Descargo de responsabilidad o disclaimer (según gustos): Los personajes de Warehouse 13 no me pertenecen, son propiedad de la cadena, los productores y posiblemente de otras persona. En resumen de gente muy afortunada.

Nota: Podéis dar ideas al autor (que se me están acabando) o criticarle en los reviews. ES GRATIS.


Capítulo 3

Estaban sobrevolando el estado de Ohio. Hacía una hora que habían salido de Los Ángeles, con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Habían encerrado a Jasón por homicidio, investigaban a su "familia" como crimen organizado y se dirigían a casa con el objeto. Así que nuestras agentes estaban dormitando tranquilamente cuando el Farnsworth de Myka comenzó a sonar.

– Hola Artie (dijo una somnolienta Myka) Ya estamos de camino a casa. Tenemos el objeto y Claudia debería haber recibido las imágenes del aeropuerto –deseaba que no fuese nada importante para poder retomar el sueño lo antes posible.

– Sí, sí, gracias chicas. Lo único es que cuando lleguéis paséis por el almacén antes de ir a casa.

H.G. que todavía tenía los ojos cerrados y apoyaba su cabeza en el hombro de Myka, dejó que Myka se ocupara de Artie

– ¡Oh! ¡Vamos Artiiiie! El mundo no se acabará porque no vayamos hasta mañana al almacén.

– He dicho que vengáis de inmediato, es importante –después de esto cortó la comunicación.

La agente Bering se acomodó de nuevo en su asiento dispuesta a dormir las tres horas que les quedaban para aterrizar. Recolocó suavemente la cabeza de H.G. sobre su hombro y susurró:

– La próxima vez te toca a ti.

La mujer de pelo negro sonrió, apretó más su cabeza contra el hombro de su compañera.

– Helena, tomaré eso como un sí.

Acto seguido se durmió. Al despertar estaba entumecida, todavía tenía la cabeza de la escritora apoyada en su hombro y no quería moverse para no alterar el sueño de la misma. Se quedó mirando su cara, estaba relajada, sonreía. La agente Bering pensó que Helena estaría teniendo un bonito sueño con su hija… "espera ¿eso es un suspiro?" H.G. volvió a suspirar, casi de seguido se oyó algo que parecía un suave gemido "No creo que esté soñando con su hija" La mujer de ojos verdes se empezó a sonrojar al pensar en lo que podía estar soñando su compañera, "tengo que despertarla, sin que se de cuenta de que me he enterado de lo que estaba soñando".

– Myka –una sonrisilla se dibujó en sus labios–.

"¿Ha dicho mi nombre? ¡Ha dicho mi nombre después de gemir? ¡Ay madre! A lo mejor no era un suspiro… ¿Qué hago ahora?"

La voz de la azafata anunciando que iban a aterrizar en breves momentos hizo que Myka se sobresaltase haciendo que H.G. se despertara.

– Tranquila –posó una mano sobre el brazo de Myka–, sólo están diciendo que vamos a aterrizar –inclinó su cabeza–. Sí que tienes un despertar exaltado.

– Es que no me lo esperaba –se revolvió en el asiento intentando coger una postura cómoda–.

– Querida, estás roja como un tomate ¿te encuentras bien?

El rostro de Wells mostró preocupación, y Bering agachó la cabeza avergonzada.

– Sí… sí, sólo es que tengo un poco de calor –volvió a acomodarse–. Cuando aterricemos iré a refrescarme. No te preocupes.

Comenzó el descenso del avión. La escritora se había acostumbrado muy rápidamente al siglo XXI, pero las primeras veces que subió en avión se ponía algo nerviosa en los aterrizajes y Bering le agarraba la mano para tranquilizarla. Inconscientemente Myka sujetó la mano de Helena entre las suyas. Cuando se percató de lo que había hecho quiso retirar la mano, pero no podía, si lo hacía Helena se daría cuenta de que algo ocurría. "Muy bien Myka, relájate, sólo sonríe y espera a que aterrice al avión para soltar su mano" Se giró hacia H. G. y la dedicó una cálida sonrisa que fue correspondida. Wells entrelazó sus dedos con los de Bering y comenzó a acariciar el dorso de la mano de Myka con el dedo "Tiene unas manos muy suaves, ¿qué crema usará? no pienses y relájate, ummm" sin darse cuenta verbalizó la última parte de este pensamiento.

– Rrrrrrrrr.

– Myka. "¿Acaba de ronronear?"

– ¿Sí? –sonrió muy relajada–.

– ¿Estabas ronroneando? –preguntó mientras arqueaba una ceja–.

– Sí… nooo, estaba intentando carraspear la garganta, tengo la garganta seca –se incorporó de manera repentina, al darse cuenta de que su propia mente la había traicionado–.

– Está bien… por cierto te acabas ruborizar.

– Es por el calor y la sed… cof cof –se agarró el cuello–, ¿ves? tengo la garganta seca.

– En seguida bajamos del avión y compro un poco de agua. "Di lo que quieras pequeña mentirosa, pero tú y yo sabemos que has ronroneado".

CONTINUARÁ…


Sí se me ha quedado un poco corto, pero creo que les voy hacer así de cortitos para no estresarme. La próxima entrega es para la semana que viene (aproximadamente).