Mike era su prometido. Y la mayor parte del tiempo era divertido, generoso y cariñoso. Tal vez ella no pudiera controlar sus sueños, pero ahora estaba bien despierta.

A pesar de sus esfuerzos por centrarse en Mike, fue la imagen de Edward la que se impuso cuando se estremecía durante el orgasmo.

Capítulo 2

-Estás horrible -dijo Edward Cullen.

Dejó la cámara con cuidado en una silla de vinilo naranja en el despacho de Mike y se sentó en otra silla a juego.

Rubio, apuesto, extrovertido y con un estilo que hacía que siempre pareciera que acababa de salir de las páginas de GQ, Mike hacía volver cabezas en una multitud. Una chica en la universidad había comparado una vez a los dos amigos con Apolo y Hades. Eran opuestos tanto en aspecto como en personalidad. Mike, luminoso y extrovertido. Edward, oscuro, silencioso, introvertido. Pero Mike se había mostrado preocupado y tenso por teléfono cuando le había pedido que fuera a verlo y su aspecto producía la misma impresión.

-¿Qué ocurre?

Mike se sentó en el borde de la mesa de acero inoxidable y columpió una pierna.

-Hace mucho tiempo que somos amigos.

Edward asintió con la cabeza. Se habían conocido en una clase de fotografía en el instituto, donde habían descubierto un interés común por el arte e iniciado una amistad que se había prolongado durante años. Mike le había lanzado un salvavidas que había evitado que Edward se ahogara en su propia soledad. Y Edward, a su vez, le había servido al otro de ancla y le había proporcionado estabilidad. Los padres de Mike eran cariñosos y extrovertidos, pero volubles.

Por su parte, no sabía si habría hecho carrera en la fotografía si Mike no hubiera creído en él. Y Edward, a su vez, había ofrecido contactos muy valiosos a su amigo cuando éste se decidió a abrir la galería.

-Sabes que eres el hermano que nunca he tenido -siguió diciendo he pensado que podía contártelo todo.

En otro tiempo, Edward también había pensado lo mismo. Hasta que descubrió que había cosas que no le podía decir a su mejor amigo. Como que estaba enamorado de su prometida, por ejemplo.

-Espero que siempre seamos amigos -continuó Mike.

Edward suspiró.

-Mike, a menos que hayas asesinado a una vieja con un hacha, yo siempre seré amigo tuyo -se encogió de hombros-. Seguramente sería también tu amigo incluso en ese caso. ¿Por qué no me dices a qué viene esto?

-Soy gay.

-Sí, vamos.

Primero Mike lo llamaba y le echaba el sermón de la amistad y ahora se dedicaba a hacer el tonto cuando él tenía una sesión de fotos programada para tres cuartos de hora más tarde. Su amigo tenía un sentido retorcido del humor y un sentido nefasto de la oportunidad.

Mike juntó las manos.

-No lo digo en broma. Es verdad. Soy gay.

Edward se quedó de piedra. ¿Mike era... gay? ¿Cómo era posible? Habían sido amigos íntimos durante más de una década. Edward era uno de los pocos heterosexuales en una profesión que atraía a los homosexuales como la miel a las moscas.

Además, estaba prometido con Bella, se acostaba con ella de manera regular... ¿y ahora decía que era gay?

-¿Cuándo... cómo...?

-Quizá bisexual lo defina mejor -Mike se pasó la mano por el pelo rubio corto-. En los últimos años me he sentido cada vez más atraído por los hombres -movió la cabeza y soltó una risa seca y carente de humor-. No te preocupes. Por ti no.

A Edward le importaba un bledo si Mike se sentía atraído o no por él. Bueno... quizá lo aliviaba un poco que su amigo no le profesara amor eterno, pero había algo que no entendía.

Recordaba muy bien la primera vez que había visto a Bella. Había sido en la galería de arte, en la puerta del despacho de Mike. Edward había ido allí a un cóctel y había encontrado a Bella en una discusión animada con la responsable del catering. En cuanto la vio, sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. Luego ella se alejó y él buscó a Mike con la intención de averiguar quién era ella y se enteró de que su amigo se le había adelantado. Antes de que pudiera abrir la boca, Mike le anunció que había conocido a la mujer de sus sueños y conseguido una cita con ella. Edward adivinó que se trataba de la misma mujer... y acertó.

-¿Y dónde estaba todo esto hace seis meses cuando me dijiste que habías conocido a la mujer de tus sueños? -preguntó.

-Ella es guapa, sexy y tan diferente a todas las demás mujeres de NuevaYork que pensé que podía curarme.

¿Ella había sido sólo una cura?

Edward se levantó y se acercó a la ventana que daba a la calle porque necesitaba mirar otra cosa que no fuera el amigo al que ya no estaba seguro de conocer. Mike siempre había sido egocéntrico, pero aquello...

Fuera, los neoyorquinos compartían la acera con los turistas. En la tienda de electrónica de la acera de enfrente entraban y salían clientes. Un taxi consiguió esquivar a una furgoneta de reparto que le cortaba el paso.

Edward veía en su cabeza fotos, momentos que guardar para el recuerdo. Había apostado a que, cuanto más viera a Bella y más supiera de ella, más fácil le sería resistir su atracción, pero se había encontrado con que ocurría al contrario y había aprendido a apreciar su espíritu, su ingenio y su inteligencia más todavía que su belleza física.

Y él se había mostrado cada vez más seco. Temeroso de traicionarse con una mirada o un comentario descuidados, se ocultaba detrás de comentarios sardónicos y confiaba en que antes o después acabara pasándosele.

Hasta el día de la sesión de fotos con Bella, cuando supo que estaba perdida e irrevocablemente enamorado de ella. Era la única vez que había estado a solas con ella y había entrevisto algo tan dulce y tierno que acabar aquella sesión había sido como un dolor físico.

Y ella sólo había sido una maldita cura para Mike. Se volvió hacia su amigo y luchó por controlar su rabia.

-¿Y pedirle que se casara contigo era parte de esa cura o para entonces ya te considerabas curado? Estoy un poco confuso. ¿Éste es uno de esos programas que constan de doce pasos?

-¿Te sienta bien ser tan sarcástico y despiadado?

-No especialmente -Edward sintió el impulso de golpear la cabeza de Mike contra la pared color canela-. ¿Le pediste que se casara contigo sabiendo que sentías esto? ¿Sabiendo que te atraían los hombres?

Mike se ruborizó.

-Pero también me atrae ella. Pensé que, si me metía a fondo en la relación, esto otro desaparecería -se levantó. Se metió las manos en los bolsillos y empezó a pasear por la estancia.

-¿Pero no desapareció y engañaste a Bella?

Mike enderezó los hombros a la defensiva.

-Sólo una vez. Anoche. ¿Conoces a Richard, el pintor de acrílicos que expone ahora? Lo había sorprendido un par de veces mirándome. Anoche nos quedamos trabajando hasta tarde, nos bebimos una botella de vino y una cosa llevó a otra.

A lo mejor todo aquello era sólo un gran error que Mike exageraba debido a la culpabilidad. Después de todo, tenía tendencia al melodrama y Edward sabía muy bien que los remordimientos pueden distorsionar hasta la imagen más clara.

-¿Bebisteis mucho? ¿Estabais borrachos? - preguntó.

Mike negó con la cabeza.

-No. Eso sería una excusa fácil. No estaba borracho, sentía curiosidad. Pensé que lo probaría y así lo sabría de cierto -se pasó una mano por la frente-. Me gustó. Siento algo por Richard.

Edward reprimió una mueca de disgusto. Aquello no tenía por qué ser distinto a oír a Mike hablar de una mujer. Pero lo era. Muy diferente. Levantó una mano.

-No necesito detalles.

-No pensaba dártelos. Sólo quería clarificar ese punto -repuso Mike-. Tengo que decírselo a Bella. Merece saberlo.

-Por supuesto que sí -de pronto pensó en los riesgos asociados con la homosexualidad-. Espero que usarais preservativo.

-Claro que sí -Mike se dejó caer en una silla y apoyó la cabeza en el respaldo-. Pero necesito decírselo. Si seguimos juntos, tiene que estar informada antes de tomar una decisión.

-¿Te gusta el sexo con Richard pero te vas a acostar con Bella? -preguntó Edward.

Mike arrugó una hoja de papel entre los dedos.

-La quiero. ¿Cómo no voy a quererla? Es sexy, lista, cariñosa y generosa. Pero no se puede decir que encendamos fuegos artificiales en la cama. Ella me atrae, pero con ella no es tan excitante como con Richard.

Edward no quería oír tantos detalles y el modo en que jugaba Mike con la hoja de papel empezaba a ponerlo nervioso.

-¿Quieres hacer el favor de dejar el papelito? -Mike le lanzó una mirada, pero dejó el papel en la mesa-. ¿Entonces no quieres romper el compromiso? -preguntó.

-No lo sé. Es una mujer maravillosa. Necesito tiempo para pensar. Supongo que lo de romper el compromiso o no dependerá de ella -Mike se pasó una mano por la parte de atrás del a ser una conversación muy dificil. Ven conmigo a decírselo.

-No.

Aquello era algo entre su amigo y Bella. Edward la deseaba, pero no quería conquistarla porque tuviera el corazón roto o se sintiera despreciada. Sin embargo, si todo iba como él imaginaba, ella quedaría libre.

Mike apoyó las manos en la mesa y se inclinó hacia él.

-Por favor. Necesito tu apoyo moral. Esto va a ser una de las cosas más difíciles que he hecho nunca.

Mike odiaba afrontar solo tareas desagradables. Desde que se conocían y se habían hecho amigos, se había llevado a Edward para enfrentarse con profesores o con sus padres. Siempre había mantenido que su amigo era más fuerte que él. Pero esa vez Edward no pensaba dejarse arrastrar. Esa vez Mike tendría que hacerlo solo.

Negó con la cabeza.

-Es algo privado, Mike.

-Tú estabas presente cuando le propuse matrimonio -argumentó su amigo.

Edward se cruzó de brazos.

-Y de haber sabido que lo ibas a hacer, no habría estado.

Mike, siempre ansioso de público, había elegido una cita doble para declararse. Edward recordaba bien la agonía que se había apoderado de él cuando Mike le entregó a Bella el anillo de compromiso durante el postre. A Tanya, su cita de esa noche, le había parecido bastante romántico.

-Esto es un desastre, necesito que estés allí cuando se lo diga. La he llamado y le he dicho que iría esta noche cuando cerrara la galería -dejó de andar y miró a Edward-. Le he dicho que tú también vendrías.

Edward reprimió el impulso adolescente de preguntarle qué había contestado ella a eso. Mike y él siempre se habían apoyado mutuamente. Siempre se habían protegido. Pero no sabía si podría ver el dolor y la decepción que expresarían los ojos de Bella. Y no tenía derecho a ser testigo de eso.

-No has debido hacer eso.

-Por favor, Edward.

Pero no se podía decir que pensara en su amigo todas las noches que yacía despierto en su cama y hacía el amor con Bella en su cabeza. Su conciencia lo abrumaba. Sabía que no debía ir. No quería ir. Pero se lo debía a Mike, aunque éste no lo supiera, por todos los pensamientos licenciosos que había tenido sobre Bella. Por todas las veces y todas las maneras en las que la había poseído en su mente.

Los remordimientos tienen efectos muy raros sobre la gente, llevan a hacer cosas que no harían de otro modo.

-De acuerdo, iré. Pero tendré que reunirme contigo allí- y Mike se dejó caer en su silla con un alivio evidente.

-A las nueve en su casa. ¿Recuerdas dónde está?

Edward los había dejado allí en una ocasión.

-Sí -se echó la bolsa al hombro y se volvió a la puerta.

-Edward...

Éste miró a Mike.

-Eres un buen amigo.

Sí. Era un buen amigo que estaba obsesiva, compulsivamente, enamorado de la mujer de su mejor amigo.


Aquí de nuevo :D pues es nueva historia, espero les comience a gustar esta es un poquito mas subidita de tono ;) pero a mi en lo personal la historia se me hace buena, muy divertida y la quería compartir con ustedes. Gracias por sus reviews se aceptan comentarios buenos y malos, preguntas de la historia, personales jajaja :3 blah, blah!

Bueno aquí el segundo capítulo que opinan de Mike :/ ahora... ¿que sucederá con Edward?

Vamos Revies, reviews = Actualización

Ya saben que yo no tengo día especifico para actualizar aun no entro a la uni así que aprovechenme tengo 2 días xD Saluditos y feliz sábado (aquí con el clima de Forks)

AraXo