Primero que todo: Mil disculpas por la demora. La verdad es que se me quemo la pantalla del pc… y estuve bastante tiempo fuera de las pistas. Espero que me disculpen sinceramente.
Takano se sentó educadamente en el sillón mullido que un sonriente y confiado Zen le presentaba. El rubio editor, con una sonrisa algo fría le ofreció una lata de cerveza y llamaba al gato en cuestión para que saludara a su "ex -amo". El animal levanto las orejas en un signo evidente de haber escuchado y se levanto. Sin embargo en vez de dirigirse a las piernas del editor de Emerald, prefirió seguir a la pequeña niña que, con una sonrisa adorable en sus labios anunciaba que estaría terminando de cocinar, y sin preguntar, arrastraba con dulce violencia a un atónito y visiblemente perturbado "onii-chan".
Y es que Yokozawa aun no cabía en si con el descaro y seguridad que el rubio mostraba. Si hace apenas unos instantes estaba derrumbado y acosado por los fantasmas de unos celos bastante viscerales, ahora frente a su adversario en cuestiones del corazón, se plantaba lleno de esa confianza que hacia entender por el él y no otro era el editor jefe de Marukawa.
-onii-chan- la voz dulce de Hiyo lo arranco de sus pensamientos.
-di.. dime- musitó desconcertado aun por la situación el joven moreno.
- tengo unas gyosas que abuela mando. ¿Crees que sería una buena idea ponerlas como entrada, para animar la conversación?- la inocente voz de Hiyori desconcertó al pobre oso, sin embargo ella mientras rebuscaba en el refrigerador las empanadillas, ocultaba su rostro. Y Yokozawa no era capaz de descifrar si era sincera o no.
-si- se limitó a responder mientras sacaba las salsas.
-Oh, no te preocupes- murmuró la niña.- ve a sentarte junto a padre y Takano-san, hoy soy la dueña de casa- respondió con su usual alergia y energía. Eso calmo a nuestro desconfiado moreno y respondiendo a su gesto con otra sonrisa, se dirigió al pequeño living, donde Takano y Kirishima se encontraban sentados, uno frente al otro, mirándose con un cuidado y seriedad solo comparable a las reuniones más duras de tiraje y venta. Se sentía como si en cualquier instante fueran a levantarse a gritar cifras y argumentos contradictorios… o tal vez se asemejaba más a las miradas entre una serpiente y un ratón a punto de atacar uno y de huir el otro. Creo que no es necesario indicar cuál era cual.
La llegada del joven vendedor, evidentemente alivio un poco la tensión que se respiraba. O al menos entre los hombres que allí se encontraban, pues para Yokozawa la situación era de lo más inverosímil. Takano, para distender el ambiente, pregunto por el tocador, a lo que una encantadora Hiyori que se encontraba poniendo la mesa, contesto rauda y lo invito a seguirla.
Así quedaron solos Kirishima y Yokozawa.
Takafumi sabía que no disponía de mucho tiempo, pero con una seguridad que pocas veces mostraba frente al editor murmuró bajo.
-no le hagas daño
Kirishima lo miró, sin expresión alguna en su rostro. Y con una voz plana y neutra respondió un simple "¿te importa tanto?"
En ese instante Yokozawa supo la respuesta de su corazón. Había amado a Masamune, lo había amado con la pureza del primer amor. Pero ahora amaba a Zen, con el calor y la madurez de un hombre adulto que sabía lo que quería. Cuando esa verdad asomo clara y fuerte en su pecho, supo que las heridas estaban sanadas, que ya no dolía ni escocía, quizás simplemente, como cualquier cicatriz, al tocarla le causaba molestia, pero nada más. Yokozawa , con esa verdad escrita en sus ojos miro al hombre sentado a su lado, seguro y decidido que había tomado el camino correcto. Y Kirishima que lo podía leer como si fuera transparente lo supo. Y le sonrío con la misma gracia y alegría que le dedicaba a Hiroyi, con la seguridad que su amante le había entregado con una sola mirada.
- hace algún tiempo te dije que Masamune es sensible- continuo el moreno- y temo que tu lo puedas hundir.
-es por eso que no juego con novatos- respondió nuevamente, algo enigmático el editor de Japun- te lo prometo YO no hare ni diré nada para dañarlo. Es más, mi intención ha sido sincera al invitarlo para que visitara a Sorata.
En ese momento Takano volvía del tocador, con el rostro evidentemente lavado. Era obvio que el hombre era el más tenso de los tres. Sin embargo al notar la mirada más relajada de Kirishima y el rostro relajado de su amigo, respiró hondo, dispuesto a alejar cualquier pensamiento negativo de su mente.
Solo en el instante en que Hiyori se unió a la mesa, con las deliciosas gyosas, algo resonó en su cabeza. Había algo en el ambiente y no podía descifrarlo. Por un instante las ganas de levantarse y salir corriendo se apoderaron de Takano.
-eh bueno, Takano –san- comenzó la muchacha, mientras se servía con delicadeza una empanada- ¿qué opina usted del abandono de los animales?
Takano un poco desconcertado por la pregunta de la chica miro al resto de la concurrencia. Kirishima parecía absorto en la comida y no daba señales de siquiera haber escuchado a su retoño, mientras Yokozawa le devolvió la mirada igualmente desconcertado.
-Creo que es inhumano abandonar a un animal- comenzó- de hecho yo recogí a Sorata, hace muchos años, de una caja abandonado cuando era solo un cachorro.
-oh, ya veo- contesto la niña con un fingido interés y una bella sonrisa. Sonrisa que animo a Takano pero que perturbo a su onii-chan, pues por un instante había sido la fiel copia de esas que su padre solía hacer justo antes de alguna de sus desubicadas bromas o sus comentarios hirientes.
Takano con más confianza, y engañado por la apacible calma, continuó:
-además los animales te entregan amor y lealtad a cambio de solo un mínimo gesto de cariño… nadie podía ser tan cruel o despiadado para rechazar eso…
-tal como lo hizo usted con onii-chan, cuando tú estabas destrozado y él te cuido, para que luego le abandonaras ¿no?- respondió mordaz la pequeña, con un aplomo y frialdad que no cuadraban con su sonrisa e inocente mirada.
Yokozawa sintió que su corazón se detuvo un instante. Kirishima, imperturbable tomó una gyosa y murmuró alegre "wow, mama se lució esta vez", totalmente ajeno a la escena que ocurría a su lado.
Takano no sabía que decir. Era consciente que algo de verdad había en la declaración de la niña. Yokozawa lo había cuidado, le había entregado cariño y había sido un amigo leal, solo a cambio de una simple palabra. También era más que consiente que el oso había sufrido por su rechazo directo, pero nunca habría sido capaz de preguntar al respecto, por respeto al dolor que él tuvo que haber sentido.
-…..
El silencio reino en la habitación. Yokozawa no podía creer el descaro de su dulce Hiyori, pero a la vez no podía sentir enfado con ella. Quizás por que había expresado lo mismo que él mismo, durante muchos años había sentido.
-wooooo…. – la voz alegre pero algo plana de Kirishima los saco a todos del momento.- estaba realmente delicioso. ¿Cómo está la comida Hiyo? ¿Podemos sentarnos a la mesa?
-claro padre- y la niña, como si no supiera del efecto de sus palabras, los invito amable y alegre a sentarse.
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-la comida esta deliciosa- murmuro Masamune.
- la he cocinado junto a Onii-chan. ¿Cocina delicioso no cree? Y pensar que hay personas que no agradecen cuando alguien les prepara un plato de comida cuando llegan de la escuela o el trabajo.
Silencio incomodo.
- y dime,¿ como te va en la escuela…?
-Fantástico. He subido mucho las notas este tercer trimestre. Mi ramo más flojo era matemáticas, pero Onii-chan me ha estado ayudando. Siempre le estaré agradecía por ello. Si incluso se hace un tiempo en su agotadora agenda para venir a explicarme…
Silencio incomodo nuevamente.
-Y… ¿tienes amigos en el condominio?
-claro que si, y los cuido muchísimo, los amigos son lo más importante en el mundo y JAMAS abandonaría a uno de ellos, ni le haría daño, porque eso sería feo ¿no cree usted, Takano –San?
Hay días en la vida en que uno cree que serán perfectos, y todo resulta mal. Otros en los que uno se levanta a sabiendas que todo saldrá mal y resulta mucho peor de lo esperado. Y aun así, ni el peor escenario se comparaba a las expectativas negativas que Masamune Takano hubiera podido alguna vez imaginar. Ni aun en los ocursos días universitarios, cuando solo la compañía de ese hombre que tenía sentado al frente era lo que lo mantenían vivo y medianamente sobrio pudo haberse representado tamaña sensación de incomodidad.
Había por todos los medios tratado de iniciar una conversación educada y tratando de pasar por alto cualquier mordaz comentario que la niña lanzaba sobre el trato poco cariñoso que le había dado alguna vez a su amigo. Pero era imposible. La muchacha daba muestras de poseer un ingenio y un sentido del humor cínico y cruel, veta que era desconocida para cierto oso que no podía tragar un solo bocado, incrédulo por el comportamiento tan fuera de carácter de la niña y tan parecido al de su padre, que, dicho sea de paso, comía tranquilo, cumpliendo a cabalidad la promesa que le había hecho a Yokozawa de no hacer ni decir nada que pudiera llegar de alguna forma a perturbar o a molestar a Takano. Sin embargo su promesa se había extendido a no comentar NADA, ni siquiera a poner en orden a la pequeña muchacha angelical con una lengua digna de una serpiente. Yokozawa no lo podía comprender. Y Takano en un evidente esfuerzo por salir airoso se enredaba más y más… y caía más y más en ese juego tan familiar para el oso. El mismo en el que caía él a diario con el padre, cada vez que este se burlaba y Yokozawa en un intento desesperado, propio de su carácter solía responder apasionadamente y sin tino, haciéndose objeto de burlas y salidas ingeniosas por parte del mayor.
Aun así Yokozawa parecía desconcertado genuinamente. Para él era como estar viendo alguna escena realmente bien montada de teatro. Porque no podía entender como su amable y dulce Hiyori se podía comportar de esa manera tan descarda y cínica… tan propias de su padre. Comprendió en un segundo que la joven, desde el primer día lo había aceptado, pues no tuvo la menos duda que de lo contrario él mismo hubiera llegado a ser víctima de sus despidas palabras. En un vano y desesperado intento por salvar a Takano, miró al padre de la criatura. El susodicho Kirishima, que comía alegre con una sonrisa enigmática y lo miró como si nada fuera de lo común estuviera pasando. Yokozawa frunció el cejo en un evidente intento por hacerle ver la incómoda situación que se llevaba a cabo en la mesa y solo obtuvo por respuesta un gesto distraído con los hombros. Cuando suavemente lo pateo por debajo de la mesa, el rubio entorno ligeramente sus ojos hacia arriba, en un gesto que para el oso era evidente. Algo ocultaba. Y como si la luz se hubiera hecho en un cuarto obscuro lo comprendió.
El sujeto no jugaba con novatos frágiles o sensibles, así lo había dejado claro cuando, ya hace muchos meses atrás le pregunto por qué no había elegido a Takano (n-a: repasen la 1º novela XD) y el sujeto con aplomo afirmo que él no jugaba con gente que se hundía fácilmente, que a él le atraían los caracteres fuertes y que no jugaba con Novatos. Es más le prometió instantes atrás que ÈL no jugaría con Takano. Y ahí encajo la última pieza del puzle. Eso no significaba que la dulce y tierna Hiyori no le cobraría al moreno editor de manga shojo por todo el daño que le había hecho a su Onii-Chan.
Y por un instante, una frase pre armada y muy común se le vino a la mente "lo heredado no se hurta". Que la chica siempre haya sido dulce y amable con él se debía a que los niños y los animales eran capaces de ver en su interior amable y bondadoso. Para ella siempre había sido bienvenido en su hogar, ella jamás lo vio como un desconocido. Quizás, solo quizás (y se hizo nota mental de algún día preguntarle al sujeto) él le hubiera hablado a su pequeña de su existencia. Es más la niña, a pesar de estarce comportando como una absoluta mal educada en el fondo solo estaba atacando a un hombre que ella sindicaba como el culpable (abiertamente) del dolor que su Onii-chan había tenido que soportar cuando conoció a su padre. Porque la muchacha, al igual que su padre había sabido entender el dolor que su compañía había mitigado, ella era plenamente consciente que junto a su padre había re armado pieza por pieza un corazón roto en mil pedazos que entre los dos habían levantado por parte. Y para ella era sencillo. Ese hombre, sentado frente a ella, era el único culpable de hacerlo sufrir. Y estaba dispuesta ha hacérselo pagar cada segundo que estuviera en esa casa.
Por último Takano, quizás evaluando la mejor salida, opto por permanecer en silencio lo que quedara de la velada. Repitiéndose mentalmente que Sorata lo agradecería. Pero en el fondo sabia que al gato al parecer le daba exactamente lo mismo su presencia en ese hogar.
Pero para Yokozawa todo el numero que se había armado a su alrededor tubo otro significado. Cuando entendió todo, no pudo enojarse con ese hombre indiferente que comía al frente, ni con esa pequeña que lo miraba con adoración y que dibujaba una bella sonrisa cada vez que sus miradas se cruzaban, es más sintió que sus mejillas se coloreaban suavemente al entender el amor puro que padre e hija le brindaban. Un amor desinteresado y gentil, el mismo que le daban a Sorata. El mismo amor que blandirían como un arma poderosa contra cualquiera que se acercara a su corazón con ánimo de dañarlo.
-uh- Onii-chan- la voz de Hiyo lo despertó de sus pensamientos- ¿te encuentras bien? Tus mejillas se han coloreado- comento algo preocupada la niña.
- si- respondió rápido, mientras se levantaba- es solo que note que no has puesto el curry, lo ire a buscar…
-NO!- grito la pequeña damita.
Takano que no entendía nada, que se sentía un adorno tirado en una esquina levanto la vista del plato ante el grito de la muchacha. Kirishima seguía comiendo alegre, como si nada tuviera que ver con él.
- El curry de Kirishima es solo para la familia y la gente que quiero- contesto vehemente la muchacha, mientras tiraba de la polera de Yokozawa obligándolo a tomar asiento.- por algo es el mejor del mundo, y no todos son dignos de probarlo- completo con falsa severidad.
Una declaración descarada y falta de tino, pero que a una niña se le podía perdonar. Una declaración que dejaba en claro que Takano era un invitado indeseado y algo forzado, y que jamás encontraría nada más que una respuesta educada en ese hogar.
Cuando la comida termino, el moreno, conservando un poco de dignidad, se retiro educadamente. Nadie pareció detenerlo. Ni Sorata que ni siquiera levanto las orejas en señal de despedida. Ni Yokozawa, que bien le dirigió una significativa mirada que le daba a entender que lo mejor era que se marchara, con la clara intención de evitarle algún mal rato. Lo miro como disculpándose. Y Takano sonrió con sinceridad. Su amigo era muy afortunado por encontrar esa clase de amor un tanto egoísta pero sincero. Y raudo se dirigió a la estación del metro.
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Yokozawa, sentado en el living no sabía qué hacer. Usualmente Hiyo era un encanto de niña, educada, dulce y amable. Madura para su edad y sincera en sus pensamientos. Pero ese día se había comportado de una forma desvergonzada y mal educada. Pero no era nadie para reprimirla. Tampoco tenia intención de hacerlo, pues en el fondo se sentía protegido y resguardado por una especie de cariño cálido y algo agresivo. Le había quedado más que claro que junto a esa familia jamás volvería a sufrir. Pero también lamentaba el mal rato que Takano se había ganado sin buscar.
Sin embargo Kirishima, que con un ánimo bastante alegre y desenfadado comía distraídamente un poco del budín de manzanas, algo extraño en el pues no era un fan de las cosas dulces, no parecía dispuesto a reprender a su pequeña, bajo ninguna circunstancia. Es más, las fugases miradas que le dedicaba estaban rebosantes de un orgullo algo retorcido.
Por su parte Hiyo comía más que contenta su segunda porción de la delicia, totalmente ajena al dilema moral de su querido Onii-Chan.
Kirishima Zen lo miró y le basto un instante para entender las ideas que pasaban por la cabeza de su pareja. Dejando el plato en la pequeña mesa, paso su brazo sobre sus hombros y con esa fuerza que su cuerpo no aparentaba lo obligo a apoyar la cabeza en su hombro.
El oso trato de zafarse del cercano abrazo y lo alejo lo más rápido que pudo, con las mejillas rojas como el fuego, sorprendiéndose por el descaro del padre que se atrevía a hacer algo así, que transmitía tanta cercanía frente a la pequeña que los miraba con un aire divertido.
-ohh vamos- murmuró molesto- suéltame, que pensara Hiyori-
La chica se levanto y con una sonrisa sincera y llena de amor replico:
- Hiyori piensa que eres la mejor madre del mundo- dejando a un desconcertado y sonrojado oso perplejo, mientras de fondo sonaban las carcajadas del padre.-
