ESOS LABIOS
"El beso es una forma de diálogo" – George Sand
Nada de interesante, definitivamente no hay nada interesante en el contorno de su boca, algo que pueda justificar la cantidad de tiempo que ha permitido que su mirada se pose en sus labios. ¿Qué sentido puede tener imaginar el contacto, la textura, el aroma o el sabor?, tiempo perdido sopesando una acción que no va a ocurrir, algo que está más allá de lo plausible, lo recomendable, lo correcto.
El problema está en que el impulso la atrapa de improvisto, sin ninguna misericordia por su imagen, por su autocontrol, termina dirigiendo la mirada a sus labios, y con arrobada parsimonia recorre con sus ojos, con su imaginación, cada pequeño detalle de su boca, hasta que logra reclamar el control y desviar la mirada, aunque en algún lugar de su mente queda el deseo, hambriento e insaciable.
¿Y si tan sólo lo hace? ¿Y si tan sólo lo besa? Podría decir que las consecuencias de ese corto instante serían tan insignificantes que no amerita resistir, pero algo dentro de ella lo sabe, presiente. Los besos son promesas o no son nada, esconden posibilidades o carecen de contenido, son el comienzo de una historia o un simple signo de exclamación, y nunca se sabe de que tipo son hasta que ocurren, pero en ocasiones se puede adivinar, presagiar, apostar.
Por eso y nada más, ese beso no se materializará, y sus labios seguirán siendo un misterio que a regañadientes le roba momentos de atención, obligándola a considerar tonterías, distrayéndola del objetivo. Pero todo permanecerá confinado en su imaginación, en el reino de lo irreal, donde no la puede afectar, donde no es verdad. Sin acciones no hay consecuencias, no importa cuanto pueda contemplarlo, si no ocurre no importa, el deseo lo puede controlar, la mente se impone sobre su apetito. Por el tiempo que permanezcan uno al lado de otro, ese beso no será más que una idea, tan pequeña que no será problema resistirla, por el tiempo que él permanezca a su lado, mientras él permanezca a su lado.
