Creer.
"Soy Tsubaki, la camelia, la flor sin fragancia"
"Crece sin que nadie la vea y muere dejando un olor desagradable"
"La caída de sus pétalos es dolorosa e inquietante".
—Si yo soy ése cielo oscuro…entonces tú eres la estrella que brilla en él, Tsubaki.
Ella lo miró de reojo. Era tan inusual en él decirle cosas lindas, adularla, pero esas palabras no eran para simplemente hacerla sentir mejor ni nada por el estilo; en ellas había un tinte de… ¿qué podría ser?, acaso serían de… ¿cariño? No, Black Star no era como los otros, él no hablaba bonito, no cuidaba sus palabras y era muy impredecible, no era propio de él…y eso era lo que a ella más le gustaba. Y ella no necesitaba que Black fuera amable con ella, porque estar a su lado era lo mejor, podía sentirse útil en sus manos, la más habilidosa de las armas, la más poderosa, no necesitaba más que seguir creciendo a su lado. Eso y nada más.
Nunca había visto a una persona que fuera tan egocéntrica, y que diera un discurso que nadie quería escuchar. Pero por alguna razón, ese discurso le pareció interesante y se quedó a escucharlo, aun cuando todos se estaban marchando entre risas y murmullos. Ver a ese muchacho tan energético de pie en la punta más alta del Shibusen, diciendo que él sería el que supere a dios, le inspiró una gran confianza a ella, y se maravilló que existiera alguien como él. Cuando el chico terminó su discurso, ella aplaudió, siendo lo único que se escuchaba en la entrada de la escuela.
El muchacho saltó desde donde estaba y ella temió que se lastimara, pero para su sorpresa cayó muy limpiamente sobre sus pies, como un felino. Ella le sonrió, con las manos todavía frente a su pecho, mientras él acortaba la distancia y señalaba ese brillante gafete que decía "técnico", y ella entendió que él sería su compañero, aquél que junto a ella entrenaría para cumplir los sueños de ambos…así que ella, aun sonriendo, señalo también el gafete que colgaba de su pecho, que decía "arma".
Ella seguía mirando a Black Star, sus ojos posados en las sonrojadas mejillas del chico. ¿Qué fue lo que hizo que alguien como él se sonrojara? Pero se veía tan lindo de esa manera, como si realmente fuera capaz de pensar en algo más allá de los entrenamientos y de superar a dios. Su chico estaba creciendo, pensó para sí misma, y ella había estado a su lado todo el tiempo que le tomó hacerlo, había sido testigo de primera en el espectáculo que era verlo madurar. Lo conocía tan bien, todas sus mañas, sus ambiciones, sus deseos, y por qué no, sus sentimientos. Él, muy en sus adentros era inocente, pero el carmesí en sus mejillas dejaba muy en claro que alguien ocupaba su mente. Ladeó la cabeza y se torturó pensando en quién sería. ¿Quién era esa, la dueña de ese bello sonrojo? Él era especial, tanto tanto…y le dolería perderlo. ¿Qué? ¿Perderlo?...
Mientras esperaban a que la espada mítica apareciera, la lluvia estaba haciendo sus estragos, mojándolos y, de esa manera, deprimiéndolos. La preocupación se había vuelto muy presente desde hacía mucho tiempo, exactamente desde que comprendió que utilizaría a ese chico tan amable a su manera. Encontrarse con esa espada era la razón, la que más peso e importancia tenía para ella, y ahora había arrastrado a ese teatro macabro a su compañero, quién creía que era una simple misión más en el largo camino que representaba convertirse en Death Sythe. Le costaba mirarlo a los ojos sin mostrar pena y dolor, y muy aunque no quisiera, estaba transmitiéndole todos esos sentires a su acompañante, que no dejaba de mirarla como si buscara una respuesta. Él era tan atento a veces, pero este no era el momento de mostrar compasión de ningún tipo. "Deja de mirarme…por favor deja de hacerlo" pensaba, como si al caso él fuera a escucharlo…y no lo hizo.
Y su mirada sobre ella se sentía tan penetrante, tan gélida, que la obligaba a voltear a ver y encontrarse con esos ojos azul claro, que le harían hablar sin filtro y revelar todo, absolutamente todo…
—"No importa lo que pase…voy a confiarte mi alma"—. Esas palabras, con solo rememorarlas, la seguían atravesando, haciendo estragos en su ya debilitada autoestima… él era tan buena persona con una flor sin fragancia alguna.
Black Star de nuevo la tomó por sorpresa, contándole la terrible historia de su familia. Ni siquiera ella, su compañera y arma, la había escuchado jamás en el tiempo que llevaban formando un equipo. Pero en el tono de voz de él no había rastro de ira, ni de pena…nada. Es como si le estuviera hablando sobre una historia de terror, de la que no fue nunca un testigo. Por una razón que desconocía, Black había decidido confiarle esa parte de su vida en ese preciso momento, en el momento en que ella necesitaba algo de confort, fuerza, razones para dar lo mejor de sí… pero no era completamente sincera con él.
— Black Star…hay algo que aún no te he dicho—. Dijo con voz temblorosa, porque realmente no estaba segura aún de querer decirle sobre su relación con la espada mítica. Y para su buena suerte, lo que él le contestó la dejó un poco tranquila.
— Si no quieres decirlo, no lo hagas. Sé que hay algo que está relacionado con la espada mística, así que lucharé a tu lado. Y cuando todo termine, te escucharé atentamente.
Lo que ella necesitaba era solucionar el asunto lo más rápido que pudiera, sin pagar un precio muy alto, no quería involucrar demasiado a Black Star, así que, muy independientemente del plan que juntos tenían, ella formuló uno muy rápidamente en su cabeza.
¿Cuánto había crecido realmente? No lo sabía, pero el cambio era muy notable. Todo se lo toma más enserio, ya no se dejaba llevar fácilmente. Era una alegría y una pena a la vez, pues había algo del pequeño Black Star que extrañaría, pero no podía evocar mentalmente de qué se trataba. Siempre tuvo el afán de seguirle, porque a pesar de sus intenciones de haber entrado en el Shibusen, él era el único que parecía necesitarla. Sabía que para Black Star ella era un arma muy capaz, muy acorde con sus habilidades, y que ella le ayudaría a superar a dios. Y ella, a pesar de su forma de ser tan exaltada, quería seguirle, protegerle y serle lo más útil que pudiera, quería realmente estar a su lado y a su altura también, y tenía tanto miedo de que Black Star la abandonara, que la despreciara como arma. ¿Cómo podría ella vivir con eso? No lo lograría, porque…lo quería…
Y el azul de sus ojos se abrió de par en par, permitiéndole razonar lo que acababa de pasar por su mente:
"Estoy…enamorada…de él".
—Entré al Shibusen para atrapar a la espada mística. Black Star, puede que te haya estado utilizando.
Decirlo había sido muy duro. Las palabras treparon por su garganta como un fuego verdaderamente intenso, desgarrándole la tráquea en su intento por salir. Él se estaba esforzando sobremanera para alcanzar los objetivos desconocidos de Tsubaki. Debía decírselo, debía confiar en Black, como él lo había hecho unos instantes atrás. Tenía que hacerlo, para poder seguir a su lado.
—Sé muy bien que en realidad no piensas eso, pues los técnicos y armas son un dar y recibir, ¿cierto?
Demonios, Black Star la conocía muy bien y sabía exactamente lo que pasaba por su mente. Era extraordinaria la manera en la que podía adivinar lo que diría y decidir si era o no verdad. Y realmente no lo estaba utilizando, solo buscaba una mera excusa para quedar como la mala, para que, si al caso ella no salía viva de esa misión, él no se sintiera mal, para que la odiara o algo por el estilo.
Después de realizar el pentagrama de estrella, Tsubaki por fin vio realizado lo que desde hacía años llevaba esperando; finalmente podría enfrentar a su hermano cara a cara y todos sus entrenamientos junto a Black Star habrían valido la pena, pero también cabía la posibilidad de que fracasara, de que su hermano siguiera el camino del mal para siempre. Ahí, en el aire, tomó la espada mítica en las manos y le sonrió a Black de la manera más dulce y sincera que pudo, y con esa sonrisa le agradeció por todo, por eso y más; por creer en ella, por estar a su lado, por permitirle formar parte de su crecimiento, por simplemente seguir siendo con ella ese niño hiperactivo y egocéntrico que conoció. Pero, como era correcto, sus labios, su garganta, pronunciaron las palabras:
—Gracias, Black Star.
Y permitió que la espada mítica la poseyera, entrando a ese mundo de almas condenadas y perturbadas que era el dominio de su hermano, todos los que había llevado a la locura tomando sus frágiles almas para ser un caminante del sendero del demonio. Su hermano había ido en la dirección incorrecta, y ella, como estudiante de Shibusen, debía remediar el error y tomar responsabilidades, o morir y defraudar el honor de su familia…y el suyo también.
Pero pelear contra él no había resultado nada fácil, después de todo era su hermano, habían crecido juntos, lo amaba y realmente no quería lastimarlo, así que tendía a contenerse, mientras él reflejaba la ira que sentía hacía ella y la golpeaba, provocaba, dejándola sangrando en el suelo. Tsubaki lo observaba fijamente y él no le podía sostener la mirada, y ella, sin querer, le hacía rememorar la infancia, donde uno creía que hacía lo correcto, y el otro creía que lo menospreciaban
"¿A qué quieres jugar Tsubaki?"
"¿Y qué hay de ti hermano? ¿A qué quieres jugar?"
"Jugaré lo que tú quieras".
"Bueno… ¡quiero jugar kemari!"
— ¡No me mires así!… Es por ti y esos ojos que me condujeron aquí… al camino de la espada mítica—. Dijo su Masamune, cubriéndose de esa mirada, que siempre le había atormentado. Y con eso, por fin descubrió, o más bien entendió, que todos los cuidados que había recibido desde que era un niño eran simplemente porque le tenían lástima. —Tsubaki, te mataré y me convertiré en Kishin… ¡Y después dominaré la senda de la espada!
Siguieron peleando, o más bien, Masamune siguió atormentando a Tsubaki, provocándole heridas, que de no ser porque estaban en otra dimensión, la habrían matado desde ya hacía bastante tiempo. Ella estaba pereciendo y sabía que a ese paso no iba a poder regresar al lado de esa persona que, muy a su manera, se preocupaba por ella, que podría ser que la estuviera esperando, que creía muy profundamente en ella, que la apoyaba y con la que creció y maduró. Él, en una forma demasiado peculiar, la hacía feliz, y no podría regresar para darle gracias eternas por eso.
— ¿Algunas últimas palabras? —. Dijo su torturador, empuñando en alto su espada. Tsubaki simplemente se quedó viendo hacia arriba, sin responder. —Realmente eres una flor sin esencia…ni siquiera eres capaz de decir algo en el final—. La acercó hacia el filo de la espada. Ella seguía inmóvil. —Tu alma…es mía.
Y la atravesó.
"Soy la camelia, una flor sin esencia"
Y el modo en que mis pétalos caen es triste e inquietante".
"Sé mejor que nadie que no piensas eso, Tsubaki".
Black Star realmente la conocía, y eso era suficiente para sacar fuerzas de donde ya no las había, luchar por aquello que era importante para una simple flor, para alguien como ella, que se enaltecía por ser la compañera de ese que superaría a dios, solo por seguir a su lado, por eso y nada más…por él y nadie más.
—Te equivocas… ¡TE EQUIVOCAS! —. Gritó Tsubaki, con todo el coraje que pudo reunir y se separó de la espada de Masamune, poniéndose de nuevo en guardia. — ¡Te equivocas! ¡Te equivocas! ¡Te equivocas! No me contendré más y de una vez por todas te detendré, hermano… Espero que sientas en tu alma a mi verdadero yo.
—No sire… No hay nada más penoso que una triste flor que intenta alardear.
— ¡No dejaré que me insultes! Alguien me enseñó que incluso la camelia…Tsubaki… ¡ambas tienen fragancia!
Y esquivando ataque tras ataque, recibiendo golpes de nuevo, las espadas chocaron por primera y última vez. La pelea había terminado, y Tsubaki, atravesada de nuevo por su hermano, sostenía entre sus manos un alma cálida, pero roja, con los signos de pertenecer ya a un Kishin. Masamune comenzó a evaporarse, pero antes de hacerlo completamente, le dijo a su pequeña hermana:
—Me has enseñado tus verdaderos sentimientos… La camelia, ¿la flor sin fragancia? No. Al rozar tu alma me di cuenta…de la deliciosa fragancia de la flor—. Poco a poco desapareció, dejándole a Tsubaki su alma, a su cuidado, y a su salvación.
— ¿A qué viene eso, Black Star?
Tsubaki lo miró y pensó "debes estar bromeando", pues era algo muy lindo saliendo de él, y ese sonrojo ya la tenía intrigada.
—Yo pienso que el cielo oscuro y todas las estrellas brillantes eres tú, Black Star—. Continuó sonriente Tsubaki, provocando que el sonrojo en las mejillas del chico fuera más notable. Black volteó la cara hacia el lado contrario, tratando de ocultar algo que a esas alturas ya era demasiado visible.
—Ya lo sabía…pero de cualquier forma, gracias… — En ese momento, quiso decirle todo, lo mucho que la quería, que la admiraba, que quería protegerla…que amaba a esa hermosa flor que toda ella representaba.
Y Tsubaki se sintió sumamente nerviosa, ya que jamás había escuchado tales palabras salir precisamente de esa boca. Quería estar siempre, siempre a su lado, pues él era el único que veía y sentía su fragancia… ¿acaso sentía lo mismo que ella?
—Tsubaki…tengo algo que decirte…— "¡Toma valor, maldito! Y se supone que serás tú el que supere a dios, y no eres capaz de expresarle tus sentimientos a ella".
—Dime—. "¿Qué es lo que vas a decirme? Por favor, que no sea que harás equipo con Soul".
—Pues…yo…esto…por Shinigami-sama, no sé cómo decirlo—. "¡Eres un completo idiota! Esta es tu oportunidad, ¡no la desperdicies, joder!".
—Tranquilo, tómate tu tiempo, no iré a ninguna parte—. "Dios, no… Se irá con Soul, me dejará…"
"Ya, maldito estúpido, dile…díselo". —Tsubaki…yo…te…te quiero—. "¡POR FIN!".
Los ojos de Tsubaki se abrieron de par en par, y el carmesí subió rápidamente por sus mejillas. "¿Qué? ¿Me quiere?"
—Supongo que porque somos compañeros y amigos, ¿no? — "Excelente…que piense que eres una tonta por pensar que es por otra cosa".
—No, no es ese tipo de querer…te quiero de verdad…muy de verdad—. "Dime que sientes lo mismo…por favor".
—Black—. Tsubaki se llevó las manos a la boca, para poder ahogar una risa, o un grito, cualquier cosa que haga visible que estaba completamente feliz por escuchar esas hermosas palabras. —Yo…también te quiero…
Listo. Ambos habían sido capaces de decirse todo: cada confío en ti, creo en ti, voy a estar siempre a tu lado, cada permíteme observar en primera fila tu actuación, cada déjame ver cómo creces… Todo, todo eso había quedado plasmado en dos simples "Te quiero", que venían de la persona más importante para cada uno, ¿qué más podrían pedir? Todo por lo que habían pasado juntos, todos sus problemas, toda la confianza, todos los peligros habían valido completamente la pena, porque el premio final eran los sentimientos correspondidos. Simple y sencillamente estaban destinados a estar juntos, hechos el uno para el otro.
En ese peñasco todo había sido dicho, y fue testigo del torbellino de recuerdos y sentires pasados, pero que no por eso habían dejado de estar presentes. Simplemente ambos se miraron y, por el sonrojo en las mejillas, no pudieron hacer más que tomarse de las manos y contemplar juntos el cielo y las estrellas.
"Si yo soy ese cielo oscuro…tú eres la estrella que brilla en él".
FIN
Gracias por la lectura...¡y eternas gracias por seguir esta historia! xD
No puedo describir lo mucho que amé escribir este fic, lo mucho que amo a esta pareja, lo mucho que significa para mi hacer esto. No puedo cuantificar todo lo que siento por esta historia, más que todo lo que escribí, basándome en el trabajo de Ohkubo-sensei.
No tengo aclaraciones, ni nada por estilo, pues...simplemente no tengo nada más que decir, sino repetir "gracias, gracias, gracias" por leer, y si les gustó, muchísimo mejor. Es muy difícil buscar las palabras correctas... ¡Gracias! por enésima vez xD
Nos leemos pronto
Gracias xD a todo aquél que esté dispuesto a leer.
¡Ciao!
