"¿Isabella?"
"Hola, mamá..." La joven castaña dejó cuidadosamente las llaves sobre la mesita del impecable recibidor, y caminó lentamente hacia la sala del té en la cual su madre pasaba el setenta por ciento de su tiempo.
"A que no sabes quién acaba de pasar por aquí." Comentó su madre con voz estridente, sin despegar la vista de la ventana.
En la habitación no había televisores. En toda la casa no había televisores, pues lo televisores eran otro invento más del diablo para presentárseles, por supuesto.
"¿Quién?" Preguntó Bella tontamente, pues obviamente sabía quién había sido.
Hacía ya tres horas y media que había salido de su casa, y algo así como dos horas y media desde que era novia de Edward Cullen. Luego de su inesperada declaración, Edward la había llevado a por un helado, algo gracioso, pues el tipo de salida que él preferiría era a por una cerveza. Pero él conocía bien a la castaña, y Bella seguramente arrugaría su pequeña nariz y lo miraría con desconfianza apenas sintiera el olor a alcohol que impregnaba el bar al cual solía ir.
"Claudine Collins. ¿Quieres saber qué me dijo?" Renée Dwyer por fin se dignó a mirar a su hija, recorriéndola de arriba a abajo con la mirada, llena de reproche. "Que tú andabas besuqueándote con Edward Cullen cerca de ese bar horrible en el que trabaja." Respondió sin esperar respuesta de su hija, que pasaba el peso de un pie al otro, incómoda, parada bajo el marco de la puerta. "Le dije que era mentira, que estaba delirando. ¡Mi hija no anda besuqueándose, y mucho menos con Edward Cullen, por todos los cielos!"
"Mamá-
"Pero insistió tanto en que era verdad que tuve que creerle. Ahora quiero que tú seas sincera conmigo, Isabella. ¿Es verdad?"
La castaña bufó, cruzándose de brazos y desviando la mirada.
"Sí."
Renée Dwyer, una mujer sumamente infeliz y sexualmente frustrada, escondió el rostro entre sus manos, sintiendo como la humillación se cernía sobre ella.
¿Qué diría su esposo? ¿Sus amigas? ¿El pueblo? ¿Por qué su hija le hacía esto?
"¿Por qué me haces esto, Isabella? ¿Es para castigarnos por no haberte comprado esa computadora?"
La muchacha alzó ambas manos al cielo, y bufó con más fuerza.
"¡Por supuesto que no, mamá! ¡No tiene nada que ver con eso!"
"¿Entonces por qué? ¿Acaso fui una mala madre?" Preguntó la mujer, poniéndose de pie y mirando a su hija, a la cual sobrepasaba por unos cuantos centímetros, de frente.
"No tiene nada que ver contigo, mamá."
"¿¡Entonces qué sucede!?"
"¡Sucede que estoy enamorada!" Y por primera vez en su vida, Isabella Swan le gritó a su madre. Le gritó con fuerza, descargando la frustración que sentía debido a las actitudes extremistas que Renée había tenido para con ella todos esos años. "¡Me enamoré, mamá!"
"¿E-Enamorada?"
"Sí, mamá. Enamorada. Pero seguramente tú no sabes lo que es eso, ¿Verdad? Claro que no." Isabella sabía que entre sus padres podría haber respeto, quizás algo de cariño, pero nunca, nunca amor.
"¿De Edward Cullen?" Renée abrió los ojos como platos y luego, inesperadamente y dejando a Bella totalmente confundida, comenzó a llorar.
Y no fueron simplemente lágrimas deslizándose por sus mejillas, fue un llanto ronco y profundo, que la hizo caer de nuevo sobre el sillón color beige, y cubrirse el rostro con las manos.
"¿Qué sucede contigo, mamá?" Bella la observaba con cierta precaución desde lejos, consternada.
"Mira lo que te ha hecho. Me has gritado, tu nunca gritas y me has gritado ahora. Es por él. Ese chico del demonio te arrastrará hacia su oscuridad. Te he perdido, he perdido a mi hija." Isabella rodó los ojos, sin poder creer que su madre dijera lo que estaba diciendo.
"Mamá, por favor, no digas idi-" Isabella se aclaró la garganta, sabiendo que si soltaba un insulto en aquel momento su madre probablemente terminaría de enloquecer. "-Tonterías."
"No puedo creer que esto esté sucediendo." Sollozó Renée, y ambas, madre e hija, se quedaron en silencio cuando la puerta de la casa se abrió.
Charlie había llegado, y eso no era algo bueno.
Bella inspiró hondo y juntó valor, preparando su mejor cara de póker para la tormenta que se avecinaba.
Y por supuesto, sucedió lo que ella se esperaba. Su madre le contó sobre la horrible manera en la que se había enterado de lo que sucedía, de cómo Bella le había gritado, y de sus sospechas sobre la transformación de su adorable niña en una prostituta. Y Charlie Swan, siempre fiel a su papel, le soltó uno de sus sermones sobre el infierno y los castigos, para luego quitarle su celular y enviarla a su habitación.
"Sólo quería decirte algo antes de ir a dormir." Comenzó su madre apenas irrumpió en la habitación de su hija a eso de las nueve de la noche. "Sé que me odiarás por esto, pero no deberías hacerlo, porque es por tu bien, pequeña. No volverás a ver a ese chico." Isabella abrió los ojos como platos mientras se giraba a mirar a su madre.
"Tú no decidirás eso."
"Claro que lo haré. Ese chico te arruinará la vida, te corromperá, tú te mereces mucho más que eso."
"¿Qué se supone que me merezco, mamá? ¿A Mike Newton?" Preguntó irónica la castaña, y su madre la censuró con la mirada.
"No uses ese tono. Y Mike Newton es un chico respetable y bueno, no como ese chico descarriado que dices amar."
"Edward no es ningún 'chico descarriado', Renée, ni ningún seguidor del diablo o nada por el estilo. Que tenga formas de pensar diferentes a la tuya no lo convierte en nada de eso."
"¿Escuchas lo que dices? Ya te ha convencido." Renée sacudió la cabeza con pesar. "Nunca más volverás a verlo, no lo permitiremos."
"Tengo diecinueve años, no puedes prohibirme eso."
"Pero vives en mí casa, y aquí mis normas se respetan. No quiero a Edward Cullen en mi vida, ni en la tuya. Esto es todo." La puerta se cerró de un portazo, e Isabella gruñó, sin saber qué hacer.
¿Iría Edward a buscarla? ¿Seguiría con ella a pesar de todo lo que sus padres harían para separarlos?
La castaña se hizo un ovillo sobre una mecedora que ocupaba un extremo de su habitación, y rezó en silencio porque no se alejara de ella.
Cerca de media hora y un par de lágrimas más tarde, Isabella escuchó cómo alguien murmuraba su nombre a lo lejos.
Con el ceño fruncido, se acercó a la puerta de la habitación, pero la voz provenía desde la otra punta del cuarto, de la ventana.
Sigilosamente, abrió la ventana hacia arriba y sacó la cabeza hacia afuera.
"¿¡Edward!?" Una sonrisa comparable con la del gato rizón se extendió por su rostro cuando logró divisar al cobrizo, que la llamaba desde su patio trasero.
"Hola, nena." Edward sintió como su pecho se inflaba de felicidad al ver el rostro de su castaña asomado desde la ventana, y se sintió el idiota enamorado más tonto del mundo.
"Creo que deberías irte, mis padres no están demasiado felices que digamos."
"No te llamé a tu celular porque sabía que te lo habrían quitado, pero ni loco dejaría de verte. ¿Qué sucedió? No, espera, será mejor que suba."
"¿¡Qué!? Edward es alto, te lastimarás." El cobrizo rodó los ojos, y observó el árbol que se encontraba justo junto a la ventana de su novia. "Edward, no lo hagas."
"Será solo un segundo." Bella observó con pánico como su novio comenzaba a trepar al árbol lentamente.
"Edward, esa rama no-" Bella no terminó de pronunciar su frase antes de que Edward apoyara el pie en una rama muy delgada, esta se partiera y él cayera de bruces al suelo.
Consternada, lo observó como rezongaba tendido sobre el césped.
"Creo que hubiera sido mejor si yo bajaba."
"Lo hubieras dicho antes." Susurró Edward, y luego gimió cuando intentó sentarse.
"Espera un segundo." Bella se acercó a la puerta y la abrió lentamente.
La luz de la sala estaba todavía prendida, lo que significaba que su padre estaría todavía allí leyendo algo. Resoplando, volvió hacia la ventana.
"¿Qué haces?" Edward observó con los ojos como platos a Bella, mientras esta sacaba un pie, y luego otro por sobre la ventana, y se sentaba en el marco. "Isabella, vuelve allí adentro ahora mismo." Bella rodó los ojos, ignorándolo mientras alcanzaba una de las ramas más fuertes del árbol. "Cariño, vuelve adentro, vas a matarte."
"Cállate, seguramente lo haré mejor que tú." Se burló mientras alcanzaba la rama y se sujetaba con fuerza al tronco del árbol, sonriendo triunfante al ver la mala cara que le puso Edward.
El cobrizo, sentado sobre la hierba, la observó bajar cuidadosamente del árbol, sintiéndose más aliviado mientras ella se acercaba más al suelo.
"Te lo dije, soy geni-¡Ah!" En medio de su canto de victoria, la castaña apoyó mal el pie sobre una saliente del tronco, resbalándose y cayendo… justo encima de Edward.
"Me acabas de dejar estéril." Susurró el cobrizo unos segundos más tarde, y Bella se incorporó, todavía sobre él, para mirarlo apenada.
"Lo siento." Susurró, girando y recostándose en la hierba junto a él.
Ambos observaron el cielo durante unos segundos, y Edward suspiró.
"Definitivamente, mi papel de Romeo fue un asco."
La castaña soltó una carcajada.
"No te preocupes. Te amo igual."
"Gracias al cielo." Edward se sentó, y luego se puso de pie de un salto, antes de girarse hacia la castaña y estirarle una mano.
Bella la tomó y lo dejó ponerla de pie.
"Si mi padre se entera de esto, moriremos."
"Se supone que tu padre es un pastor, no podría matarnos, ¿Eso no está en contra de algún tipo de mandato, o algo por el estilo?" Edward la rodeó con un brazo y la estrujó contra su pecho. "En todo caso, yo te protegeré."
"¿De la misma manera en la que trepaste ese árbol?" Murmuró Bella con la voz ahogada contra la playera de Edward.
"Eres malvada." Susurró su novio, mientras la abrazaba con más fuerza, y Bella soltó una risita.
"Me quieres igual."
"Te amo igual." Corrigió el cobrizo, y Bella sonrió contra su pecho, llena de felicidad.
"¿Qué sucedió con tus padres?"
La castaña rodó los ojos, apartándose de él unos centímetros para poder hablar.
"Mi madre gritó, y lloró, y me acusó con mi padre. Me quitaron el celular, me enviaron a mi habitación y me prohibieron verte, ya sabes, lo obvio." Edward tragó saliva mientras la miraba fijamente.
"¿Te prohibieron verme?"
"Sí."
"¿Y les harás caso?"
"¡Por supuesto que no!" Respondió Bella, en un tono más alto de lo recomendable, y ambos se quedaron callados, mirándose mutuamente mientras una sonrisa se deslizaba por el rostro del cobrizo.
"Mira, ya estoy convirtiéndote en toda una rebelde."
"Eso es justamente lo que dijo mi madre, que me arrastrarías hacia el lado oscuro." Imitó la castaña, y luego bufó.
"¿Vieron el tatuaje?"
"Gracias a Dios que no lo hicieron, no quiero ni pensar en lo que hubiese sucedido." Murmuró Bella sacudiendo la cabeza.
"Sabes que lo verán algún día, ¿Verdad?"
"Espero que ese día esté muy, muy lejos." Murmuró Bella, para luego suspirar. "No quiero hablar más sobre eso, sólo bésame ahora, ¿Sí?" La castaña se puso de puntillas, acercando su rostro al de Edward, mientras él le sonreía con ternura.
"Eres preciosa." Susurró antes de bajar la cabeza y besarla con dulzura. "Te amo."
"Y yo a ti." Respondió la castaña. "¿Qué haremos?"
"Pensé que no querías hablar."
"Y no quiero, pero es inevitable…"
"No quiero que sea a escondidas."
"Yo tampoco, pero…" Bella se cayó, mordiéndose los labios.
"Pero…"
"Quizás deberíamos mantenerlo en secreto, durante un tiempo."
Edward le frunció el ceño, pero no dejó de acariciar la cabeza de la castaña suavemente.
"¿Por qué?"
"Hasta que vea de qué manera arreglar las cosas, no quiero que todo se salga de control, ¿Entiendes?"
"Nena, las cosas ya se salieron de control. Claudine Collins nos vio juntos, mañana por la mañana todo el mundo te señalará con el dedo y te mirarán con reproche, ¿Estás lista para eso?"
Bella bufó.
"Debo estarlo, porque sucederá de todas formas. Igualmente…Ya no me importa."
Edward sonrió de oreja a oreja.
"Bien. Lo mantendremos en secreto durante algún tiempo, y con mantenerlo en secreto me refiero a que todo el mundo sabrá que salimos pero no nos verán juntos en público."
"¿Y tú me seguirás mirando con cara de enojado cada vez que me cruces por la calle?" Preguntó Isabella, frunciendo el ceño, imitándolo, juguetonamente.
"Si te veo con Mike Newton otra vez, quizás lo haga."Susurró Edward inclinándose sobre ella y mordiendo su labio interior.
"Mike Newton, ugh."
"Así me gusta." Murmuró Edward antes de volver a besarla profundamente por última vez. "Adiós, nena."
"Adiós, cariño. Te amo."
"Te amo más. Ven aquí." Bella soltó un chillido cuando Edward la cargó en sus brazos y la acercó al árbol, pero luego se dedicó a escalarlo para llegar a su habitación, sabiendo que Edward estaba debajo de ella con los brazos estirados por si volvía a tropezar.
Le gustó la idea de inmediato.
Él tenerlo allí, protegiéndola, por si ella tropezaba.
Era perfecto.
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Ya sé, se suponía que este era un One-Shoot, pero todos sus reviews diciendo que haga una continuación me hicieron tener ganitas de seguir escribiendo esta historia, y bueno… Acá está el resultado. Creo que va a tener algo así como cinco o seis capítulos, como MUCHO. No más. Quería agradecerles por sus reviews, que me hacen felizzzzzz, y son lo más tierno del Universo entero. Muchas gracias, de verdad, las quiero*.*.*.*.*.* 3333333333ASKJDHSA bueno, ya está. Mucho amor por hoy.
¡Un beso gigante para todas! Emma.
