Tenía una hora libre y en lugar de quedarse en casa, Toris se fue a la biblioteca a leer. Cogió el periódico que había salido el día anterior para ver que actividades se preparaban ese mes y se sentó al lado de la ventana para poder tener una bonita vista de los jardines, con las hojas de los árboles haciendo un paisaje lleno de marrones y verdes. Le gustaba mucho el otoño.

Una vez terminó de comprobar que nadie estaba organizando nada de interés y que el equipo de baloncesto había ganado a otro equipo universitario por poca diferencia, le entró curiosidad por leer la historia de esa tal "Hungría". Ya había oído comentarios sobre lo estupendo y genial escrito que estaba, así que decidió echarle un vistazo…

No pasaron más de tres minutos cuando salió corriendo como un desesperado en busca de alguien a quien matar.

–¡Erzsébet! – Chilló cuando por fin encontró a la mujer, hablando tranquilamente con otras tres chicas y Raivis, que aparentemente estaban comentando el capítulo de esa semana. Por la cara de ella, a Toris ya le quedaron claras muchas cosas.

–¿Quieres algo? – Preguntó la muy cínica. Toris se la llevó agarrándola de la muñeca bastante lejos, dónde las demás no podían escucharle.

–Buenos días, Hungría.

Erzsébet volvió a sonreír y Toris le entregó de mala manera el periódico en las manos.

–¿Te ha gustado el capítulo de hoy?

–¿En el cual Lituania no puede mantener relaciones sexuales porque su pene es asqueroso y gigantesco? Si, gracias.

–Me alegra que te haya gustado.

–Vete al infierno. La descripción de ese personaje es igual a la mía. Y encima le haces eso, no tienes corazón.

–Tu tampoco lo tienes al hablar de mi amiga de esa manera, cerdo.

–Le diré a todo el mundo que eres Hungría.

–Y yo que eres Lituania y un frustrado sexual que le tiene miedo a las vaginas.

Ella había ganado, desde luego.

–He llamado a tu amiga para quedar, si eso te gusta.

–No es ese el problema, Toris - Eli suspiró –. Es la manera en la que has hablado de ella, es decepcionante que esas palabras vengan de ti. Por mucho que me moleste prefiero que ella esté saliendo con alguien como Gilbo, que a pesar de ser un idiota, la trata como se merece. No te sientas obligado a quedar con ella si no quieres.

Le devolvió el periódico y Toris lo aceptó con vergüenza.

–Por cierto, ¿Quién es Polonia?

–¿Qué quieres decir?- Eli le miró curiosa.

–Lituania está muy pillado por Polonia. Y como te basaste en mí para el personaje, pensé que Polonia era Alison, pero no me recuerda a ella en absoluto. A parte porque es un chico.

–Tu no has estado realmente enamorado de Alison, además, si Polonia está basado en alguien que yo conozca, no es algo que te vaya a decir. De todas formas son demasiados personajes y sería vergonzoso que más gente se reconociera.

–Entiendo –. Le respondió el chico.

–Simplemente pensé que tú quedarías bien con alguien que tuviera la personalidad de Polonia. No necesitas a alguien igual que tu, si no una persona que te complemente con todo lo que te falta. Ese es Polonia.

Toris observó como Erzsébet volvía a la mesa con los demás. Pocas veces se sintió tan cretino.

En lugar de lamentarse, pensó que debería tomarse las cosas con calma y encontrar a su propio Polonia, que le quisiera tal y como era.

oOo

–Oye Toris, ¿Decías que ibas a traer a alguien a casa? – Raivis le sacó de sus pensamientos.

–Si, a una chica para explicarle cosas sobre la independencia de los países Bálticos.

–Oh – Pero no parecía muy decepcionado –. Menos mal, creo que no aguantaría a otra novia tuya chillando sobre el tamaño de tu… eso – Recibió un cojínazo en toda la cara, pero no le dolió mucho ya que lo tiró de nuevo al sofá como si tal cosa.

–No es tan grande. A Alison le gustaba exagerar esas cosas, nada más. Estoy harto de este asunto.

Y empezaba a odiar a Alison por eso. A partir de ahora se referiría a ella como su EX. En mayúsculas y con toda la mala leche que pudiera expresar con su voz.

–¿Entonces si necesito ayuda con la gramática inglesa puedo entrar a pedirte los apuntes?

–Sin problemas. Por cierto, ¿puedes pasarme la historia del periódico para leerla?

Raivis se quedó a medio camino para salir del salón, abriendo y cerrando la puerta mientras pensaba.

–Luego te lo doy, aunque no creo que te guste.

–Muchas gracias.

Raivis le echó una mirada de desconcierto y se fue cerrando al fin la puerta tras de sí.

oOo

A Toris le gustaba ser previsor, así que había preparado una pequeña nevera portátil con refrescos de cafeína y agua, a parte de cosas para comer. Sabía que al final estas reuniones acababan siendo un ir y venir del cuarto a la cocina y quería tener todo esto terminado en el menor tiempo posible sin ninguna interrupción estúpida ni pérdidas de tiempo.

La chica ya venía con veinte minutos de retraso, dándole toda la razón del mundo en cuanto al poco interés que esta tenía en trabajar. Cuando el tiempo se alargaba hasta la media hora, escuchó el timbre y a alguien que abría la puerta.

–Dios mío, que no sea Eduard – Pensó Toris en voz alta, corriendo hacia la entrada, encontrándose con su compañero a punto de hacerle alguna pregunta indiscreta a la chica, que estaba de pie sin saber muy bien si entrar o salir –. Déjala.

–Aún no he hecho nada – Le dijo levantándose las gafas con el índice.

–Eso mismo. Aún no lo has hecho – Le contestó, casi empujando a la muchacha hacia su cuarto.

Una vez llegaron a la habitación, ella se quitó la chaqueta dejando ver que en cuanto a ropa, no era muy original, debía tener el armario lleno de pantalones y camisetas holgadas. Se sentó muy tímida en un extremo de la mesa, donde menos luz había.

Por lo visto, estaba siempre desesperada por ocultarse.

–¿Quieres algo para beber?

Ella negó con la cabeza.

–Bueno, entonces podemos elegir qué tema tratar ¿no? – Parecía poco dispuesta a participar – Te gusta… no sé… ¿empezar por la independencia de los países bálticos en los 90? Tengo mucho material sobre ese tema, aunque evidentemente no recuerdo casi nada cuando pasó lo de la torre de televisión, así que solo puedo contarte lo que sé por mis padres.

Ella se le quedó mirando, por lo menos cambiando la expresión de preocupada a algo interesada. Pero solo algo.

–Está guay.

"Está guay"

–Supongo que el imperio Austro-Húngaro o las relaciones Austro-Suizas te gustarán más ya que está de moda por culpa del periódico.

–Bueno, lo que me mola más es la historia báltica, no me arrepiento de estudiar esa asignatura y tal.

"Le mola. Está guay. Y tal."

Toris tenía un montón de libros sobre el tema en su cuarto, así que fue a las estanterías dónde ya los había preparado. Este trabajo sería facilísimo, acabaría en un santiamén y Eli estaría tan satisfecha que a lo mejor le daba por convertir a Lituania en un eunuco.

–Toma estos, puedes mirarlos por encima y hacer resúmenes si quieres. Espera, ahí arrinconada no vas a poder ver bien.

Levantó la persiana y apartó de un tirón las cortinas. Salió del cuarto un momento para buscar otro libro que debería estar en el salón y cuando regresó vio a Eduard salir de su cuarto.

–Ya le has dicho algo desagradable sobre mi pene, ¿verdad?

Él no contestó de inmediato, parecía meditar la respuesta.

–Alison es más guapa y descarada, esta tipa es un coñazo, no dice ni mu – Y se fue en dirección al cuarto de Raivis, lo mas seguro que para cotillear sobre ella.

A Toris no le gustó aquello y entró de golpe, esperándose a la pobre chica llorando en una esquina porque el animal aquel le había insinuado que era una perra cachonda o que no iba a ser capaz de hacerle una felación o algo peor.

Por suerte, no fue así.

Cuando entró se encontró con mucha iluminación en el cuarto, tanta que le deslumbró por unos momentos. Las cortinas se movían con suavidad y a la derecha, su compañera había levantado la cabeza de golpe, manteniendo la vista fija en él.

Jugaba con una goma del pelo, y éste, suelto, se enredaba junto con la brisa otoñal que entraba de la calle. No era muy largo, lo tenía por los hombros, recto y sin flequillo. El sol iluminaba cada mechón de cabello, soltando unos preciosos destellos dorados. Sus ojos eran enormes, brillantes, de un color verde claro y sus cejas finas, arqueadas hacia arriba.

¿Cómo podía decir Eduard que Alison era mas guapa? Si hasta podía ver burbujas alrededor de la chica y escuchaba violines de fondo. Esas cosas no pasaban cuando miraba a Alison, o más bien, cuando miraba a cualquier otra.

Perdón, Alison no. Su EX. Ahora más EX que nunca.

–¿Me pasa algo? – Se tocó el pelo, intentando volver a hacerse la coleta, pero Toris se lo impidió bajándole las manos, pequeñas y suaves.

–No, está bien así.

Ella sonrió nerviosa, mirando a todas partes menos a Toris.

Un teléfono sonó.

–Ah, o sea, es el mío.

Se dio la vuelta, hablando muy bajito con alguien y Toris no podía apartar su vista de su pequeña figura escondida entre tantos pliegues de ropa. Al final ella dejó de hablar y guardó el teléfono (rosa, con muchos straps de peluche, como pudo bien observar)

–¿Has terminado?

–Si, podemos empezar si quieres.

La tarde pasó tranquila, pero Toris no era capaz de pensar. Parecía que a ella le pasaba lo mismo, pero era algo que él ya se imaginaba por lo poco que la había observado. Tímida, introvertida, le costaba concentrarse. Parecía estar en su mundo, aunque no podía culparla ya que a él le había pasado lo mismo.

Todo lo que antes le molestaba de ella, ahora era lo que le atraía. Necesitaba conocer más, empezando por su nombre, del que aún no tenía ni la más mínima idea.

Pasaron las horas y no avanzaron mucho, Toris estaba más dispuesto en estudiar a la muchacha que en explicarle cosas. Ella preguntaba sobre fotografías con un tono de voz demasiado bajo y él intentaba darle la mejor respuesta pero no pasaban de ahí. A ella le daba vergüenza hasta dirigirle la palabra.

Raivis llamó a la puerta.

–La señora Gucasievis ha venido a buscar a… Felya, o algo así.

–Es mi madre. Muchas gracias por ayudarme.

Recogió sus cosas rápidamente y se fue, dejando el corazón de Toris pendiente de un hilo.

–Espera, voy a ponerte un babero – Sonrió Raivis, antes de dejarle solo.

oOo

–Oye Eli.

–Dime.

No sabía como empezar a decirle aquello, a lo mejor después de todo lo que había pasado le dejaba de hablar del todo. Pero había que ser valiente.

–Me he leído tu historia y Polonia es insoportable.

Ahí quedaba su crítica constructiva.

Ella giró la cabeza. Era la hora antes de entrar a una de sus clases, estaba hambrienta, comiéndose a grandes bocados un sándwich y lo último que esperaba oír era eso de los labios de Toris, que le estaba haciendo compañía antes de entrar.

–Pues yo creo que es perfecto para alguien como tu.

–Posiblemente quisiera matarlo antes de querer acostarme con él.

–Es una pena, Toris, en serio – Comentó casi sin hacerle caso –. Por cierto ¿Qué tal con Felicja?

–¿Con quién?

–Felicja Łukasiewicz, mi amiga.

–Ah, ¿Su nombre se pronuncia así?

–Si – Eli tragó otro bocado –. Maldita sea, Toris, estás atontado.

–No, es que ella no me dijo nada y Raivis lo pronunció mal cuando su madre se presentó para recogerla. Bueno, la chica es simpática pero muy reservada. Me gustó hablar con ella, aunque la verdad, no me dirigió mucho la palabra.

–Típico de Fel –- Añadió Eli mientras le miraba con media sonrisa –. Que pena que no vayas a verla más.

–¿Por? Quiero decir… ¿No necesita mas ayuda?

Toris no quería sonar ansioso y al ver la cara de su amiga, vio que no lo había conseguido.

–Porque no quiero que ella se relacione con un cretino.

–Ya está bien, Eli, eso es de inmaduros.

–Lo que tú dijiste de ella también.

Toris no iba a ganar en esa batalla, así que lo dejó estar.

–Entro a clases, luego te veo.

Le dio lo que quedaba del sándwich en la mano y se marchó dejándole colgado con la palabra en la boca.

oOo

Gilbert era un capullo.

Siempre iba de macho con sus amigotes, un español y un francés que se creía el dueño de todos los culos del mundo, tanto de hombres como de mujeres. Era fanfarrón, un chulo que no sabía hacer la "o" con un canuto.

Pero por otro lado criaba pollitos amarillos en un corralito en su casa y, cuando salía con su novia, que no parecía ser el tipo de chica con el que alguien así se juntaría, se le veía realmente enamorado.

Maldita sea esos detalles que le hacían parecer buena persona.

Aún así, para Toris, Gilbert era el capullo más grande de todos los tiempos.

Toris empezó a tener más actividades en el club de taekwondo y el tiempo estaba pasando rápido. Veía a sus compañeros de piso solo a la hora de la cena, y eso si no iba directamente a la nevera a coger cualquier cosa para comérsela mientras estudiaba.

Solo vio a Felicja una vez en todo ese tiempo.

Estaba sentado en la parada del autobús esperando cuando ella se sentó a su lado. Llevaba su acostumbrada ropa grande, los pantalones muy raídos por los bajos como pudo observar y su delicado cabello estaba recogido en aquella horrible coleta.

No entendía como Eli no le había hecho aún un extreme makeover.

–¿Qué haces aquí? – Le preguntó, bastante menos educada de lo que era normalmente.

–Regresar a mi casa, mi autobús se coge aquí. Normalmente siempre estoy en la parada a estas horas, pero nunca te he visto.

Las mejillas de Felicja se pusieron como tomates maduros.

–Si, o sea, yo estoy aquí todos los días y tal, pero mi novio me suele acompañar y eso y estamos tan distraídos hablando que se nos escapa el autobús. Y tal.

A Toris casi le dio algo. ¿Hablando? Si eran la parejita que estaba siempre comiéndose los morros a su lado.

Intentó ignorar ese hecho, que Felicja era quien tenía esa risa tan bonita y también ese sentimiento que no eran celos. En absoluto.

Ya sabía que parada de autobús evitar.

–Gilbo está en casa enfermo y no puedo ni visitarle, dice que no quiere que vea su maravilloso ser postrado en la cama con la nariz roja –- Ella rió –. Es así como un poco imbécil, totalmente estúpido a ratos, pero es un buen tío.

–No deberías hablar así de tu novio.

–Seguro que hablas así de tu novia o de la chica que te gusta.

¿Desde cuando se había vuelto tan descarada? Toris miró a su izquierda, la chica estaba refugiando su rostro detrás de los pelánganos que se le escapaban de la coleta.

Asqueroso bicho adorable.

–N-no tengo novia.

–¡Anda ya!

Si, su risa era preciosa.

–No la tengo – e iba a obviar los detalles sobre el motivo de su soltería. No se lo iba decir a una mujer, menos a esta mujer con novio y que poco a poco le estaba interesando.

Si, solo un poquito.

–Bueno, o sea, siempre puedes esperar. Quiero decir, a veces es un rollo si te equivocas de persona y estás con ella mucho tiempo y tal y luego ves que has metido la pata y tienes que cortar pero no te atreves porque realmente es un buen tipo.

– Hablas como si te hubiera pasado – "Como si te estuviera pasando más bien", pensó.

No contestó de momento, se mordió el labio, sonrió un poquito.

–O sea, a todo el mundo le pasa.

El autobús se paró frente a ellos, algunos chicos empezaron a subir.

–Toris, es mi bus, me tengo que ir. Nos vemos.

Ella se subió también y se marchó, dejando a Toris confundido.

oOo

No le iba a contar nada a Eli, lo último que le apetecía en esos momentos era leer alguna burrada inventada en la historia que estaba escribiendo. No podía decirle que su amiga le estaba gustando mucho y que no dudaría en hacerle un par de llaves a Gilbert para impresionarla.

Posiblemente Eli le mataría y le diría a Felicja que él era un cretino muy grande, los motivos que tenía para argumentar su postura y vencería de todas.

De todas formas aunque se ganara el afecto de esa chica y salieran un poco, todo terminaría mal. Chillaría al verle desnudo y saldría corriendo espantada. Sus relaciones siempre acabarían en desastre.

¿Quién quiere tener un pene grande?

Sería mucho mejor si tuviera algo de un tamaño normal, para tener sexo normal y así nadie se escandalizaría, las novias le durarían.

Bueno, Alison le hubiera durado dos meses más antes de volver a Arthur y él no hubiera tenido miedo a tener otra relación.

Esa tarde tampoco tenía entrenamiento en el club y no quería pasar el tiempo haciendo cola en el supermercado para cuatro porquerías que tenía que comprar, si Eduard no había atacado la nevera aún quedaba algo de pasta de sobre, a parte de un par de pizzas frescas. Podía apañarse por lo menos esa noche. Lo que quería era gastar energía y sabía como hacerlo.

Se dirigió a la cancha de baloncesto, pidió prestado un balón a un chico que conocía, un tipo alto y muy callado, que era de Suecia. La gente no se acercaba a él, las mujeres porque imponía mucho, los hombres porque decían que era gay e iba detrás de otro chaval, que era amigo de Eduard, pero temían por su culo. A Toris le daba igual, le caía bien a pesar de lo poco hablador que era.

–L' devuelves m'añana – Le dijo con acento imposible. Toris asintió.

Estuvo tirando a canasta un rato hasta que otro chico se unió a él. Era uno de los amigos de Gilbo, el tipo español llamado Antonio que era bueno en los deportes. La gente decía que era un prodigio en cualquier cosa y la verdad es que debía ser cierto ya que todos los clubes se lo rifaban. Al final entró en el de fútbol, aunque podía haber jugado al baloncesto perfectamente por lo que pudo comprobar. Era rápido, su manejo del balón impecable, y aunque Toris en sí era bueno, le estaba costando mucho superarle.

Ya había oscurecido cuando todos se marcharon a sus casas, Antonio le dejó después de un rato, cuando encendieron las luces de la cancha, pero Toris quería seguir.

Se colocó lejos para tirar triples. Metió tres de cuatro, no estaba nada mal. Cuando encestó el quinto y fue a por el balón, se encontró de frente con Felicja, que lo recogió por él.

Felicja, con sus pantalones viejos y su sudadera grande.

–Hola. Eh… ¿Qué haces aquí?

–Vi que había alguien y me acerqué y tal. No sabía que te gustaba jugar a esto.

–¿Quieres unirte?

–Súper.

Toris decidió ser un caballero y dejarle la pelota primero, pero lo que hizo ella le desconcertó. Salió corriendo con la pelota en los brazos, sin botarla.

–Oye, ¿Sabes jugar al baloncesto?

–Si, claro – Se paró, sujetando la pelota con una mano.

–Debes botarla.

–No, son mis reglas.

Toris frunció el ceño sin comprender muy bien.

–Dame la pelota, anda.

–Tío, si jugamos tiene que ser con mis reglas, que si no, no es divertido.

Toris corrió tras ella y al final le quitó el balón sin dificultad. Encestó tres veces seguidas, riéndose al ver que la chica no conseguía hacer nada para evitarlo.

–¡Mis reglas dicen que tus puntos son mis puntos!

–¿De verdad quieres que me tome en serio esto?

–¡Totalmente!

Los dos estaban jadeando de tanto correr y Toris se encontraba algo desconcertado por la actitud de la chica. Cómo podía alguien pasar de ser tímido a…

A eso.

La mirada de Felicja estaba llena de determinación, su sonrisa no era para nada miedosa. Volvió a correr detrás de él para quitarle el balón, pero al final no lo consiguió.

–Eres un abusón.

–¡Por lo menos yo no me invento las reglas!

Esto si que era relajante. Al rato le pasó la pelota a la chica.

–Venga, jugaremos con tus reglas –accedió al fin.

–¡Siempre es mi turno para encestar!

–Ya te vale – reprimió una carcajada y fue a por el balón. Ella no tuvo mejor idea que esconderlo debajo de la sudadera. –. ¿Estas son tus reglas de nuevo?

–Ven a por esto si quieres.

–No tienes nueve años.

Felicja corrió por la cancha, Toris detrás de ella hasta que la alcanzó y la levantó.

Pesaba muy poco.

El balón no caía porque ella evitaba que eso pasase encogiendo las piernas, así que Toris tuvo que meter la mano debajo de la prenda. Sus dedos rozaron la piel de la chica, era demasiado delgada, muy bajita, como una muñequita. No entendía cómo se vestía de esa manera, posiblemente su cuerpo fuera bastante bonito y mucha ropa le quedara bien. Agarrándola de esa manera podía comprobar lo bien que se amoldaba a él, a pesar de ser él mas grande. Y además…

Toco algo blandito. Su imaginación hizo el resto.

Oh.

El balón cayó al suelo, Toris soltó a Felicja de inmediato. Ella le miró con los ojos muy abiertos y la respiración entrecortada.

Él se agachó para hacer que cogía el balón, pero el motivo era muy distinto. Llevaba pantalones cortos y no quería que se viera… El roce no había sido para tanto, ¿Por qué estaba ahora a medias de una erección? No quería que ella lo notara, pero lo dudaba, lo dudaba mucho.

–Lo siento, estoy sudado y seguro que huelo mal.

Excusas baratas. Se puso de pie con el balón estratégicamente colocado. Su mente intentaba mantenerse fría, pero sus manos aún recordaban el tacto…

Ella no llevaba sujetador.

La sangre siguió bajando y su pene que ya de por si era demasiado grande, ya andaba a medio camino de doblar su tamaño.

–No te preocupes, o sea, no me importa.

– "¿Que esté sudado o que te haya tocado un pecho o que se me haya levantado?" – Malditos sean sus pensamientos – Ah, vale.

–Oye Toris, ¿Me puedo pasar por tu casa si no es así como molestia? O sea, quiero que me expliques cosas sobre tu país y eso.

–Sin problemas, pásate cuando quieras.

–El viernes y tal, creo que será mejor. ¡Gracias!

–N-nada…

Ella miró al suelo. Se tenía que haber dado cuenta seguro. A lo mejor le daba morbo que alguien se empalmara tan fácilmente.

Toris tragó saliva.

–Bueno, o sea, nos vemos entonces y eso.

Ella sonrió y se marchó corriendo, Toris tenía ganas de llegar a casa y darse una buena ducha fría.

oOo

El viernes llegó enseguida, Felicja regresaría a su casa para seguir ayudándola después de esos incómodos momentos en la cancha de baloncesto. Toris estaba demasiado nervioso y arregló su cuarto tres veces, volvió a salir una cuarta vez para avisar a sus compañeros de piso que no quería interrupciones.

–¿Vamos a escucharla gritar del dolor porque la estás empalando? – Le preguntó Eduard muy seriamente. Toris solo se le ocurrió dar un portazo como respuesta.

Felicja llegó tarde, como era acostumbrado en ella. Toris se encargó de recibirla y acompañarla a su cuarto, alejando así a los otros dos, que les miraban muy sonrientes. Felicja se sentía un poco incómoda, así que Toris se dio toda la prisa que pudo.

–¿Les pasa algo?

–Nada, tranquila. Siéntate y tómate algo si quieres.

Se había encargado de iluminar bien el cuarto para volver a verla igual que la otra vez y lo consiguió, así que Felicjano tuvo oportunidad de esconderse de nuevo de la mirada de Toris. Y esta vez si lograron avanzar mejor, Toris explicando sin problemas el paso de talonas a litas y Felicja tomando apuntes interesada en las explicaciones.

–Vaya, se está haciendo tarde – Le dijo ella. Habían pasado tres horas en un suspiro, ya eran las diez de la noche.

–Regresarás a casa de madrugada como sigamos así.

–Da igual, tío, mañana es sábado y no están mis padres en casa, así que no tengo horario.

Toris arrugó la nariz.

–No quiero que vayas sola por la calle, terminaremos ahora y te acompañaré a casa.

–Oki, lo que digas.

Toris la miró divertido.

–¿Lo que diga?

–Eh, si, parece que de los dos eres así como… el más listo. Posiblemente tengas mazo razón y haya alguien que me ataque y tengas que defenderme así como un héroe topemegaguay.

El sarcasmo le quedaba tan bien como el pelo suelto.

–Está bien, está bien. Pero como sigamos hablando así al final se te hará muy tarde y tendrás que quedarte en mi casa.

Ella le miró interesada, con un lapicero en la boca, moviéndolo de arriba a abajo. Toris creyó que su comentario había quedado muy casual y natural, nada de lo que sospechar.

–¿Aquí a pasar la noche?

–Puedes quedarte a dormir aquí si quieres, aunque no sé que le parecerá a tu novio.

Toris quería auto convencerse de que no estaba colorado. Que no se le notaba el nerviosismo o que estaba deseando tenerla a su lado todo el tiempo posible.

–Por Gil no te preocupes. Además me estás contando cosas megainteresantes y tal, me han a servir mazo en el trabajo.

Pero Toris no quería que eso fuera el fin y no pudiera verla más a solas. Alargar estas conversaciones significaba tener más días con ella. Pero si seguía durante más tiempo, a lo mejor…

Tenía que quitarse esa idea de la cabeza.

Felicjacogió el teléfono y mandó un mensaje de texto, en teoría a su novio o eso pensaba Toris.

–Listo. Ahora podemos estudiar ¿verdad?

Toris estaba tan tenso que estaba seguro de poder romper un bolígrafo con los dedos, pero consiguió mantener la compostura hasta las tres y media de la madrugada, cuando terminaron comentando otro de los libros y contándole lo que recordaba sobre la integración de los extranjeros, aunque él era de Kaunas y ahí la mayoría era lituana.

Ahora tenían que dormir.

–Quédate con la cama si quieres, yo dormiré en el suelo.

–Jos, no puedes decir eso en serio, es mazo incómodo. Duerme a mi lado, tu cama es súper grande.

–Felicja, no puedo hacer eso.

–Si que puedes. O sea, yo me tapo con las mantas y tú duermes encima de ellas. Así ni me tocas ¿a que está guay?

–Pero no vas a dormir con la ropa de calle – Toris buscó entre los cajones y sacó un pijama –. Ponte esto.

–Me va a quedar tope grande, pero no me importa, ya visto así normalmente.

–No quiero que duermas incómoda.

Toris hubiera jurado que ella le estaba sonriendo.

–Oki, voy a cambiarme.

–Espera, yo voy a hacerlo fuera.

Cuando salió del cuarto vio tanto a Eduard como a Raivis mirarle con sospecha desde el salón. No les dijo nada, se cambió en el baño y cuando regresó ellos ya habían entrado en sus cuartos, convencidos de que nada iba a pasar.

¿Habían aguantado despiertos hasta tan tarde solo por cotillear? No había visto nunca tanta desfachatez en dos hombres, luego hablaban del sexo opuesto, los muy machistas.

Llamó a la puerta y esperó hasta que escuchó la voz de Felicja decirle que pasara. Cuando entró ya la encontró metida entre las mantas, saludándole con la mano. Había apagado las luces y la única iluminación que había era la que entraba por la ventana gracias a las farolas de la calle.

–¡Ven aquí!

El se acercó, quitándose las zapatillas y acostándose en la cama a su lado, dándole la espalda.

–¡Buenas noches!

–Que duermas bien…

A pesar del nerviosismo, Toris quedó dormido, como si se hubiera desmayado.

oOo

La luz entraba por la ventana, rebotando por las paredes, pintadas de blanco y llenas de estanterías. Cuando se dio la vuelta vio a Felicja que seguía durmiendo plácidamente dándole la espalda y enrollada en las mantas. Su pelo dorado hacía hermosos caracoles en la almohada.

Y él se acercaba un poco para poder besarlo.

Era tan real.

Felicja, tan tímida a veces, sinvergüenza otras, alegre, interesada, dulce, egoísta, guapa…

¿A quien le recordaba?

La pequeña neurona del cerebro de Toris despertó un poco.

Era tímida a veces, como Polonia. Una sinvergüenza, como Polonia. Alegre como Polonia. Interesada, como Polonia. Dulce, como Polonia. Egoísta, como Polonia.

No podía decir que era guapa como Polonia, porque la historia no tenía ilustraciones, pero recordando la descripción…

Ojos verdes y grandes, melena rubia, cejas finas, complexión delgada…

¿Hasta ese punto había llegado Eli para juntarlos? Ciertamente, se había basado en alguien para crear a Polonia. Toris no estaba en posición de quejarse, pues la joven había atinado de lleno en sus gustos.

Abrazó a Felicja por detrás, encajándose divinamente contra ella, como las piezas perfectamente troqueladas de un puzzle y ella se daba la vuelta poco a poco, medio dormida. Le miraba con los ojos hinchados, algo entreabiertos y sonreía, pegándose a él, con el rostro escondido en su cuello y haciéndole cosquillas con su respiración.

–Buenos días –Toris habló con voz ronca. Escuchó un sonido raro, posiblemente la misma frase dicha por la chica, que estaba bastante mas dormida que él.

Ella se movió un poco, tirando de las sábanas hasta quitarlas de debajo del cuerpo de Toris, para luego taparle con ellas. Y volvió a abrazarle, esta vez más cómodos, sólo con unas finas capas de ropa entre sus cuerpos.

Así era como tenía que ser.

–Debemos levantarnos – Le dijo él, ganándose una risa nerviosa por parte de Felicja, la misma que ponía cuando se enrollaba con Gilbert en la parada del autobús.

Los celos dominaron a Toris, abrazando a la muchacha con fuerza.

–No me quiero mover de aquí– Le dijo ella en un suspiro.

Toris se sintió bien. Por una vez al despertarse no se sentía incompleto, ni triste, ni solo.

–Entonces no te muevas – Le susurró.

La timidez de ella era demasiado evidente aún, con su cabeza aún enterrada en su cuello.

–Ah, pero tienes razón, tengo que irme, tío. No hay más remedio y eso.

Se levantó de golpe dejando un vacío en Toris que no podía explicar. Era como si le hubiera arrancado parte de su alma. Nunca se había sentido así de mal, mientras veía como ella cogía su ropa (que había dejado apilada a un lado de la cama, casi sin doblar) y se volvía para mirarle, demasiado sonrojada.

–Me voy al baño

–Vale.

Él volvió a acostarse, sumido en las sensaciones que le habían embargado. Se levantó a la vez que ella volvió a entrar, ya vestida con sus ropas grandes y feas.

–Toma tu pijama, muchas gracias.

–De nada.

–Eh… es hora de marcharme.

–¿No quieres desayunar?

–O sea, no. No hace falta.

–¿No quieres dejar a tu novio para estar conmigo?- Fue demasiado directo pero no le importó, ella dirigió su mirada al suelo – Piénsalo, de verdad me gustas.

Ella simplemente sonrió y se fue con paso rápido, sorprendiendo a Eduard iba por el pasillo con una taza de colacao en las manos.

–Tío, ¿Ya la has espantado? Algún día me tendrás que decir cuanto te mide esa monstruosidad.

Toris no contestó a esa provocación, ya estaba muy dolido por dentro.