro general. A causa de los ajetreos de la vida universitaria no habían logrado reunirse para platicar y divertirse en grupo, por lo tanto, Naruto se auto impuso la misión de convencer a cada uno de ajustar sus horarios para un pasar el rato durante un día soleado. A pesar de algunas quejas, en el fondo agradecían el entusiasmo del rubio. Sin embargo, Sasuke no deseaba más que embeberse de indiferencia; arremangándose la camisa se levantó, caminó esquivando las piernas de Temari enredadas con las de Shikamaru, una botella de sake que Lee fracasaba en esconder, y a Kiba que recogía el excremento de Akamaru, hasta quedar frente al, según él, espectáculo que montaban dos manchas amarilla y blanca.

Si había alguna clase de humor en el ambiente, pues se ha esfumado; Naruto prácticamente encima enganchado a Sai, fue el último en percatarse de ello. Sasuke sabía que los otros no estimaban en reparar con ojos bien abiertos lo que se avecinaba, pero no les daría el gusto. El rubio vino a ver a sus amigos y comer gratis, el moreno vino a vigilarlo. El viento cálido que mecía unos dorados cabellos no calmaba el correr de sus pensamientos, de hecho, avivaban un fuego violento en sus entrañas. Ya no se trataba de una celopatía empedernida, lo notó hace mucho.

Las suaves yemas de unos dedos bien conocidos rozando el puente de su nariz lo sorprendieron un poco, sólo un poco.

EL único que supo ignorar todo aquello fue un Chouji devorando un monumental sándwich. Ino se dirigió con parsimonia hacia Sai, agarrándolo del brazo.

-No importa lo que hayas leído, cada cosa de ti es una novedad, ven que me debes una cita, la falsedad de tus cumplidos es proporcional a mi ego. –dijo con una naturalidad que no venía a cuento.

Naruto por su parte, soltando por fin al disfrazado de panda, continuaba con su brazo estirado, tocando a Sasuke, observándolo sin querer adelantarse a decir algo que le jugara en contra. A espaldas de Sasuke, Lee pudo tomar a sobos algo de sake mientras le alzaba el pulgar, los otros después de la eficaz intervención de la Yamanaka, se desentendieron para emperezar a degustar los bocadillos.

Recientemente, se presentaban circunstancias así: un cuadrilátero con Uchiha en una esquina, y Naruto con cualquier humano lo suficientemente agradable/estúpido en la otra. Estudiar para convertirse en el mejor profesor de preescolar ya era engorroso, torturante y dramático, ahora sus momentos de ocio se embadurnaban con estas liosas confusiones.

-Sal de tu película rara, Sasuke.

Aquélla palabras sólo endurecieron las facciones de un pálido rostro. Su inflexible postura en vez de evocar una estatua, recordaba más un auto de carreras a punto de arrancar: tirante e intimidante.

Una preocupada pelirrosa hizo ademán de aproximarse a la pareja, no obstante, se retractó al instante. Resopló conteniendo un par de regaños, porque, francamente, ¿en cuál noviazgo podía caber tanta inseguridad y tanta ingenuidad? Alisando su falda, se arrodilló para reasumir su actividad en el picnic. Un grito exasperado la hizo saltar en su lugar, no tuvo que voltearse saberlo.

El moreno estaba siendo fuertemente jalado por Naruto hacia los demás, incluso por encima de ellos, piernas, sake, excremento de perro. En el ambiente persistía alguna incomodidad, pero silenciosamente acordaron concentrarse en sus asuntos, su diversión.

-¡Tienes que pasarla bien! ¡Si querías mi atención debiste ponerte un traje de zorro o algo así!

-Ya quisieras -respondió Sasuke con la mandíbula apretada.

En medio del jaleo, Sai anotaba en su libreta de dibujo las palabras del rubio, al parecer se equivocó en su elección de animal…

-Ven, vamos a comer, dejaré que me llames usuratonkachi. ¡Sólo por hoy! –sonrió guardando el desasosiego en las profundidades de su mente. Se sentaron frente a los primos Hyuuga. –Neji, tú antes eras así de estreñido social, deberías impartir un seminario de cómo ablandar el corazón.

Optó por hacer caso omiso de un descarado intercambio de miradas afiladas entre Sasuke y Neji.

-Él no lo necesita… -dijo lacónico.

Él jura que el misterio es su encanto, pensó hastiado el rubio. A su lado, su enfurruñado compañero, recapituló sus cavilaciones. Su orgullo mordió el polvo, ¿interesaba? No. Fiscalizar las sensaciones que se arremolinaban y conducían los engranajes de sus decisiones era bastante fácil cuando no se involucraba alguno de sus pocos seres queridos. Bebió el zumo de limón sin expresión, sin ánimo, cansado de negar para luego admitir a regañadientes, cansado del viento excesivo en una mañana con Naruto siendo más animal social que nunca.


Gracias por leer, bienvenidas las críticas.