Hola, que tal gente, de vuelta con ustedes su Badficker menos favorito, esta vez les traigo la continuación del fanfic. Espero que les guste y claro que lo lean
II. Azul Marino
Amanecía otro día mas, el sol se postraba en todo lo alto, las nubes esponjadas se veían en el azul del cielo, las aves cantaban por que había amanecido un día más, al igual era otro día más para aquella chica de cabellos azules, de estatura mediana y hermoso cuerpo, para ella los días pasaban todos iguales, despertarse, bañarse, vestirse, ir al trabajo, salir, comer, dormir, toda era una rutina aburrida bien programada, todo tan igual y todo tan simple, todo tan estúpido y todo tan complejo.
Como todos los días, se levanto de la cama, fue a bañarse y prepararse para lo que sería su día rutinario, ella no prestaba atención a las cosas que hacía, ya que estaba tan acostumbrada que su cuerpo se movía por si solo sin que ella tuviese conciencia de lo que hacía, era como si estuviese desenchufada del mundo, estar muerta en vida sin ningún signo de razonamiento y su cuerpo una marioneta que estaba siendo movida por los hilos de la rutina que no la dejaban escapar.
Sin darse cuenta ya estaba lista y dentro de un tren hacia su empleo. De verdad que ella podría estar todo el día distraída y nada le pasaría ya que su cuerpo por si solo reaccionaria, Cerro sus ojos y dejo escapar un suspiro, luego centro su vista a la nada, en verdad que hacer esto era estresante.
-Que estúpido es esto –se dijo mentalmente la chica –¿acaso era esto lo que quería? Todo lo veo tan monótono y sin vida –La chica fijo su vista en la ventana del vagón –Si tan solo hubiese algo más por el cual vivir…
Leona tuvo que salir sus pensamientos ya que había llegado a la estación en la cual ella debería bajarse. Al bajarse del tren observo a las personas que pasaban junto a ella, todas esas personas ocupadas, todos ellos preocupados por sí mismos, todos tan iguales, todo era tan deprimente, todo tan confuso, esta vida no tenía sentido, sin nada para el futuro, dejando el pasado enterrado y viviendo un presente blanco y negro.
-¡Leona! –otra vez alguien la saco de sus pensamientos, se volteo para ver quien le llamaba y ahí estaba el, Ralf.
A Ralf lo había conocido en la preparatoria y junto con el también conoció a Clark y a Seirah que la apodan Whip. Fueron esos días en que ella aun sonreía y veía hacia un gran porvenir en su futuro, días aquellos que no volverán, pensamientos que se esfumaron al paso del tiempo, esperanzas que aún quedan pero son débiles y pocas. Pero fueron felices alguna vez, al menos ella lo fue ahora su presente era frio y sin emociones, necesitaba de algo que no tuvo en todos esos años, algo que nadie le había dado ni nadie le había mostrado.
-¿Leona?, me escuchas –decía Ralf mientras agitaba su mano enfrente de la chica
-¿Eh?, ¿Qué?
-Hemos llegado al trabajo, vaya en verdad hoy estas distraída –Dijo el chico mientras le abría la puerta de entrada de un gran edificio de oficinas para que pasara primero.
-La verdad creo que estoy aun somnolienta –mintió la chica
-Vale, pero sabes que debes de estar presentable o el viejo nos regañara
-¿A quien llama viejo, Jones? –dijo un hombre mayor de una alta estatura y con un parche en su ojo derecho
-Este, yo no digo, bueno este.
-Buenos días padre –saludo Leona a su padre, el dueño de las empresas fabricantes de ropa "H". Heiderm
-Buenos días Hija y Jones cuida tu lengua –dijo Heiderm para luego marcharse hacia un ascensor.
-Vaya, casi y no lo cuento –dijo Ralf algo aliviado de tanta tensión –Bueno espero que tengas un buen día hoy, nos vemos más tarde –dijo este y se fue por unas escaleras.
Si, así eran estos días todos iguales, muchos dirán que ser hija de un gran empresario millonario y dueño de una empresa de Ropa lujosa y al mismo tiempo ser Vice-presidenta de esta empresa, es bueno y hasta envidiarían por estar en su lugar, pero la realidad era otra ya que aunque ella tuviera dinero eso no le compraría lo que le hacía falta, aunque tuviese todo un armario de ropa lujosa eso no cubriría el vacio en su interior, aunque tuviese poder de cambiar cosas y hacer lo que se le haga en gana eso tampoco era lo que buscaba.
En un abrir y cerrar de ojos el día se había pasado rápido, miro el reloj de pared que tenía en su oficina, mostraban las 6:45 P.M, luego miro su escritorio tenía muchos papeles de contratos, estadísticas, sugerencias, cuentas por cobrar, cuentas por pagar y demás cosas. Lo primero que pensó la chica era en dejarlo para mañana, pero luego se dijo que lo debía de acabar ya que si iba para su hogar no tendría nada que hacer y qué mejor que distraer la mente con trabajo. Si distraerse con mucho trabajo, pensar que ese trabajo que estás haciendo al menos te mantendrá con una meta y esa es la de acabarlos y entregarlos.
Papel tras papel, firma tras firma, revisión tras revisión, cuenta tras cuenta, Leona termino toda la pila de trabajos, alzo la vista y diviso el reloj que ahora marcaban las 10 de la noche, ella se sentía exhausta, así que pronto acomodo sus cosas y salió del edificio, mientras caminaba hacia la estación del metro en su mente solo pensaba lo que había hecho todo el día que había pasado, desde que empezó hasta que acabo, luego una leve sonrisa salió de sus labios.
-No es como ayer –dijo en un murmuro y es que por primera vez no salió a la misma hora de siempre, esta vez fue más tarde.
Feliz con haber al menos hecho algo que no era de la rutina la chica entro al tren que la llevaría cerca de su hogar, el trayecto fue muy corto ya que rápidamente había llegado a la estación siguiente estación en donde debía de bajarse. Mucha gente se bajo del vagón al igual que mucha gente quería subir, pero de entre todas esa gente resaltaba él. Un chico de cabellos rojos, de estatura alta y contextura atlética, pronto su mirada se había entrelazado con la de este chico, fue un segundo, un momento que duro una eternidad, en que todo se movía muy lentamente, en que las personas parecían solo desaparecer y ellos quedar solos viéndose mutuamente, pasaron el uno cerca del otro sin ver hacia atrás el chico subió al vagón del tren y Leona salió del metro.
Su corazón latía violentamente, su respiración que se había detenido solo con ese contacto visual y el aliento lo había perdido.
-¿Qué son estas sensaciones?, ¿Qué ocurría?, ¿Por qué pasaba esto? –se preguntaba la chica en su mente y es que nunca antes había sentido eso y menos de un simple contacto visual con un extraño.
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-Leo, Leo, ¡Leona! –alzo la voz una chica
-¿Eh? ¿Qué? –contesto la chica saliendo de sus pensamientos
-Cielos Leo, andas distraída todos estos días, ¿qué pasa?, ¿acaso te enamoraste?
-Y-Yo enamorarme –dijo la chica con un leve rubor en sus mejillas –Whip ¿has sentido amor alguna vez?
-¡¿Ah?, ¿si te has enamorado?, por fin, ya me tenias preocupada, dime ¿de quién?, ¿Ralf?, ¿Clark? ¿Ángel? –pregunto con emoción Whip
-N-No, so-solo pregunto si lo has sentido –dijo la chica tímidamente
-Claro, quien no ha sentido amor, es solo que es un sentimiento difícil de explicar –explico la de cabellos cafés.
-Así que es amor, al fin encontré lo que me falta, al fin encuentro lo que llenaría mi vacio, de él un extraño –pensó la de cabellos azules –gracias por explicarme amiga.
-No hay de qué ¿pero me contaras quién es?
-Espero yo también saber quién es…
Continuara…
Otro capítulo más, este me salió más alegre jajaja, no sé, creo que mi actitud cambio en la mitad del capítulo, que por cierto también es corto, espero que no se molesten por eso ya que últimamente la inspiración llega pero poco por eso los capítulos tan cortos.
En fin me despido y nos leemos en el que sigue.
