Marinette corría manteniendo abrazando la caja de Croissants. Cuando sus pies se detuvieron, comenzó a respirar entrecortadamente intentando recuperar el aliento. Entretanto recordaba los sucesos anteriores.

Su cara se contorsiono con profundo dolor y su boca se abría, profundamente estupefacta. Y las siguientes palabras se repetían en su cabeza:

"Adrien es gay" "GAY" "Adrien es gay" "Gay, gay, gay..."

Su ojo izquierdo comenzó a temblar y se abrazó más a la caja. Sintiendo como una parte de ella se había muerto, que su alma se había escapado y solo era carne y huesos.

Enterarse de que el chico que amas, es gay es peor que enterarse de que tiene novia o alguien que le gusta. Porque hagas lo que hagas no te amara. Le gustan los hombres. Adrien solo está interesado en el sexo opuesto, para ser más específico en su amor prohibido.

Marinette palideció, abrió la caja que solo quedaban dos Croissants y con sus manos, agarro uno mientras caminaba desorientada por los pasillos del colegio.

"Gay"

Al retumbar en su mente esa palabra. Bajo la cabeza, ahora, arrastrando los pies, quien a pesar de todo no sentía deseos de llorar ni de gritar. Lo único que deseaba era que se abra un pozo. Y la lleve a las profundidades.

Luego de estar caminando más lenta que una tortuga y comerse los dos Croissants como tirar la caja vacía a la basura.

Al llegar al salón donde la profesora daría (por suerte) la última clase del día. Se sentó en su respectivo asiento mientras Alya le preguntaba si estaba bien. Al verla tan ida. Adrien y Nino no había llegado como la profesora.

Marinette clavo sus ojos azules en los de ella. Para luego girar su cuello y chocar su frente contra la mesa.

— Los hombres perfectos, no existen —Espetó con desesperación.

— ¿Que dices? —Preguntó— ¿Le ofreciste el Croissant a Adrien?

Ella emitió un alarido.

— Solo existen en cuentos de hadas —Añadió sintiendo que iba a llorar— No... —Musitó.

— ¿Marinette?

Cuando su nombre fue pronunciado. Adrien junto a Nino había llegado sentándose, quien este último ya había calmado de reírse. Entretanto Adrien estaba con el corazón roto al ver como la caja que traía anteriormente Marinette fue a parar a la basura.

— ¡Los hombres perfectos, son gays! —A continuación, exclamó fuertemente.

Sorprendiendo a todos del salón, mas a Alya que no sabía porque decía eso. Nino al haber escuchado eso, de vuelta comenzó a carcajearse mientras golpeaba con su puño la mesa. Sin poder contener la risa que borboteaba en su interior.

Y Adrien, quien no escucho eso dicho, seguía tristemente recordando que ya no había Croissants y no pudo probar ni uno.