Sentados en el Gran Comedor, todos esperaban a que el director se levantara. Algunos casi ni comían.

« Casi, porque hay personas que nunca cambian» pensó Hermione riendo para sí mientras observaba a Ron.

Ginny se burlaba de él abiertamente.

-Ron, ¿cómo puedes desaprovechar así la comida?-pregunto entre risas, haciéndose la indignada-, ¡te has dejado una migaja de pan en el plato!

Harry, Hermione y Ginny rieron aun más cuando Ron se puso rojo hasta las orejas.

Albus Dumbledore se levantó de su asiento, y la gente alzó la mirada, deseosos de que sus sospechas de baile se confirmasen.

Desde su asiento, Malfoy observaba a la gente indiferente. ¿Tanta expectación por un estúpido baile? A su lado, Pansy y Daphne susurraban entusiasmadas entre ellas, y alardeaban del poder que ejercían sobre los chicos. Él no podía decir nada. No tenía la etiqueta de santo en lo que se refería a mujeres, ni mucho menos.

-Queridos alumnos, es un placer estar reunidos como siempre bajo este techo encantado- dijo el director con afectuosa sonrisa-. Me complace comunicaros ciertos acontecimientos que ocurrirán este curso. Como la mayoría adivinaran, se hará un baile para navidad y…

Los pequeños murmullos y grititos ahogados quedaron aplacados por ese 'y'. Draco se irguió, interesado.

-He creído interesante hacer una representación teatral. Si este curso sale bien, tendremos un club de teatro próximamente. Para más información, consultad al jefe de vuestra casa. La participación será voluntaria.

-Pobre del que tenga que actuar delante de todos nosotros-dijo Blaise estrechando el hombro de Draco amistosamente.

-Si, menudo horror- corroboró el rubio con una sonrisa.


-Señores, silencio- pidió McGonagall. La clase de transformaciones no se presentaba divertida. En aquella clase, gryffindor y slytherin estaban juntos. En realidad, el número de clases compartidas por estas dos casas se había elevado desagradablemente. Algo de unión de lazos contestaban los profesores ante las quejas.

-Esta bien, hoy convertiréis vuestra pluma en una mariposa.

Se dispuso a enseñar el proceso a toda la clase.

-Vuestro turno, muchachos.

Hermione frunció el ceño en un gesto de concentración.

Draco y Nott se encontraban detrás de Hermione y Parvati.

-Vamos a molestar un poquito a Granger-susurró Draco.

Nott sonrió.

Algo empujó las patas de la silla de Hermione desde atrás, haciendo que su varita se desviara y cayera en su tintero, al que le salieron patas.

Se volvió hacia atrás, furiosa. Draco Malfoy le devolvió la mirada de forma casual. «Será hipócrita…» Los dientes de Hermione rechinaron.

-¿Acaso necesitas ayuda?- preguntó Draco con la diversión pintada en los ojos.

« Te vas a enterar» se dijo enojada.

Cuando Hermione se volvió, Draco soltó una sonrisa satisfecha.

Hermione volvió a blandir la varita, muy teatralmente y con fingido entusiasmo, y de un manotazo, tiró el tintero de Draco derramando tinta por la mesa de él y el suelo, por no hablar de las gotas que fueron a parar a su pelo.

-¡Oh! Pues si que estoy torpe… -dijo con fingida preocupación-, no se lo que me pasa, profesora.

Sentía la mirada de Malfoy como una daga, y sonrió para si.

-Pues despierte, señorita Granger. Y usted, recójalo.

Malfoy le dirigió una mirada de rabia, que hizo que Hermione tuviera que contenerse para no reír.

Draco, después de recogerlo todo, cogió su varita y rozó a Hermione con ella, dándole un calambre.

Hermione se volvió rápidamente y le estampó una bola de pergamino en la frente.

Y así comenzó una batalla campal entre los dos, cuidándose de no ser descubiertos por McGonagall.

Parvati no podía evitar reírse, ya que parecían como niños.

Ahora, Draco se encontraba carcajeando balanceándose sobre las patas traseras de su silla.

Acababa de dejar los pelos de Granger muy despeinados, y la cara de esta era todo un poema. Lo que no sabía es que ella ya tenía su venganza.

-¡Diffendo! –dijo en un susurro, apuntando a una de las patas traseras de la silla de Draco. Esta se cortó, e hizo que la silla se desestabilizara irremediablemente. La silla calló hacia atrás, y con ella Draco Malfoy.

Todos reían, viendo el espectáculo tiempo atrás. El rubio se levantó, realmente furioso.

-¡Ya te pasaste Granger!

-¡Tu también, idiota! –gritó señalándose el cabello y levantándose a su vez rapidamente.

-¡Come libros, esta me la pagas! –Draco no atinaba a recordar cuando fue que perdió los nervios de esa forma en el pasado.

- ¡Ya está bien! –gritó McGonagall-. ¡No me enfrentaba a una falta así de respeto desde hacía mucho! 20 puntos menos para Gryffindor y Slytherin.

Draco y Hermione se lanzaron ambas miradas desafiantes.

-Y vista la gran energía que derrochan, propongo que la aprovechen en el club de teatro como voluntarios forzosos.

-Pro-pro… profesora, yo no… -empezó la castaña.

-Ni una palabra más, señorita Granger. ¡Vamos, quiero ver ese hechizo! –gritó a la clase.


-Hermione, la has hecho buena –le dijo Ron a una muy contrariada castaña.

Harry, Ron y Hermione se dirigían a su última clase del día: encantamientos. La compartían con los Ravenclaw.

-Lo sé. Lo peor es que no tengo ni la más remota idea de interpretar –refunfuñó Hermione -. Y ahora no hay escapatoria posible.

Harry no pudo evitar reírse.

-He de decir que ver la cara de Malfoy mientras se caía ha valido la pena –dijo Harry, y los otros dos se unieron a sus risas.

La clase acabó sin mayores incidentes, algunos puntos para los Gryffindor por la mente brillante de Hermione, y bastantes deberes. A mitad de la clase informaron a Hermione de dónde y cuándo era el club de teatro.

Ya en el Gran Comedor, Hermione se sentía cada vez peor. Su único consuelo era que le quedaban dos horas después de la comida antes del teatro. Sin querer, dirigió su mirada hacia la mesa de Slytherin.

Y allí estaba él, el mayor idiota, asqueroso e imbécil rubio de bote que tuvo la desgracia de conocer. A decir verdad, la rabia que sentía Hermione no tenía límites. ¡Actuar! Delante de tanta gente…

Ella no podía exponerse de esa manera. La gente recordaría sus fallos asta décadas.

Lamentó aquella inseguridad que siempre la placaba, pero sobre todo lamentó el espectáculo tan desagradable de aquella clase de Transformaciones, aunque toda la culpa era de Malfoy, por supuesto. Su furia la sufrió un trozo de carne que fue a dar a la cabeza de Seamus.