A mi hermana María

CAPÍTULO DOS

Pronto llegaremos, Antagarh— dijo a su caballo, y muy inteligentemente el caballo relinchó y apretó el paso marcando una línea entre la espesa nieve. Él iba rodeado de abrigos, con una capucha cubriéndole la cabeza, y solamente se asomaba entre la ropa su larga y rizada barba roja que caía sobre la crin1 de su caballo.

Entre el frío panorama, desolado y sombrío, él cantaba una alegre canción, y su caballo resoplaba a ritmo:

De vuelta al hogar,

después de un largo viaje.

Después de un largo viaje

tras las lejanas montañas,

tras las distantes llanuras.

De vuelta al primer hogar.

Una vez tras otra fue cantando esa canción, con ritmo suave y mucho entusiasmo, y luego de un rato, la gritaba con una descarada alegría.

Pronto llegaremos, Antagarh, muy pronto conocerás la tierra donde nací— Y soltó una espesa riza que resonó entre los hielos. —Pronto, muy pronto, repetía emocionado.

"Cotton Posada del Paso" Decía en letras talladas en madera. El sol calentaba la mañana al exterior de la posada, no había cantos de las aves y a pesar de la nieve la mañana estaba alegre.

—¿Y qué está haciendo ahora esa?— Preguntó chismosamente la señora Cotton, Lorita Cotton.

—¿Quién, esa Elfo?, recoge leña y raíces— le respondió la posadera, Anamiel, esa que casi cumplía los 70 años pero parecía de 63; esa, que aunque su piel lucía todavía tersa y su cabello brillante, su carácter dejaba mucho que desear.

Ambas degustaban una tasa de cocoa mientras miraban por la puerta de la posada cómo la Elfo ermitaña iba de un lado para el otro entre los árboles y la nieve; en tanto que ellas dos se protegían del frío.

Los Hobbits son así, sus cuerpecitos pequeños guardan un apetito natural por los deportes que tienen que ver con el calor, la comodidad y la tierra, tales como lo son comer pasteles dulces, fumar buen tabaco, beber cocoa y descansar; aunque los Hobbits, instintivamente son muy resistentes y pueden llegar a ser muy trabajadores y escurridizos, expertos en escabullirse.

Lorita Cotton era la dueña de la posada, la más entrometida de todas las casadas del Paso; y también la que tenía los pies más grandes. "Raíces", se puso a pensar, "raíces, ¿para qué querrá raíces una Elfo? ¿Qué no tienen sus brebajes y su magia? ¿Qué no tienen su inmortalidad?" Lorita Cotton gustaba tanto de deducir las peores consecuencias, como de entrometerse en las vidas ajenas, y no pudo perder esta oportunidad. La señorita Anamiel la miraba llevando firmemente la tasa hasta sus labios. Mientras que la señora Cotton, con el dedo de una mano fue arremolinándose un fleco de su pelo rubio inquiriendo en sus pensamientos: "Raíces, ellos no comen raíces"

El trabajo en la posada del campo era muy escaso desde que vino la nieve, el lugar solamente era concurrido por las noches. Todo esto, porque una serie de desgracias había embargado aquella pequeña nación de los Hobbits, fue por eso que a montones, los Hobbits iniciaron un viaje para encontrar un nuevo hogar. Tuvieron que huir a tierras lejanas. Primero hubo una sequía en el Bosque Verde, luego una oscura nube cubrió el bosque y todos se tuvieron que ir, sólo unos pocos se habían resistido a abandonar sus hogares pero debido a la terrible oscuridad, y a los Trolls que llegaron a vivir en ella, también tuvieron que salir del bosque y construir nuevas casas a los alrededores, así fue como nació la Posada del Paso. Familias fueron separadas y amistades ancestrales puestas a prueba por la distancia. Luego de toda esta calamidad vino la nieve, el frío, las cosechas que había se secaron, el bosque entero se cubrió de nieve, y la nieve llegó a cubrir todo el horizonte, el bosque, la llanura y las más altas montañas, todo se volvió invierno. Sin embargo, eso no era todo lo que los "pequeñitos", como se les llama a estas criaturas, han tenido que enfrentar en estos tiempos portentosos, las noches recientes, una bestia había comenzado a rondar por el Bosque Verde, por ese bosque hogar de sus ancestros y que ahora era llamado el Bosque Negro. Terribles alaridos escapaban entre la espesura de los árboles por las noches, seguramente era la terrible bestia que rondaba el bosque causando terror.

Se decía que toda Tierra Media estaba entrando en una terrible era de oscuridad, que la vida nunca volvería a ser la misma, y en eso tenían razón.

Pero cada noche, a pesar de los tiempos de tristeza, había una fiesta en "Cotton". Todas las noches la posada se poblaba de extraños viajeros que iban de camino, huyendo de sus hogares. Las mesas de los rincones estaban llenas de Hombres viajeros y Hobbits de casa. Tarros de cerveza y cocoa eran llevados en la charola de servicio por Anamiel la posadera, y Lorita Cotton recibía a los recién llegados, y a los viajeros que llegaban a hospedarse mientras cuidaba de reojo a su marido que tomaba en una mesa con sus amigos.

El frío de la noche era despiadado pero en el interior de "Cotton" había calor, comida, bebida y diversión.

Un caballo se acercó a la posada llevando a su jinete.

—Antagarh, por fin llegamos, de vuelta al hogar— dijo el viajero a su caballo cuando estuvo cerca de la posada. El jinete bajó del caballo en medio de la oscuridad, lo agarró por las riendas, y se acercó al Bosque Negro caminando. No lo podía creer, no había ninguna lámpara encendida en el bosque, las casas yacían abandonadas, no salía humo de las chimeneas, nadie bailaba en las calles inmersas en la más profunda oscuridad. Antagarh, su caballo, comenzó a relinchar como asustado, el viajero tenía preguntas: ¿dónde habían ido todos? ¿Qué había pasado con sus amigos? ¡Qué! ¿Qué había pasado con su hogar? Fue entonces cuando escuchó la fiesta de la posada Cotton y regresó corriendo rápidamente entre la nieve, Antagarh se fue tras de él.

¡Qué le ha ocurrido al bosque!, ¡A dónde fueron todos! — Entró gritando a Cotton. Todo el barullo de disipó al escuchar su tremenda voz. La dueña, Lorita Cotton, miró detenidamente al viajero, reconoció aquella barba pelirroja y trenzada, aquellos labios —¿Toro?, ¿Toro Bramador?

—¿En verdad es el Toro?— secundó Anamiel.

"EL TORO BRAMADOR HA VUELTO" se oyó un grito sólido de los Hobbits presentes. El señor Cotton se paró a saludar, sus amigos también lo hicieron. Tenían que levantar sus miradas porque el Toro Bramador era un Hobbit tan alto como un Hombre pequeño y los sobrepasaba por mucho a todos. Todo era algarabía en la posada. Era uno de los pocos "pequeñitos" que gustaba de las aventuras y los viajes, ahora, extrañamente volvía a su tierra, después de todo este tiempo, deseando permanecer en casa y para su sorpresa, su hogar se había perdido.

¡Ya basta, ya basta, silencio!— Gritó el Toro —Quiero saber qué ha pasado, dónde han ido todos.

—Señor Tuk— dijo Lorita la entrometida —¿No lo sabe?

Se podía ver el rostro fuerte y barbado del Toro casi al borde del llanto. —Todos se han ido, el bosque es gobernado por los Trolls.

El Toro agachó la cabeza. —No lo estará por mucho— dijo él saliendo a la intemperie, y comenzó a preparar su caballo. El señor Cotton salió con sus amigos, no sin antes llenar su tarro de cerveza.

A LA VICTORIA— gritó el Toro al subir a su caballo y blandir su espada. El bosque se llenó con la fuerza de sus palabras. El viajero emprendió el camino hacia la oscuridad, —vayan tras él, puede morir— dijo la señora Cotton, —Espéranos Toro— dijeron los muchachos dando un sorbo a sus tarros —te alcanzaremos pronto, y dieron otro sorbo a sus tarros.

El Toro no conocía el temor, se internó en el Bosque Negro cantando:

A la batalla me voy,

a vencer siempre a vencer.

A destruir la injusticia,

a deshacer la maldad,

con la mirada en alto,

a la batalla a ganar.

Nunca me voy a rendir,

primero muerta mi espada,

hasta encontrar paz sagrada,

lucharé, lucharé, lucharé,

hasta recuperar a mi amada,

he de triunfar y vivir.

Vamos, vamos, corazón,

con el ritmo de tambores,

con estruendosos dolores,

con la pasión por escudo,

y con la virtud por guía,

sin sentir miedo y temor,

a la batalla nos vamos.

Va hacia su muerte, dijo el señor Cotton balanceando el tarro. —Tonto—, su esposa le dio un golpe en la cabeza y lo metió a la posada halándolo de la oreja.

Habían podido advertirle el peligro de los Trolls, pero no de aquella bestia infernal que dominaba la oscuridad del bosque por la noche.

Una Elfo ermitaño llamada Felin, vivía a horillas del Bosque Negro. Era de miembros alargados y cabello plateado como toda una Elfo. Tenía una tiara plateada en la frente y un colguije enroscado con forma de flor al cuello, pero a parte de este lujo, usaba harapos holgados y cálidos para vestirse. Esta noche para ella no tenía nada de diferente que las anteriores, a ella le faltaba leña y salió a conseguirla al bosque; no era la única razón que la movía al interior del bosque, pero era demasiado orgullosa (defecto que no es propio de los Elfos del Bosque, y que ella había aprehendido de los hombres) para aceptar, que era preocupación lo que la movía. Así que caminó un poco por aquí, otro poco por allá, esperando pisar alguna rama buena para quemar. Así se fue adentrando, a través de los árboles, dejando atrás una que otra casa abandonada y senderos sombríos cuando se encontró en mitad de la oscuridad, con las manos llenas de ramas, y rodeada de enormes Trolls.

Pesadamente los Trolls se acercaron a ella formando un círculo. Sólo era cuestión de desearlo y podrían tomarla con una sola mano y estrangularla hasta la muerte. Felin no era una Elfo guerrera, ella más bien era lectora de Runas, podía leer el pasado en los libros antiguos y el futuro en los ojos de los viajeros, pero no sabía pelear, y no estaba en condiciones de huir, su entrenamiento en la guerra era táctico, era buena tirando con arco, pero no había nada lejanamente parecido a un arco en todo el Bosque Negro.

A la par que los Trolls se acercaban hacia ella, los seis, se miraban entre ellos cuidándose de que los otros no fueran los primeros en atrapar a la presa, pues de eso dependía el alimento de esta noche. Ya estaban todos por tomar a Felin con sus sucias manos, cuando un canto estruendoso y un redoblar de pesuñas entraron en combate.

Era el Toro Bramador, que saludaba a los sucios Trolls, hiriendo de una pierna al más grande y haciéndolo caer sobre otro, blandiendo agresivamente su espada en los aires. El Toro subió a Felin con él al caballo y permaneció alerta. —Qué hace tan sola en el bosque—.

—Vivo aquí, este es mi hogar.

'Ojalá y yo pudiera decir esto, antes este era mi hogar' Pensó el Toro.

—¿Y quiénes son ellos? ¿Visitas suyas?—.

Los Trolls se fueron acercando y el caballo estuvo inquieto. Felin permaneció callada.

—No se preocupe señorita, para llegar a usted, primero tendrán que pasar sobre nosotros ¿Verdad Antagarh?— El caballo relinchó y el Toro se arrojó nuevamente sobre un Troll, rasgándole el cuello con la espada. Algún otro de los Trolls presentes tomó el tronco de un árbol mientras el jinete estaba distraído y se dispuso a azotar aquel tronco sobre las espaldas de los jinetes, así como también sobre el lomo del caballo, con la intención de romperles todos los huesos.

Fue entonces que un rugido, casi un trueno rompió el aire nocturno con su estruendo. Y con la velocidad de un rayo, dio con aquél Troll en el suelo, propinando tremendas heridas de garras y colmillos sobre los cuerpos de los 4 enormes Trolls que quedaban intactos, que se lamentaron de dolor y su fueron corriendo.

Grrrrrrr… se escuchó gruñir la enorme bestia de la noche que ahuyentó a los Trolls. El Toro y su caballo, hicieron frente a la mirada de aquella enorme sombra nocturna, cuyos ojos centellaban a pesar de la noche. —Quédese atrás— dijo el jinete a la par que ponía a salvo tras un árbol a Felin. Pero ella no hizo caso, y cuando el Toro Bramador estaba por atacar a la bestia, algo impresionante lo detuvo.

Frente a sus ojos, aquella enorme bestia cobró forma de hombre, de un jovencito cuya silueta era delineada por la escasa luz que proveían los astros de la noche, y se apareció frente a él.

—Te dije que no me siguieras, pudieron haberte matado— dijo la silueta del muchacho en la oscuridad.

—Estaba angustiada, es la quinta noche que escapas, todavía no te has recuperado del todo, tu cuerpo está muy frágil— contestó Felin.

El Toro quedó atrapado en aquél malentendido.

—Yo no necesito reposo, necesito volver a mi casa, no lo lograré durmiendo en esa pocilga.

—Tampoco lo lograrás desquitándote con los Trolls.

—Ese no es problema tuyo.

El Hombre Bestia y Felin siguieron su discusión en la casa de la Elfo. El Toro Bramador les hizo compañía, los prefería mil veces a ellos dos que a la multitud que había en Cotton. Antagarh, el fiel corcel, permaneció fuera de la choza en la que ellos se detuvieron a descansar.

Por fin el Toro intervino en la conversación —Yo creí que los Hombres Bestia eran un cuento de hadas.

—Dímelo a mí, lo mismo pensé de los Hobbits— dijo Jacob.

—Antes que nada debemos presentarnos— interrumpió Felin.

—Así me gusta linda, los Elfos todavía conservan todas esas virtudes que hicieron grande su nación.

Yo soy Bandobras Tuk, el Hobbit aventurero, también conocido con el nombre de "El Toro Bramador".

—Mi nombre es Felin, Felin de Gondor, Elfo, sí, pero una ermitaña exiliada, y he vivido en este bosque desde que vino la nieve.

El Toro y Felin miraron al joven que podía convertirse en bestia invitándolo a hablar.

—Mi nombre es Jacob Black— dijo molesto, como indignado. Sólo dijo eso, y no habló más.

—Él viene de una tierra lejana— le informó Felin a Tuk.

—Yo también— dijo el Toro, y le extendió la mano a Jacob. Ambos se miraron a los ojos y vieron el mismo fuego combativo ardiendo en la mirada de cada uno de ellos.

A la mañana siguiente, cuando el Toro despertó sobre la paja apilada, la Elfo Felin ya estaba de pie, calentando algo de leche de cabra y alistando algunos bollos que había guardado para una situación especial.

Jacob era el único que seguía sin despertar, dormía en una pequeña habitación aparte cobijado por cálidas pieles de animales.

El Toro acompañó a la Elfo sentado en un banquito mientras ella iba aseando todo de un lado a otro. —Sé lo que está pensando señor Toro— comenzó a decir Felin —Debe estar preguntándose ¿De dónde viene este forastero?, se lo diré: Una mañana yo caminaba fuera del bosque y lo encontré casi enterrado entre la nieve, él había enfrentado una terrible tormenta que duró varios días, entre las ventiscas y la nieve iba avanzando y casi llegó a vencer, cuando el frío insoportable lo envolvió hasta casi matarlo. Yo lo recogí y lo traje a casa, estuvo convaleciente largo rato, y entre los momentos en los que estaba dormido y despierto, repetía como gritos y alaridos '!Maldición! ¡Debo volver! ¡Maldición!', estaba siempre ardiendo como el fuego, con un gesto aterrador de dolor y desesperanza en el rostro, ¡Quién sabe qué cosa habrá estado pensando para enfrentar la tormenta tan helada solo!, lo cuidé para que mejorara pero él seguía inconsciente. Cuando el dolor o las pesadillas eran fuertes, se convertía en lobo y gruñía enfurecido, se retorcía y gruñía más, era horrible, finalmente se alivió. Pero todo el tiempo está furioso, es violento y desconsiderado, movido por su enojo incontenible le ha declarado la guerra a los Trolls y por las noches los caza…—.

Felin no miraba al Toro mientras contaba la historia, solamente limpiaba de un lado al otro el piso con una escoba hecha de ramas. El Toro, pensó que sería buen momento para interrumpir aquel relato.

—Disculpe Felin, no es que su historia no sea interesante, es sólo que, no era la pregunta que yo tenía en mente. Yo no estaba pensando en el muchacho, me preguntaba ¿por qué una Elfo como usted conserva tantas costumbres de los hombres, o será mejor decir de las mujeres?—.

Ella, sintiéndose invadida contestó —Ah, eso es algo que no voy a discutir— dijo entregando una escudilla con pan al Hobbit.

—Pero hay algo que sí he querido decir, y que el muchacho no me ha dejado, él no quiere hablar con nadie, yo conozco la solución para sus problemas, la solución a los problemas de todos...—. Al escuchar esto, el Toro Bramador mostró mucho interés.

El sueño de Jacob era inquieto, se movía de un lado al otro cubriéndose y descubriéndose con aquellas pieles. Él dormía desnudo, solitario en una tierra desconocida. Los días recientes no había podido creer lo que le ocurría. Tan sólo una luna atrás, él se preocupaba por proteger a sus amigos y a sus seres amados, por aprender en la escuela, por… por ella, esa imagen que ahora lo perseguía mientras dormía, esa mujer que él amaba, que no deseaba perder, y que ahora era inalcanzable, confinada a una tierra distinta. No es que Jacob estuviera enojado, es que estaba desesperanzado. Nunca imaginó llegar a alejarse tanto de todo lo que era importante para él. Ni en sus sueños más disparatados llegó a pensar que un día estaría solo, en una tierra distante. Era cierto, tenía miedo, pero más grande que el miedo, era su desesperación. Por eso quiso luchar contra la nieve y contra el hielo, quiso luchar contra el frío, y casi lo vence, pero después, fue vencido; tardó quince días en recuperarse, y no dejaba de soñar la misma cosa, un rostro de mujer, el rostro de una hermosa mujer, ella, la mujer que él amaba, y que ahora, lejos de sus amigos, su manada, su bosque, lejos de todo, el hombre lobo no lograba encontrar más que en su memoria, como un consuelo pobre, igual de pobre que su corazón y su esperanza.

En un giro entre las pieles que lo cubrían, el joven terminó descubierto, y como no vestía ropa se le podía ver a penas cubierto por los bordes de unas pieles. Él parecía seguir durmiendo.

"¿Es un hombre o es un Elfo?", "No es un hombre, aunque lo parece", "Qué apuesto es", "¿Qué será?", "Yo creo… que es un Troll", "¿Un Troll pequeño y apuesto", "Puede ser una nueva especia de Troll", "Ojalá y todos los Trolls fueran así". Se habían empezado a escuchar voces en el interior de la habitación de Jacob. Toro Bramador, escuchó las delgadas voces y acudió de inmediato.

—¡Muéstrense!— Gritó. Por detrás de un barril, y de un costado de una silla, salieron dos pequeñas figuras. Eran Loreta Cotton y la posadera Anamiel. —Sabía que esa Elfo ocultaba algo, por eso las raíces— dijo Loreta Cotton. "Por eso" secundó Anamiel.

—¿Cómo llegaron ustedes aquí?— cuestionó fúrica Felin —No fue difícil, seguimos las huellas del caballo—.

—¡Pueden todos dejarme dormir!— Gritó Jacob. Todos estaban en el interior de su pequeña habitación improvisada. Anamiel y Loreta Cotton se sujetaron asustadas de las manos. De inmediato Jacob se convirtió en lobo y les gruñó tan fuerte que las dos pequeñas Hobbits salieron corriendo, la señorita Cotton gritaba y la posadera Anamiel repetía "vaya que escondía algo…".

Una vez que ellas se habían ido Jacob volvió a su forma humana —Tontas— dijo sin mirar al Toro o a Felin.

—Tú eres el tonto— dijo en un arrebato la blanca y harapienta figura de Felin.

—Déjame en paz— dijo Jacob e intentó salir de la habitación.

—Espera— lo detuvo con una mano el Toro antes de cruzar el marco de la puerta —La señora Felin quiere decirte algo—.

—No me importa lo que esa tonta quiera decirme— Le contestó gritando Jacob, que convirtiéndose en lobo rompió completamente el marco de la puerta y huyó fuera de la casa. Toro Bramador lo siguió fuera y le gritó: —¡Ya me cansaste pequeño!—. Desenvainó la espada y señaló molesto al enorme lobo rojo que no tardó en contestarle poniéndose en posición de ataque. La Elfo se asomó, estaba molesta, no con la molestia de un Elfo, sino de una mujer. Antagarh, el caballo, tenía intención de intervenir en el encuentro, pero Toro Bramador le ordenó que se alejara y el caballo esperó impaciente a un costado de la casa, parecía estar siempre atento a lo que pasaba.

El enorme lobo pelirrojo se arrojó directo a morder el cuello de su oponente, Jacob había perdido la razón, ahora era solamente un corazón asustado que trataba de dominar sus temores a través de la furia. Era un corazón confiado en que nadie podría sobrevivir al filo de sus garras y colmillos, grave error.

De un tajo el Toro Bramador, tras un grito de voz, golpeó el hocico del lobo, tocando fuertemente con el filo de la espada los dientes afilados de la bestia que intentaba morderlo, y causando un dolor terrible a Jacob, quien se alejó de un salto agachando el hocico lastimado.

—¡Crees que sólo porque has perdido tu hogar tienes el derecho de herir a todos los que intentan ayudarte! ¡Yo también perdí mi hogar! ¿Crees que sólo tú tienes problemas? ¡Todos mis amigos se fueron! ¡Todo lo que vine a buscar ya no está y no sé si los volveré a ver! ¡Yo también estoy solo pequeñito! —.

En el corazón de Jacob resonaron estas palabras, recordó sus propios pensamientos, pero sólo fue un instante, luego se arrojó nuevamente contra su oponente corriendo a una velocidad tal que era imposible que el Toro viera por dónde vendría el próximo ataque; pero el Hobbit preparado para reanudar la pelea no se alarmó. El lobo comenzó a dar vueltas alrededor del Toro, rondándolo como a una presa, el Hobbit permaneció quieto con la espada baja, no hizo caso de sus ojos y flexionó las rodillas como cuando alguien está por saltar muy alto. Jacob se dispuso a atacar, le pareció que la presa estaba desprotegida así que se arrojó sobre ella, y en ese momento se escuchó el relinchar del caballo. Era un aviso, aquel relinchar era un aviso para el Toro, para que pudiera hacer frente a la amenaza sin si quiera tener que abrir los ojos. Avisado del peligro, el Toro Bramador, golpeó con el mango de la espada el estómago del lobo que se acercaba, con una fuerza tal que pareció inmovilizarlo un instante, pero luego, con una fuerza todavía mayor, de un salto desató la potencia de sus piernas dando un rodillazo en el pecho de aquella fiera de color rojo, que fue arrojada sobre la nieve, cayendo sobre su propio lomo. Rápidamente intentó ponerse en pie de nuevo para atacar, pero ya tenía la espada del Toro amenazando su cuello.

Allí, sosteniendo la espada, el señor Tuk comenzó a decir lo siguiente: —Te confesaré algo, pequeñito… yo volví al Bosque Verde para casarme, pero todos, incluso ella han huido. La Elfo dice que tiene la solución a mis problemas y también la solución a los tuyos, no sé tú, pero yo pienso escuchar lo que ella tiene que decir—.

La confesión de Tuk, el Toro, conmovió a Jacob, quien, luego de que su oponente moviera el incómodo filo de su espada de su cuello, volvió al interior de la pequeña casa redonda, hecha de madera, ubicada a orillas del bosque y cubierta por nieve, tranquilo, ya sin ese sentimiento de desesperación que lo había estado agobiando los días anteriores.

Lorita Cotton y Anamiel, que habían salido corriendo por el susto, corrieron tanto que llegaron a la posada Cotton, y como seguían todavía asustadas, le dieron varias vueltas alrededor a la posada, hasta que se calmaron un poco, luego entraron y bebieron varios tarros de cerveza, tantos que el señor Cotton las tuvo que hospedar a las dos en un cuarto de la posada, y ambas terminaron dormidas sin poder contar ese día qué era lo que había pasado.

Mientras tanto, ya en el interior de la casa de la Elfo, Jacob se vistió por fin con la ropa que Felin había tejido para él, comió sus bollos y bebió su vino sentado en la misma mesa que el Toro, guardando el silencio del que era capaz Jacob al comer.

Felin se sentó frente a sus invitados, su tiara plateada relucía, y en ese momento a Jacob, le pareció tan hermosa y tan bondadosa como un ángel, él se sintió culpable por haberla maltratado durante todo ese tiempo que ella había estado intentando cuidar de él. Los dos invitados guardaron silencio y Felin comenzó a Hablar:

—Yo sé de dónde vienes Jacob. En los libros antiguos de la Nación de los Elfos del Bosque se escribe, que puertas a otros mundos pueden abrirse. Tú vienes de uno de esos mundos ¿verdad? Sí, hay manera de volver, pero es muy difícil que alguien conozca esa magia. Muchos grandes magos han intentado dominar ese conjuro y han terminado encerrados en lugares infernales, aprisionados por su propio conjuro, condenados en mundos espantosos donde habitan las más fieras bestias, y las más oscuras pesadillas. De aquellos poderosos hechiceros de la antigüedad nadie queda. Sólo hay un ser que ha podido dominar este conjuro, y que es capaz de vivir en el abismo donde nada puede existir… Sauron, el señor oscuro, sólo él puede hacerte volver—.

Jacob escuchaba atento. El Toro pensaba "este muchacho no tiene idea de en qué se está metiendo", pero tampoco el Toro tenía idea de su destino, que, a diferencia de lo que él pensaba, no sería menos peligroso.

Felin volvió a hablar, esta vez a su otro interlocutor:

—Señor Tuk. La oscuridad del bosque y la nieve que lo han separado de todo aquello que amaba son ocasionadas ambas por el mismo mal. Sauron, el señor oscuro, se ha propuesto conquistar y vencer, él planea dominarlos a todos. La leyenda cuenta: Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Siete para los Señores Enanos en casas de piedra. Nueve para los Hombres Mortales condenados a morir. Uno para el Señor Oscuro… Un anillo para gobernarlos a todos. El anillo de poder. Ha llegado el tiempo en el que tendremos que luchar si es que queremos continuar siendo libres, o al menos, si es que queremos seguir vivos. Sauron, su fuerza, su poder, toda su maldad se está esparciendo más allá de la tierra de Mordor, donde se extienden las Sombras. Esa oscuridad que ha envuelto el Bosque Verde, viene de Sauron, y para evitar que la oscuridad siga, hay que parar la guerra que él sostiene contra toda Tierra Media.

—¡Maldito sea! — dijo el Toro. Jacob, se fue levantando de la mesa y se dirigió a la puerta, parecía como si tuviera la intención de emprender camino justo en ese momento. —Lo encontraré— dijo con una mano sobre la puerta.

—Todavía no lo has entendido Jacob— dijo Felin. —Los dos están aquí por algo. El brillo en sus ojos es el mismo. Hasta el color de sus barbas y el de tu pelaje de lobo es el mismo.

Jacob y el Toro se miraron uno al otro, y la Elfo continuó —Deben iniciar este viaje "juntos" y terminarlo igual—.

Ellos volvieron a mirarse. "¿Yo?", dijeron ambos "viajar con este…", "…Pequeñito" completó el Toro, "… Animal" completó Jacob. —Juntos—, reiteró Felin guiando las manos de los dos escuchas con sus manos blancas hasta reunirlas todas.

Juntos. Ese era el mandato.

Iniciar un viaje Juntos.

Así da inicio una nueva aventura de vuelta al hogar. Un peligroso viaje en un mundo extraño. Dos solitarios guerreros perdidos, unidos por compartir una desgracia. Un solo camino que seguir. Una única oportunidad, y la búsqueda de un sueño quizá imposible de realizar.

*Tierra Media y Toro Bramador son de Tolkien, Jacob es de Stephanie Meyer, Lorita Cotton, Anamiel, Antagarh y Felin de Gondor, son míos.

1 RAE: Conjunto de cerdas que tienen algunos animales en la parte superior del cuello.

8