Parada II: Jyushimatsu-niisan!
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Le gustaba el béisbol, casi rozando la obsesión. Pero tenía en mente que, jamás le llegaría a sus hermanos.
Acomodó por última vez su gorro para darse la vuelta en la calle donde se encontraba la escuela de Karamatsu, siendo este el único que tenía la responsabilidad de recoger, —denotado por su hermano mayor Todomatsu—. Aunque tendría que ser el mismo caso con Choromatsu, pero este sin dar previo aviso, se iba por su propia cuenta. Cuando Todomatsu lo discutió con él, sólo alegó que ya era lo suficientemente mayor como para que todavía lo fueran a recoger. Jyushimatsu no tenía ningún problema con eso, después de todo prefería estar con el menor.
La puesta de sol se acercaba, varias partes ya se encontraban oscurecidas, y esto de alguna forma, le daba mala espina. Ya estando prácticamente de frente al establecimiento, oyó unas risas de niños no muy lejanas a él, y como lo supuso, Karamatsu otra vez no se encontraba ahí. Mantuvo la compostura a más que podía, y fue a averiguar su obvia ubicación, sin quitar ni un sólo momento esa expresión despreocupante, con la boca más ensanchada que antes, sujetando con firmeza el bate que traía, se fue aproximando con discreción.
Un grupo de cuatro brutos acorralaban sin medida a un niño por mucho más pequeño que ellos, qué acto tan vil y sobre todo por la intimidación en un callejón que no daba por ninguna parte, a duras penas se notaba algo y con la escasa luz que había, era por mucho más difícil dar con el. Sin embargo, sin previo aviso, sin ruido alguno, Jyushimatsu se encontraba mostrando una expresión que ni en sus peores pesadillas se podrían imaginar.
¿Qué fue lo último que recordaba? Ah cierto, sólo unos pobres incautos tirados en el asfalto. No era necesario llamar más la atención y prefirió encaminarse hasta el parque junto a su pequeño hermano. No sin antes dar un vistazo por detrás de ellos y cerciorarse que no haya nada anormal, con la misma mirada profunda y amedrentadora que mantuvo en todo ese tiempo.
Ahí donde lo pudo tener bien visualizado el mayor, Karamatsu se mantuvo quieto y con una mirada inofensiva a cualquier situación, con los ojos brillantes y esa expresión un tanto remarcada, Jyushimatsu lanzó la primera bola en su dirección; con el camino libre y con bastante velocidad, fue a dar al pecho del pequeño, quien dio unos pasos hacia atrás debido al impacto. A pesar de siempre dolerle cuando la lanzaba, nunca quiso decirle que la aventara menos fuerte, no por pena, sino porque sabía que se preparaba para ser un jugador profesional y si se daba el lujo de lanzarla con delicadeza, sabía muy bien que a ese paso nunca podría llegar a donde quería.
Después de sobarse disimuladamente un poco en el área golpeada, regresó la bola a donde su hermano mayor se encontraba, como no poseía brazos fuertes siempre prefería rodar la pelota a lanzarla en un inútil intento de que la atrapase el contrario.
Pasada alrededor de una hora, ellos siguieron con bastante buen ritmo; como Jyushimatsu ya estaba algo cansado, bajó la intensidad de sus pases, sin darle un aviso al pequeño, obvio. Sabía muy bien que si le llegaba a mencionar algo, este de inmediato objetaba con algo, fuera o no válido; por lo que opta mejor por ahorrarse toda la pasada.
No obstante, el mayor dio un mal cálculo al lanzar esa última bola y la arrojó un poco más inclinada de lo normal; esta fue directo en donde el rostro del menor se encontraba, Jyushimatsu al ver su fatal error le gritó exasperado y casi intentando detener la bola. Por suerte, Karamatsu reaccionó con suma rapidez y logró cubrirse a tiempo; aun así le vino un sentón bastante fuerte que casi lo hacía caer por completo. Jyushimatsu sostuvo al pequeño a tiempo; pero se seguía sintiendo imprudente ante lo sucedido.
—Será mejor dejarlo hasta aquí, ¿no? Mañana podremos continuar.
Acto seguido cargó sobre su espalda a Karamatsu para ya no forzarlo más, suficiente le era con que no se enterase Todomatsu, sino, ya no lo podría cuidar como tanto le gusta.
—Te preocupas demasiado, Jyushimatsu-niisan. Creo que ya te había dicho lo genial que soy para continuar hasta la night. —Hundió su rostro en los ropajes del mayor, a pesar de lo sucios que estaban, le gustaba tener así de cerca a su hermano. Claro, también para esconder las lágrimas de felicidad que le empezaban a desbordar.
Le era agradable. Estar en la espalda de su hermano mayor le era tan reconfortante que si fuese por él, se quedaría así hasta el día siguiente y el siguiente y el siguiente… sentía flotar sobre algo tan blandito que le fue imposible no quedarse dormido. Le parecieron segundos cuando ya se hallaban enfrente de la puerta y Jyushimatsu ya estaba dando su aviso de presencia tan fuerte que lo despertó de golpe. Aparente no recibió respuesta, pero al bajar a Karamatsu, pudo percibir una voz familiar.
— ¿¡Hay alguien!? ¡Ya volvimos! —Gritó casi azotando la puerta de la sala.
Permaneció ahí expectante con la misma expresión de alegría intensa en su rostro, mientras que el menor se iba tallando su ojito con la manga de su sudadera, su sueño se fue volando al otro lado del mundo al ver a su hermano mayor Ichimatsu haciendo quién sabe qué cosas con el pequeño Osomatsu. Jyushimatsu parecía no verle nada de malo en la escena.
—Qué sospechoso…
— Qu-¿Qué…? …De-¡Deja de mirarme así, Jyushimatu-niisan! —Ichimatsu estaba rojo a más no poder, sus manos le temblaban y el bebé al borde del llanto.
— ¿Qué estabas…?
— ¡Qué no puedo ser un buen hermano, carajo! —se excusaba tratando de esconder su delito.
— A veces se me hace raro que tú seas el único que quiera cambiar a Osomatsu… Sospechoso.
Karamatsu se escondía detrás de su hermano que más o menos creía normal, aunque se sentía extraño por sonrisa tan grande; era mejor que se quedara con la duda.
— ¡Ya deja de inventar cosas, Jyushimatsu-niisan!
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Ichimatsu se veía tan complacido en ese momento, sus mejillas tenía una tonalidad tan matizada de ese rojo tan vivo que podría dar a pensar mal; pero no, únicamente gozaba de fastidiar a su tonto hermano menor. A veces creía que, aún con lo idiota que era, tenía la cara tan suavecita que le mataba tocarla y estrujarla casi llegando al límite de lo depravado. Karamatsu sólo se quejaba de lo doloroso que se estaba empezando a poner.
— ¡Ya para Ichimatsu-niisan! ¡Duele! —Apretó los ojos con fuerza e intentó quitárselo sosteniendo las manos contrarias con las suyas, pero claro, con lo pequeñas que eran sólo provocaban cosquillas.
El mayor chasqueó la lengua por lo fastidioso que era, —No seas tan llorón, Karamatsu, es sólo un juego, ¿no habías dicho que querías jugar con tus hermanos mayores?
— ¡Pero no así!
—Ya déjalo Ichimatsu-niisan. Si viene mamá o alguno de los mayores nos regañaran a todos. —Comentó Choromatsu, a pesar de ser más corto de edad con el otro, le llegaba a reclamar por ciertas cosas.
El mencionado se limitó a verlo con hastío y soltar de golpe al menor, se volvió a justificar con que se trataba de un inofensivo juego entre hermanos. Choromatsu puso cara de creerle poco y mejor optó por ya no reprocharle nada. Ahora nada más pensaba en qué demonios irían a comer, porque, Todomatsu aún no volvía del trabajo y Jyushimatsu se estaba demorando mucho, haciendo quién sabe qué cosa.
Los estómagos de todos rugieron al unísono.
— ¡Oigan! —Volvió a irrumpir sin previo aviso, sobresaltando ligeramente a los demás. —Todomatsu-niisan puso una nota con que no vendría temprano hoy, así que, ¿por qué no vamos con él a hacerle compañía? Y ya de paso que nos dé de comer, ¡me muero de hambre!
Ninguno tenía opción, sus estómagos rugieron por décima vez y sabían que mamá tampoco iría a llegar; de todas formas la comida que daban ahí era deliciosa y sobre todo por los postres. A veces consideraban ventajoso el que su hermano mayor trabajara en un restaurante, y esa única gran ventaja se llamaba: comida gratis.
Todomatsu no contó con que sus pequeños y molestos hermanitos menores fueran a su local a joderle la vida, claro que no, y menos esa noche que tenía planeado salir con sus compañeras de trabajo y tomar algunas copas; ya de paso sería invitar a Atsushi para que atrajera a más mujeres.
Cuando ya estuvo a milímetros de cerrar el restaurante, percibió muy claramente unas voces muy, pero MUY familiares, la piel se le puso de gallina y empezó a sudar frío; quiso dar con el dichoso seguro de una vez que extrañamente le estaba costando trabajo encontrar. Tratando de buscar inútilmente el seguro sintió cada vez más cerca esas presencias, hasta el punto de casi sentir sus respiraciones. Pegó un gran susto al tenerlos al lado suyo.
— ¿¡Qué demonios hacen aquí!? —alzó a más no poder la voz, llamando la atención de los peatones que pasaban por ahí.
—Ellos tienen hambre, ¡y yo también! Todomatsu-niisan, si nos dejarás comer aquí, ¿verdad? Mamá tampoco llegará a casa y tú eres al único con el que contamos. —dijo tomado de la mano de Karamatsu y Choromatsu.
—Creo que Todomatsu-niisan tiene cosas más importantes que hacer que cuidar de sus fastidiosos hermanos menores, ¿verdad niisan? —soltó con un claro hilo de veneno, bastante obvio para el mayor, pero no para los demás, él era quién cargaba a Osomatsu, como de costumbre.
—Eso es muy cruel, Ichimatsu —dijo el primer hermano, estando al límite de su paciencia y con una vena bastante marcada en la frente. —De acuerdo. —Agregó— Únicamente entrarán para comer, lo que encuentren, y se irán a casa. Y ya de paso me dejan el lugar cerrado con llave, ¿está bien? Si lo hacen bien les prometo que les traeré bocadillos cada que regrese. —Finalizó dando las llaves a Jyushimatsu y acariciando sus cabezas; se puso su abrigo y se dispuso a ir con sus compañeras.
Cuando hubo ese silencio, se dispusieron a pasar y encender las luces. Choromatsu fue hacia la mesa que más le gustó y acomodó los lugares, le agradaba estar en las esquinas junto a la ventana o cerca de; Ichimatsu por su parte fue directamente a la cocina a hurgar por todas partes en busca de algo comestible, no sin antes dejarle al bebé al cuarto hermano. Y Jyushimatsu les acompañó en la búsqueda, llevándose al pequeño Karamatsu con él.
No se demoraron mucho, para su suerte aún quedaba un guisado que estaba prácticamente intacto, a todos los presentes se les hizo agua a la boca y ya estando casi a probar, el mayor de todos recordó que se tenían que lavar las manos, que era necesario pues su madre siempre se los decía, y Todomatsu también. Al recordar la ausencia de estos, Jyushimatsu no le vio el problema con que desobedecieran una sola vez.
Lo que encontraron fue suficiente para todos, incluso para el mayor quien era el que comía más, ya estando todos satisfechos, Ichimatsu junto con Karamatsu fueron a buscar el postre. Desde antes ya sabían que ese restaurante era tan famoso por los dulces tan deliciosos que tenía, y ni en esa ocasión fue la excepción.
A todos los hermanos les brillaron los ojos, jamás habían visto tantos dulces en su vida y era necesario aprovechar el momento. Pasaron pocos minutos para empezaran a atragantarse y en eso, Jyushimatsu quiso darle en la boca al pequeño Karamatsu, como eran cosas diferentes las que comían, se le hizo muy rico como para no querer invitarle a su pequeño hermano. La escena fue adorable sobre todo porque el menor tenía toda la cara manchada de glaseado y chocolate, el mayor aprovechó también para limpiarle la boquita con una servilleta. Ichimatsu quien estaba observando atentamente, no pudo evitar sentirse algo extasiado y nervioso, intentó imitarlos con Osomatsu, ya tenía toda la escena hecha en su cabeza, se imaginaba algo mucho más adorable que ellos dos, tenía la cabeza completamente en las nubes y ni notó que el pequeño ya había tirado lo que le estaban ofreciendo.
El mayor se quedó perplejo ante tal acto, y antes de que se diera cuenta, Osomatsu ya le había aventado un pedacito de pastel en la cara, este dio grandes carcajadas e Ichimatsu se indignó aún más. Choromatsu y Karamatsu se aguantaban las ganas de soltar unas sonoras risas, el cuarto hermano no pudo más con la presión y lo soltó todo; el fastidio de Ichimatsu aumentaba cada vez más y casi por reflejo se desquitó con este y carcajeó a montones al verle toda la cara manchada.
Y con esto, se podría decir que empezó la "guerra". Choromatsu quiso devolver el golpe, pero dada su mala puntería, dio directo en la cara de Osomatsu, este al no parecerse afectado y tomarlo más como un juego, comenzó a tirar aleatoriamente y a quien fuera a dar, varias veces sólo daba al suelo o a la mesa pero en uno de esos tiros, paró en el rostro de Jyushimatsu, quien reaccionando violentamente aventó dulce por todas parte, manchando casi todo el lugar y ensuciando ahora a todos por igual. La mayoría comió del que tenían en la cara y Choromatsu se alarmó al ver tal desastre.
— ¡Oigan, esperen! —llamó la atención de los cuatro restantes. — ¡Todomatsu-niisan nos matará si ve esto!
Todos cayeron en razón al ver lo sucio que estaba el lugar, su velocidad fue tanta al tener en mente que su hermano mayor los tendría vetados de por vida si se llegara a enterar.
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Notas:
¡Hola! Well, me tardé más de lo que supuse, lo siento. :c Pero bue, el caso es que ya por fin lo tengo y me siento bien de ya poder teminarlo -u- ¿qué si no fue lo que se esperaban? Realmente me gustaría saber si se esperaban la "continuación" de lo anterior... no suelo avisar de este tipo de cosas más que nada porque no me gusta dar spoiler, y sí, no tiene nada que ver con lo anterior que vieron. Una disculpa para quienes si se esperaban la "continuación" (?)
En fin, lo que está hecho es tal como lo tenía planeado, así que no me arrepiento de nada :3
Quisiera agradecer a las siguientes personas que me mandaron sus comentarios: A blacksoulstar95, SAKURITA HIWATARI, LaV3nus6 y a AnyGro. ¡MUCHAS GRACIAS POR HABER COMENTADO!
Les vuelvo a dejar la escala de edades sólo porque si varió un poquito xD
Todomatsu: 20 años
Jyushimatsu: 18 años
Ichimatsu: 14 años
Choromatsu: 8 años
Karamatsu: 6 años
Osomatsu: 2 años
(Sí, sé que sólo fue con Choromatsu, pero meh...)
Eso sería todo -u- espero volver a verlos en otro fic :'D Los quiero, bai~
