Gracias por sus comentarios :) espero que les agrade esta historia tanto como a mí me está gustando escribirla.
Iris - Goo Goo Dolls ( watch?v=B8UeeIAJ0a0)
–Sam.
Dean trastabilla hasta quedar de pie, aún cabizbajo y temblando tan perceptiblemente que él mismo puede sentir su propio cuerpo imitar el de su hermano, vibrando con intensidad. Y sabe que si pudiera ver la escena desde otra perspectiva, él y Dean serían uno el reflejo del otro en un espejo que se oscurece poco a poco, volviendo turbio todo a su alrededor.
–Sam.
Escucha de nuevo aquel susurro que parece pertenecerle a la suave brisa que hace su cabello oscilar al ritmo de un compás indescifrable.
–Dean.
Puede escuchar su propia voz áspera y siente como su garganta se contrae como quejándose por aquel mínimo esfuerzo.
Dean mantiene los ojos cerrados y de pronto su cuerpo comienza a temblar con brusquedad, y Sam siente como el suyo le imita. Es entonces que se da cuenta que el vibrar incesante no viene de él, sino del suelo.
Una pequeña grieta comienza a formarse en la superficie bajo sus pies y dibuja un camino desigual que va creciendo mientras avanza.
–¡Dean!– Trata de despertar a su hermano de su hipnosis sin importarle el dolor que le rasga el interior.
La grieta se abre paso con velocidad y separa en dos el suelo que se atraviesa en su camino, y Sam observa con pánico como se torna en dirección a Dean.
–¡Dean!– Intenta de nuevo, aun sabiendo el resultado.
Sam despierta con los ojos húmedos y los músculos de su garganta palpitando de dolor.
Lo primero que Sam ve al despertar es a su hermano de pie al borde de su cama, observándole con expresión impasible y entonces su respiración se agita por otros motivos completamente ajenos a sus pesadillas.
Desde aquel fatídico día en el que le arrancaron de los brazos la vida de su hermano mayor, Sam ha visto como Dean se las ha arreglado para actuar como si nada hubiese pasado, como si vagar por la tierra sin realmente ser parte de ella fuera algo de todos los días. Y entonces se le ocurre que Dean sólo está tratando de hacer un poco más llevadera la situación para él, Dean, aún sin vida, trata de cuidar de él, y es como un golpe al estómago cada vez que lo piensa. Cada vez que cae en cuenta de que su hermano se quedó aquí por él.
–Dean...
"Te extraño." Se queda entre sus labios y se obliga no dejarlo salir porque sabe que no es justo para Dean.
–Cada día duran más.– La imagen de Dean desaparece sólo para rematerializarse a escasos centímetros de él.
–¿Qué? – Pregunta confundido.
–Las pesadillas, Sam.– Dean se agazapa hasta que su rostro queda a la altura del suyo haciendo que su corazón se brinque un latido.
–Oh. – Es lo único que contesta porque sinceramente no sabe que más decir.
–Ya no podemos fingir que nada de esto está pasando.
Las luces de la habitación comienzan a parpadear, el aire se vuelve tan frío que Sam puede observar el rastro de su propio aliento y Dean cierra los ojos con fuerza. Algo en Sam duele con la vista de aquello, y quiere si es necesario, rogarle a su hermano que no deje de verle, porque sólo hace de sus pesadillas algo más vívido.
Pero entonces, contradiciendo las palabras que hace algunos segundos dijo, Dean desaparece.
Sam pasa toda lo que resta de la mañana y la tarde solo, y los recuerdos le invaden como no queriéndolo dejar descansar, por lo que decide salir de aquel motel.
Toma su chaqueta de la cama contigua deteniéndose un segundo a pensar en lo ridículo que le parece que siga pidiendo habitaciones dobles cuando él es el único que duerme ahí.
El Impala cobra vida bajo sus manos y le parece hasta cierto punto estúpido, pero sabe que su motor no ronronea con el toque de sus dedos como lo hacía con el de Dean.
Sam entra al bar atrayendo las miradas de todos ahí, y recuerda que Dean alguna vez le dijo que siempre actuara como si él fuera el dueño del lugar, como si todo y todos en él le pertenecieran.
Cuatro cervezas y unas cuantas canciones después, Sam se da la libertad de pensar en lo increíble que es la manera en la que se acostumbró de nuevo a la compañía de su hermano y en como, equivocadamente llegó a creer que el tiempo, Stanford y Jess harían desaparecer ese sentimiento. Pero lo cierto es que sigue ahí, y ahora la ausencia de su hermano le abraza y casi parece que él también se ha ido.
Porque Dean no está ahí sonriéndole, o chocando sus botellas de cerveza, o rozando sus nudillos contra su brazo para llamar su atención, o diciéndole alguna tontería o mal chiste o bromeando sólo para sacarlo de sus casillas.
Porque Dean no está ahí para recordarle su propia existencia.
Bebe de golpe todo el líquido que queda en la botella y que no hace nada por desaparecer el nudo que se ha formado en su garganta. Se levanta de la mesa dejando un par de billetes en ella y se apresura a salir del lugar, frustrado porque ni siquiera pudo embriagarse como se debe.
–Sammy.
Sam se da vuelta en la cama para observar a Dean caminar hacia él. Sus ojos están rojos y una mancha húmeda se asoma en su almohada.
Dean hace un movimiento con su cabeza y entendiendo, Sam se acomoda para dejarle espacio. El mayor se recuesta frente su hermano tan cerca que sabe que si pudiera, sentiría la respiración de Sam golpeando su rostro.
–¿Por qué te fuiste?– La voz de Sam sale tan frágil que parece que en cualquier momento se caerá en pedazos.
Dean sabe que su hermano no se refiere a las horas que no se dejó ver el día de hoy, que su pregunta va más allá, y que más que pregunta parece una petición, un ruego entre líneas escondido en aquellas palabras.
Alza una de sus manos y la pasea por el costado del rostro de Sam queriendo acomodar el rebelde mechón que casi cae sobre sus pardos ojos y observando como su mano le atraviesa sin mover un solo cabello. Deja la palma de su mano ahí mismo, vacilando sobre la mejilla de Sam.
Sam siente sus labios temblar y cierra los ojos un segundo tratando de recordar como solía sentirse el tacto de su hermano sobre su piel, en como Dean parecía incendiarle con cada pequeño toque.
–No me he ido, Sammy.– Las palabras salen solas de sus labios. –Sigo aquí, contigo.
Al temblor de los labios de Sam se le suma todo su cuerpo y se abraza a sí mismo, deseando que sus brazos sean los de Dean, que pudiera ser capaz de esconder su rostro aquel cuello adornado con pecas como solía hacerlo cuando era niño.
–Sigo aquí.
Dean repite con suavidad, una y otra y otra vez. Y si pudiera, tatuaría en ese preciso momento aquellas palabras en la piel de Sam. Pondría esa promesa en tinta indeleble sobre todo el cuerpo de Sam para que pudiera recordarlas cada vez que lo necesitara. Para que todos los que alguna vez le vieran, supieran entonces que Sam no estaba sólo, que nunca estuvo sólo. Porque Dean estaba ahí.
Porque siempre, de alguna manera, iba a estar ahí.
Y renunciaría a la eternidad por tocarte.
Porque sé que de alguna manera puedes sentirme.
Y tarde o temprano todo termina.
Sólo no quiero extrañarte esta noche.
