-Hoy es navidad.

-¿Cuál es el punto? Ya todos saben eso, una navidad comercial.

-Eso mismo es a lo que me refiero, todos se empeñan en comprar regalos y todo se trata de consumismo, el espíritu navideño se ha perdido completamente.

-¿Y no estuviste participando en aquello toda la semana? Llevándome de aquí para allá a lugares repletos de gente para conseguir obsequios para tu familia y amigos –dijo despectivamente.

-También son tus amigos, además ¿Cómo nos presentaremos con las manos vacías?

-Yo no tengo regalos para nadie –frunció el ceño –y tampoco me interesa tenerlos.

-Eres tan avara, de seguro gastaste todo tu aguinaldo en regalos para ti misma –se cruzó de brazos adelantándose un par de pasos de su acompañante.

-¡O-oye! Es no es cierto. No me crees una mala imagen… es cierto que gasté todo mi dinero en algo para mí, pero no es solo para mí…

-¿Compraste ollas para que te cocinara? –se frenó y volteó a ver a su compañía colocando ambas manos en su cintura desafiante.

-Tonta ¿Cómo se te ocurre que repetiría el regalo de tu cumpleaños?

-De ti puedo esperar muchas cosas… no muy buenas si te cabe la duda –reanudó el paso.

-Aún así me amas con locura.

-Pues de qué otra forma podría amarte si no es así –susurro para sí misma.

-Quedarás con la boca abierta después de ver el regalo que tengo para ti, esta vez me esmeré en buscar el regalo perfecto y también la ocasión ideal para entregártelo.

-¿No piensas en pedirme matrimonio o algo parecido? –de nueva cuenta se detuvo y encaró a la mujer que la seguía. Intentó encontrar la respuesta en los ojos de la mujer ante su silencio. – ¿Galatea?

-Sabes muy bien que los compromisos no van conmigo… de todas maneras… toma –depositó en sus manos una pequeña caja forrada en gamuza. –Es solo para decir que te amo y que nunca dudes de lo que siento por ti –sonrió, una sonrisa dedicada exclusivamente a la mujer que ama.

-Tonta –se sonrojó guardando la cajita en el bolsillo de su abrigo. Cohibida desvió la mirada. –Hubiese sido más fácil si me regalabas las ollas –le miró aún con las mejillas sonrosadas.

-¿No lo vas a abrir?

-Debiste entregármelo en un lugar más íntimo –sacó otra vez la cajita. La miró unos instantes y con los nervios a flor de piel la abrió lentamente.

-…

-…

-¿Te gusta?

-Es… un cascabel.

-Ajá, de esa manera siempre sabré dónde estás, además le hace juego a tu collar. Maúlla solo para mí ¿sí?


-Hey ¿Qué se supone que le sucedió a tu cara? –Helen señaló la mejilla enrojecida de Galatea.

-Miria y yo nos dimos nuestros regalos anticipadamente, pero creo que a ella otra vez no le gustó.

-No te preocupes, el otro año no fallaremos –colocó una mano sobre el hombro de Galatea entregándole ánimo.

-Tal vez deba cambiar de consultora.

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MÁS QUE OBVIO QUE NAVIDAD PASÓ HACE UN BUEN RATO Y FALTA BASTANTE PARA LA SIGUIENTE. DE TODAS MANERAS ME GUSTA ESA FECHA Y ME DIERON GANAS DE ESCRIBIR SOBRE ESO ¡Y QUÉ! PIUM PIUM.

GRACIAS.