¡Hola!

Me disculpo por la tardanza, próximamente se viene la U así que estaré un poco ocupada, pero seguiré, no se preocupen. Y quiero agradecer sus reviews, aunque son poquitos me dan ganas de seguir escribiendo.

Ahora... ¡Que disfruten del capítulo!


Esa semana fue realmente de locos.

Estaba realmente entusiasmada con la idea de poder salir con Bakugo-kun.

Y creo que esa idea fue la razón por la cual casi no me di cuenta de que estaba teniendo muchas jaquecas en los últimos días: Aunque no todos los días, amanecía con dolores de cabeza que me aplastaban la mente, no eran muy intensas (probablemente por eso tampoco les hice caso), y para cuando terminaba de ducharme y alistarme, el dolor ya se había esfumado sin siquiera tomar algún calmante y no volvía a molestarme durante incluso días.

No le conté nada a Deku-kun sobre mi cita con Bakugo-kun. Y, de hecho, la idea de contarle me pareció innecesaria… ¿Para qué lo haría? No quería encontrarme con una burla… o con una escena… O con que diga que Bakugo solo estaba jugando conmigo. Aunque tenía la duda de si el mismo Bakugo-kun se lo había dicho. Con esa idea en mente al hablar con Deku-kun siempre esperaba alguna palabrería referente a la cuestión, aunque nunca llegó nada.

Alguno que otro "Ochako-chan, cuídate" de esos que tanto me molestaban en secreto.

Cómo sea, si iba a salir con Bakugo-kun pensé en que, si ocurría algo, él ya se enteraría con el tiempo y si no pasaba nada, era mejor dejarlo en mi mente, en el olvido.

...

Ese sábado me tomé especialmente el tiempo para arreglarme… Aunque al final salí sobre la hora, casi corriendo, apurada, atolondrada.

Mi corazón palpitaba como nunca, las manos me sudaban ligeramente y sentía ese fino temblor irracional en todo mi cuerpo que coincidía con un pensamiento fugaz que se aparecía cada segundo:

"¿y si no aparecía?"

"¿Y si solo quería burlarse de mí?"

Todo rastro de duda se convirtió en la más amplia y sincera sonrisa que pude tener en mucho tiempo cuando lo encontré en el bar acordado: sentado con el codo apoyado sobre la mesa redonda y su mano en el mentón tapando ligeramente sus labios, su mirada estaba hacia la mesa, probablemente mirando su celular.

Me quedé mirándolo solamente por la dicha de que estuviera allí.

¿Por qué estaba tan contenta?

No sé, tal vez me gustaba la idea de que yo no era tan insignificante para él como para ser vilmente ignorada.

Me acerqué sigilosa, sin apuro; con el corazón golpeando mi pecho y los latidos retumbando en mis oídos. Un paso, un latido; otro paso, otro latido más fuerte.

"Ba dump – ba dump"

— Lo siento —Él levantó la mirada para enfocarse en mí, y yo, tonta, no hice más que sonreír ampliamente, de oreja a oreja—. ¿Te hice esperar mucho, Bakugo-kun?

— No, yo llegué muy temprano —él volvió a bajar la mirada hacia su celular mientras yo aproveché para sentarme. Inspiré profundo con los cachetes calientes a mil grados a punto de derretirse.

Antes de que pudiéramos decir nada más, vino una mesera a interrumpir lo que hasta ese entonces estaba siendo una guerra de miradas sin sentido.

— ¿Qué quieres, cara redonda? —hice un puchero, nunca me había gustado mi regordeta carota y él casi siempre me llamaba de esa forma tan hilarante—. ¿No le dijiste a tu novio que íbamos a vernos?

De alguna manera, logré controlar mi rubor.

— De-Deku-kun no es mi novio —desvié la mirada para no sentir el peso de sus ojos, aunque no sirvió de mucho. Inmediatamente se me hizo estúpida todo ese teatro llamado BAKUGO y tuve ganas de volver a mi departamento—. No tienes por qué estar celoso.

Bakugo frunció el ceño frustrado, fugaz, 1 segundo pero suficiente para que lo notara; Aunque no gritó como se esperaría del antiguo Bakugo de la academia, simplemente se llevó el cuerpo hacia atrás y reposó su brazo detrás del espaldero de la silla con una media sonrisa burlona, mostrando una hilera de blancos dientes adornados con la punta de su traviesa lengua.

— Deberías tratar de ocultar un poco más tus deseos —escupió para luego soltar una carcajada ladeando la cabeza.

No estaba bien, no se me daban los juegos del tira y afloje. Como me quedé sin ideas solo pude mirar el celular en mi mano, y empecé a juguetear con él, esperando ser tragada pronto por la tierra.

— Por cierto, deberías informarle al bastardo de Deku que no eres su novia —Él seguía en la misma pose, provocativa, su media sonrisa y los ojos a medio abrir con evidente malicia. No podría olvidar esa expresión, y, mucho menos, ese sentimiento de calor que invadió mi pecho.

— No te creo, él no diría esas cosas —empezaba a enojarme, sobretodo porque conocía bastante bien las cosas buenas y malas de Deku-kun, y no quería agregar cosas inexistentes a la lista de cosas que odiaba que de por sí ya me hacían sentir como la peor persona del mundo.

— Son realmente abiertos —reflexionó al fin, llevando ambos brazos hacia adelante y apoyándolos en la mesa; me sonrojé un poco al notar como estábamos en la misma posición y como, nuestras manos estaban a nada de tocarse.

¿Es que eres una chiquilla tonta? No dejes que te afecte traté de darme ánimos mentalmente.

— Y… ¿podríamos dejar de hablar de Deku-kun? —pasé de mirarlo a la cara a mirar sus manos, grandes y llenas de cicatrices, a pesar de ese aspecto me tentaron las ganas de sentir si realmente sería áspero—, Ahh… no… no es que me aborrezca… Yo- yo...

— Hmmm… —Bakugo estiró su dedo hasta casi tocar mi dedo, yo me quedé helada. Era casi como si estuviera leyendo mi mente. Y de repente me sentí tonta.

Cuando la mesera volvió con nuestros platos se puso tan nerviosa por el ambiente que desapareció al instante, después de disculparse mil veces. Retiré mi mano hasta mi mentón mientras reía gracias a la mesera. (bendita mesera, ¡te amé!)

Empezamos a hablar de muchas cosas mientras comíamos. Bueno, eso era un decir. Yo hablaba de varias cosas mientras él a veces solo respondía uno que otro comentario de vez en cuando, con un tono entre serio e irónico y, sinceramente, yo solo reía porque no sabía si tomar su sarcasmo como broma o como verdad.

Entonces él hacía alguna sonrisa (o a veces esbozo de sonrisa) y yo sentía como me perdía en aquel gesto. ¿Era normal sentirse así?

Por momentos quise golpearme para dejar de actuar tan idiota.

Pero en ningún momento dejé de hacerlo, quiero decir, de sonreírle como lo hacía. No era una sonrisa especial ni nada, simplemente era mi sonrisa de siempre, pero al estar mi corazón tan incendiado como estaba me sentía como si brillara en un tono extra.

Maldito Bakugo.

Estiré los brazos en cuanto hubo un silencio para desperezarme y, al ver mi celular en el bolsillo de mi bolso, recordé que era sábado y eso solo significaba una cosa: Papeleos… papeleos… y más papeleos de la semana. Me frustré un rato mientras giraba para ver de nuevo a Bakugo. Él también miraba su celular.

— Si tienes cosas que hacer, podemos dejarlo por hoy —me pareció un poco grosero de mi parte enfatizar la última parte, pero se me había escapado sin querer decirlo. Ya no había remedio para mi torpeza.

— Está bien —su voz ronca parecía un poco fastidiada, aunque me aguanté como nunca las ganas de preguntar—. Te acompaño a tu casa.

Una vocecita en mi cabeza gritó por casi 10 segundos antes de que pudiera procesar la información y levantarme. No iba a ceder tan fácil, obviamente.

— No es necesario, Bakugo-kun —agité la mano libre en un gesto diciendo que no era necesario sonriéndole despreocupada

— Cállate, cara redonda, no me dirás que hacer.

— Cielos, Bakugo-kun. ¿No puedes llamarme por mi nombre? —Empecé a caminar después de haber dejado el dinero sobre la mesa, él me siguió caminando lento.

¿Alguna vez sentí tanta felicidad solamente por caminar?

Hasta ahora no llego a tener otra escena en mente.

Fue una caminata tan aliviadora. Además, silenciosa. Solamente pude hacer uno que otro comentario y él parecía no muy interesado en hablar, así que al rato me contuve las ganas de seguir conversando, además, no era muy motivador conversar unilateralmente. A pesar de todo no me sentía incómoda: raro, ¿verdad?

El Bakugo Katsuki que caminaba a mi lado por alguna razón me estaba emocionando.

Y no pude evitar sentirme mal al pensar en Deku-kun. Con él nunca estaba silencioso. Siempre me hablaba de muchas cosas; de héroes, de la cena, su madre y sus preocupaciones. Las únicas veces que no conversaba era porque yo no quería hablar, y aún así, nunca pasábamos más de 5 minutos sin reír de nuevo. Él siempre me daba demasiada atención, y estaba segura que esa era la razón por la que no podía mirarlo de una manera diferente que no fuera una madre preocupada.

Al ver la mano de Bakugou-kun colgando al lado de la mía recordé el instante en el bar y me volví a preguntar cómo sería sentir aquellas manos maltrechas por las arduas peleas a la que se exponía día a día. Pensé en estirar mi dedo, pero una fuerza superior en mi mente me hizo olvidar esa idea.

Además, ya estábamos en frente de mi departamento.

Él miró la fachada del edificio con la frente arrugada y los labios fruncidos. Había puesto sus manos en los bolsillos de su pantalón cuando suspiró largamente, como si tuviera un deber tedioso que le esperaba más allá del tiempo que compartimos.

— Muchas gracias, Bakugo-kun —uní mis dedos por sus yemas mientras le dedicaba una sonrisa, él ni siquiera me estaba mirando; ladeé la cabeza confundida.

Y cómo un relámpago en una noche tormentosa se me iluminó una idea en mi mente.

— ¿Quieres tomar té? —pregunté ampliando la sonrisa que ya llevaba formada, como intentando convencerlo.

— Uhmm… ¿Estaría bien? —Por alguna razón pensé que se estaba refiriendo a Deku-kun.

— Deku-kun y yo no vivimos juntos —le codeé con ligereza mientras me apuraba para ingresar al edificio antes de que respondiera enojado o algo, y desde la entrada agité los brazos llamándolo a pasar.

Él accedió luego de rascarse la nuca mientras veía a los costados, ¿temeroso de verse entrar, tal vez?

Se sentó frente a mi mesita de la sala, mientras yo fui a hervir el agua en la cocina. Sentí mis mejillas enrojecerse un poco al pensar que estaba sola con un hombre en mi departamento, me puse a pensar en las estadísticas y nunca había estado sola allí con un hombre que no fuera Deku-kun, pues nunca traje a otro hombre.

Entonces me llevé las manos a la cara tratando de alejar los sucios pensamientos que se me formaron, que por suerte desaparecieron cuando escuché a Bakugo gritar.

— Uraraka, ¡el agua está hirviendo ya! ¡Hasta acá se escucha! —apagué el fuego con un suspiro saliendo del fondo de mi fastidiado corazón.

Recargué dos tazas de té y me fui directo a la salita, en donde estaba Bakugo. Me senté a su lado izquierdo, de frente a la tele y dándole la espalda al sofá.

— Me distraje un poco —me llevé la taza hasta la boca mientras lo soplaba tratando de evitar el calor. Él me miró de reojo, casi un instante, pero en seguida se bebió también su té.

Eso sí era bastante incómodo. Ambos, callados, bebiendo té. Busqué el control y prendí la tele al azar para que no hubiera tanto silencio, pero en seguida Bakugo dijo que necesitaba silencio para beber el té.

Lo volví a apagar.

¿Debía decir algo?

Claro que no sabía.

Terminé mi taza de té y lo abandoné en la mesita, me giré hacia Bakugo, pero en seguida miré hacia adelante totalmente acalorada. Hasta podía sentir el sudor bajando en mi cuero cabelludo.

— ¿Qué pasa, cara redonda?

EEHHHKKKKKK

Él se giró sorprendido. Y yo, totalmente ida, también me giré. Estaba tan cerca.

30 cm, 20 cm, 10 cm.

El corazón iba a salir por mi boca.

Y él, como todo experto en el amor (que era en mis pensamientos), me tomó por la nuca y me atrajo más.

Sus labios sabían a explosión, a humo, a algo totalmente nuevo y… enloquecí.

Para cuando nos separamos él seguía manteniendo su mano en mi nunca, coloqué mis manos en sus cachetes y esta vez fui yo quien lo invitó a unirse a mí, fue un beso profundo, el roce era exquisito; Nuestros labios bailaban con más velocidad a medida que iban pasando los segundos, terminando cuando él me mordió el labio inferior lenta y perezosamente. Inhalé profundo tratando de saborear un poco más de él.

Lo odié cuando se separó porque en seguida se levantó.

Pasé mi lengua por mis labios tratando de quitar todo rastro suyo en él, con los cachetes rojos de la pena.

— Lo siento —dijo dándome la espalda casi gritando—. Por más divertido que sea tengo cosas que hacer ahí afuera. Giró el tronco para mirarme, y yo estaba... desconcertada.

Sus labios brillaban de una forma que me atormentaban, enmarcados en una media sonrisa…

Pero antes de que agregara nada, él fue a ponerse los zapatos, y con una última mirada picarona y burlona, me dejó sola en mi salita.

Sentí el estómago estrujarse cuando escuché el portazo.

Pero poco a poco, desanimada, revisé mi celular recordando todo el papeleo que me esperaba y justo cuando pensaba tirarlo recibí un mensaje nuevo.

Bakugo.

Mi corazón latió al mil por segundo cuando lo leí:

"no lo repitas con el bastardo de Deku"

Y, ciertamente, era como si lo hubiera invocado, porque apareció unas horas después con más carpetas que ganas de vivir, arrastrando unas bolsas con lo que supuse que sería nuestra cena y una mochila enorme colgando de su espalda. Me sentí un poco nerviosa cuando lo vi sentarse en la salita y recordé el beso de Bakugo, me abracé extrañada tratando de tranquilizarme.

Después de intercambiar unas cuantas palabras, él encendió la tele y prosiguió a organizar cada una de las carpetas.

— Deku-kun, ¿para qué existe la tecnología? —me senté lejos, pero gateé hasta llegar cerca de él y poder meter mi nariz y leer algunos de sus documentos, aunque no alcancé a leer nada porque me dio pereza.

— Ochako-chan, sabes que prefiero hacerlo así —sonrió cuando sacó de su mochila una cartuchera amarilla, yo me senté a su lado mirando hacia la tele, pensando en lo aburrido que sería aquello… De repente miré a Deku y me fijé en sus labios y me estremecí al recordar el mensaje de Bakugo.

Claro que no iba a besarlo, ¿Por quién me tomaba?

— ¿Terminaste tus quehaceres? —preguntó Deku sin girarse a mirarme, solté un bufido—. Sabes bien que a veces lo evitas—. Él rió con ganas.

No pude evitar sentir sueño, y como lo había hecho muchas veces, me acomodé lentamente apoyando la cabeza en el regazo de Deku, y él se acomodó en su lugar como siempre para no dejarme estar incómoda.

— De verdad que hay mejores lugares para dormir —resopló mientras apartaba un mechón de cabello de mi cara.

— Solo fíjate que no se caiga ninguna carpeta en mi cara, Deku-kun —escuché su risa mientras cerraba los ojos.

Y con la imagen de Bakugo explotando mil cosas con las palmas de su mano totalmente colérico, me dormí.

Loco, ¿no?


Espero ver sus reviews, es muy importante para mí saber si tienen alguna duda. Eventualmente iré respondiendo por aquí si creo necesario que todos deberían saberlo, sino, lo haré por privado si es posible.

Muchas Gracias por leer esto. En verdad significa mucho para mí.

Y ya. Espero que no les decepcione este proyecto.

Nos vemos en el siguiente.