Kuroshitsuji ©Yana Toboso.
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Falso Fatalismo
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LEUCOS
(Blanco)
CAPITULO 1
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Inhalé, exhalé.
Esto no podía ser posible.
Solo es anemia, me repetí. Ninguna novedad.
Tengo que ser fuerte…
Esto no me puede estar pasando a mí.
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Giré un par de veces en el sofacama cuando la luz que entró por la ventana me cegó de forma repentina, amenazando con despertarme. Había olvidado bajar las persianas el día anterior; otra vez.
Era un fin de semana normal y rutinario, sin trabajo ni la necesidad de estudiar para futuros examenes. Me las habia arreglado para que asi fuese. Sin embargo, yo no me sentía tan gozosa como debería estarlo. Este momento solo era una especie de pausa antes de mi autoimpuesto calvario.
Los planes eran sencillos para el día – o al menos eso creía-. Dormir, dormir, dormir. No tenía nada más que hacer y sinceramente no sentia deseos de hacer nada. Hurgué entre la cobija tanteando mi teléfono celular. Lo encontré a duras penas, minutos después, entre el borde del colchoncito y las hendiduras del sofá. Estaba enrollado entre los cables de los audífonos, aun conectado al cargador; lo desenchufé. Tenía dos llamadas pérdidas de Caleb en la madrugada- supuse por la conversacion que quedo inacabada - y varios mensajes de Lottie invitandome a un lunch after shopping – de esos que a ella tanto le encantan-, que definitivamente no me apetecía. También había otro mensaje de un remitente que conocía bastante bien, pero que no abrí.
Volví a enrollarme en la cobija, mientras miraba las canciones que componían mi nueva lista de reproducción titulada: 'autocompadeciéndome de mi suerte'.
Recordé entonces, el libro que nos habian obligado leer en el bachillerato y que nunca terminé - a pesar de mi amor por la lectura - que reposaba en el banquito frente al sofá.
Sinceramente, no soy fanática de los libros de autoayuda; creo personalmente – y recalco el 'personalmente', porque sé que hay quien puede no compartir mi opinión y con quien seriamente no deseo inmiscuirme en una discusión – que son bastante innecesarios y distan de la realidad del ser humano – vamos, que si quieres conseguir el trabajo de tu sueños en una súper compañía transnacional, tienes que conocer algo de la materia. No lanzarte de buenas a primeras, solo porque sí – pero, este escritor en particular, tiene la peculiaridad de hacerme sentir ligera y conmovida con sus letras y exquisitas metáforas. Lástima que ese efecto pasa después de un par de horas cuando recuerdo que tengo que estudiar para el examen de microbiología del Señor Palmer.
Por lo tanto, en este momento, "Veronika decide morir" de Paulo Coelho me parecía paradojicamente innecesario. Pero mi sentido de la responsabilidad me incitaba a terminar todo aquello que comenzaba. Era una extraña costumbre, que si no cumplía, me dejaba todo el día – o el tiempo que tomara terminar la labor - con una desazón incontrolable que me mantenía constantemente inquieta y ansiosa. Por eso habia retomado la lectura recientemente. Necesitaba finiquitar todo aquello que estaba inacabado. Necesitaba no dejar cabos sueltos.
Lo cual me molesta, ya que a final de cuentas, no es ni medianamente mi novela favorita y de paso, porque desarrolle un extraño complejo, en donde yo había decidido ser Veronika.
Esto distaba mucho de lo que quería lograr para mí misma y lo que lo hacia peor, estaba conciente de ello.
Mientras yo solo sentía como lucecitas de todas las formas y tamaños comenzaban a apagarse antes de que yo siquiera pudiera sentir su brillo cegarme. Y lo más triste, era que todas esas luces tenían un significado importante para mí, pero ahora las veía lejanas, distantes e inalcanzables.
Era como una especie de mundo paralelo, donde cada lucecilla representaba un libro que quería leer y que guardaría con recelo en algún rincón de mi mente; una película que quería mirar con ansias de critica; una canción que quería escuchar y decir: "¡Hey! ¡Esa canción fue un exitazo entre los de mi generación!"; o simplemente una experiencia que quería vivir, al lado de alguien querido, viendo las estrellas y tomando un jugo de mango.
Simple curiosidad.
Solo quería saber, conocer, aprender.
Vivir.
Era una constante lucha con las cosas que queria lograr en mi vida, que me harian sentir completa, con metas logradas y feliz.
Siempre he pensado que el conocimiento es poder, después de todo.
Y yo quería sentir que llevaba el timón en mi propia vida. Aunque en este momento me sintiera con un déficit increíble de capacidad marítima. Metaforicamente hablando.
Si no fuera por el veneno blanco…
¿Cómo vería a mi padre a la cara? Podria siquiera llamarlo antes de que todo terminara?
Salí de mis pensamientos con el sonido del reloj de cuco de la cocina. Era ya mediodía.
Y acostumbrada ya al retorno abrupto de la conciencia despues de mis desvarios mentales, estaba llorando.
Por algun motivo me odie.
Me di cuenta entonces, que esto no lo podia saber nadie. Que yo me encargaria de llevar mis secretos y debilidades a la tumba.
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Tarde mas tiempo del necesario preparando algo para comer. ¿Quién tarda tanto haciendo una simple ensalada?
Recogí el sofacama, dejando mi pequeña -y adorada- salita/cocina/dormitorio, limpia y en orden más rápido de lo que pensé, a pesar de que me tome mi tiempo en organizar todos los libros del estante – y vaya que eran muchos- y de lavar y secar la vajilla que compre en una tiendita de antigüedades.
Chequeé mi teléfono celular otra vez. Me dispuse a responder los mensajes que tenian ya, horas ahí.
"¡Hey rojita! ¿Que harás hoy? ¡Vamos de compras! Te invito el almuerzo ¿sí? ¡No escapes de mí! ¡Qué sé que hoy estas libre! :)"
"Lo siento Lottie, esta vez si voy a escapar de ti"
"¿Qué demonios te sucede? Estas mas acida de lo normal..."
"Deberías dejar de acosarme cejón, de verdad"
"¡Rojita! Hay descuento del treinta en Zara, en serio, deberías venir"
"Zara es tu estilo de vestir, el mío es 'loqueseaquetequededecente' "-
"Hola Lilith, espero que estés bien, deberíamos almorzar un día de estos para hablar. Papá también te extraña"
Ese último mensaje me estrujó el corazón. No fui capaz de responderlo.
Yo tambien extrañaba a papá, no importa cuánto ignore sus mensajes y llamadas. Pero me sentía ridícula y tonta intentar comunicarme despues de tanto tiempo sin hablar.
Mucho menos después de eso, que tanto he querido olvidar.
No ha sido facil, y menos despues de enterarme que Luka estaba en la misma universidad que yo. Extraño a mí hermano también.
Pero, despues de aquello, no sabria ni como comenzar una conversación con él. Ni con papá, que lo vio todo.
Sentí que debía borrar todo de mi celular. Extraje la memoria y la lancé en el platito de las llaves. Se me hizo un nudo en la garganta y decidí apagar el aparato. Esos mensajes estaban mermando mi determinacion, y yo ya sabía lo que iba a hacer.
Me di una ducha larga con todos los propositos.
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Desperté a eso de las tres de la madrugada, cuando un estruendo en la televisión me hizo brincar en mi lugar. Me asusté y coloqué una mano en mi pecho para aminorar los latidos de mi corazón que amenazaba con salirse del tórax. Apagué la tele con rapidez.
Me levanté de puntillas en la oscuridad, como quien no quiere despertar a alguien que está cerca – aunque yo estaba completamente sola – y me dirigí a la nevera por algo de agua, la luz me cegó momentáneamente y mientras me servía en un vaso, observé mi reflejo en el espejo del recibidor.
Blanco.
Asi era yo.
Piel blanca. Dientes blancos. Camisón blanco.
Y ahora tambien tenia blanco en mi torrente sanguíneo.
El blanco deberia ser paz, tranquilidad, armonia, serenidad. Pero para mi solo significaba una cosa.
Muerte.
Tomé el agua con avidez y corrí al baño manteniendo mi miedo a raya.
Temo morir, pero debo morir. Yo tengo que morir.
Me encerré dando un portazo y llené la tina con agua fría.
Ya sabía lo que iba a hacer, pero no sabía cómo lo iba a hacer.
Me senté sobre el inodoro, esperando. Mientras apoyaba mis codos en las rodillas y sostenia mi cabeza. Saqué el estuche que utilizaba para retocarme las cejas. Pinzas, perfilador, hojillas.
Hojillas.
Que cliché.
Desde que murió mi profesora de segundo grado en aquel terrible accidente de transito, me prometí a mí misma que iba a elegir mi muerte. Era absurdo. Pero no queria morir ahogada, electrocutada, calcinada o desfigurada. No queria obligar a mis familiares a visitar una morgue a reconocer un cadáver. Un frio y horrible cadáver, como solian decir en los pasillos del colegio, habia quedado la profesora de ingles.
Me levanté y me observé en el espejo intentando darme ánimos. Al verme, solo quise llorar.
Nunca sopese la posibilidad de morir por una enfermedad.
¿Qué clase de broma es esta, Dios?
Pones el veneno blanco en mi cuerpo, pero me das cabello rojo.
¿Estás jugando conmigo?
Yo me cansé de jugar contigo.
Me cansé de rezarte a ti y a todos lo demás dioses, esperando que alguno me protegiera de lo que yo sabía estaba por llegar. Pero ninguno me escuchó. Y ahora aquí estoy, ahogándome en mi propio pesar, aguantando las ganas de llorar mientras reúno coraje para quitarme la vida que me has dado.
¿Tan difícil era darme a elegir? ¿Tenías que ponerte creativo, no?
Porque yo no hubiera elegido Leucemia.
Hice presión con la hojilla en la piel de mi muñeca pero di un respingo al sentir el agua en mis pies.
La tina se estaba desbordando.
Lancé la hojilla al suelo con rabia, mientras cerraba la llave del agua y abría la de mis ojos, haciendo que las lágrimas comenzaran a brotar al darme cuenta de la verdad.
Nadie muere por un corte de hojilla en las venas, antes de que te desangres por completo, ya tienes un coagulo obstruyendo el paso de la sangre fuera del cuerpo. Al menos que casi cercenes la extremidad, pero eso ya es otra posibilidad.
No tenía la suficiente fuerza para hacerlo.
Me senté en el suelo, mojando el camison que suelo usar para dormir. Sentía mi espalda y mis hombros rozar la cerámica de la fría pared pero eso no me importaba. Yo no podia hacerlo después de todo.
Me levanté al cabo de unos minutos. Sentía un dolor punzante taladrarme la cabeza. Abrí el botiquín y saqué una pastilla de Ibuprofeno y la tragué sin necesidad de agua.
Observé el frasco. La cabeza me dolía terriblemente. Me tomé un par de pastillas para un efecto más rápido y prolongado.
Mal.
Cuando el frasquito tocó el suelo del baño, me di cuenta de lo que había hecho.
Intenté mantener la calma, pero fue inútil.
Retrocedí un par de pasos y entre en pánico. Intenté abrir la puerta del baño, cogiendo la manija, pero el suelo, aun mojado, hizo que me resbalara y la trajera conmigo durante mi caída. Intenté abrir la puerta otra vez, empujándola, pero esta no cedía.
Me di cuenta entonces, de que estaba encerrada, en un baño mojado y con un montón de pastillas en el estómago.
A mi mente llego la clase sobre farmacos y sus efectos colaterales en el cuerpo humano como un chorro a presion de informacion.
Comencé a sentir dolor en la espalda y un cosquilleo en la punta de mis dedos. Quise gritar, pero mi voz no salía.
Oh dios mío, ¿Qué he hecho?
¿Qué me has hecho hacer?
La desesperación se apodero de mí, pero me dejaba en un estado de asfixiante mutismo que no comprendía y no me dejaba reaccionar del todo. Golpeé el espejo del baño para intentar salir de mi ensimismamiento, pero solo conseguí desesperarme más. El vidrio se quebró y los trozos de espejo se esparcieron por el lugar, cayendo hacia el suelo como aviones kamikaze, noté como el agua en el suelo comenzaba a teñirse del color de mi cabello y me di cuenta que tenía una herida profunda en la mano.
Ayuda… - logré apenas susurrar – Por favor…
Caí al suelo, lastimándome las rodillas. El dolor en mi estómago comenzaba a intensificarse en un cólico terrible e insoportable. Era mi higado a punto a dejar de realizar sus funciones.
Alguien… que me ayude – mi tono de voz de elevó, pero nadie venia en mi ayuda, nadie podía escucharme.
Comencé a retorcerme sobre mi misma en posición fetal, intentando hacer que el dolor menguara, sin éxito. Cerré los ojos.
¡Ayuda! ¡Por favor!, alguien… ¡Quien sea! que me ayude... – grité con todas las fuerzas que tenía, ya al borde del colapso.
Y entonces todo se volvió negro.
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Sentí una opresion en el pecho que me hizo abrir los ojos lentamente. No podia respirar bien. No podía ver nada.
Tampoco sentía dolor.
Estoy muerta.
–Humano, tu, que has osado llamarme ¿Estás dispuesto a realizar un contrato conmigo?
¿Que… es… esto…?
–Te he hecho una pregunta…
–¿Q-quien eres tú? – logre apenas murmurar – Eres… ¿Dios?
Una risa satirica resonó por todo el lugar, sin venir de ninguna parte en específico. Me sentí tonta. Burlada.
–No puedes estar más equivocado… - dijo la voz con sorna – A cambio de tu alma, cumpliré cualquier deseo que quieras.
¿Lo que yo quiera?
¿Qué es lo que yo quiero?
Oh dios mío… es un demonio.
A mi mente llegaron todos los textos biblicos y leyendas populares sobre entes demoniacos y sus hazañas. Ninguna era buena, y en ninguna ellos perdian sin llevarse consigo algo a cambio.
No tenia que pensar demasiado para saber que si no hacia algo, este ser iba a matarme
Aunque yo iba a morir de todas maneras...
–¿Cuáles son las condiciones? – me sorprendí de verme sopesando posibilidades e intentando razonar con un ente prohibido por toda connotación moral. Por su puesto, mi tono de voz no sonó tan firme como hubiese querido.
–Haremos un pacto, abandonarás la luz por la oscuridad y marcaremos nuestros cuerpos con un sello. Te serviré hasta que tu deseo se cumpla y después tomaré tu alma.
La simplicidad con la que hablaba de tomar mi alma me aterro. Como si fuese algo sencillo y fácil de lo que podía apoderarse sin mas. El tono automatico me hizo sentir que, o no se tomaba en serio el contrato, o estaba muy acostumbrado a realizar este tipo de pactos.
–Yo…yo…- tartamudeé. Escuché un gruñido feroz.
–¡No me hagas perder el tiempo! – gritó con impaciencia.
Una especie de garra paso rozando mi rostro, no la vi, pero el sonido que hizo al rasguñar mi mejilla fue bastante claro. Sentí el líquido vital correr hasta mi menton y me di cuenta entonces, de que estaba flotando en una extraña dimensión. Escuchaba varias voces en conjunto, recitar algo en un extraño idioma que no entendía.
No lo puedo creer.
Esto es real.
Supe entonces, que este demonio, que me estaba ofreciendo cumplir mis deseos a cambio de mi alma estaba hablando muy en serio.
Yo lo había invocado al solicitar la ayuda de alguien. Quien fuera.
Me arrepentí de mis palabras, pero a estas alturas no podía mostrar dudas ante él, o terminaría devorándome –al menos así lo sentía yo-. Debía ser valiente e inteligente. Aunque no pudiera ver lo que tenía al frente.
Maquiné frenéticamente lo que iba a hacer.
Quise llorar y reír al mismo tiempo.
Si esto es una pesadilla, entonces me encargaré de hacerla terrible.
–¡Haré un contrato contigo demonio! – grité – Y a cambio de mi alma ¡Me darás conocimiento! ¡Serás la herramienta para llegar a mis respuestas! ¡Protegerás mi vida y nunca me mentiras!
–Un humano que lo quiere saber todo ¿eh? La curiosidad mato al gato – lo escuche mofarse de mí.
–Y el gato morirá sabiendo – dije con tenacidad, pero con miedo y duda de quizás, no haber formulado bien mis deseos.
–Bien, dime entonces, ¿cuál es tu nombre, humano?
–Mi nombre es … Lilith Ghost
La risa siguió resonando por todos lados, y yo sentía el viento azotarme la cara, pero aparte de eso, no sabia mas nada con exactitud.
Excepto que quizá, solo quizá, podía salirme con la mía.
–Su deseo es poderoso, me tomaré el atrevimiento de elegir el lugar del sello por usted, mi lady.
No me dio tiempo a responder, antes de que pudiera despegar mis labios, un sonido transfixiante taladró mis oídos, y un dolor insoportable se alojó en mi ojo derecho. Grité todo lo que mis pulmones me permitieron. Sentí ahora, ambas mejillas húmedas, y observé con mis dedos, como escurría la sangre que tanto odiaba.
Cerré los ojos y sentí como caía al vacío.
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Cuando volví a abrir mis ojos, estos estaban cubiertos por un velo acuoso que nublaba mi vista. Veía borroso. Sentí a alguien cerca de mí, que me hablaba y sostenía mi espalda, pero yo no podía decir nada.
Los dedos desnudos de esa persona se introdujeron en mi boca, provocando el impulso nauseoso y con el, sentí como expulsaba todo el contenido de mi estómago.
Estaba en el baño, de rodillas, apoyada en el inodoro, con una mano desconocida en mi cara y otra sosteniéndome el cabello con una extraña delicadeza.
Observé con hesitación un rostro pálido, de ojos borgoña y cabello oscuro que me miraba con aparente preocupación.
Desvie mi vista al sentir otra arcada.
Una parte de mi sabia la respuesta a mis dudas. Era mi error después de todo.
Esta locura en la que me había metido, fue algo así como lanzarse desde un puente altísimo, con la esperanza de que me salieran unas hermosas y blancas alas capaces de evitar que me ahogara en el mar.
Pero lo que obtuve, fueron un par de brazos enfundados en un negro asfixiante que me detuvieron incluso antes de que pudiera saltar.
Y con esos brazos rodeándome, ya no necesito alas en este cielo.
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N/A: El capitulo dos ya tiene mas de 50% escrito, y por eso subi este. Es como una medida mia para ponerme las pilas y no esperar tanto tiempo para actualizar y darles a uds la seguridad de que la realizacion de esta historia va por buen camino. Aunque a veces la edicion me puede tomar bastante tiempo.
Como aviso solo dire dos cosillas:
La primera, que me gusta jugar con los personajes (como a todos) y eso incluye un crecimiento y desarrollo del mismo a medida que avanza la historia, creo que hacer esto es un arma de doble filo, pero ayuda a que uds se sorprendan con las acciones de los personajes y esto no se haga tan monotono. Lilith es timida, orgullosa, sarcastica ahora, pero mas adelante puede que no sea asi.
Y lo segundo, los personajes van a sufrir. Mucho. Van a cometer estupideces, si en este capitulo los aman, en el proximo los pueden odiar y asi. Y claro, personajes que no se esperan van a morir.
Por ahora, eso es todo.
Dejenme reviews! Me harian tan feliz! X) Esto es para uds, en mi cabeza ya yo sé que va a pasar.
~Cantarella
