[bajo la lluvia: capitulo 2]

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Marinette abrió los ojos de par en par. Había pasado un año desde la muerte de Marius, y ella aún no se acostumbraba completamente a su ausencia. La chica se dio prisa y se vistió a toda velocidad. Tenía que estar en el aeropuerto a las nueve de la mañana. Lauren, su antigua suegra, llegaría a Francia, por lo que ella iría a recogerla y llevarla a su hotel. Marinette condujo por casi dos horas hasta el aeropuerto, era un día lluvioso, y el trafico estaba completamente caótico, pero aún así llegó justo a tiempo para encontrarse con la mamá de Marius.

— Marinette, te ves tan linda como te recordaba — dijo la mujer gentilmente. Marinette sintió ganas de ponerse a llorar. El parecido de Lauren y Marius era sobrecogedor, la misma piel oscura, los mismos ojos amables e incluso ademanes similares.

— Gracias — contestó Marinette.

Marinette llevó a su antigua suegra al hotel y luego a almorzar. Ellas dos se habían llevado muy bien desde el inicio. La historia de Lauren era ligeramente parecida a la suya. Ella había perdido a su madre cuando tenía dieciséis años, por lo que tuvo que trabajar desde entonces. Lauren apreciaba los esfuerzos de Marinette. Ella aún recordaba la escena que la mujer tuvo que soportar luego de la cremación de Marius. La chica le dio la llave del apartamento que compartía con su hijo para que no tuviera que tocar el timbre al pasar a recoger la ropa y demás pertenencias del muchacho. Lauren encontró a Marinette sentada en la sala de estar, abrazada a su vestido de novia sin terminar. Ella no deseaba que su suegra la viera así, es más, no quería que nadie viera tal debilidad, pero era demasiado tarde.

Lauren se sentó junto a ella y mutuamente se consolaron durante aquella noche. Desde entonces, Marinette nunca dejó de escribirle, ni Lauren de preguntar por su bienestar.

— Deberías salir con alguien— dijo Lauren de repente. Marinette pensó que se ahogaría con su comida.

— ¿Pero que me estás diciendo? — preguntó Marinette alarmada — tu eres la última persona que debería decir eso, no tengo la intención de salir con nadie, muchas gracias.

— En algunas regiones de la India solía existir la tradición de incinerar a las esposas junto a la tumba del marido. No estamos en aquella época, este es el siglo XXI, aún eres muy joven como para que decidas enterrarte en vida con Marius.

— Lo sé, es solo que yo no quiero… — empezó Marinette pero fue cortada por su suegra quien tomó su mano y le dedicó una amplia sonrisa.

— Nadie te está obligando, solo quería que lo recordaras. Tu no estás muerta, Marinette — dijo la mujer.

Marinette llevó a su suegra de vuelta a su hotel, y fue muy cuidadosa de tomar el desvío al pasar junto a Les Champs de Mars, no quería cruzar su vecindario de la infancia, y mucho menos, ver la antigua panadería convertida en un nuevo negocio.

Lauren no sé quedó por mucho tiempo más. Marinette tenía la fea impresión de que la mujer había hecho aquel largo viaje solo para tener esa conversación con ella. Justo cuando la chica creía que volvería a su vida normal, otro rostro del pasado hizo su aparición.

— ¡Marinette! — dijo Tikki despertándola a la mitad de la noche — algo grave ha pasado puedo sentirlo.

— ¿A qué te refieres? — preguntó Marinette reincorporándose en la cama con dificultad.

— No lo sé, siento que algo malo ha… — Tikki no pudo terminar su frase, ya que el timbre la interrumpió. Marinette dudo si debía abrir la puerta o no, pues bien podría ser un ladrón, pero tras revisar el ojillo de la entrada decidió retirar el seguro.

— ¿Adrien? ¿Qué estás haciendo aquí? — preguntó Marinette.

— Marinette — respondió Adrien. Por un momento, su mirada se iluminó, pero esta luz se extinguió enseguida — por favor, déjame entrar, debemos hablar — dijo el muchacho. Marinette se retiró de la entrada y le permitió pasar al interior del apartamento.

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Adrien

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[cinco años antes]

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Adrien tenía tan solo quince años cuando vio por primera vez la foto de la familia de Marinette en aquella repisa. Él recordaba cuan feliz lo hizo observar a aquellas tres personas sonreírle a la cámara, como si verdaderamente se encontraran felices de gozar de la presencia del otro. Ahora, él tenía diecinueve años, y no podía creer que dos de esas dos personas se encontraran muertas.

Él había hecho lo posible por acompañar a Marinette durante aquellos difíciles tiempos. La ayudó en todo lo que fuera necesario, desde alistar la ropa para donar, hasta limpiar viejos anaqueles con objetos y papeles que ya no eran necesarios. Marinette, parecía contenta y agradecida por su presencia. Irónicamente, ayudarla era casi una forma de ayudarse a sí mismo. Adrien no terminaba de creer que de la noche a la mañana hubiera terminado completamente solo, y pasado de vivir en un mundo represivo y estructurado como el de su padre, a encontrarse a la deriva, sin saber que haría el día siguiente, sin mencionar que él tenía cargo de uno de los grupos empresariales más grandes del país.

Marinette lo amaba, de eso no tenía duda, lo sentía en cada una de sus caricias, sus breves sonrisas e incluso en esos pequeños detalles diarios. Podría sonar estúpido para los demás, pero lo hacía sentirse especial. Marinette se sentó junto a él en el sofá, y recostó su cabeza sobre su hombro. El aroma de la chica llenaba sus sentidos. Él aún no podía creer que tuviera la suerte de que sus sentimientos fueran correspondidos por Ladybug. Adrien aprovechó el momento para comentarle que debía ir a visitar a su papá al día siguiente, ella no pareció complacida, pero tampoco dijo nada en contra, no era que tuviese otra opción, pero no quería tener ningún tipo de discusión con ella.

Adrien odiaba el trayecto que separaba a París de la prisión especialmente preparada para contener a su padre. Él aún recordaba la encrucijada de las autoridades, pues nadie sabía como tratar a un hombre con los poderes sobrenaturales de Gabriel Agreste. Ladybug y Chat Noir trataron de explicarles que sin su Miraculous, Papillon ya no tenía poderes, pero nadie confiaba completamente en ello, por lo que tan solo en un par de meses el gobierno tuvo preparada una cárcel especial. Adrien atravesó las puertas de metal, mientras que se sentía observado por los guardias de la prisión. Gabriel se hallaba esperándolo en una mesa en medio de una habitación sin ningún tipo de decoración.

Gabriel se veía bastante mal. Su apariencia era chocante, pues pasar de ser aquel símbolo de la elegancia parisina a un hombre acabado y reducido a un uniforme de presidiario era bastante impresionante. Adrien le pasó a su padre una caja de cigarrillos y el periódico de aquel día, él no le dedicó palabra alguna durante los primeros diez minutos de su visita, era una suerte que aquella prisión privada tuviera reglas especiales.

— Escuché lo que le sucedió a los padres de tu novia — comentó Gabriel. Adrien percibió el desprecio con el que dijo la última palabra. Su padre sabía la verdad acerca de su doble identidad y la de Ladybug, pero por alguna misteriosa razón, no se la había revelado a nadie. Definitivamente, él no podía entender a su padre.

— ¿Cómo te enteraste? — preguntó Adrien.

— Mi abogado me lo comentó, me dijo que tu no deseabas volver a casa, me dijo que piensas venderla — afirmó Gabriel Agreste mientras de deshacía de la ceniza de su cigarrillo.

— Es verdad, no quiero volver a ese lugar — dijo Adrien sin el menor rastro de vergüenza.

— Entiendo, pero quiero que sepas que aunque yo me encuentre en esta pocilga, eso no significa que halla perdido el control sobre mis bienes, la casa sigue siendo mía, y yo soy el único propietario, así que tu no puedes tomar una decisión como esa. — dijo Gabriel Agreste mientras soltaba una bocanada de humo como una especie de dragón milenario dispuesto a atacar.

— ¿Entonces, cuál es tu solución papá? — preguntó Adrien exasperado — yo no pienso volver a vivir en ella, así que podemos conservarla completamente abandonada, cayéndose a pedazos mientras que seguimos pagando los impuestos y los servicios públicos de una mansión en el corazón de uno de los sectores más exclusivos de París. Por favor, incluso tu no puedes ser tan irrazonable como para creer que aquello es una buena idea.

— Está bien, véndela, haz lo que quieras, solo recuerda que esta es mi compañía, y lo será hasta el día de mi muerte, si quieres ver algo de mi dinero, lo harás bajo mis reglas — dijo Gabriel agreste poniendo un poco de veneno en cada una de sus palabras.

— Lo recuerdo papá, y no te preocupes, tu puedes quedarte con tu dinero, no tengo planeado utilizarlo. Yo ya soy mayor de edad — dijo Adrien molesto, mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.

— ¿Qué es lo que has planeado hacer? — preguntó Gabriel mirándolo fijamente.

— Trabajar como modelo, pagar mi propia universidad, conseguir un apartamento pequeño y vivir allí con Marinette — dijo Adrien. En ese momento, la cara de Gabriel se descompuso y su rostro no reflejó más que una ira casi asesina.

— Con ella, con Ladybug — murmuró en un tono de voz casi inaudible, para que las cámaras que los vigilaban no lograran captarlos.

— Con la misma que te puso aquí — respondió Adrien dedicándole una sonrisa descarada a su padre.

—¡No lo Harás! — gritó Gabriel mientras golpeaba la mesa con la palma de la mano — ¡No lo permitiré!

— ¿Qué es lo que piensas hacer? ¿Arrastrarme? — preguntó Adrien con la misma sonrisa descarada enmarcando su rostro. Gabriel no respondió en seguida, tan solo se dedicó a prender un nuevo cigarrillo silenciosamente mientras que Adrien lo observaba con curiosidad.

— Es bastante inocente de tu parte pensar que yo no tengo brazos por fuera de esta prisión — comentó Gabriel. Adrien contuvo el aliento.

— Y es aun más ingenuo pensar que tienes alguna clase de influencia por fuera de estas cuatro paredes — respondió Adrien con más bravuconería que verdadero valor.

— He estado pensando en lo que me dijiste durante una de nuestras ultimas batallas, Adrien — dijo Gabriel mientras descargaba la ceniza de su cigarrillo en el cenicero. Adrien le pareció que su padre bien podría tener la gracia de una pantera lista para el ataque — y me di cuenta de que estabas en lo cierto. Yo no sé nada acerca de ti, no te conozco, pero si lo piensas con detenimiento, eso significa que tu también estás en una desventaja técnica, porque tu tampoco sabes nada sobre mi — concluyó Gabriel con aquel tono de voz calmado que estaba comenzando a ponerle los pelos de punta.

— No entiendo cuál es el punto al que quieres llegar, papá — dijo Adrien con la garganta seca y la voz carrasposa.

— Oh si, tu lo entiendes, tú sabes a lo que me refiero. Yo lo veo en tus ojos, Adrien, quieres respuestas, quieres que confirme que todos tus temores no son reales, pero no puedo hacer eso — dijo Gabriel regalándole una retorcida sonrisa que se veía aún más tétrica bajo la luz fluorescente de aquella sala.

— No se…

— Yo no te voy a dar las respuestas, Adrien, tendrás que encontrarlas tu solo.

La risa de su padre aún resonaba en sus oídos cuando Adrien salió de la cárcel. Sobra decir que el muchacho tuvo muchas dificultades mientras manejaba de vuelta a casa. En cuanto llegó a la panadería, encontró a la chica empacando libros en cajas y separando los que quería donar de los que deseaba conservar. Adrien la observó atentamente, verla era casi un descanso del mundo real, como si todo lo feo y lo sucio hubiera quedado atrás, y solo estuviera ella en frente suyo, para recordarle porqué valía la pena seguir viviendo.

— Hola — le dijo ella dedicándole una suave sonrisa — ¿Cómo te fue? — preguntó Marinette mientras levantaba la pesada caja de libros para donar y la hacía a un lado.

Su novia no llevaba puesta su mejor ropa, eso estaba claro, tan solo vestía un par de pantalones cortos raídos y una enorme camiseta rosa manchada de pintura, mientras que su cabello se encontraba atado en un moño sobre la nuca, del que salía uno que otro cabello rebelde, aún así, Adrien nunca se había sentido tan atraído hacía ella como en aquel momento.

— Deja eso— dijo Adrien mientras tomaba su cintura y la atraía hacía él. Marinette se sentía pequeña en sus brazos, pero de alguna manera, a él le parecía que juntos encajaban a la perfección.

Adrien se sumió en un profundo beso. Ella tenía razón, aquello era la mejor terapia para olvidar el dolor, aunque fuera momentáneamente. El beso se volvió frenético, y él decidió que debían ir aún más lejos. Adrien le quitó la vieja y enorme camiseta, por lo que Marinette quedó frente a él con el torso descubierto y los pantalones cortos colgando de sus caderas. Él no pudo resistirse a acariciar sus hombros desnudos, pequeños y frescos, mientras que ella tocaba su cuello con la punta de su nariz. Adrien sintió un escalofrió al sentir aquel roce tan delicado pero sensual al mismo tiempo. Lentamente, él recorrió con las palmas de sus manos sus senos y su cintura hasta que llegó hasta el borde de los pantalones cortos de Marinette.

Ella se encontraba ahora desnuda frente a él. Adrien ya conocía todos y cada uno de sus rincones escondidos, pero aún así, no dejaba de emocionarse cuando se encontraban el uno frente al otro dispuestos a hacer el amor.

— Ven aquí — dijo Adrien quien tomó la mano de Marinette mientras que él se dejaba caer sobre el sofá pesadamente. Adrien acomodó a Marinette sobre sus piernas mientras que ella se recostaba sobre su pecho con su cabeza tendida sobre su hombro. La posición era cómoda y al muchacho le pareció que podría durar allí un buen rato.

— Veo que no tuviste un buen día — afirmó Marinette.

— No, mi padre me desgasta y me asusta al mismo tiempo.

— Entiendo que te sientas triste, él era tu única familia, pero no tienes porqué temer, él ya no puedes hacernos daño — dijo Marinette suavemente. Adrien acarició la suave piel de la espalda de su novia. Y por un momento le pareció olvidar el frio gesto de su padre, su malintencionada sonrisa y sus ademanes de pantera dispuesta a devorar a su presa.

— No lo sé, a veces no tengo idea de nada, Marinette — dijo Adrien mientras que descendía su mano de su espalda hasta su muslo.

— Yo estoy contigo, es como tu siempre dices, podemos sanarnos, el uno al otro — murmuró Marinette.

Después de terminar los dos en la cama, como siempre lo hacían. Adrien se quedó despierto mientras Marinette dormía a su lado. Ella parecía inquieta, ya que se movía de un lado al otro mientras su cuerpo se enredaba en las sabanas. Él se sentía bien junto a ella, era casi impensable llegar a tener alguien que lo quisiera de la forma en que lo hacía Marinette. En el fondo, Adrien sabía a la perfección que tenía una gran responsabilidad con la chica, ya que su corazón estaba en sus manos.

Una serie de pensamientos más oscuros lo abordaron. El gesto casi macabro de Gabriel Agreste aún seguía fijado en su memoria. ¿Qué habría querido decir con aquellas palabras? Y con aquello de que todo lo que él sospechaba era real. Adrien se levantó de la cama de repente, el terror lo golpeó en lo más profundo.

— Adrien — lo llamó Marinette soñolienta — ¿sucede algo?

— No, solo quiero un vaso de agua, no te inquietes — dijo el muchacho quien se levantó y caminó hasta la cocina. Adrien estuvo un par de horas dándole vueltas al apartamento mientras que repasaba uno a uno los últimos eventos. Adrien sí sabía a que sospechas se refería Gabriel, pero era imposible que su padre hubiera hecho algo tan horrible.

Desde la muerte de los Dupain, Adrien había insistido en que Marinette debería darle una buena mirada a la autopsia de sus padres, aquello no era completamente necesario, pero Adrien sentía que no se había tratado de un simple accidente. Sin embargo, Marinette se hallaba tan herida que no había sido capaz de si quiera preguntar por aquellos documentos, solo se limitó a asentir y a firmar todo lo que la policía le puso en frente. Él no intentó convencerla de que hiciera lo contrario, pues solo deseaba verla feliz y tranquila.

Adrien tenía miedo de investigar, temía lo que pudiera encontrar. ¿Cómo podría volver a confrontar a Marinette si su propio padre había sido el causante de la muerte de los suyos? Él sintió un sabor amargo en la boca. Adrien se dijo a sí mismo que no había nada que temer, que era imposible que los tentáculos de Gabriel Agreste se extendieran de tal manera. En aquel momento, el muchacho tomó una decisión: Al día siguiente comenzaría su investigación.

Tal como se lo prometió a sí mismo, Adrien salió muy tarde en la noche siguiente, después de que se aseguró de dejar a Marinette completamente dormida en su cama. Él no sabía qué buscar, pero tenía la impresión que su primera parada debía ser la estación de policía. Adrien aún recordaba el nombre del oficial encargado del caso, era Raoul Bissot, sería imposible olvidarse de semejante sujeto, pues más parecía uno de sus compañeros modelos que un detective consagrado, su cabello negro lustroso, sus ojos cafés penetrantes, su complexión alta y estilizada eran demasiado llamativas.

Chat Noir se deslizó hasta el escritorio en el que los atendió y comenzó a inspeccionar el archivo, enfocándose en la letra "D".

— Si es que estás buscando el archivo de los Dupain, no lo encontrarás allí — dijo una voz. Chat Noir se dio vuelta y se encontró con Raoul Bissot quien se encontraba sentado descuidadamente en uno de los escritorios cercanos tan solo iluminado por la lamparilla de lectura.

— ¿Cómo sabes que estoy buscando ese expediente? — preguntó Chat Noir casi alarmado ante la posibilidad de que este sujeto pudiera conocer su verdadera identidad.

— Te encontré intentando robar un expediente de mi antiguo puesto ( me asignaron un nuevo escritorio hace dos días) y justamente con la letra "D". Él único caso que tengo en este momento con la letra "D" es el de los Dupain. — le explicó el sujeto mientras encendía un cigarrillo. Por primera vez, Adrien se percató de que Raoul tenía la mano muy mal herida.

— Fui parte de los cuerpos de paz en oriente, sobra decir que no terminó bien — dijo el sujeto cuando notó que Chat Noir no le quitaba la vista de la mano herida. — Toma, este es el expediente — continuó Raoul mientras le lanzaba una carpeta café a Chat Noir.

— ¿Usted lo revisó? — preguntó el héroe.

— Sí, y no vi nada fuera de lo común. Las autopsias concuerdan con la descripción del accidente, el croquis está perfectamente elaborado, pero el estudio que se le hizo a la camioneta mostró que los frenos estaban demasiado gastados — dijo el detective — es extraño, ya que los Dupain tenían toda la documentación de la camioneta en orden, habían acabado de presentar la revisión obligatoria.

— ¿Eso que significa?

— En principio pensé que se trataba de un caso de negligencia, algún mal mecánico revisó la camioneta y engañó a los inspectores de seguridad con un arreglo superficial que les costó la vida a los Dupain, pero ahora tengo mis dudas — dijo el detective.

— ¿Dudas? ¿Por qué? — preguntó Chat Noir cada vez más emocionado por conocer la verdad.

— Por tu presencia, claro está — dijo Raoul mientras le dedicaba una astuta sonrisa — debe haber algo sospechoso en ese caso para que el famoso Chat Noir quiera investigarlo — dijo el detective. Adrien se quedó estupefacto, no sabía que hacer frente a una persona tan aguda como aquella. Por un momento, él se planteó la posibilidad de contarle acerca de las palabras de Gabriel Agreste, pero era demasiado pronto para confiar en un sujeto extraño como aquel.

— Escuché rumores — dijo Chat Noir sin dar mayores explicaciones.

— ¿Dónde está Ladybug? — preguntó Raoul — siempre pensé que si tenía la oportunidad de conocerte también podría verla a ella —comentó el detective mientras se deshacía de la ceniza de su cigarrillo.

— Ella no tiene nada que ver en este asunto — mintió Adrien. Por un momento, los ojos marrón del detective se fijaron en él, casi parecían dorados contra la luz de la lamparilla. A Chat Noir le pareció que era él quien se encontraba con el rostro desnudo frente al detective, se sentía como si aquel hombre pudiera leer sus pensamientos.

— Supongo que tendré que hacerle una visita al mecánico que hizo la revisión de la camioneta — dijo el detective encogiéndose de brazos, ven en un par de noches más, y tendré nueva información para ti — le prometió el policía. Chat Noir asintió y le brindó su mano a Raoul. Él sabía que era ingenuo confiar en alguien tan rápido, pero lo hizo desde el primer momento, cuando él y Marinette se presentaron en la estación de policía.

— Gracias por su ayuda.

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Adrien volvió a visitar a Gabriel Agreste sin decirle nada a Marinette. Él sabía que sus cortas conversaciones con su padre estaban haciendo mella en su psiquis, a pesar de que solo hablaban de los asuntos de la compañía. Gabriel no pareció haberse enterado de que Raoul había desarchivado el caso de los padres de Marinette, ya que al principio no hizo ningún comentario. Sin embargo, luego de cuatro días, las cosas cambiaron.

— ¿Qué es lo que pretendes, Adrien? — preguntó Gabriel reacomodándose los anteojos.

— ¿A qué te refieres? — preguntó Adrien sorprendido.

— Tu sabes a qué me refiero — dijo su padre con una voz profunda. Gabriel lo miró por algunos instantes, tras los que reasumió su conversación acerca de la caída de los precios del algodón. Cualquiera hubiera pensado que aquellas palabras no significaban nada, pero él conocía demasiado a su papá como para haber dejado pasar semejante detalle de desapercibido. Adrien tuvo la impresión de que fuese lo que fuese lo que estaba investigando Raoul, estaba cerca de la verdad.

Adrien volvió a la estación de policía aquella noche, en donde se encontró con que Raoul aún se hallaba en su escritorio digitando en su computador.

— Ya es muy tarde, supongo que me estaba esperando — dijo Adrien.

— Supones mal. Quisiera decir que así es, pero la verdad es que tengo mucho trabajo — dijo el detective mientras se frotaba el arco de la nariz — mi familia dice que soy algo obsesivo, probablemente tienen razón — suspiró el detective.

— ¿Descubrió algo? — preguntó Chat Noir.

— Si, el mecánico que revisó la camioneta se llama Dion Metisse. Descubrí algo verdaderamente perturbador. Un par de días después a la muerte de los Dupain 400.000 euros entraron a la cuenta de este sujeto, él mismo hizo el deposito, pero no ha podido dar una explicación convincente.

— ¿Cree que alguien le pagó para que alterara los frenos de los Dupain? — preguntó Adrien.

— Es una posibilidad — aceptó el detective, quien escarbó en medio del desastre de su escritorio y le pasó una hoja de papel. — Este es el nombre del taller autorizado por la empresa de tránsito para hacer la verificación de seguridad, aún tengo que investigarlos, pero será mucho más difícil hacerlo. El lugar le pertenece a un diputado de la Asamblea Nacional, no querrá que su negocio se vea afectado por el escandalo — dijo Raoul quien se veía fastidiado.

— ¿ Cuál diputado?

— El ex alcalde de París, André Burgeoise.

— Era de esperarse — dijo Adrien sarcásticamente. Burgeoise había sido conocido de su papá durante años, era por eso que Chloe había sido su única amiga desde la infancia, muy probablemente los dos tenían más negocios de lo que parecía.

— ¿Qué harán con esta información? — preguntó Adrien.

— Por ahora nada, si mis superiores no me dejan avanzar en la investigación, no puedo continuar. André Burgeoise no dejará que meta mis manos en su negocio.

— ¿Qué? — preguntó Adrien molesto — no puede ser que no halla nada que hacer, debe existir una solución, algo, lo que sea, esto no es justo.

— Lo lamento Chat Noir esto es todo lo que yo puedo hacer — se disculpó el detective.

— Sí, claro — asintió Chat Noir mientras se dirigía hacía la ventana, perdiéndose en la noche.

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Adrien fingió que volvía a dormir después de haber tomado un vaso de agua. Marinette se despertó al sentirlo subir la escalerilla hasta su cama. Él aprovechó la ocasión para acostarse junto a ella, quien aún permanecía desnuda luego de haber hecho el amor al principio de la noche.

— Marinette— comenzó el muchacho, mientras ella se acomodaba sobre su pecho.

— ¿Sí?

— Lamento mucho lo que pasó poco después de que hubiéramos enviado a papá a la cárcel. — dijo Adrien.

— No entiendo.

— Me refiero a la pelea, yo te dije que papá no merecía ir a la cárcel, que era un buen hombre, que estaba akumatizado como el resto de sus víctimas, pero ahora lo sé. Yo estaba equivocado. Papá es un hombre genuinamente malo, no es alguien que merezca ser defendido — dijo Adrien, quien sentía un torrente de odio recorrerle el cuerpo.

— ¿Adrien? — preguntó Marinette sorprendida.

— Olvídalo, será mejor que durmamos un poco, mañana tengo cita con la junta de administradores de los bienes de papá, y si me descuido siquiera un poco esos sujetos podrían dejarme en la calle y sin un centavo en el bolsillo — dijo el muchacho, tras lo que besó a Marinette y apagó la luz de la lamparilla.

Un par de días más tarde, Adrien fue al taller de Dion Metisse. Aquel día, él no esperó a que Marinette se durmiera para comenzar sus investigaciones, pues no planeaba tardarse demasiado. El plan era simple. Adrien entraría al taller un poco después de que el negocio hubiera cerrado al público, acorralaría al sujeto, lo intimidaría un poco con sus poderes y lo obligaría a contarle toda la verdad a la policía, aquello no podía tardarse más que un par de horas.

Adrien vio con atención como el dueño del taller cerraba la pesada puerta de metal y le ponía el candado. Después, el sujeto abrió otra pequeña puerta al lado de la del taller. Adrien supuso que él debía vivir en la parte de arriba del edificio, tal y como lo hacían los Dupain, por lo que el muchacho pensó que era el momento adecuado para colarse por la terraza de la casa.

El mecánico era un hombre alto, gordo y algo calvo, había algo en su expresión que lo hacía parecer constantemente enfadado. Adrien lo encontró parado de espaldas a la puerta mientras que preparaba una bebida en su tetera. El muchacho apenas si tuvo tiempo de inspeccionar el apartamento, era un lugar desordenado y con muchas piezas de autos y motocicletas regadas por ahí, así como bidones de gasolina puestos descuidadamente por todo el corredor. Adrien entró sigilosamente a la habitación, y tomó al sujeto por el cuello.

— Buenas tardes señor Metisse me moría de ganas de tener una conversación con usted — dijo Chat Noir con su voz gatuna y asegurándose que los incipientes colmillos que aparecían cada vez que Plagg lo trasformaba fueran vistos por el sujeto.

— ¿De qué quiere hablar? — dijo el hombre con la voz ahogada mientras que adquiría un feo color morado — No he hecho nada malo.

—Mentira, eso no es lo que yo he escuchado — contestó Chat Noir mientras presionaba su bastón contra el cuello del sujeto.

— Yo no…

— Voy a contar hasta tres, y si no me dice todo lo que sabe sobre la muerte de Sabine y Tom Dupain le juro que lo lamentará — dijo Adrien apretando el bastón con más fuerza. Él sabía que el sujeto no podía respirar, por lo que apartó levemente el bastón de su garganta.

— Uno.

— Está bien, se lo diré, se lo diré — se apresuró a decir el mecánico. — un sujeto me pagó.

— ¿Quién? — preguntó Adrien.

— Un tipo de apellido Beuchamp, se llamaba Marcel. Personalmente, no creo que fuera su verdadero nombre. Ese sujeto vino un día me dio una fotografía de los Dupain, y sus nombres, yo los reconocí porque habían sido mis clientes por un buen tiempo, me dijo que tenía que alterar los frenos, que no pasaría nada porque nadie se enteraría, los inspectores de seguridad confirmarían que la camioneta estaba en buen estado, y todo pasaría por un accidente.

— ¿No le dijo quién lo mandó? — preguntó Adrien quien volvió a apretar su bastón contra su cuello.

— No, él dijo que venía por su propia cuenta.

— Esa es una bonita versión — dijo Adrien bajando el bastón lentamente — ahora iremos a la estación para que la escuche la policía.

Adrien bajó del todo su bastón, y por un momento, se apartó del sujeto sin soltarle por completo el cuello de la camisa. Desafortunadamente, este instante fue suficiente para que el mecánico le asestará un golpe en el estomago. Chat Noir soltó al sujeto, mientras que este tomaba unos de los cuchillos de cocina y lo clavaba en el costado de Chat Noir. El dolor que Adrien sintió no fue nada comparable a lo que hubiera sentido antes, su carne se desgarró y un torrente de sangre comenzó a brotar por la herida. Con mucha dificultad, él muchacho se retiró el cuchillo y logró tomar nuevamente el cuello de la camisa del sujeto.

Metisse lanzó un grito ahogado al tiempo que caía en la hornilla encendida, y se volcaba el agua hirviente de la tetera en la mano. Después, el sujeto trató de tomar otro de los cuchillos y asestarle un par de golpes a Chat Noir quien los evadió con facilidad. El corpulento sujeto se abalanzó contra Adrien, quien instintivamente tomó uno de los bidones de gasolina junto a la entrada de la cocina y golpeó al hombre con él. El muchacho no podría creer lo que pasó a continuación, ya que por el impacto producido por el golpe del contenedor con la cabeza del sujeto, la tapa saltó por los aires y la gasolina cayó al suelo.

Una mínima chispa fue necesaria para producir un incendio. El hombre frente a él soltó un grito de terror mientras que el fuego comenzaba a arder con más y más fuerza, mientras que Adrien permanecía impávido frente a él, viendo la escena de horror que se llevaba a cabo frente a sus ojos.

Tienes que huir — le dijo la voz de Plagg en su cabeza mientras que Adrien se levantaba con dificultad y salía hacía la terraza del edificio. Un par de explosiones se escucharon detrás de él, y Adrien supuso que debía tratarse de los demás bidones de gasolina que se encontraban repartidos por el resto de la casa.

Adrien corrió como nunca, a pesar de la gravedad de su herida, saltó de tejado en tejado hasta que se alejó bastante del sitio del incendio, en donde no podía escuchar el crepitar del fuego y los gritos de los vecinos pidiendo por ayuda. Chat Noir bajó hasta una de las estaciones del subterráneo, se metió dentro de unos de los baños públicos y lo cerró con llave. El lugar era deprimente, la luz fría y los azulejos desgastados le daban una apariencia tétrica, era la clase de sitios que solo frecuentarían adictos al crack o violadores en busca de un sitio para pasar la noche o cometer sus crímenes. Pero aquello no importaba en aquel momento. Adrien se dejó caer en el piso mientras sentía la herida en el costado escocerle con fuerza.

Plagg terminó la trasformación sin que el muchacho se lo hubiese ordenado, y lo miró con preocupación.

— Voy a hacer algo muy especial por ti, algo que está prohibido, pero tendrás que darme mucho queso si deseas recompensarme por esto — dijo el kwami. Adrien no contestó solo permaneció tendido en el suelo mientras que luchaba por respirar y no perder la consciencia. De repente, el dolor comenzó a desaparecer, y sus sentidos comenzaron a agudizarse nuevamente. Adrien sabía que Plagg había utilizado su magia en él. Su Kwami le había salvado la vida.

Plagg cayó completamente rendido sobre el estomago de Adrien. El muchacho se levantó y salió de la estación del metro, en donde buscó una tienda abierta las veinticuatro horas y compró una bolsa entera de paquetes de Camembert, junto con una botella de agua para él.

De vuelta en el baño público de la estación del metro, Adrien destapó la botella y comenzó a beber a grandes sorbos mientras se hacía a la idea de que había acabado de asesinar a un hombre. Él nunca quiso que las cosas terminaran de aquella manera, solo deseaba hacerlo confesar para poder llevar a la justicia al asesino de los padres de Marinette, pero nunca se le cruzó por la cabeza la idea de quemar a un hombre.

— He hecho algo terrible, Plagg.

— Lo sé— dijo relajadamente el kwami mientras masticaba su queso como si se encontrara en la comodidad del apartamento de Marinette y no en un feo baño público.

— ¿Es qué acaso no te importa? — preguntó Adrien — pensé que me dirías que no soy digno de tener los poderes de mi kwami, o algo parecido.

— No, realmente no — repitió la criatura en un tono desinteresado que le estaba comenzando a poner los pelos de punta — Chat Noir tiene el poder de la destrucción, y hoy has ocasionado mucha destrucción y caos, es natural. Por otro lado, si tu fueras Ladybug las cosas no serían tan fáciles, sus poderes se basan en su habilidad para crear, la posibilidad que ella tiene de purificar. Si Marinette hubiera hecho algo como lo que tu hiciste, sería contrario a la naturaleza de sus poderes, pero como se trata de ti, no habrá ninguna consecuencia. — dijo el kwami.

— No entiendo.

— No es necesario que lo hagas, lo único que quiero es que me dejes comer.

Adrien se quedó en silencio los siguientes minutos, mientras escuchaba a Plagg comer. Él no podía creer todo lo que había sucedido aquella noche, aún podía escuchar el grito de aquel hombre perforándole los oídos cuando fue alcanzado por la llama y el espantoso olor a carne quemada. Adrien se estremeció mientras contemplaba silenciosamente las posibilidades.

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Adrien se metió en la ducha del apartamento de Marinette y dejó que el agua le callera encima. Él había llegado minutos antes a la habitación de la chica, y aunque trató de disimilar, rápidamente perdió la paciencia y le gritó a Marinette. Ella no tenía la culpa de que su misión hubiera terminado de aquella caótica manera. Adrien dejó el cuarto de baño, y se metió en la cama junto a su novia. Ella no había querido dirigirle la palabra desde su discusión, y él no la culpaba.

Lentamente, Adrien tomó la cintura de Marinette y la haló hasta su pecho.

— Lo siento tanto mi lady — murmuró Adrien.

— Me gritaste.

— Lo sé.

Marinette se negó a hacer el amor con él. Aquello no le sorprendió, y para ser honesto, tampoco le molestó, ya que él tampoco se encontraba de humor para hacerlo. Adrien abrazó a la chica. Su cuerpo parecía encajar a la perfección con él suyo, cómo si fueran dos partes diferentes de una misma pieza que hubieran estado esperando largo tiempo por unirse. Él disfrutó del aroma de Marinette, sabía que su presencia sería suficiente para alejar a los fantasmas nocturnos, el olor a carne quemada, el grito de terror y las llamas que amenazaban con arrasar con todo.

— Ya está princesa, tu y yo estamos juntos, no estamos solos, nos tenemos el uno al otro — murmuró Adrien quien comenzaba a sentir las lagrimas correrle por las mejillas.

Adrien se calló muchas cosas en aquel momento. Él deseaba confesarle la verdad a Marinette, contarle todo para que ambos pudieran empezar una nueva vida muy lejos de allí, pero sobre todo, él deseaba disculparse, pues una parte de él se sentía responsable. Marinette sabía que su padre era peligroso, y él no la escuchó. Ahora, Gabriel Agreste estaba recluido en una cárcel privada, casi de juguete, rodeado de todos aquellos a quienes podía controlar con un dedo, ya fuera con su dinero o porque le debían favores. Ellos dos no estarían a salvo hasta que su papá hubiera desaparecido de escena.

Al día siguiente, Adrien actuó como si nada hubiera pasado. Él estaba sorprendido por lo buen mentiroso que era. Pero, al llegar la noche, el muchacho esperó a que Marinette se hubiera dormido y partió hacía la estación de policía.

— ¿Cómo te atreves a volver a mostrar tu rostro por aquí después de lo que has hecho? — preguntó Raoul furioso, mientras que tomaba una bocanada de su cigarrillo.

— Usted dijo que no había forma de desenmascarar a Gabriel Agreste, y yo tenía que obtener las pruebas — dijo Adrien completamente exasperado.

— ¿Qué tiene que ver Gabriel Agreste en esto?

— Estoy seguro de que él mandó asesinar a los Dupain. Yo lo sé. — aseguró Adrien perdiendo la paciencia.

— Así que yo estaba en lo cierto, tú eres su hijo — dijo Raoul casi maravillado por su descubrimiento.

— ¿Qué? Yo no… — comenzó Chat Noir, quien rápidamente se dio cuenta de que no había razón para negarlo — ¿cómo se enteró? — preguntó Adrien.

— Me pareció muy extraño que Chat Noir quisiera investigar un simple accidente de tránsito. Recordé que Marinette Dupain vino a mi oficina acompañada de un jovencito rubio, el hijo de Gabriel Agreste, decidí investigarte, y lo más curioso que encontré fueron las grabaciones de las últimas visitas que le hiciste a tu papá. Parecías acusarlo de algo, y él parecía admitirlo, fue entonces que comprendí que eras tú. Al principio, pensé que me estaba volviendo loco, que era una idea descabellada, pero tu confirmaste todas mis sospechas — dijo Roul — sólo me queda una pregunta.

— ¿Cuál?

— ¿Por qué habría de estar interesado Gabriel Agreste en una familia normal como los Dupain?

— Es una venganza — aseguró Adrien — Sabine y Tom Dupain eran dos personas normales, pero su hija no lo es.

—Ladybug— murmuró Raoul con la mirada perdida y completamente maravillado. Adrien solo asintió muy lentamente.

— Ella trató de advertirme que esa cárcel no era el sitio adecuado pare él. Papá es muy peligroso. Al principio, yo pensé que él también era una víctima más del akuma, que no tenía ningún control sobre sus acciones, pero me equivoqué, me temo que papá es un hombre muy malo — dijo Adrien.

— ¿Eso es lo que crees? ¿ qué es tu culpa? — preguntó Raoul mientras descargaba la ceniza de su cigarrillo. Adrien se sentó en la silla del escritorio junto al del detective, y lo miró fijamente.

— Yo no creo que lo sea. Tu papá compró a media Francia para lograr que lo pusieran en aquella prisión, él debe conocer los trapos sucios de muchos en este país para lograr terminar en aquella cárcel. Pero me asusta pensar en lo que pueda ser de ti si continuas como hasta ahora.

— ¿A qué se refiere?

— No finjas, estúpido. El incendió de anoche fue tu culpa, la muerte de mi testigo estrella. Has arruinado el caso, pero no solo eso — dijo Raoul mientras sacaba una foto de una pila de papeles en su escritorio. Adrien sintió ganas de vomitar al ver que se trataba de un cuerpo completamente carbonizado. — Mira bien lo que hiciste, esto sí es tu culpa. Tu no puedes controlar las acciones de tu padre, pero esto es vergonzoso, esto es criminal — dijo el policía mirándolo con sus penetrantes ojos rasgados.

— ¿Quieres que te compadezca? — preguntó Raoul con algo de sorna en su voz — entonces, has venido al lugar equivocado. Ten mucho cuidad Adrien Agreste, porque algo me dice que entre tu y tu padre no hay mucha distancia.

— ¡Eso no es cierto! — gritó Adrien furioso — yo jamás…

— ¿Jamás qué? ¿Jamás matarías a un hombre a sangre fría? — preguntó Raoul nuevamente — estas fotos no ayudan a probar tus palabras, ¡Mira lo que has hecho! — le gritó el detective mientras agitaba la foto frente a su cara. Adrien se dio cuenta de que las lagrimas le corrían por las mejillas.

— ¿Qué debo hacer ahora? — preguntó Adrien con la voz carrasposa.

— Eres un buen chico, Adrien. Para comenzar, no vuelvas a visitar a tu padre en un largo tiempo, tengo la impresión de que Gabriel Agreste es mejor manipulador de lo que parece. Olvídate del caso de los Dupain por un tiempo, ya pensaremos en una mejor manera de desenmascarar todo este asunto. Llévate a Marinette Dupain fuera del país, huyan mientras las cosas se calman— le aconsejó el policía.

Adrien sabía que Raoul le daba aquellos concejos con la mejor de las intenciones, pero no podía seguirlos, en especial el primero. Él no podía abandonar a su padre, era la única familia que le quedaba, no podía sencillamente olvidarse de él. Adrien atravesó las puertas blindadas de la prisión durante la mañana del día siguiente. El muchacho entró a la habitación descolorida y antes de que pudiera sentarse frente a la mesa, Gabriel apareció y le dio un fuerte abrazo. Él se quedó en silencio, y ni siquiera pudo responderle el gesto.

— Pensé que no volverías— dijo Gabriel.

— ¿Por qué habrías de pensar aquello? — preguntó Adrien. Gabriel solo encogió los hombros como respuesta. Adrien le pasó los cigarrillos y el periódico por encima de la mesa.

— Adrien, ¿podrías permitirme algo de fuego para encender mi cigarrillo? Escuche que eras un experto en ese tema — comentó arrogantemente y con una malintencionada sonrisa en los labios.

Adrien abrió los ojos de par en par. Aquellas palabras encendieron algo en su interior, era como si toda la ira contenida estallara de repente y nublara su visión para volverlo completamente loco. Adrien lanzó un grito y se abalanzó hacía su padre. Él sintió sus manos cerrarse en torno al cuello de Gabriel, mientras que este le dedicaba una retorcida sonrisa.

— Tu nunca mereciste nada, no mereces mi perdón, ni mi compasión, lo único que mereces es morirte— gritó Adrien. Gabriel apenas alcanzó a abrir la boca, y con la voz ahogada contestó.

— Ella será la próxima…— dijo en un murmullo. Adrien apretó con más fuerza su garganta, hasta que sintió que los guardias de la prisión corrían hasta él para evitar que ahogara a su prisionero. Él fue separado de Gabriel, y conducido al exterior, mientras le advertían que tenía prohibida la entrada por los próximos dos meses.

Adrien se encontró a sí mismo frente a su auto, sin saber que hacer o a donde ir. Aquello era un desastre, él no le podía contar la verdad a Marinette, la destrozaría si lo hacía. Adrien condujo hasta su vieja casa, necesitaba un lugar en el que pudiera estar solo y pensar. La mansión Agreste estaba prácticamente desocupada, los muebles habían sido vendidos, y de la impresionante habitación del muchacho no quedaban más que la cama, sus libros y su computadora. Él se dejó caer pesadamente en la cama mientras que Plagg salía de su bolsillo.

— Debiste haber escuchado al detective, no vuelvas a visitar a tu padre — dijo el kwami.

— No puedo hacerlo — respondió Adrien.

— ¿Qué es lo que estás planeando hacer?

— Tengo que alejarme de ella, mientras Marinette esté junto a mi, ella corre peligro.

— Escucha al detective, sal del país con ella, váyanse por un tiempo.

— No, esa no es la solución. Voy a terminar con Marinette.

— ¿Pero, te has vuelto loco? — preguntó Plagg escandalizado.

— Solo será por un tiempo, mientras consigo la forma de hundir a papá. Yo me olvidaré de Marinette y volveré a ella cuando finalmente podamos estar juntos.

— Es la peor idea que he escuchado en mi vida. Ella te necesita. — respondió Plagg.

— Voy a hacer pagar a papá por lo que le hizo a los Dupain — dijo Adrien con la garganta seca.

— La venganza es un camino muy solitario. — comentó Plagg en una voz un poco más profunda que lo normal.

Adrien miró hacía el techo, él había estado pensando mucho en aquel asunto. El problema con el odio es que a menudo suele lastimar más al que lo siente que al que lo recibe, carcome por dentro, como si fuera una especie de paracito. Aquel sentimiento recita una y otra vez el mismo mensaje en la mente hasta que la envenena por completo. Adrien decidió que él no quería que Marinette viviera con el peso de una venganza, no deseaba que ella sufriera aquel odio hacía Gabriel Agreste. En cambio, él llevaría aquella carga por los dos, completamente solo, hasta que hubiera hecho justicia.

Adrien jamás podría olvidar la mirada azul de Marinette sus labios sonrosados y temblorosos cuando le preguntó si la quería. Él hubiera querido decir que sí, que la amaba, que haría lo que fuera por ella, pero ya había tomado una decisión, nunca estaría completamente a salvo si no se alejaba de ella. Adrien la besó en los labios antes de irse. Él se estaba rompiendo a sí mismo el corazón tanto como la lastimaba a ella, y solo le quedaba el cálido y suave roce de sus labios como recuerdo, así como todas las noches que compartieron juntos y el aroma dulce de su piel.

Adrien eligió el camino de la soledad, y ahora no le quedaba más opción que transitarlo. No importaba cuanto tiempo le tomara, ni lo que tuviera que hacer para lograrlo. Y cuando todo terminara, volvería a ella nuevamente.


Hola a todos.

Espero que les halla gustado este capitulo. Lo sentí algo pesado cuando lo escribí, pero es porque está lleno de eventos y porque es larguísimo. Espero que le agrade. Muchas gracias a todos por sus suscripciones, y sus favoritos, realmente significan mucho para mi, nos leemos pronto. Adiós

Respuesta a los reviews

The reviewer : hola, gracias por el comentario, espero que este capitulo te aclarara un poco más las cosas, como verás este es un fic un poquito más oscuro de lo que estoy acostumbrada.

Sofitkm: Hola, gracias por el review, realmente me pone muy contenta que te halla gustado tanto la historia Marinette la ha pasado mal, pero Adrien también espero no defraudar con esta conti.

Elliot Van Bureen : hola, gracia por el review, me alegra mucho que te halla gustado tanto la historia.

Kagome Kudo: Hola, gracias por el review, no,no,no,no no odiemos a Adrien todavía, démosle una oportunidad al probre :D

Alba Sky: Hola, gracias por el review ¿por qué maldad pura? No respondas, ya sé porque jeje. De verdad me demoré tan poquito. Yo no sé, es como que aunado uno dice: no voy a escribir, le da por escribir mil veces más, pero cuando uno quiere hacerlo no sale por ninguna parte. Dale una oportunidad a Adrien, aunque si te soy sincera quiero jugar más con los limites de Adrien en este fic, más como que se encuentra en esa línea entre lo bueno y lo malo, ¡ja! Vamós a ver como sale.