Gracias a los comentarios anteriores :D

Aquí anda la siguiente parte. Esto en realidad avanza algo lento, pero no tan lento como el resto de mis WIP's y eso sí, más seguro.

Por cierto, Haruka cuesta tanto trabajo. Seiya es fácil, pero ella! Oh dios! Y para colmo, la gran parte de esto va desde su punto de vista xD En fin, qué se le va a hacer, esta mujer es muy dominante.

¿Opiniones?


Diplomacia.

Hacía una semana que el embajador de Kinmoku había llegado a Tokyo de Cristal, y la audiencia que había solicitado decía que presentaría sus respetos a la reina y a la pequeña Dama. Del rey no se había dicho ni media palabra, sin embargo, a nadie le extrañó aquello. Después de todo, el rey no gozaba de una gran popularidad; no es que fuera un mal soberano o algo particular, simplemente, la que se encargaba siempre de esos encuentros y demás política exterior era Serena, pues tenía una mayor facilidad para ello. Darien, por otro lado, administraba el reino y evitaba que se fuera a pique.

Había sido una semana llena de ansiedad, incertidumbre, emociones contenidas y deseos de verla. Había esperado tanto tiempo para verla de nuevo, para reflejarse en esas pupilas puras y ver brillar el cabello dorado, para hacerla sonreír con una broma estúpida y ver cómo cada segundo la sonrisa bailoteaba en sus labios terminando por escapar en una sonora carcajada. Y también había fantaseado, más que nunca en esa semana, con tenerla en sus brazos, estar a centímetros de su rostro, pasar sus dedos por su larga cabellera, oler entre su cuello y sentir sus labios.

Fantasías e ilusiones que habían ido creciendo con el pasar de la semana y habían sido estampadas en el suelo cuando la encontró a ella. A Uranus, tan hostil como siempre, tan sensual como nunca.

Un par de miradas enfrentadas, llenas de desconfianza y de desafío. Una voz fría llamando y siendo contestada por otra igual de gélida.

—Qué desagradable sorpresa —dijo ella—. ¿Qué haces aquí Kou? ¿A qué debemos el honor de tu visita? —Su voz era sarcástica y llena de veneno.

—Deberes diplomáticos.

—¿Deberes diplomáticos? —repitió y arqueó una ceja.

Él no respondió a la provocación y siguió de largo, dejando a una sailor molesta e irascible como hacía años no se le veía y a una Haruka gratamente sorprendida, muy a su pesar. El mocoso ya no era ningún mocoso, de su inmadurez poco quedaba, su impulsividad había sido apaciguada y el breve intercambio había terminado por excitarla. Después de todo, el niño parecía haber crecido, en más de un sentido, y tener un enfrentamiento con él siempre era interesante, aunque nunca lo admitiría en voz alta. Mucho menos diría que aquél era de las pocas personas que tenía su respeto, de forma extraña y poco convencional, pero respeto a fin de cuentas.

Tenía ganas de una buena discusión, que con seguridad no tardaría en llegar.