Primero pedir disculpas por los errores con los nombres de algunos personajes, los corregiré, lo prometo.

Capítulo 2

Salió de esa fiesta con tanto estrés como nunca creyó haber sufrido antes, estaba tan tensa que apenas pudo disfrutar, al menos se consolaba con que Kagura sonrió como nunca y su regalo le había fascinado, un vestido de esos como los que la bermellón usaba solo que en blanco con unos bordados dorados el cual estaba segura que le quedaría hermoso. Sonrió para sus adentros porque pudo ser testigo discreto- ella no los siguió ni nada por el estilo, que va- del regaló que el capitán de la primera división del shinsengumi le obsequió, era un lindo brazalete de plata el cual tenía diseños de flores, ella quedó maravillada y pudo notar que su amiga quedó asombrada y con un ligero rubor en sus mejillas como consecuencia del detalle del castaño. Qué bonito era el amor, de verdad que sí, ella lo conocía claro, pero más que todo por las historias que Jiiya le contaba que por haberlo experimentado personalmente, sin embargo, estaba feliz por su amiga, y ella era muy joven aún, 17 años era apenas un comienzo en cuanto a vidas amorosas se tratare.

"El amor es algo que te hace sentir en las nubes" le había dicho Jiiya una vez y ella gustosa tomaba sus consejos porque algún día ella tendría a ese alguien especial y sinceramente quería tener una vida bonita: tranquila, relajada, un esposo y un pequeño o pequeña, quizá. No era que su sueño fuese ser una sumisa de esas que únicamente viven para atender a su marido, claro que no, ella tenía su carácter recién desarrollado para asegurarse de darse su valor como mujer, pero esas fueron cosas que le fueron quitadas desde muy pequeña, sus padres murieron sin ella poder conocerlos adecuadamente, su hermano fue asesinado por motivos políticos y llámenla loca, pero en ocasiones sentía que ella iría por la misma línea. Se sentía asechada en ocasiones por los miembros del Bafuku, sin embargo, se resistiría y lucharía hasta el final.

Aun así, había tantas cosas que ansiaba hacer, ver y descubrir que la hacían soñar despierta más cuando al reunirse con Kagura esta le contaba acerca de lo que vivió en su travesía por el espacio. Ahhh…el espacio, debía ser maravilloso ver tantas estrellas y planetas lejanos, sentir libertad era lo que más ansiaba.

Había charcos de sangre por todas partes, Abuto estaba sorprendido hacía mucho que no veía a su capitán luchar de esa manera tan salvaje y eso solo podía significar que había algo que molestaba al hijo mayor de Umibozu. Consideró el preguntarle sobre su molestia varias veces porque sabía de lo que era capaz el chico cuando no estaba de humor, pero en cuanto este estuvo moderadamente más calmado no dudó en aprovechar el momento-

-Capitán, parece ser que tiene algún tipo de molestia, ¿hay algo o alguien en especial que sea el motivo? – Él ya se imaginaba por donde iba la cosa claro que sí, conocía al muchacho desde pequeño, prácticamente lo crio, y desde que volvieron de la tierra luego de la fiesta de su hermana se había estado comportando bastante distraído e irritado.

-No te importa- fue la amable respuesta que recibió del bermellón mayor, Kamui siempre tan elocuente, sin embargo, lo que más le sorprendió fue lo que a continuación le dijo su superior- Oye Abuto, ¿cuánto crees que tome hacerle reparaciones al barco? - ¿Reparaciones? ¡Pero si el barco estaba perfecto! El navío del séptimo escuadrón era uno de los mejores que tenía el Harusame, no entendía a donde quería llegar su capitán.

- ¿Qué tipo de reparaciones? - Quiso saber, la actitud del pequeño conejo se le hacía cada vez más extraña, él entendía que Gintama era un anime sin sentido, pero los personajes siempre estaban en su papel.

¿Por qué tenía que darle tantas explicaciones? ÉL era el capitán no necesitaba su permiso para hacer lo que él quisiera, aceptaba que necesitaba un consejo sí, pero no tenía ganas de entrar en los motivos de su comentario, el brillante plan que se le ocurrió no podía llevarlo a cabo considerando el asco de habitaciones con las que contaba el barco. Vamos que solo vivían hombres, limpieza pulcra no se iba a encontrar jamás, pero era salobre, eso sí. Aún así era lo suficientemente aseado como para que una mujer viviera ahí por que ¡oh si! Su brillante idea era secuestrar a la princesa del país de los samuráis, la última vez ayudó a salvar la tierra y por eso no pudo llevarse un trofeo como le era merecido y quería diversión, torturar a la hermana menor del shogun considerando el miedo que esta le tenía figuraba como una aventura demasiado placentera y de solo imaginarla temblando su sangre yato hervía con fervor.

Un mes, era lo que había pasado desde que vio al maniaco del barco, cuando se lo comentó a Okita este le dijo que a su concepción era un psicópata, uno muy problemático y claro que ella le dio la razón. Sin embargo, le molestaba de sobremanera que desde ese día no pudiera salir su imagen de su mente, estaba realmente harta y cansada, al recordar la sonrisa tan altanera que le dio luego de ella hacerle un cortés comentario al padre de Kagura la irritó y quiso tirarle el pastel entero a la cara, nunca en su vida conoció a un hombre tan salvaje como ese. Kagura era ruda eso no lo negaba, pero su hermano era otra cosa completamente, ¿cómo lo llamó Okita-san? ¡Ah sí! Un chino rebelde, o cheeta rebelde no recordaba bien, pero ese apodo le causaba mucha gracia.

Debía dejar de pensar en ese sujeto, hoy ella y Jiiya andaban en un pueblo bastante alejado del centro de Edo ayudando a unas familias que lastimosamente no contaban con muchos recursos, llevaron todo tipo de víveres para poder brindarles, aunque sea un poco de mejoría en su condición. Ayudaron a enfermos luego de repartir los alimentos y ella jugó toda la tarde con los niños que vivían ahí. Se sentía realmente maravilloso, hacía tanto que no sentía una paz y una alegría así, que no sonreía, es más, pero su felicidad le duró poco cuando de pronto una fuerte ventisca los sorprendió a todos y anunció la llegada de un barco enorme. Trató de proteger a los niños, pero quedó helada cuando vio al bermellón salir de la compuerta del navío.

Lucía muy distinto a como lo recordaba en la fiesta, seguía usando su típica trenza, pero ahora sus ropas chinas similares a las de Kagura fueron sustituidas por unas ropas negras de talle chino-occidental negro y un chaleco rojo con detalles dorados hasta los tobillos que le daban una apariencia de ¿príncipe? ¡NO! Sadaharu era más caballeroso que ese tipo, se cuestionaba cuál de los dos era el verdadero animal.

-Hola- saludó con una sonrisa alegre y extraña, y es que vaya, como había sido de complicado dar con la cosa esa, tuvo que obligar amablemente a algunas cucarachas de ese gobierno para que le dieran razón del paradero de la fémina, pero bueno, al fin había llegado y ahí estaba el objeto de su diversión. Su sangre se regocijó al verle en sus ojos ese tinte de miedo que le despertaba su instinto yato, pero le sorprendió notar que trataba de hacerse la fuerte para proteger a los mocosos detrás de ella. ¡Qué tonta era! Con lo débil que era podía matarla de un golpe.

- ¿Q-Qué quieren a-aquí? - las palabras se le atoraban por el temor que sentía. ¿Qué diablos hace ese sujeto ahí? -Tú eres la chica VIP, cierto- ¿de qué habla? - M-Mi nombre es Soyo, Takugawa Soyo- Odiaba que no le dijeran su nombre.

-Bien Sayo…-y antes de continuar se vio nuevamente corregido por la morena – Es S-O-Y-O, dilo bien- alguien cuerdo le puede decir de dónde estaba sacando ella valor para mantenerle la palabra si por dentro sentía que se moría del miedo, ¿dónde diablos se metió su razón? Seguramente se fue a pasear a otro lugar de Edo no había otra explicación.

-Vine por ti, vendrás conmigo y es una orden- cortante y directo, sin derecho a refutar, se auto felicitó porque él nunca fue de andar con rodeos. No tenía necesidad de explicarle a la chica los motivos y no lo haría, era un secuestro, un ladrón no da razones sobre lo que se lleva nada más lo hace y él como el mejor villano del mundo no veía necesidad de aquello. La tomó de la mano y la empezó a arrastrar hasta el barco, pero la muchacha se sujetó de un costado de la compuerta abierta y le gritó

- ¡¿Qué te pasa?!- Era oficial, ella estaba muy molesta, era un maleducado, quién se creía para tratarla así, ella era una princesa y nadie le hacía eso, mucho menos el tipo que ayudó a que su hermano fuera asesinado. El muy descarado…- ¡No puedes hacer esto, soy la princesa y te ordeno que me sueltes! – Jiiya llegó muy asustado en cuanto vio la escena y trato de hacer algo, pero sin sus brazos se sentía inútil por no poder proteger a la princesa. Le sorprendió verla tan enfurecida y valerosa, ella nunca fue así, siempre era discreta, silenciosa y recatada, algo traviesa si, pero era cuando se juntaba con la amanto que vivía con el joven Gintoki.

-¡Hime-sama!-exclamó. -¡Jiiya!- su grito fue de alivio y desesperación pero nuevamente el muchacho la tomó para que lo mirase y le dijo- Vendrás conmigo, no estoy pidiendo tu aprobación- estaba más que furioso, esa niñata qué se creía para jugarle de altanera a él- de lo contrario mataré al viejo- si algo se le daba bien eran las amenazas y esta no fue la excepción- Antes dime qué quieres, si me llevas así causarás un revuelo y nuevamente obra otra guerra en la tierra- Apenas se estaban recuperando como para que ese maniaco quisiera armar movimientos innecesarios y todo sabrá Dios el por qué- Te quiero llevar a jugar- ¿Jugar? ¿Era broma verdad? Ese tipo le estaba tomando el pelo. - ¿A qué te refieres? - vio como su mirada se ensombreció y algo le dijo que si seguía oponiendo resistencia iba a pasar algo malo, no podía poner a todas esas personas en peligro por lo cual haciendo gala de la poca cordura que sus nervios le permitieron le dijo- Esta bien, iré contigo, pero antes déjame hacer una carta y preparar unas cosas. No preguntes. Lo haré porque de lo contrario Jiiya les dirá a todos e irán por mí, si solo quieres jugar no hay necesidad de que otras personas interrumpan el juego, ¿no crees? - Debía decirles a todos para mantener la paz y calma, ella estaría bien, claro que sí, además, debía sacarse el clavo con el sujeto que ayudó con la muerte de su hermano.