Disclaimer: los personajes de las CreepyPastas pertenecen a sus respectivos autores, yo me tomé la libertad de utilizarlos a mi propio gusto.

Bajos instintos

La puerta de la casa se abre como dándote la bienvenida, ella te ve con la alarma patente en su rostro en cuanto cruzas el umbral de la cocina. No das tiempo a nada, pisas sobre una de las sillas alrededor de la mesa, luego la misma y le caes en frente. Retrocede insegura, tanteando toda su cercanía en busca de un arma para defenderse.

Es una de las pocas veces que irrumpes la morada de tu némesis así. Las anteriores llegabas a irrumpir su paz y a recordarle que seguías vivo, dispuesto a una lucha en cualquier momento. Esta vez vienes con la idea de concretar algo más.

Porque su último encuentro los dejó con las respiraciones agitadas y las uñas enterradas en la piel del otro. Los cuchillos olvidados, su cordura también. Algún día llegaría ese momento, lo sabían, pero en realidad no esperabas que fuera a resultarte tan desesperante.

Aún con tus brazos inertes a cada lado de tu cuerpo, invades su espacio personal, te le acercas con tu sonrisa delirante, logrando que tu cintura, estómago y pecho se presionen a los suyos. Inclinas tu cara hacía la de ella y sus narices se rozan antes de que siquiera pueda tomar consciencia del primer movimiento.

Observa que no llevas ningún arma encima y te eleva la mirada, sus ojos castaños se llenan de los tuyos color verde. Incrementas la sonrisa en cuanto la vez palidecer, incluso más de lo que por naturaleza está. Tus manos viajan a su cintura y levantas la remera de algodón, llevándote como buena un contacto directo con su piel.

Te empuja con violencia ante el acto, la ves irritada y confundida. Ella no se dejará así como así, especialmente por la desconfianza que irradia su ser en tal momento. Porque puede que en las peleas cuerpo a cuerpo ella sea desenfrenada y fuerte, que sepa lo que hace porque supo bien cómo aprender (en gran parte gracias a ti), pero en esta clase de lucha podía no saber absolutamente nada.

Lo sabías y te encantaba. Quisieras desgarrarla por dentro a sabiendas que nadie nunca tuvo el privilegio de reconocerla así, que puedes provocarle el mayor dolor interior que solo un hombre puede hacer.

Es entonces, con la nueva convicción, que le tomas de las muñecas para intentar inmovilizarla. Lleva tiempo sin usar su máscara y cabello artificial, ahora su piel blanca la aprecias de cerca, su cabello corto por los hombros y la sonrisa falsa naciendo allí, junto a la comisura de sus labios. Ella forcejea fiera para soltarse, dan una media vuelta y haces que su baja espalda choque contra el borde de la mesa.

Te presionas a su cuerpo nuevamente y esta vez la curiosidad no te lleva a una caricia, directamente te hace arrancarle la remera. Una bofetada de la mano que descuidaste, una sonrisa acrecentándose en tu rostro, ella que emite un chillido en cuanto llevas ambas manos a su trasero para levantarla.

En el camino te tira los cabellos y pellizca los bazos, te golpea con sus piernas y no para de patalear. Todavía no ves piel de forma calmada y te empieza a irritar. Logras apoderarte de sus manos otra vez y ponerte entre sus piernas para mantenerla quieta.

Entonces admiras su pecho subiendo y bajando, desnudo al completo. Por un momento la vez flaquear, tus ojos se fijan en los suyos hasta que te acercas lo suficiente para que se vuelva imposible. Tu respiración en su cuello le hace erizar, su movimiento de caderas al seguir intentando zafarse te provoca todo menos querer soltarla.

Ella intenta soltarse las manos, enardecida, y arquea la espalda conforme tu nariz recorre la piel expuesta. Sus pechos rozando tu pecho propio logran desestabilizarte bastante, considerando que intentas ir lento porque todavía no estás con suficiente reacción de tu parte, te anima a apresurarte. Tu mano libre asciende hasta su busto y ella chilla, esta vez con un tono diferente.

Está cada vez más desesperada por detenerte y más incitada a que te alejes o termines deprisa.

Pero te encanta hacerla sufrir.

Sigues presionando uno de sus pechos mientras bajas con tu rostro hasta el otro, todavía sujetas una de sus muñecas e intentas inmovilizar sus piernas inquietas que luchan, ya no sabes si para liberarse o para provocarte, porque lo está logrando. Muerdes y pellizcas, ella chilla y gruñe, con su mano libre también pellizca, presiona y te muerde donde alcanza.

Tu erección crece y te siente. Sus piernas dejan de moverse tanto y dejas su pecho para notar que sus ojos están ya iguales que los tuyos. Oscuros de la ansiedad, el misterio y la necesidad de sus instintos más básicos, con ganas de verte sufriendo, pidiendo, como lo intentas con ella.

Liberas su otra muñeca para que directamente la lleve a uno de tus brazos, tu otra mano entonces viaja a hacerle compañía a su hermana. Presionas y acaricias con fiereza los montículos, desarmándolos a tu gusto y dependiendo de sus reacciones. Ella te presiona con sus piernas, que ahora enredan tu cadera, para que pierdas más noción. En un momento jadeas y sabes que se siente victoriosa.

La tumbas contigo encima, para sentir más aquella fricción que, más que hacerte perder la cordura, te está llenando de una necesidad animal insufrible. Estás imitando embistes cuando vuelves a pensar en ello y ella gruñe entre la amargura y el placer desde hace tiempo. Sus piernas se aferran a tu cuerpo con insistencia, intenta sentirte más, su respiración son sonoros jadeos y su pecho no deja de subir y bajar.

Se sienta y por sus propios medios te levanta el buzo para quitártelo, sin tener la suficiente fuera como para arrancarlo como tú hiciste con su remera. Lleva las manos entre ambos, justo donde el calor los mantiene en la lujuria. Sin pudor alguno tus pantalones caen al suelo luego de desprendidos y sus manos viajan por toda tu extensión logrando gruñidos insatisfechos.

Es como una alarma recordándote que hasta ahí vas a llegar.

Con tu poco tacto la vuelves a tumbar, le sacas los pantalones lo más rápido que puedes, con ropa interior incluida. No esperas a nada, entras en ella de una estocada, con la necesidad animal en piel. Le escuchas ahogar un grito entre sus dientes, el olor a sangre y sudor hace su acto de presencia en el ambiente.

Embistes sin esperar y ella te recibe, enterrando las uñas en tus hombros y espalda, mordiendo tu cuello con fiereza inhumana, haciéndote hasta creer que en cualquier momento te arrancará un pedazo de piel. Sonríes contra la piel de su hombro, mientras tus movimientos son más bruscos. Lames descarado toda zona de piel cercana y le sientes mordiéndote más fuerte.

Su interior es caliente, más que cualquier posible encuentro que hayan tenido rozando la intimidad, como nunca has podido imaginar. Te estrecha y presiona provocando el placer que nunca antes sentiste ni por mera vanidad. El olor en el aire no hace más que provocarte mucha más necesidad.

Sus caderas chocan ya sin convicción, los jadeos de ambos inundaron la casa ya desde hace un tiempo, sus piernas te envuelven para mantenerte dentro de la forma más brusca y duradera posible, su dolor únicamente les provocó más placer del necesario. Tus manos en su baja espalda, manteniéndola lo más firme posible mientras arremetes, sus jalones de cabello y constantes gruñidos.

Todo es tan delirante en tantas formas.

Su calor te presiona provocándote un dolor tan placentero como agonizante, estás en tu punto máximo y ya duele de tanto. Ella empieza a jadear más, escupiendo maldiciones al aire y enterrando más las uñas en tu hombro y espalda. No te sorprendería que estuviera corriendo sangre de alguna de las incisiones. El calor los inunda en cuestión de instantes.

Un hormigueo insistente se apodera de tu vientre, ella te pide con mirada de ansiedad ir más deprisa. Y ya no importaba si sigue sintiendo dolor o no, al parecer nunca importó, en realidad ahora deseaba llegar también.

Sujetas sus piernas y ella se deja caer en la mesa, arremetes con fuerza y la mirada gacha, cansina. Nunca ninguna pelea te había hecho terminar así. Ella grita insistente en un momento justo para que después la presión en tu miembro aumente considerablemente. Sus piernas tensas y su cuerpo deshecho. Acabas de ganar en esta guerra.

Gruñes con la fuerza de un vozarrón al acabar también, presionando con tus manos las piernas femeninas, fuerte, en busca de descargar tensión.

Te quedas abarrotado con la cabeza recargada en su pecho. Porque, mierda, estuvo agotador y excitante, forzado y delirante al final. La abandonas cuando tu respiración medianamente te permite mantenerte en pie, le miras desde tu posición, allí ella elevando su mirada desde la mesa donde la acabas de dejar.

Se sienta, se baja, pone en pie y acorrala en la mesada. Sella tu boca con una mordida a tus labios y un reconocimiento a su interior con la lengua. Una danza infernal en la que, esa vez, se lleva el premio. Sus manos viajan por tu pecho y descienden hasta tu miembro. Tu excitación se ve renovada, la presionas a tu cuerpo y vuelve a morderte los labios con fiereza.

Únicamente ella te puede acompañar en las peleas y seguirte para más, únicamente Jane te soporta incluso cuando llegas a arremeter a su cuerpo.

Pero entiende, también, que en gran parte es su culpa. Porque no evitaba las cercanías durante los encuentros y te provocaba y terminó de provocar en este por igual, en busca de sentirse con el poder de manipular aunque sea tu cuerpo, así como tú manipulas su mente cuando quieres.

La tomaste por sorpresa y desprevenida, en un momento tranquilo de su noche sin esperar que te aparecieras a reclamar sus actos así como así. Pero ya había ocurrido al final, cedían a sus instintos primarios como un par de animales en celo, el par de asesinos que pelean a muerte sin morir y se ven tentados el uno por el otro al caer en la provocación.

Es el final.

La verdad es que pretendía dejar este fic en un capítulo y ya, pero pensé más de tres veces el tema y al final se me dio por escribir lo que sería el resultado inevitable.

Lamento mucho el OoC, intenté hacerlo tan acorde a las personalidades como al anterior, pero supongo que en ese comenté muchas cosas con respecto a su tipo de relación, de haberlo vuelto a repetir esta vez sería muy…repetitivo. XD

Espero y no haya quedado muy brusco (aunque era la idea, en realidad no quisiera haberme pasado). Dejen comentarios para saber qué les pareció.

Muchas gracias por leer.