10 de junio
Una mano nívea recorre lentamente mi torso desnudo y bronceado. Jadeo impaciente, pero la mano se detiene justo bajo mi ombligo y juguetea con la pequeña línea de vello que precede al comienzo de mi ingle. Tiemblo bajo los efectos de la excitación que crece en mí. La mano ahora juguetea con la tira elástica de mí bóxer, haciendo que me desespere un poco, pero no tarda mucho en complacerme y quitármelo con excitante rapidez. Comienza a explorar; con un sosiego que me vuelve loco y a la vez me irrita, la parte interior de mis muslos, funde su mano entre la mata de vello rubio que precede a mí ya completamente erecto miembro, baja un poco más y comienza a estimularme lentamente. Mi espalda se curva de placer, apenas puedo respirar con normalidad, jadeo desesperado pidiendo que me apriete más y la mueva más rápido. En realidad, más que pedir, se lo suplico. No tarda en responder a mis desesperados intentos de comunicación entre jadeos y comienza a estimularme más ansiosa y burdamente. Empiezo a perder el sentido. Aparece una segunda mano que rodea la parte restante de mi masculinidad y juguetea con ella lascivamente.
-Voy…voy a….
Trago saliva intentando terminar la frase pero me es totalmente imposible. Sin embargo, mi acompañante lo entiende al momento y como respuesta acerca sus sensuales labios a mi oreja derecha y la roza con un susurro
-¡Hazlo ahora! ¡Estoy deseando ver tu cara de placer, tus ojos poniéndose en blanco y como tu cuerpo se contrae bajo la excitación que te provocan mis manos!
Su voz fuerte y ronca me lleva hacia la cumbre a la velocidad de un rayo pero….
¡BUM!
¡AY!- exclamo a la vez que llevo una de mis manos a mi nuca dolorida por el golpe- ¡Mierda! Otra vez.
Me incorporo con los ojos todavía entrecerrados. ¡Maldito Sofá! Siempre la misma historia. Es tan estrecho que solo que te muevas un poco….Aunque hoy….bueno, quizás estaba un poco más inquieto de lo normal.
Nervioso bajo la mirada hacia esa parte de mi cuerpo; ya me entendéis, mientras siento como un calor se apropiaba de mis tostadas mejillas y efectivamente, como pensaba, "eso" estaba un poco animado. Bueno, un poco no. Estaba bastante. Y peor, la voz que había escuchado en sueños era demasiado fuerte para ser la de una chica. ¿Sería la de un chico acaso? No, no podía ser. No a mí. Eso no podía pasarme a mí. ¿Verdad? A mí me han gustado las chicas de siempre. ¿verdad?...¿VERDAD?
-N-Naruto-kun – dijo tímidamente Hinata, como pidiéndome permiso para hablar, mientras se asomaba en la habitación.- ¿Estas bien?
Rápidamente y disimulando todo lo que puedo me cubro con la manta. Que idiotez ¿verdad? Se supone que es mi esposa, que hemos tenido sexo en muchas ocasiones juntos, que cualquiera puede tener un sueño de esos, pero aun así lo hago, y por suerte para mi "eso" no tarda mucho en volver a la normalidad.
-Sí, estoy bien – contesto, acompañando mis palabras de una carcajada corta, de esas que tanto me salían antes. Solo que esta vez es para disimular mi nerviosismo.
-Aunque llegues tarde puedes subir a nuestro cuarto. No es necesario que te quedes aquí. –Dice en un murmullo que intenta ser un reproche, aunque finalmente cambia de idea y añade con una tímida y coqueta voz- No importa si me despiertas y….ya sabes.
La verdad es que Hinata siempre fue una chica muy tímida y nunca fue capaz de reprocharme nada. No es que yo me haya portado mal con ella pero tengo que reconocer que no soy el mejor marido del mundo y tampoco el mejor padre. A veces me siento mal por ella y los chicos. Les quiero un montón, no es que no lo haga, es solo que, a la vez siento que me he equivocado con esto, que no debería haberles tenido. Seguro estás pensando que soy una horrible persona. ¿Quién se arrepiente de tener a sus hijos? Pero no es exactamente eso. Si hubiera sido en otra situación, quizás hubiera sido diferente.
-Naruto-kun, ¿Quieres que te prepare algo para desayunar? – la voz de Hinata me trae de nuevo a la realidad, aunque esta vez sus palabras parecer ir acompañadas por un deje de tristeza. ¿O solo ha sido mi impresión? No podría decirlo con total seguridad porque una amplia sonrisa enseguida baña su rostro. Le respondo que sí, que prepare lo que quiera. Por mi almorzaría, comería y cenaría Ramen pero como todos están todo el tiempo insistiendo en que no es bueno comerlo a todas horas al final he cedido y dejo que Hinata me prepare lo que quiera de vez en cuando. Ella cocina bastante bien. No es tan bueno como el Ramen pero no está nada mal. - Kiba me dijo ayer que te preguntara si querías ir a entrenar con ellos en tu día libre. Dijo que también irían luego a las aguas termales y a la noche querían hacer una fiesta o no sé qué. Creo que podría venirte bien pasar el día con los chicos. Últimamente te veo especialmente cansado - ¿otra vez ese deje de tristeza en su voz o solo me lo estoy imaginando?
- Sí, claro. Es una idea fantástica. – Me muero por entrenar con ellos pero cada vez que lo hago me acuerdo del imbécil de Sasuke, de cómo entrenábamos juntos, de todos nuestros enfrentamientos, todas esas estúpidas competiciones por destacar uno sobre el otro y también de cómo él se fue después de todo y ni siquiera contesta mis cartas. ¡Sera desagradecido! Al menos podría devolverme una carta, solo una, y decirme algo como:
¡Hola Naruto!
Gracias por preocuparte por mí. Estoy bien.
Yo también te extraño.
¿Qué? ¡Ah, sí! Tenéis razón. Ese no sería Sasuke. Quizás mejor algo como:
Usuratonkachi, ¿Quieres dejar de mandarme cartas todos los días? ¿Piensas que no tengo nada más que hacer que leer tus payasadas? Deberías estar ocupando tu tiempo en aprender todo lo necesario para convertirte en Hokage no en escribir cientos de cartas absurdas. Ni se te ocurra seguir escribiéndome cartas diariamente porque si no las próximas que reciba van ir directamente a la basura. ¿Te ha quedado claro, perdedor?
De repente suena el timbre de casa. ¿Quién será a estas horas? Son las 7 de la mañana, no puede ser que Kiba venga a estas horas a buscarme. Me acerco a abrir y si, sorprendentemente es el.
¡Hey, Naruto! ¿Te ha dicho Hinata lo de hoy? Espero que digas que sí. Tenemos una fiesta preparada que va ser la bomba. Venga vamos. Tengo entrenamiento ahora y he pensado que querrías venir, como últimamente siempre estas aprendiendo cosas de oficina y con papeleos. – dice Kiba animado y arrastrándome por el brazo. No tardamos en irnos hacia el campo de entrenamiento, aunque sin olvidarme de coger el bentō que rápidamente me había preparado Hinata. Era más que evidente que Naruto Uzumaki no iba a quedarse sin comer nada durante toda la mañana.
Después de un duro entrenamiento con Kiba y sus compañeros, de shino agobiándome con preguntas extrañas que provocaron algún que otro malentendido y de sudar como un cerdo a 48 grados de temperatura, nos fuimos a las aguas termales a relajarnos, donde por desgracia estaba Sai. Por cierto, eso de llevar tanto tiempo sin entrenar pasa bastante factura porque sinceramente, todavía estaba literalmente echando las tripas fuera cuando llegamos a nuestro próximo destino.
Kiba comenzó a bromear sobre espiar a las chicas y yo me uní a su propuesta. Recordaba lo muy excitante que me parecía hacerlo antes y creí que podría ser divertido. Por desgracia Sai comenzó a hablar de Penes y la conversación cambio de rumbo por completo. Kiba empezó a cuchichear sobre algo que le había pasado unos días antes. Había entrado en las termas y se había encontrado de frente con un par de hombres toqueteándose y besándose. ¡Puag! ¡Qué asco! El chico rubio estaba rodeando con su mano el erecto miembro del otro hombre y moviendola lentamente cuando Kiba entro en escena. Sude copiosamente. En ese momento estaba recordando el sueño que hacia unas horas había vivido y como aquella voz fuerte susurrando sensualmente en mi oreja me había enloquecido. ¡Mierda!¡ Olvídate de eso! Lo que me faltaba hoy era ponerme como una moto mientras Kiba contaba el desagradable encuentro que había presenciado y que encima todos lo vieran. ¡Cálmate Naruto, cálmate! Lo de esta mañana puede pasarle a cualquiera. Además, tampoco era una voz tan masculina y solo pude ver su mano. Podría ser perfectamente una chica. Sí, sí. Seguro era la mano de una chica. No hay que alarmarse por algo así.
Al final pude calmarme y el resto del día no volvió a suceder nada extraño, así que pronto olvide los pequeños e incómodos dos momentos que había experimentado ese 10 de junio, pero aunque yo no quisiera, todavía había algo mas esperándome y no tardaría en descubrir que era.
La noche comenzó muy bien. Todo el mundo estaba animado y el alcohol corría ya por las venas de todos los presentes. Aunque a mí, por culpa de Kurama, no me afecta. Lo que si me provocaba eran unas tremendas ganas de mear y en una de esas veces en el baño había una cola de la leche, así que decidí salir fuera. Estaba a punto de volver cuando les vi. Eran dos chicos jóvenes. Estaban detrás de unos matorrales y estaban….estaban….lo estaban haciendo allí. Uno de ellos; el que estaba de espaldas a mi, tenía la piel muy blanca y empecé a recordar como aquella mano nívea recorría mi cuerpo. La excitación no tardó en apoderarse de mi y sin planteármelo, sin cuestionarme, o siquiera pensar en que estaba haciendo, me desabroche los pantalones y deje salir mi endurecido miembro fuera para comenzar a estimularlo. Se sentía tan bien. Hacia tanto tiempo que no me sentía así. La sensación de placer que recorría mi cuerpo mientras les miraba lascivamente era indescriptible y aquella voz del sueño susurrando en mi oreja no hacía más que multiplicar la sensación de placer que hacía temblar todo mi cuerpo. No tarde mucho en venirme, aunque apreté con fuerza los dientes para no soltar un grito que toda la villa ollera, porque, ¡oh dios mío!, había sido increíble.
Después de eso no pude negar más lo evidente. Me gustaban los chicos y había que aceptarlo, aunque me costó lo suyo. Meses y meses luchando contra ello.
"No puede ser"
"Yo no"
"pero si a mí siempre me han gustado las chicas"
Pero no era cierto, o al menos, no del todo. Me habían gustado las chicas, me habían parecido hermosas, pero nunca me había sentido realmente excitado por ninguna. Con Hinata tuve sexo muchas veces pero siempre era un problema al principio. Nunca me había sentido excitado ante ella de la forma que me sucedió aquel 10 de Junio. Y por si eso fuera poco, después fue todavía peor. Nunca mas fui capaz de que eso funcionara, ni siquiera medianamente.
Al final, después de una gran lucha campal contra mí mismo lo acepte, más o menos, y deje salir al exterior mi lado más curioso. Por esa época en Konoha empezaba a salir unos extraños aparatos que servían para comunicarse con la gente a distancia. Se llamaban Ordenadores y yo escuche que mucha gente mantenía algún tipo de sexo usándolos, sin que nadie supiera quienes eran. Así que eran perfectos para explorar mi ¿nueva? Sexualidad. Debería haberme sentido mal por Hinata en ese momento pero si soy sincero tengo que admitir que no pensé en ella. La idea me sobreexcitaba tanto que hasta mucho después, cuando ya no era capaz de salir de toda esta línea de sucesos, no me acorde de que quizás no estaba siendo justo con ella.
