Capítulo 2: "Conexión"
Asar Tuilë, Festival de la primavera, se celebraba el primer día de 54 hermosos días de primavera, cuando el agua fluye, cuando el sol alumbra sus juegos y festejos de una manera hermosa. Ese día siempre se celebraba especialmente porque se escuchaba al terminar la ceremonia, la hermosa canción que su hermana y hermano cantaban a dúo. Aunque ese año ella parecía muy reacia a hacerlo. En fin sería en una semana y todos parecían vueltos locos de cabeza para tener todo listo.
Se estiro en su asiento mientras terminaba de escribir unas cartas a Aragorn. Quien le había escrito hacía una semana. Isil estaba con él, en la esquina mirando por la ventana con sus ojos perdido en el patio. Él le mira, la joven parecía tan apagada desde que Anar y Indil se habían vuelto muy... unidos. No le gustaba verle así, parecía que le habían quitado un pedazo a cuajo. A él, obviamente no le molestaba su compañía, de hecho le hacía mentalizarse en algo y no pensar en el Fairë, pero no le gustaba el tono que su presencia estaba tomando.
"Isil"- la chica le mira- "No te he escuchado cantar"- susurró, ella bajo la vista y volvió la mirada hacía afuera. La última vez había sido unas horas antes de enterarse que Indil y Anar estaban viéndose.
"No tengo ganas, Legolas"- contestó con la voz apagada. Se levantó dejando los papeles de lado y se acercó a ella. Esta le miro de reojo.
"¿Le hechas de menos?"- preguntó. Su hermana miro hacía otro lado. Escucho como le costaba respirar un poco, aguantando las ganas de llorar.
"No es él"- contestó refiriéndose a su hermano, obviamente eso creía él.
"Mi padre ya habló contigo, no pueden estar juntos para siempre, ambos tienen que tener una vida independiente del otro."- esta asintió a duras penas, pero aun no le miraba. Se acuclillo y le tomo una mano. La joven le mira y sus ojos dejaban ver un par de lágrimas que caían por sus mejillas, él se las quita con la otra mano.
"Lo sé. Pero le hecho de menos, no esta cuando lo necesito"- ahora la tristeza pasa a frustración. Le tomo la barbilla con la mano izquierda y le sonrió.
"¿Quieres dar una vuelta? Salgamos del reino."
"¿A la frontera?"- preguntó levemente ansiosa.
"Te llevare a mi lugar... especial."
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Hacía muchos soles que estaba allí, sentada en medio de la nada. Veía a pequeños animales acercarse para beber del agua que le rodeaba pero nunca era su ángel, ese ángel se había perdido, solo fue un vistazo hacía lo hermoso lo que nunca tendría y que había alejado por su destino.
Su corazón se había vuelto a detener. Era una masa de nada en la nada. El tiempo no pasaba para ella, solo estaba sumida en una pena terrible. Su mente había vuelto al pasado, en su otra vida, en su otro mundo, donde ella había abandonado su vida porque el dolor era mucho, los maltratos, su infancia, las burlas, todo.
Donde ella se había dejado morir, donde ahora por ello, era un alma en pena. Sola y triste para toda la eternidad, llorando sin llorar, gritando sin ser escuchada. ¿Valiente? ¡Ja!, Tristemente daba pena. Nuevamente escuchaba gritos y risas, sentía miedo y felicidad, todo de una vez, tenía manos pero no lo eran. No sabía nada, estaba tan confundida, tan sola y triste.
No había vuelto a la ciudad, y recordaba la voz de la dama por momentos, nada más. Escalo, subió o se desplazo por una piedra, como sea, la cosa es que llegó sobre una piedra y se sentó o lo que sea que haya hecho, la cosa es que estaba allí. Mirando el par de conejos que bebían agua sin verle y luego corrían presuroso a esconderse.
Observó y pronto vio dos caballos llegando por un lado, para luego ver a su ángel salir detrás de un árbol, lo vio en todo su esplendor. Hermoso, lo único que podía ver, que era el ser más hermoso, era un ángel, ¿Qué podía ser tan perfecto? Se levantó, para acercarse pero al tocar el agua volvió a hundirse, esta vez desesperadamente trataba de salir para verle, llamándole en su desesperación...
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Los caballos se acercaron rápido al agua, al final había salido haciendo una carrera. Él le había dejado ganar, feliz de escucharle reír otra vez, mientras se acercaban al claro sintió que le pesaba él estomago. La joven se movía como si estuviera bailando, él solo reía al verle para poder quitarse ese sentimiento, las ansias habían vuelto a él, quería ver, quería ver ese hermoso y triste ojo, quería saber quien era el dueño de sus sueños. Alzó la cabeza para ver como el agua parecía perturbada pero la voz de Isil le saco de su ensoñación.
" Es hermoso"- susurró y llegó al claro- "Legolas esto es hermoso"- sus palabras se perdieron, sintió una punzada en la boca del estomago y la angustia subió por su garganta, le costó un poco respirar. La joven se volvió hacía él- "¿Qué te pasa?"
" ¿Ha?"- preguntó aturdido por el sentimiento.
"Estas algo lívido."
"No pasa nada"- se acercó al agua más rápido que nada. Como si fuera llamado por algo, como si le llamaran solo a él.
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Esta allí. Ella lloraba, sabía que lloraba de miedo por no verle otra vez, por la soledad que le inundaría otra vez si se quedaba sola. Sus dedos traspasaron el agua, y ella los rozos más felices que nunca, lo vio como si estuviera al otro lado del espejo. Cerró los ojos de felicidad, sintiéndose humana otra vez. Lloró al saber que había alguien allí, que ese ángel había acudido a su tristeza. Sus dedos parecían paralizado pero ella solo los acariciaba percatándose que sus dedos los de ella volvían a tener forma, que sus brazos volvían a ser humanos, pero no quiso bajar la mirada si su cuerpo seguía siendo una masa o un cuerpo formado, porque tenía miedo que él dejara de mirara hacía allí, donde ella.
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Lo sintió, se asusto si, pero aun así no quiso sacar la mano, sentía el frió más calador que el agua aferrarse a sus dedos, tocándolos, inspeccionándolos. Observaba directo al agua pero allí no veía nada, pero sabía que allí estaba. Que el espíritu estaba allí. El corazón le bombeaba sangre a la cabeza.
"Ahora si estas lívido, Legolas. ¿Qué te pasa?"- preguntó su hermana- "¿Qué sucede?"- él no le miro porque no quería quitar las manos ni la mirada de allí- "me estas asustando."
" Hay alguien"- susurró y la voz se le enronqueció, carraspeó para hablar- "Isil, me persigue un espíritu"- susurró. Aun así sintió como su hermana se crispaba.
" ¿Cómo?"
" Un espíritu, un alma que pena por estos bosques. Me sujeta la mano"- susurró y sonrió sin saber porque, la chica se llevó una mano a la boca ya que escucho su gemido asustado.
" ¿Puedes soltarle?"
" Sí, pero no quiero. Esta asustado o asustada, tiene miedo, no quiero que tenga miedo."
" Hace cuanto que..."
" La última vez que vine, vi sus ojos tristes y solos, y me toco el hombro, me necesita. ¿Extraño no?"
" ¿Un espíritu bueno?"
" Un espíritu asustado."- contestó y cerró los ojos. Abrió la mano bajo el agua y la mano se desplazo hasta tomársela. El agua parecía temblar pero no se movía, no había olas ni corriente. Se inclino un poco más y vio una forma.
No se asusto, pero se quedo observando anonadado.
No era más que una jovencita, tenía los ojos cerrados y extendía sus manos hacía él como si fuera su única salvación. Brillaba de la misma manera que cuando había estado fuera, un color gris reluciente.
Sintió el corazón bombeando con fuerza, asombrado por la hermosa belleza de ese ser. Demasiado hermoso para que estuviera muerta. Hundió la otra mano, Isil se movió nerviosa, y suavemente acercó sus dedos a su rostro. La jovencita abrió esos mismos ojos tristes y solos. Sorprendida, abrió la boca como si deseara decir algo. Isil envió otro gemido cuando la misma mano que él tocaba, la par salía del agua y tocaba sus facciones. El frió le calo la piel de la cara, le rozo la barbilla, le toco la mejilla y los labios. Él hacía lo mismo, tocaba su rostro concentrado. Un rostro que sabía que si provocaba un poco más de fuerza los trapazaría. Pero aquel contacto se le hizo tan hermoso, era como tocar la seda pura, un toque suave, muy suave que lamentablemente se desvaneció entre sus dedos.
Editado 14/11/10
Gracias Yanily por pasarte jajaja.
