Mientras Barry se recuperaba en Laboratorios S.T.A.R, Len había puesto sus asuntos en orden para asegurarse que su nuevo… compromiso fuera actualmente el último.
Lo que quería decir que Lisa y Mick ya no estaban permitidos en su apartamento oír el momento. No hicieron demasiadas preguntas—Lisa se sintió decepcionada de no poder robar más de su refrigerador y a Mick no le importó, siempre y cuando Len no hiciera un trabajo divertido sin él. Además, estaban acostumbrados a que Len abandonara el mapa así que no estaban demasiado preocupados, especialmente si no era permanente. O eso esperaba Len.
También hizo aparente que no iba a renunciar a su rutina normal de cosas, a pesar del incesante sermón de Cisco y las molestas reglas que no honestamente no creía iba a seguir, como asegurarse de que Barry comiera un mínimo de cinco mil calorías al día, beber suficiente agua, evitar situaciones muy estresantes, entre otras mierdas que Cisco se tomó el tiempo para escribir cuidadosamente en papel. Len ya había olvidado en cuál bolsillo lo metió.
A pesar de su reciente diagnóstico, Barry seguía siendo un adulto que podía cuidar de sí mismo.
¿Qué tan difícil podía ser?
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Len descubrió que era muy difícil, en realidad, porque Barry era una jodida molestia y no parecía poseer la capacidad de sentarse quieto. Len había estado intentado—'intentar' siendo la palabra clave aquí—cocinar una cena decente de espaguetis. Sin embargo, era casi imposible cuando la manga de su camisa estaba siendo de esa manera y eso, francamente, no podía soportarlo más.
— ¡Barry! –gruñó Len, y Barry dejo de retorcerse en la silla de la cocina antes de reanudar sus intentos de tocar a Len. Len suavemente colocó el cuchillo en la tabla de cortar, con miedo de usarlo para amenazar a su acompañante. Intentó mantener el nivel de su voz. —¿Por qué eres tan toquetón?
Barry se encogió de hombros, luciendo nervioso, con la mano retrocediendo en la encimera entre ellos. Titubeando con el reloj que Cisco había hecho para él con la constante exhibición de su ritmo cardiaco. Su boca se abrió y cerró unas cuantas veces, sin saber cómo empezar.
—Te amo y ni siquiera me prestas atención –respondió en voz baja.
—Tú no me amas—
— ¡Lo hago!
—Y además, ¿De qué estás hablando? No te he dejado en todo el día.
Era verdad. Desde el segundo en que Barry había despertado en Laboratorios STAR, Len había estado a su lado. Dejó que Barry lo abrazara con alegría cuando Cisco explicó su situación de compartir habitación, apretando a Len y riendo tontamente, demasiado alto para escuchar la explicación de Cisco sobre su situación. Len observaba desde la esquina de la habitación mientras la Dra. Snow hacía sus pruebas, que tardaron prácticamente toda la tarde. Luego había conducido a su apartamento en su motocicleta, con las manos de Barry rozando bajo la chaqueta de cuero de Len y la cara acurrucada contra su espalda. Dejó que Barry jalara de su brazo mientras exploraba el apartamento, casi horrorizado por el dormitorio de invitados, como si fuera una habitación que venia del infierno y que dormir solo, con Len a pocos metros, era un destino peor que la muerte.
Incluso ahora, cocinando la cena para Barry, Len no se había ido. Len no cocinaba para nadie. Podría fácilmente haber dejado a Barry para alimentarse por sí mismo con la despensa a su disposición, pero no lo hizo. Sin embargo, Barry seguía dándole a Len esa mirada de cachorro como si no fuera suficiente.
—Esto es la primera cosa que me has dicho desde que desperté –continuó Barry, mirando con tristeza la encimera. Len iba a objetar, pero encontró que eso era verdad. No tenía exactamente mucho que decir, considerando que toda esta cosa fue forzada a él y no era exactamente por lo que había firmado. Era extraño ya de por sí porque Len nunca pensó ni en un millón de años que tendría a un policía y su némesis compartiendo habitación con él, por no hablar del amor ciego unilateral. Sin embargo, eso no era una excusa.
Lo siento –dijo Len, porque realmente no se había dado cuenta. Sus ojos se encontrar de nuevo, Barry parecía sorprendido como si esta fuera la primera vez que él escuchaba una disculpa venir de la boca de Len. Eso probablemente era verdad. Arruinó el momento preguntando: — ¿Qué es lo que quieres de mí?
Barry hizo pucheros, mirando la mesa para que sus pestañas abanicaran delicadamente sobre sus mejillas.
—Tu cariño estaría bien.
—No estamos saliendo, Barry, ¿Recuerdas?
Dolor atravesó el rostro de Barry, su monitor sonando en señal de advertencia. Len rápidamente tomó la mano de Barry y observó su ritmo cardíaco disminuir. (—El afecto físico parece bajarlo –había dicho Cisco.)
Miró de vuelta a Barry que sonreía tontamente. Len puso los ojos en blanco y lo soltó.
—Tú me amas –Barry exhaló.
—Yo—
Len parpadeó y se encontró presionado contra la nevera con Barry envuelto alrededor de él. El joven soltó un feliz suspiro mientras se apartaba para mirar el rostro de Len, confundido por el ceño fruncido que encontró allí.
— ¿Qué? –Barry tenía el descaro de preguntar.
Len hizo que se giraran y presiono a Barry contra la nevera en su lugar, un gruñido retumbando profundamente en su pecho.
—Juega bien, o sacaré mi arma fría y veremos cuán lejos quieres presionarme.
Sus amenazas estaban vacías, por supuesto, pero es muy jodidamente satisfactorio ver que los ojos se Barry se ensanchaban. Len retrocedió y volvió su atención a la tabla de cortar. Escuchó a Barry arrastrando los pies detrás de él, su respiración entrecortada regresando a la normalidad, mientras que los vegetales eran agregados al sartén. Estaba casi silencioso mientras Len cocinaba, lo que encontraba refrescante. Sin embargo, Barry seguía haciendo esos suspiros como si quisiera decir algo, sólo para abortar en el último segundo. Daba vueltas por la cocina en su lugar, mirando a Len por su atención, pero Len estaba completamente concentrado en terminar la pasta.
—Se ve bien –dijo Barry lentamente, con cautela, como si estuviera midiendo la reacción de Len. Cuando Len hizo un sonido de aprobación como respuesta, Barry se relajó. —Tú también te ves lo suficientemente bien para comer –agregó sin vergüenza.
Len no pudo evitar resoplar y una pequeña sonrisa, pero eso era todo. Barry hizo un ruido insatisfecho.
Él de repente estaba a un lado de Len, presionando sus brazos juntos mientras miraban la estufa.
—El amor de mi vida sabe cocinar –dijo, prácticamente desmayándose. Se giró para presionar un beso en el rostro de Len, pero Len los evitó después de los primeros dos.
—Puedes ser útil y poner los platos—
Hubo un tintineo detrás de él, y cuando Len se dio la vuelta vio los platos y los cubiertos ordenados cuidadosamente. Len levantó una ceja a Barry, quien le sonrió de vuelta.
—Lo que sea para mi amor –dijo. Len rodó los ojos y apagó el fuego de la sartén antes de llevarla a la mesa del comedor.
—Tienes que dejar de llamarme así –dijo Len, sirviendo pasta en los platos. —Len está bien.
—Len –repitió Barry con cuidado, como si el nombre de Len fuera algo sagrado. Sus labios se dibujaron en una sonrisa satisfecha. —Te amo, Len.
Comieron con la televisión mostrando un programa que a Barry parecía gustarle. Él trataba de verlo, pero encontraba que su mirada se dirigía hacia Barry a pesar de sus intentos de mantenerlos en la pantalla. El chico comía como un animal, sorbiendo sus fideos dentro de su boca y salpicando la salsa por todas partes. Len quería regañarlo, pero perdía el hilo de pensamiento mientras miraba como las mejillas de Barry se ahuecaban mientras succionaba los fideos, su lengua rosada saliendo para atrapar la salsa rebelde y…
Los ojos de Barry fueron hacia Len, mirándolo con una mirada burlona. Len regresó a su comida, pero no sin perderse la sonrisa de Barry.
—Len… –comenzó coquetamente.
—Eres un cerdo –dijo Len, y Barry se rió.
Terminaron de comer la cena después de que Barry fue por un segundo y tercer plato, y Len tuvo a Barry lavando los platos porque Len había sido quien cocino y no toleraba la pereza.
Por supuesto, Barry terminó la tarea en aproximadamente diez minuto antes de que sus manos—todavía húmedas—estuvieran tirando de la manga de la camisa de Len.
—Quiero hacer algo divertido.
Len miró la mano hasta que Barry suspiró exasperado y lo soltó. Satisfecho, Len se dirigió a su estante de libros junto al televisor.
—Siéntete libre de hacerlo –dijo Len, sacando un grueso libro del estante. —Yo, por otro lado, voy a leer este libro hasta que sea mi hora de mi ronda nocturna.
Barry frunció el ceño ante el libro como si tratara de aniquilarlo con su mente.
—Quise decir que quiero hacer algo juntos. Algo divertido, y no aburrido –explicó mientras Len se sentaba en el sofá.
—Leer es divertido –dijo Len. Arqueó una ceja. —Deberías probarlo alguna vez.
En una ráfaga de viento, el libro desapareció de las manos de Len para reaparecer en las de Barry, las páginas se pusieron borrosas delante de él. Barry cerró el libro y se lo devolvió antes de que Len se diera cuenta de lo que sucedió—demonios, incluso antes de que su ceja regresara a posición normal.
—El narrador lo hizo. Tiene un Trastorno de Identidad Disociativo, el cual no descubres hasta el final –Barry brilló después de terminar, como si mereciera un premio por arruinar el estado de animo de Len y posiblemente su vida entera.
—Frustrar mis robos es una cosa, Barry –comenzó Len, aterradoramente calmado. Tomó el libro y lo colocó suavemente sobre la mesa. — ¿Pero arruinar los libros que he esperado meses para leer? Esto es personal.
Barry palideció considerablemente cuando los ojos de Len se clavaron en los suyos.
—Yo—um… ¿Perdón?
La parte irracional de su mente quería agarrar su arma fría y congelar una o dos extremidades, pero la parte más grande y racional le estaba diciendo que tenía que dejarlo ir. Pero Len no podía simplemente hacer nada, así que ordenó.
—Ve y siéntate en el rincón.
La boca de Barry se abrió y cerró un par de veces.
— ¿Qué?
—Me escuchaste.
— ¿De verdad? ¿Me estás castigando? ¿Qué tengo—doce? –Barry parecía indignado. Sus ojos todavía cautelosos, como si pensara que Len estaba bromeando.
Len no estaba bromeando.
—No me hagas decirlo de nuevo –gruñó. Barry chilló antes de correr hacia la esquina más alejada cerca de la puerta. Len soltó una respiración entrecortada antes de alcanzar su libro. Bien podría tratar de disfrutarlo.
Len sólo pasó unas veinte páginas antes de que Barry empezara a agitarse en la esquina.
—Len, ¿Puedo levantarme ahora?
—No.
— ¿Por favorcito?
—Nope.
Len terminó la página cuarenta y dos antes de que Barry comenzara a lloriquear otra vez.
—L-e-e-e-e-e-e-en –alargó, como si se supusiera que el nombre de Len tomara cinco segundos para decir.
—B-a-a-a-a-a-arry –Len hizo eco. Sonrió por el resoplido que recibió a cambio.
— ¿Puedo por favor compensarlo?
— ¿Y cómo piensas hacer eso exactamente? –resopló.
Barry lo miró por encima de su hombro, con los ojos oscuros.
—Puedo arrodillarme, mientras lees, y chupar tu—
— ¡Detente! –Len se recuperó rápidamente de casi dejar caer su libro. Sacudió la cabeza, componiéndose. —Ni siquiera termines esa oración.
Barry parecía decepcionado, pero continuó ofreciendo.
— ¿Masaje de espalda?
—No.
—Puedo… um… ¿Hacerte galletas?
Len no pudo evitar sorprenderse.
— ¿El Velocista Escarlata sabe cómo hornear?
—Hay muchas cosas que no sabes de mí, Len –sonrió. Tomo la falta de desacuerdo de Len como permiso y tambaleó hacia la cocina. Len regresó a su libro mientras Barry comenzaba a buscar en la despensa y los gabinetes por ingrediente y tazones. Las galletas no eran una mala oferta.
No paso mucho tiempo antes de que Barry se arrojó al sofá, forzando a Len a inclinarse levemente a medida que el cojín se hundía. Miró a Barry por dos segundos hasta que notó la harina que cruzaba su mejilla. Antes de que Len pudiera detenerse, deslizó su pulgar sobre la mejilla del otro hombre, observando cómo el contacto dejaba un rubor rosado a su paso.
Barry lo estaba mirando con esos ojos otra vez, tan llenó de asombro, y Len tuvo que regresar a su libro. Las palabras no tenían sentido mientras las leía; creía que había leído el mismo párrafo tres veces. Su cara estaba caliente, casi como si pudiera sentir la intensa mirada de Barry fija en él.
Una mano tentativa se deslizó por el brazo de Len antes de que Barry se acercara para envolver sus brazos alrededor de los de Len, suavemente, no tan apretado como solía serlo.
Y Len pensó que eso estaba bien, era seguro. Era inocente. Así que dejo que Barry se aferrara a él, hasta que el momento llego muy pronto y Barry tuvo que retirar las galletas del horno.
Barry sostuvo una galleta caliente para que Len tomara un bocado, y Len aprendió que el Velocista Escarlata podía, en efecto, hornear.
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Len había estado esperando su ronda nocturna.
Era un momento que podía usar para juntar sus pensamientos, reflexionar sobre los eventos, o incluso simplemente enfocarse en el camino si no quería pensar.
Realmente no había pensado en traer a Barry con él, insistiendo en que volvería en menos de una hora, pero el monitos había emitido una advertencia, y Len no tenía otra opción. Se aseguró de mandarle un mensaje a Cisco diciéndole que iban a correr por si el ritmo de Barry pareciera anormal.
No era tan malo como Len pensó que sería. Barry parecía estar divirtiéndose por primera vez (sin sus manos sobre Len). Len estaba usando su ruta norma, una que realmente le gustaba debido a su paisaje y la falta de vida de ciudad. Aquí, nunca tendría que preocuparse de que alguien llamara a la policía o le disparara.
Barry también parecía apreciar la falta de civiles. Podía usar sus poderes al aire libre, yendo y viniendo entre Len y alguna distancia delante de ellos. De esta manera, Len podía correr a su ritmo mientras que Len podía correr al suyo.
—Me encanta correr –jadeó Barry felizmente mientras se ponía al mismo ritmo que Len. Sus ojos eran excepcionalmente más brillantes, y se portaba con más orgullo.
—No serías el Flash si no lo hicieras –Len resopló.
Una extraña expresión titiló en la cara de Barry, pero se fue antes de que Len pudiera cuestionarla.
Fue silencioso en su camino a casa. Barry tomó un pequeño desvío dentro de un campo cerca de un cuarto de milla a la izquierda de Len, pero Len continuó su ruta, viendo como Barry relampagueaba y zigzagueaba por los campos y arbustos. Regresó al lado de Len, sosteniendo un ramo de margaritas, algunos pétalos perdidos en la velocidad.
—Hermosas flores para mi hermosa flor –dijo Barry, sonriendo.
La total ridiculez y cursilería de esa afirmación dejaron a Len divertido.
—No voy a correr con eso en mi mano.
Barry contemplo esto por un segundo. Sus manos se desdibujaron por unos segundos antes de ofrecer las margaritas otra vez, esta vez entrelazadas en una corona. Lo aseguró sobre la cabeza de Len y se veía tan feliz que Len no pudo encontrar nada para quejarse.
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Len se duchó después de que Barry lo hiciera, y una vez que salió del baño, encontró al otro hombre en el teléfono luciendo increíblemente estresado. Los ojos de Len se posaron en el reloj de Barry. Era de color amarillo pálido, no era rojo de advertencia, pero tampoco era verde normal.
—Lo sé, Joe, lo siento –dijo Barry, sus dedos rascando a través de su cabello. —Pensé que Cisco te lo había dicho—está bien… está bien… lo sé…
Len rodeó la encimera de la cocina y se ocupó en conseguir un vaso de agua mientras Barry continuaba discutiendo con su padre adoptivo.
—Joe—te lo prometo, estoy bien. ¿Te lo explicaré más tarde? –suspiró profundamente, asintiendo para sí mismo. —Vale. Cuando vuelvas, entonces. Lo siento de nuevo…Vale. Lo siento. Adiós.
Colgó y arrojó su teléfono sobre la mesa antes de gemir dentro de sus manos.
— ¿Qué paso? –preguntó Len ligeramente. Le dio a Barry un vaso de agua y lo hizo beber un poro antes de contestar.
—Ese era Joe –dijo Barry después de colocar el vaso en la mesita. Suspiró de nuevo, con los labios fruncidos. —Cisco le dijo acerca del meta, y por supuesto, está un poco más que molesto por no haberle llamado para decírselo yo mismo.
— ¿Por qué no lo hiciste?
Barry se encogió de hombros sin poder hacer nada, en una triste sacudida.
—Si se entera de ti y de mí… –se calló, como si no pudiera empezar a comprender las consecuencias.
—Entonces él no lo sabe –dijo Len.
Barry tenía una línea de tensión entre sus cejas que Len deseaba calmar, pero no lo hizo.
—No, no lo sabe –dijo Barry. —pero tengo que decírselo.
— ¿Te das cuenta de que me van a arrestar al verme? –o peor, pensó Len, pero no creía que mencionar eso ayudara a la situación.
—Puedo hablar con él. Es un hombre razonable, entenderá –Barry le aseguraba, pero Len podía ver el atisbo de duda en sus ojos. —Está fuera de la ciudad por un trabajo, pero regresara en dos días.
—Vale –dijo Len, asintiendo. —Toda irá bien. Necesitas relajarte.
Barry extendió sus brazos con esperanza, y Len caminó entre ellos. Dejó que Barry lo sujetara, con la cara enterrada en el cuello de Len, hasta que la tensión comenzó a derretirse de sus hombros. Len le dio un suave apretón antes de alejarse, Barry murmuró decepcionado, pero ya se lo esperaba. Len miró el reloj sólo para asegurarse—sí, era verde de nuevo—antes de retirar el vaso de agua para colocarlo en el fregadero.
— ¿Dormimos? –sugirió Len, y Barry asintió lentamente. Se dirigieron a las habitaciones, antes de que Barry se diera cuenta de que era allí donde se separaban.
—Len –empezó Barry, pero Len ya estaba negando.
—Quédate en tu habitación, Barry –dijo. —Estoy justo al otro lado del pasillo. Te veré mañana.
Barry parecía un cachorro pateado mientras arrastraba los pies hasta el dormitorio de invitados. Se dio la vuelta para darle a Len una última mirada de miseria (tan dramático) antes de que Len le diera las buenas noches y cerrara su propia puerta.
Len lanzó un profundo suspiro antes de deslizarse a la cama.
Un día menos.
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Cuando Len se despertó, sabía que algo estaba mal.
El cabello de su cuello se erizo cuando su cuerpo registró el extraño peso a su lado. Su mano tomó el arma fría de debajo de almohada y apuntó antes de que sus ojos se abrieran. El gatillo estaba apenas apretado a la mitad, con una delgada, gélida neblina escapando, antes de que el intruso saliera de la cama a una velocidad inhumana. Len inmovilizado, sus ojos finalmente enfocándose.
— ¿Barry? –rugió furiosamente, pero toda la ira de perdió cuando escuchó a Barry gimiendo desde el suelo. Se arrastró hasta el borde de la cama, regañándolo. — ¡Te dije que te quedaras en tu habitación!
Los dientes de Barry estaban castañeando, con los brazos envueltos fuertemente a su alrededor. Su piel estaba tan pálida.
—Es-estaba so-solo –gimió antes de dejarse caer contra la alfombra.
Len rápido juntó la sabana y empujó las almohadas al piso.
—Tienes suerte de que no haya apretado el gatillo –refunfuñó, empujando las almohadas bajo la cabeza de Barry para alzarlo.
Barry sólo lo mira, todavía temblando violentamente, mientras Len lo envuelve en la manta.
—L-Lo siento –murmuró. Len se retiró brevemente para conseguir más mantas del armario del pasillo antes de envolver a Barry con ellas. Él era prácticamente un burrito gigante cuando Len terminó.
—Te calentaras pronto –dijo Len. Fijando el termostato así estaría un poco más cálido de lo normal, a pesar de que él despreciaba el calor.
—Si esto es lo que se necesita para tener atención, estaré alegre de tener hipotermia cualquier día –dijo Barry con una estúpida sonrisa.
—No tienes hipotermia –dijo Le con total naturalidad. Entonces, porque sintió que era pertinente, agregó. —Y tú eres un idiota.
—No lo dices en serio –dijo Barry a sabiendas, hurgando en su capullo de mantas.
Len realmente no lo hacía. Sabía que Barry era altamente inteligente, lo cual era la única razón por la que había durado tanto su rivalidad. Y tal vez porque Len disfrutaba los desafíos, no el retador en particular.
—Voy a preparar el desayuno –dijo Len en lugar de agregarle combustible al gigantesco ego de Barry.
—Iré contigo –Barry hizo un hmmphs mientras luchaba para sentarse, pero las mantas actuaban como restricción de cuerpo completo.
Len apenas contenía su risa.
—Barry, deberías—
— ¡Hmmph!
—Barry –intentó de nuevo, con los labios temblando. —deberías quedarte aquí y calentarte. Estaré justo afuera.
Barry se desplomó sobre la almohada, derrotado por las capas de algodón. Se veía malhumorado, pero asintió de todos modos. El color parecía estar regresando a sus mejillas. Len realmente no pudo contenerse. Sacó su celular y tomó una fotografía de Barry antes de que pudiera hacer otra cosa que no sea mirarlo confundido.
— ¡Hey! –Barry tuvo que gritar, porque Len ya había abandonado la habitación. — ¡Si le muestras eso a alguien, les diré que fuiste la cuchara pequeña anoche!
Len se detuvo en su escape a la cocina. Echó la cabeza hacia atrás, incrédulo por la cantidad de nervios que Barry parecía poseer.
— ¿Me cuchareaste contra mi voluntad?
— ¡Tú lo iniciaste!
—No puedo creer lo que oigo, Barry –Len arrastró las palabras decepcionado. Decidió ignorar el hecho de que la noche pasada fue posiblemente la mejor noche de sueño que había tenido en tiempo. Eso no cambiaba su aversión a las sorpresas.
—Eso es lo que pensé –creyó que escuchaba a Barry murmurar.
Len pensaba que la fotografía era suficiente chantaje por un siglo, así que dejó eso de lado y se puso a trabajar en el desayuno. La nevera estaba menos abastecida de lo que le gustaría. Todavía tenía una buena cantidad de comida, pero al ritmo en que Barry estaba comiendo, se terminaría en unos días. Hizo una nota mental para ir al mercado agrícola pronto.
Los huevos y tocino son imprescindibles durante el desayuno. Len se aseguró de romper suficientes huevos y freír suficiente tocino para alimentar a un pequeño ejército. Su telefio sonó cuando transfirió la comida a los platos. Se limpió las manos con una toalla de mano antes de contestar, mirando brevemente el identificador de llamadas.
—Lisa.
—Bueno, buenos días para ti también, mi querido hermano –dijo Lisa con un acento casi idéntico. De todas las cosas, ella tenía que haber aprendido eso. —Estaba llamando para ver cómo la estabas llevando.
Len colocó unas rebanadas de pan en la tostadora.
—Estoy bien, Lise. Dije que te llamaría cuando haya terminado.
—Bueno, sólo tengo curiosidad sobre qué estás haciendo exactamente…
—La curiosidad es una cosa peligrosa.
—Sabes cómo me gusta el peligro.
Len resopló. Estaba a punto de decirle a Lisa que se ocupara de sus asuntos, cuando Barry gritó desde el dormitorio.
— ¡Len! ¡Len, estoy atrapado!
Len cubrió el auricular demasiado tarde.
Hubo una pausa en la otra línea.
—Len –Lisa prácticamente cantaba. Prácticamente podía escuchar la sonrisa en su voz. — ¿Tienes a alguien? ¿Un hombre?
Maldición.
—No es tu asunto, hermana.
—Entonces esa es la razón por la que no se me permite ir, ¿Hm? Es serio, ¿Verdad? –chilló felizmente, como si realmente creyera que es posible que Len tuviera una relación normal y funcional. — ¿Cuándo puedo conocerlo?
Len planeaba barrer esto debajo de la alfombra una vez que Barry se hubiera curado. Podrían volver a sus vidas normales, olvidar que esto pasó y continuar siendo enemigos. Él no podía hacer eso su Lisa tenía algo que ver con esto.
—No lo harás –dijo Len simplemente.
Lisa jadeó como si las palabras la hubieran lastimado físicamente.
—Oh, no me digas que estás jugando con su corazón.
Len resopló, poniendo los ojos en blanco.
—Créeme, no lo hago.
— ¡L-E-E-E-EN, AYUDA! –insistió Barry, por no mencionar que era demasiado dramático, y Len sabía que no había forma de que Lisa no escuchara eso.
— ¡Dios, Lenny! ¿Qué le estás haciendo? –exigió, sonando horrorizada.
— ¡Nada! No le hice nada—
— ¡LEN!
—Tengo que irme –gruñó en el auricular. Después, una vez que colgó, gritó: — ¡Maldición, Barry!
Se dirigió a la habitación y se encontró a Barry en la misma posición, pero ahora parecía sonrojado. Len suspiró. Nunca podía ganar. Las capas se desprendían una por una, y Barry progresivamente se ponía más relajado. Una vez que estuvo libre de sus restricciones, Barry se estiró lánguidamente, su camisa subiendo brevemente.
—El desayuno está listo –dijo Len. Si sus ojos recorrieron la piel expuesta del estómago de Barry, estaba seguro de que era porque estaba buscando otra herida.
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Len no quería ignorar a Barry. Sólo tenía muchas cosas que hacer.
Después de que hubieran comido, Barry había lavado los platos y Len había llevado sus herramientas a la mesa para trabajar en su arma fría. Quería creer una especie de seguro para el arma, no para proteger a Barry—por supuesto que no—sino para asegurarse de que Len estaba a salvo si su arma terminaba en las manos equivocadas. Era por eso. No por Barry.
Había estado trabajando en eso todo el día, sólo tomando descansos para tomar un refrigerio o usar el baño. Barry estaba menos que encantado al descubrir que un arma había captado toda la atención de Len en lugar de él mismo, pero había dejado de quejarse una vez que Len le dejó ver la televisión a su lado mientras no se interpusiera en su trabajo. Se necesitaba mucho ensayo y error; Len entraba en crisis más veces de las que le gustaría admitir, pero Barry tomaba sus manos cada vez, calmándolas con un ligero apretón, y Len continuaba sin dolor. Cuando Len comenzaba un proyecto, lo ve hasta que este completado, sin importar cuando tiempo tarde. Miraba a Barry de vez en cuando y encontraba sus ojos nublados mientras veía la televisión, con aburrimiento obviamente, y Len se sentía un poco culpable por tenerlo dentro todo el día. Le decía a Barry que podía salir, pero Barry se negaba, con un poco de vida restaurándose de la atención de Len.
El sol su puso rápidamente antes de que Len lo supiera, y su estación de trabajo solo se iluminaba con el brillo de televisor.
—Len –dijo Barry en voz baja. Su cabeza estaba usando el regazo de Len como almohada. Debía haberse estado acercándose lentamente durante horas, porque Len ni siquiera se había dado cuenta, demasiado dedicado en su proyecto.
—Barry –respondió Len, su voz áspera por mal uso.
— ¿Ya has terminado? Quiero ir a correr de nuevo.
Perfecta sincronización. Len terminó de apretar el último tornillo antes de apretar el interruptor recién agregado.
—Ya lo hice –dijo, y Barry inmediatamente se animó, su rostro iluminado.
— ¡Genial! ¡Vamos! –estaba de pie, prácticamente vibrando de la emoción.
—Sólo una cosa más –dijo Len, levantándose también. Empujando el arma en las manos de Barry, viendo la confusión destellar en su rostro.
— ¿Qué?
—Dispárame.
Barry escupió, sus ojos abiertos.
—No voy— ¡No voy a dispararte, Len! –intentó devolver el arma, pero Len se alejó.
—Le hice unos ajustes. No debería disparar. Estaré bien –le aseguró Len.
Barry parecía completamente desgarrado.
— ¿Por qué no puedes probarlo conmigo?
—Porque –empezó Len. No quiero lastimarte si falla. —Tengo que probarlo con las manos de otra persona.
—Len, n-no puedo…
—Puedes, y lo harás –Len sujeto la mano de Barry, y dio un paso adelante hasta que la pistola presiono contra su pecho. —Vamos, Barry.
Barry tragó saliva, con los ojos desesperados. Estudió a Len sin poder hacer nada, pero Len sólo asintió alentador. Tomó una respiración profunda, cerrando los ojos y apretando el gatillo.
Clic
Barry soltó un fuerte suspiro.
—Oh, Dios, eso fue aterrador –dejó caer la pistola sobre la mesa y agarró a Len para apretar el aire de sus pulmones. —Por favor dime que podemos ir a correr ahora.
—Podemos ir a correr ahora –gruñó Len alegremente. Barry lo soltó con una sonrisa vacilante, sus ojos todavía parecían un poco atormentados. Len estaba seguro de que el arma funcionaria. Sin embargo, no sabía si Barry tendría las agallas para apretar el gatillo hacia alguien que amaba. Resultaba que sí, y Len no sabía que pensar al respecto.
Su ronda iba de acuerdo al plan, ambos permitían que la energía reprimida se liberará con cada paso, y no pasaba mucho tiempo antes de que regresaran a la casa de Len muy sudorosos y muy cansados. Una vez que terminaron de bañarse y completar sus rutinas nocturnas, estaban en la encrucijada del pasillo una vez más.
Barry todavía lo miraba con esperanza, pero Len sabía mejor.
—Mantente alejado de mi cama, Barry –enfatizó lentamente, así Barry entendería. Barry sintió como él lo hizo.
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A la mañana siguiente, Len se alegró de encontrar su cama libre de miembros delgados. Se estiró lánguidamente, arrojando los pies al costado de la cama—y rápidamente tropezando con dichas extremidades antes de estrellarse contra el suelo. Su mano agarró la mesita de noche en el camino al piso, derribando todo con él.
— ¡Barry!
— ¡Dijiste que no la cama!
Notas del traductor:
¡Gracias por leer!
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