Rose miraba desde la ventana el camino. El carro se encontraba en movimiento por lo que su cabello se despeinaba con cada freno que el conductor daba. A su lado, su madre leía el periódico atentamente. Aún seguía algo enfadad con ella porque nuevamente se habían mudado de un lugar a otro sin previo aviso. ¡Estaba cansada de ello!

Pero tenía que comprender. El trabajo de su madre ameritaba eso por lo que molestarse no era algo que pudiera hacer. El carro por fin entró en una zona habitada y Rose se acercó a la ventana. La gente pasaba de un lado a otro, como un pueblo normal. Nada que ver con el anterior lugar en donde habían vivido, en ese lugar casi nadie salía a respirar aire puro.

Una niña pasó a su lado, corriendo en la vereda. Detrás de ella un hombre la perseguía sin dejar de sonreír. Rose sintió como su corazón se encogía y dejó de mirar por la ventana.

- Estoy segura de que nos quedaremos aquí por muchos años – comentó su madre dejando el periódico a un lado y mirándola con una sonrisa comprensiva.

- Lo mismo dijiste de Nueva Orleans – medió se quejó la pelirroja sin devolverle la sonrisa a su madre.

- Sabía que ese lugar no te gustaba, no iba a hacer que vivieras ahí por mucho – Rose notó culpa en los ojos de su madre y le sonrió. Era verdad, ese lugar era desagradable. Sin embargo había hecho algunos amigos, si a animales se les podía decir amigos…

- Estoy segura de que duraremos mucho más aquí – intento animar a su madre.

La gran Hermione Granger. Al menos para ella Hermione era la mujer más valiente y fuerte del mundo. Nunca la había visto llorar, y sin embargo sabía que sufría aun por la pérdida de su padre.

Obviamente no podía entenderla, la pena que ella sentía era distinta. Ella extrañaba y aheleaba un padre al que nunca conoció.

- Nos quedaremos mucho tiempo aquí, Rose. Aquí naciste – Rose soltó un suspiro. Sabía que en esas calles había pasado los primeros días de su vida, y sin embargo no se sentía a gusto en ellas. Era como si tuviera el presentimiento de que algo terrible iba a pasar en ese pequeño pueblo.

Quiso decir algo pero el carro se detuvo bruscamente y todos sus pensamientos se perdieron. La puerta que tenía a la derecha se abrió y una mano apareció. Confundida alzó la vista y se encontró con unos ojos castaños y una sonrisa que desbordaba emoción.

- ¡Louis! – chilló emocionada y de un salto salió del carro para abrazar con fuerza al castaño que tenía al frente. No lo había visto en tanto tiempo.

- ¡Pero como has crecido Rose! – gritó él cuando se separaron.

- Hola, Louis. Es un gusto verte nuevamente – dijo Hermione saliendo del carro detrás de Rose. Louis hizo una pequeña reverencia y Hermione negó con la cabeza.

- Sabes que eso no va conmigo, no tienes que hacerlo – el chico asintió abochornado y Hermione le dio un modesto abrazo.

- Todas las cosas ya están dentro, como lo ordeno. Y claro, el jardín está decorado por rosas – habló casi atragantándose con las palabras y Rose sonrió contenta. Detrás de Louis se alzaba la gran casa que Hermione había comprado.

Era inmensa, tal vez más de lo que quería. Pero se veía tan elegante y simple a la vez que le encantó.

- Perfecto, creo que no podría haber una mejor bienvenida – Louis sonrió orgulloso por ver a Hermione contenta -. Vamos adentro, Rose – dijo tomando la mano de su hija y Rose asintió. Ambas entraron en la gran casa que desde ahora sería suya, pero no por mucho tiempo.

Jane Malfoy se paseaba por la habitación, bailando al son de la alegre música que salía de la radio. Las dos coletas que amarraban su cabello se movían al compás de sus movimientos.

- ¿Tienes idea de cuánto me fastidia tu música al momento de estudiar? – irrumpió Scorpius Malfoy, apagando la música. Su hermana lo miró furiosa y se acercó para prenderla nuevamente.

- Ese no es mi problema, hermanito. A parte, ¿desde cuándo estudias libros y no chicas? – el rubio se ruborizó ligeramente y los ojos grises le centellearon de furia.

- Cállate, Jane – su hermana sonrió contenta por lo que había logrado y continuó bailando.

Draco Malfoy entró en la sala de estar, sin dejar de tocar su cabeza con aspecto furioso.

- Jane, apaga esa música. Me da dolor de cabeza – dijo y Scorpius sonrió triunfante. Jane le sacó la lengua en aspecto infantil y apagó la radio sin dejar de mirar ceñuda a su hermano.

- Scorpius, ve busca a tu madre y no vuelvas – Jane sonrió al ver que votaba a su hermano. Scorpius perdió la sonrisa y se retiró de la sala -. Jane, también retírate – Jane puso los ojos en blanco y salió de la habitación detrás de su hermano.

Minutos después entró Astoria, con un simple vestido celeste. Draco la miró y sonrió a medias.

Aun no entendía como había conseguido que Astoria creyera en él. Después de que dieran por muerta a Hermione había dado por seguro que jamás encontraría ninguna mujer que quisiera casarse con él. Y por lo tanto perdería la herencia a la que estaba destinado.

Sin embargo, semanas después había conocido a Astoria en un club. Era preciosa y sin duda primero la había visto como una buena acompáñate. Ella lo había odiado, por ser arrogante y egoísta. Aun así, después se terminaron enamorándose.

Pero qué extraña era la vida.

- Scorpius dijo que querías verme. ¿Sucedió algo? – le dijo con esa voz suave y dulce pero firme y directa a la vez.

- Hermione no está muerta. Nunca lo estuvo – lo soltó y Astoria lo miró sorprendida, solo unos segundos.

- ¿Cómo lo sabes? – Draco frunció el ceño, confundido.

- ¿Tú lo sabías de antes, no? – Astoria se quedó en silencio, sin saber que decir. Tomó una bocanada de aire y asintió con la cabeza.

- Hace cinco años vi un artículo de sus obras teatrales, la reconocí al instante. Se llamaban igual, sin embargo el apellido…decidí no decírtelo – confesó sin dejar de mirar a su esposo. Draco se pasó una mano por el cabello furioso.

- ¡Cinco años! – gritó como si fuera algo imperdonable.

- Era lo mejor… - intentó.

- Está viviendo aquí, Astoria. Van a dar un baile en bienvenida… - arrojó una invitación al sillón y la castaña la cogió. Era el mismo nombre que había visto cinco años atrás -. No iremos, claro. Nosotros no – Astoria levantó la cabeza y lo miró confundida.

- ¿A qué te refieres con que…?

- Scorpius irá – y antes de que dijera algo más Astoria entendió todo.

- No, Draco. No vas a utilizar a tu hijo como un arma para lastimar a Hermione – Draco la miro asombrado, esa mujer lo conocía mejor que nadie.

- No lo utilizaré como un arma. Solo quiero saber de Hermione. Si está casada, si tiene hijos…no lo sé. Sabes que yo no me puedo presentar, Hermione saldrá huyendo en cuanto se enteré de que estamos viviendo en el mismo pueblo – Astoria negó con la cabeza de manera enérgica.

- ¿Y de qué te serviría toda esa información? – su voz era clara. No iba a ceder.

- No es lo que sea que estés pensando, te lo prometo – a pesar de todo, no se dejaba convencer.

- Júrame Draco, júrame que no vas a hacer nada por tu orgullo o como quieras llamarlo – Draco soltó un suspiro y asintió con la cabeza.

- Lo juro – dijo, aunque él sabía mentir a la perfección.