Itachi Yagami: Hijo de Taichi (10 años)

Ayumi Ishida: Hija de Sora y Yamato (10 años)

Yoshiro Ishida: Hijo de Sora y Yamato (6 años)

Saiki Takaishi: Hijo de Takeru Takaishi (12 años)

Ryuki Taeda/Yagami: Hijo de Hikari Yagami (12 años)

Musuko Motomiya: Hijo de Daisuke Motomiya (12 años)

Kaya Ichijouji: Hija de Miyako y Ken (12 años)

Setsu Ichijouji: Hijo de Miyako y Ken (9 años)

Shun Kido: Hijo de Jyou Kido (11 años)

Yumiko Hida "Yumi": Hija de Iori Hida (11 años)

Michael Harrison/Tachikawa "Miki": Hijo de Mimi Tachikawa (10 años)

Meiko Izumi "Mei": Hija de Koushiro Izumi (9 años)

"El campamento de verano"

Rayos del sol, sol, sol y más sol sobre todo en el campo justo donde estos individuos se encontraban, fuera de una amplia cabaña. El pequeño Shun Kido se veía obligado a cubrir sus pequeños ojos de los mortales rayos calientes de la bola de fuego alrededor de la cual giraba el planeta. Quiso maldecir el verano una vez más desde que éste inició. Nada hasta ahora le había salido como había deseado, pero más que nada quiso maldecir a sus amigos que eran tan impuntuales que no podía creerlo.

Así que decidió dejar de recordar su trágico verano, porque hasta ahora lo poco que iba de la época más calurosa del año no había sido nada buena. Sus padres trabajando la mayoría del tiempo sin prestarle demasiada atención, sus amigos enfrascados en sus cosas dejándole solo y aburrido, su madre enferma y su padre insistiéndole con aquella maravillosa idea que los llevaba aquel día a ese extraño lugar.

-Parece que con los años se vuelven más impuntuales. –se quejó su papá, el médico especializado en Digimon, Jyou Kido.

-Entiéndelos, Jyou. –habló Gomamon, el Digimon de su padre. –Todos tienen muchas ocupaciones. Recuerda cuanto te costó que te dieran la mañana libre en el hospital.

-A pesar de todo seguimos siendo siempre los primeros, papá. –observó el pequeño de diez años.

-Eso es porque somos muy responsables, Shun. –aseguró Bukamon, su Digimon con una sonrisa. El aludido se esforzó por imitarlo a pesar de la molestia y el sueño que aún tenía. Madrugar no era lo suyo

-Gomamon tiene razón. –afirmó Jyou. –Sólo nos queda esperar. Me preocupa un poco haber dejado a tu madre sola, esos vómitos no pueden ser normales.

-¿Qué tiene, mamá? –preguntó inocentemente el infante que ya llevaba varios días viendo a su madre enferma e incómoda.

-Pues aún no sabemos hijito. –respondió Kido. –Pero tenemos nuestras sospechas…

-¡Tu papá piensa que tu mamá está embarazada, Shun! –exclamó Gomamon muy animado.

Pero la expresión de Shun de animada no tenía absolutamente nada. Su rostro era de perplejidad absoluta. La palabra embarazada retumbaba en su mente una y otra vez. Un hermanito. La posibilidad de tener un hermanito. La idea le resultaba en extremo desagradable, a él siempre le había gustado ser hijo único y que el poco tiempo libre de sus padres se centrara en él. No quería compartir eso y tener que luchar con un bebé por atención. Bukamon pareció adivinar los pensamientos de su compañero humano porque de inmediato intervino.

-Eso sería muy sorprendente ¿No, Shun?

Pero el peli azul más joven no respondió.

-¿Shun, estás bien? –preguntó Jyou mirando el semblante asombrado de su hijo.

-Es broma ¿Verdad papá? –cuestionó el niño Kido.

-Pensé que te haría un poco de ilusión… -admitió el medico bastante decepcionado.

-Sí papá. –bramó irónicamente cruzándose de brazos. –La misma ilusión que me hace ir a ese campamento en el Digimundo… -masculló entre dientes porque la idea de acampar al aire libre, aunque fuese con sus amigos, no le emocionaba demasiado.

Pero Jyou tenía un buen oído y fue consciente de las palabras de su primogénito.

-Será divertido, ya verás. –aseguró su padre. –Al principio creí que eras muy joven para ir a pasar dos semanas en el Digimundo solo con Bukamon y tus amigos, pero creo que estás listo.

El anteojudo más joven permaneció cruzado de brazos.

Afortunadamente para Jyou a aquel campo llegó nada más y nada menos que la familia Hida, Iori iba sujeto de la mano de su única hija mientras se acercaban a los Kido. Armadillomon los seguía de cerca y Upamon iba en los brazos de la callada Yumiko que miraba al frente aún adormilada. Su padre al parecer la había querido levantar más temprano de lo necesario para un último entrenamiento de kendo antes de que ella se fuera con sus amigos dos semanas al Mundo Digital de campamento.

-Buenos días, Iori. –saludó amablemente Jyou quien se había visto salvado por su llegada.

-Hola Jyou. –respondió el abogado. –Al parecer seguimos siendo los más puntuales.

-No sé ni para que nos molestamos. –soltó Kido. –Deberíamos estar acostumbrados a estas cosas. Todos los años es igual.

-Ni siquiera por el día que es. –se quejó Gomamon que ya estaba acostumbrado a esperar pacientemente por el resto.

-¿Tu esposa, Iori? –preguntó Jyou tratando de cambiar el tema.

-Es que como yo tenía un caso que atender ella ofreció hacerse cargo para que pudiera venir. –explicó el más joven.

-Les manda saludos a todos. –añadió Armadillomon.

Mientras los adultos mantenían una plática más o menos amena Yumiko había decidido acercarse con Upamon a Shun y Bukamon quienes se encontraban todavía muy perplejos por el intercambio de palabras con Jyou.

-Hola Shun-kun. –saludó cortésmente la castaña de la misma edad. -¿Estás listo para el campamento?

La niña llevaba en su espalda una enorme mochila con todo lo necesario, llevaba su largo cabello sujeto con un moño amarillo del mismo color de su blusa y un short blanco. Sonrió tímidamente mientras el joven peli azul la miraba.

-Más o menos. –confesó el niño. –Llevo en mi mochila lo que mi padre me dijo que necesitaría y lo que funciona en el Digimundo.

-Seguro será de mucha utilidad. –aseguró Yumiko. –Oye ¿Sabes a qué hora llegaban los señores Ishida de sus vacaciones?

Yamato, Sora, Ayumi y Yoshiro se habían ido a pasar una semana a Francia aquel verano aprovechando que los padres podían darse un pequeño descanso de sus trabajos. Yumiko, quien se consideraba a sí misma como la mejor amiga de Ay-chan, la extrañaba bastante.

-Pues Yoshi mandó un correo electrónico. –dijo Shun. –Llegaron ayer en la noche.

-Que emoción. –dijo Yumi.

-Yumi-chan ha extrañado mucho a Ayumi. –comentó Upamon dando saltitos.

La conversación de esos dos pequeños se vio cruelmente interrumpida por la llegada de los Takaishi, quienes al parecer aun no perdían del todo su puntualidad después de tantos años. Takeru y Hikari parecían un poco molestos pues no iban tomados de la mano como de costumbre, ni siquiera se miraban, el estómago abultado de Kari delataba que entraba en su casi séptimo mes de embarazo. Gatomon y Patamon parecían nerviosos y tensos pero ajenos a esto Ryuki y Saiki andaban contentos jugando con sus Digimon compañeros.

-Sai deja de lanzar a Tokomon. –le pidió su hermanastro. –Vas a lastimarlo.

-No seas tonto. –alegó el rubio mientras su Digimon volaba por los aires y aterrizaba en sus brazos donde se encontraba seguro. –A Tokomon le encanta.

-¡Wu, más alto!

Tanto Ryuki como Salamon rodaron los ojos. La gente pensaría que al convivir a diario con ese par uno se acostumbraba a estas escenas. Pues la verdad es que no.

-Takeru, Hikari, buenos días. –saludó Iori mientras se recargaban en la pared de la cabaña.

-Buenos días. –dijeron ambos al unísono sin muchos ánimos.

-Kari luces un poco pálida. –comentó Kido que no en balde había tomado los años obligatorios de medicina general. –Quizás deberíamos entrar a la cabaña de mis padres, puede que te suba la presión por la altura.

-Estoy bien. –negó la castaña.

-Es que no tuvo una buena noche. –aseguró Takeru.

-Así es. –dijo Hikari. –Fue pésima noche, en realidad.

El comentario pareció molestar a Takeru pero lo disimuló muy bien indicándole a Patamon que bajara de su cabeza porque ya hacia suficiente calor. Por su parte los hijos del matrimonio Takaishi ya se habían acercado a sus otros dos amiguitos más jóvenes. Ryuki llevaba una mochila roja mientras que Saiki una mochila más grande que la de su hermanastro de color verde oscuro.

-¡Yumi-chan! –exclamó Sai abrazándola por los hombros lo que provocó que se sonrojara inmediatamente a causa de su timidez. –Dime que tu madre nos ha mandado galletas.

-Sabes que sí. –contestó con sus ojos verdes mirando al suelo. –Y en especial me dijo que te había preparado tus favoritas.

-Fantástico. –dijo el rubio. –Amo las de chispas con nuez.

-Eres un glotón. –dijo Ryuki obligando a Saiki a soltarse de la niña Hida y liberándola de su obvia incomodidad, ella le agradeció con la mirada. –Cada día te pareces más a mi primo, Itachi.

-Eso le pasa por pasar tanto tiempo con él y con Musuko. –comentó Salamon.

-Las mañas se pegan. –agregó Shun sonriendo débilmente.

-Mentira. –brama Saiki negando con la cabeza. –Lo de Motomiya es pura competencia sana, no es que me junte con él por gusto. –miente rotundamente. Todos allí saben que el rubio considera a Musuko uno de sus mejores amigos.

-A Sai le gusta darle una paliza en los videojuegos. –se rió Tokomon en los brazos de Takaishi.

-Así se habla, amigo. –le alagó su compañero sonriéndole de par en par.

Sai parecía no haberse fijado pero a diferencia de su hermanastro, Ryuki se había dado cuenta que algo extraño había ocurrido con sus padres. El niño era más observador que Sai y podía fácilmente identificar el ambiente tenso que había entre Hikari y Takeru desde que se habían despertado. Además claro de que últimamente habían estado mejor que nunca a causa del bebé que venía en camino. Más no sabía la razón de su molestia el uno con el otro.

-Te ves un poco serio, Ryu-kun. –le habló Yumiko, éste le regaló una sonrisa tranquilizadora.

-Estoy bien, Yumiko. –aseguró el joven castaño. –Sólo estaba pensando. No debes preocuparte por mí.

Ella asintió.

-Oigan ¿Ese no es Daisuke con su hijo? –preguntó Jyou mirando al frente como un auto se aparcaba.

-¿Daisuke? –repitió Takeru. –No lo creo.

-Pero si es igualito a él. –replicó Hikari entornando los ojos y mirando con fijeza al hombre adulto que bajaba del auto seguido de V-mon y su único hijo. –Y hasta viene V-mon.

-Imposible. –negó Iori. –Debe ser una alucinación producto de este calor infernal.

Pero contrario a todos los pronósticos el que se acercaba de la mano de su único hijo era nada más y nada menos que Daisuke Motomiya acompañado de su Digimon y de su mujer. A todos los que se encontraban allí esto los dejó alucinados.

-¿Quién eres y que hiciste con Daisuke? –preguntó TK frunciendo el ceño. Daisuke bufó.

-Tú cállate. –le espetó refunfuñando. -¿No puedo llegar a tiempo o qué?

-No. –respondieron los otros cuatro al unísono.

-Cállense todos. –pidió nuevamente Motomiya. -¡V-mon diles algo!

-¿Qué hay de comer?

-¡V-mon!

Mientras Daisuke reprendía a su compañero digital por preocuparse más por su alimentación que por defenderle del ataque sin sentido de sus amigos, Musuko y Chibimon se aproximaban a los demás con una amplia sonrisa surcándoles el rostro.

-¿Por qué tan feliz, Motomiya? –preguntó Saiki haciendo volar a Tokomon por los aires una vez más y sacándole un buen susto a Ryuki. -¿Es que ya te has olvidado la última paliza que te di en la consola?

-Para tu información, Takaishi, yo te puedo patear el trasero cuando quiera. –aseguró el moreno. -¿No es obvio? –el rubio negó. –Es porque nos vamos de campamento. ¡Esto será emocionante! –aseguró el niño de pelos parados, aunque en realidad su alegría era en parte que los Ishida regresaban de vacaciones ese día y con ellos, Ayumi.

Sería inútil mentir, Musuko tenía un pequeño enamoramiento con la hija de Sora y Yamato, pero que su amigo Yagami no le oyera porque lo mataría de una. Itachi no era muy afín a la niña que le gustaba.

Además si Sai escuchaba eso de su boca seguro se enfadaría muchísimo con él, después de todo Ayumi (aunque no lo pareciera por su madurez) era menor que él.

-Si lo será, Musuko. –le apoyó Chibimon haciendo una pirueta mortal en el aire que hizo que Tokomon sintiera celos.

-¿Tú patearme el trasero? En tus sueños. –replicó Saiki ignorando completamente la parte del campamento y de la diversión.

-Eh Musuko-kun. –comenzó Yumiko. –En realidad no creo que emocionante sea una buena palabra para describirlo. Después de todo el Digimundo es bastante seguro en estos días.

-Da igual. –le cortó el heredero de los más famosos googles. –Será fantástico. Al menos pasaré unos días lejos de casa.

-Yo sólo quiero que haya una buena cama…

-Ryuki, siento decepcionarte pero es el Digimundo no un hotel. –se burló Shun. –Y sinceramente creo que tu comentario fue demasiado "Miki"…

Ryu hizo una cara de susto. Mientras los demás se reían inevitablemente, era muy obvio que lo que Ryuki había querido no era parecerse al hijo de Mimi Tachikawa y a su característico humor quejumbroso y mimado.

-¡Feliz primero de Agosto, mis queridos amigos!

La atención de todos fue inmediatamente captada por la causante del alboroto. Una mujer de cabello castaño, buena figura para su edad, ojos color miel y una sonrisa fresca en el rostro acompañada de su Digimon y su familia. Los Harrison-Tachikawa estaban llegando.

Muchas gracias por leer!