Disclaimer: Los personajes no son míos, que más quisiera

Bueno, aquí estoy de nuevo^^ Os traigo el segundo capítulo.

Antes que nada agradecer todos los reviews que me habéis dejado, son lo que me animan de verdad a continuar con la historia :P

¡Espero que os guste!


Cap. 2 Nostalgia

Abro los ojos pesadamente, con lentitud, casi con desidia. Y otra vez, la deprimente tela de la ajada tienda de campaña se destaca sobre mi cabeza, y otra vez, el asqueroso y desesperante olor a gato me da la bienvenida a un nuevo y horrible día.

Pero tengo que levantarme. ¿Quién va a hacer el desayuno? ¿Quién va a despertar a un Ron malhumorado para que se siente a refunfuñar en una esquina mientras engulle cualquier porquería que logre hacer pasa por comida? ¿Quién instara a Harry a levantarse y seguir con una infructuosa búsqueda que no hace más que sumirle en un pozo de amargura y desesperación?

¿Quién?

Pues tú, Hermione. Porque si tú no lo haces, nadie lo hará. Si tú no finges que todo va bien, que vais por el buen camino, que realmente tenéis una pista, aunque no lo parezca. Si tú no das la impresión de no estar desmoronándote por dentro cada vez que te enfrentas a la luz de un nuevo día. Si tú no haces eso, la escasa estabilidad que os mantiene unidos, se derrumbaría como un frágil castillo de naipes.

Salgo de la tienda, estar dentro de ella me agobia, respiro el aire enrarecido del bosque, pero no me alivia. Decido hacer algo de provecho y refuerzo una vez más los hechizos protectores, aunque ya se que no fallaran. Pero tengo que hacer algo, o me volveré loca.

– Harry, voy a buscar algo de comer

Mi amigo no me contesta, está otra vez embobado mirando ese maldito chisme, ese horrible guardapelo que nos va a volver locos a todos. Insulta nuestra inteligencia, especialmente la mía. Se supone que ya tendría que haber dado con una respuesta para su frustrante misterio, algo por donde empezar, una pista, una señal, algo.

Pero mi cerebro se niega a colaborar, parece haberse parado, sigue teniendo todos los conocimientos necesarios pero, ya no tiene la agilidad de antes.

Y yo sé porqué.

Paseo por el bosque con indiferencia, ni siquiera me molesto en comprobar si esas setas son comestibles. Seguro que no. Ya peiné toda la zona anteayer, se supone que tendríamos que habernos marchado ya pero, ¿A dónde? No tenemos ningún rumbo. No lo quiero reconocer delante de ellos pero, realmente estamos perdidos.

En estos breves momentos es cuando empiezo a recordar. Y no quiero recordar. Pero no puedo evitarlo, mis recuerdos son lo único que me queda. Son lo único que tengo, Tan solo ellos, por mucho que me hagan sufrir, me mantienen a flote en esta espantosa guerra en la que me he visto inmersa de golpe y porrazo.

Y mi mente empieza a divagar. Pienso en mis padres, como no, aunque ahora ellos no saben que tiene una hija, una hija que en esos momentos lucha por conservar su vida, y la de sus amigos. Intento apartarlos de mi cabeza. Duele. Y lo siguiente que viene a mi mente es Hogwarts, mi querido castillo, y lo rememoro con tal nitidez que hasta creo que podría tocarlo.

Siento su perceptible aroma a viejo y a humedad, oigo el eco de las pisadas por los solitarios pasillos, el sonido de la lluvia repiqueteando en los desgastados cristales, los gritos de Peeves, las severas reprimendas de la profesora Mcgonagall. Las miradas iracundas de Filch, el conserje, si, hasta a él le echo de menos.

Pero sobretodo le recuerdo a él.

Me estremezco. No puedo evitarlo, no, realmente no quiero evitarlo. Me siento asquerosamente culpable pero necesito recordarlo. Su imagen en mi cabeza es lo único que me queda. Lo único que me recuerda que pasó en verdad. Que hubo un tiempo en que compartí algo más que palabras con el que sería el asesino de nuestro querido Albus Dumbledore.

Que hubo un tiempo en que le quería

¿Le quería? ¿O le quiero? Cierro los ojos y me tapo la cara con ambas manos, ahogando un sollozo. No puedo vivir con esto. Me pesa en el corazón, envenenándome el alma.

Pero es que su recuerdo… esta tan claro en mi cabeza que resulta demasiado real. Recuerdo en especial un día. Me resigno y me dejo caer sobre la húmeda hierba. Me rindo ante el deseo de sumergirme en mis pensamientos. Y mi mente rescata un día en especial. Una fría tarde de noviembre…

¡Hermione! ¡Hermione espera!

No quiero oír nada mas, ya es suficiente por hoy. Es estúpido de Ronald Weasley no sabe hacer una a derechas. ¡Maldita sea!, por que tenía que ser tan rematadamente cabeza hueca.

Y luego Harry, no se quién es peor. Él tampoco se entera de nada. No debo echarle la culpa claro está. Pero es que en este momento me siento muy furiosa con los dos. Desearía abofetearlos a ambos, haber si espabilan. Corro a través de los pasillos. Ahogando las lágrimas con la mano, aún no debo llorar, no hasta no estar bien escondida.

Atravieso el pasillo casi corriendo. Si, esto servirá. Nadie va a estar en la biblioteca a estas horas, y menos después de un partido de Quidditch.

Como siempre, tengo razón. Y la biblioteca esta vacía. Tan solo madame Pince, recta y estirada, escribe algo tras la mesa. Al oír los pasos apresurados levanta la cabeza con el ceño fruncido, pero su mirada se suaviza al percatarse de que soy yo.

A nadie le sorprende ver a Hermione Granger en la biblioteca.

Recorro a toda prisa la sala y me cuelo en la sección prohibida sin ningún tipo de reparo. Si hay alguien que se ha ganado a pulso el derecho a estar ahí, esa soy yo. Que no se atrevan a decirme nada, hoy no.

Me acurruco entre las apolilladas estanterías. Deseando mimetizarme con mis amados libros. No puedo evitarlo y rememoro la terrible escena que me he visto obligada a presenciar esta tarde. Ron besando a Lavender Brown. Me resulta repulsivo. Pero estaba visto que algo así iba a pasar tarde o temprano ¿Por qué? ¿Por qué yo?

Entonces lloro, lloro como una niña tonta. Y cuanto mas estúpida me siento, más lágrimas brotan de mis hinchados ojos. Me abrazo a mi misma sintiéndome el ser más patético que existe sobre la faz de la tierra.

Es entonces cuando me percato de que no estoy sola.

Creí que los adolescentes hacían ese tipo de cosas en los baños señorita Granger. Esto es una biblioteca, por si no se ha percatado.

El susto es tan tremendo, que me corta los sollozos de golpe. Abro los ojos desmesuradamente, pero no me atrevo a levantar la vista del suelo. Su voz es ya de por si inconfundible. Esta a escasos metros de mí, cogiendo algunos libros de dudosa reputación de una de las viejas estanterías. Por el rabillo del ojo, veo como Severus Snape, el profesor más odiado de Hogwarts, mira con verdadero interés un tomo grande y oscuro. No le habría visto si no me hubiera hablado. En cuanto tomo consciencia de lo patético de mi situación, mis mejillas comienzan a acalorarse, menos mal que está oscuro. Aun así, la vergüenza me invade por completo y no se que hacer, es como si me hubiera quedado petrificada en mi sitio, con la vista clavada en el polvoriento suelo.

¿Qué le pasa Granger?- dice sin apartar la vista del pesado tomo. En realidad no es una pregunta. Lo se por su tono de burla más bien mal disimulado, y por su ceño permanentemente fruncido. Gesto que hace a menudo cuando yo, Harry o Ron estamos cerca.- ¿Ha sacado un notable en algún examen? ¿O acaso a descubierto que no siempre tiene el placer de ser una insufrible sabelotodo?

No me afectan sus palabras. Me lo repito mentalmente una y otra vez, y eso es lo que muestro al mundo. Pero lo cierto es que si, me molestan, no me lo voy a negar más a mi misma. Seis años oyendo insultos no es plato de buen gusto para nadie. No me molesto en contestar, me limito a intentar contener mis sollozos, que pugnan por salir de mi garganta. Lo único que me faltaba es que Snape me viera llorar ante él.

Ya veo que no- el continua, porque no decirlo, bastante feliz de tenerme a su merced, contento de por una vez, encontrarse con una Hermione Granger callada, sin la palabra correcta en la boca, o el brazo levantado, conocedora de todas las respuestas del universo- en ese caso, deduzco que debe de tratarse de alguna estúpida problemática adolescente. Creí que estaba por encima de eso Granger. Vaya parece que es usted un ser humano después de todo.

Tal vez si se hubieran dado otras circunstancias aquello no hubiera pasado. Tal vez si Ronald no se hubiera estado besuqueando esa misma tarde con Lavender y luego hubiera venido junto a mí haciendo que no pasaba nada y provocando mi estallido de canarios amarillos, aquello nunca hubiera pasado. Probablemente si nos hubiéramos encontrado cualquier otro día, en cualquier otro sitio y especialmente, con otro estado de ánimo, aquello jamás habría pasado.

Pero pasó, y mis palabras salieron de mi boca como un fuego liberador, llenándome momentáneamente de calma y paz.

Si, a diferencia de usted yo si puedo decir que lo soy

El momento duró bastante poco. En seguida me tapé la boca con la mano, ahogando un gemido. Pero el mal ya estaba hecho. Acababa de insultar a un profesor de Howgarts, y no a un profesor cualquiera, acababa de replicarle a nada más y nada menos que a Severus Snape.

Involuntariamente, giré la cabeza y le enfrenté con la mirada, y digo enfrenté porque realmente él aún no había levantado la vista de aquel pesado libro que examinaba con tanto interés. El único cambio perceptible que pude advertir en él fue el repentino tinte blanco que tomaron sus nudillos, extrañamente aferrados a las tapas del tomo. Por lo demás, su seria expresión no había variado en absoluto.

Profesor, yo…yo- me cortó antes de que pudiera componer alguna estúpida excusa

Castigada hasta las vacaciones Granger- cerró el libro con un pesado golpe y lo colocó con extremada delicadeza en su sitio. Luego, pasó a mi lado sin ni siquiera mirarme- La espero mañana en mi despacho.

Le observé marcharse con el corazón en un puño. Realmente, aún no podía asimilar lo que acababa de pasar, lo que yo, inconscientemente, había hecho. Di gracias a Dios por estar ya en sexto curso, porque esta afrenta Snape no me la iba a perdonar en la vida.

Por lo menos estaba segura de que no se lo iba a decir a la profesora Mcgonagall, seguro que prefería tener la libertad de torturarme él personalmente.

Me imaginé la cara de Ron cuando se lo dijera, y todo mi aplomo se desvaneció, recordando el motivo de mi visita a la biblioteca. Apreté los puños durante unos segundos. Luego me levanté, con determinación en la mirada.

No iba a llorar más por él. Una nueva vida comenzaba para mí. De eso estaba segura….

Jamás habría podido imaginarlo. Me apoyé más contra el firme tronco de madera. Aquellas visitas al despacho cambiaron mi vida para siempre. Pensé que ojalá pudiera volver a atrás, y enmendar mis errores, pero me descubrí a mi misma pensando que volvería a hacerlo, sin ninguna duda. Y eso me hizo sentirme aun peor.

Hundí la cabeza entre las rodillas e intente desahogarme. Pero descubrí que ya no tenía más lágrimas.

Harry me llama. Probablemente Ron ya este refunfuñando por la comida. Ese guardapelo va a acabar con nuestra amistad. De eso también estoy segura.

Me levanto pesadamente; coger comida, buscar un rumbo que nos lleve a alguna parte, salir de esta espiral oscura en la que nos hemos sumergido. Encontrar los Horrocruxes.

Eso es todo en lo que debo permitirme pensar ahora.


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Un beso muy grande

Y muchas gracias por leer y opinar :)

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