Acto II. El zorro, el cisne y el gatito.

La inevitable modorra del ensayo matutino podía percibirse en el ambiente a medida que los bailarines de Minako y Celestino empezaban a llegar al estudio en el que, aquel día, los preparativos para la representación que tendría su noche de estreno antes de la navidad de aquel año, empezarían por fin después de que la lista del reparto fuera anunciada el día anterior.

La mayoría de los bailarines estaba ya en el estudio, algunos estiraban las piernas sujetos a la barra de madera que se apoyaba en la pared que estaba ubicada frente a un enorme espejo en el que los hombres ahí reunidos, podían observarse sin ningún problema tratando de que sus disciplinados cuerpos se movieran al ritmo de la música de aquella forma perfecta, elegante y bella que era la característica principal del ballet.

Al entrar en aquella habitación, uno podía percibir además del adormecimiento matutino, una suave excitación que recorría a los bailarines al ser conscientes de que empezarían a preparar un nuevo show y ninguno de ellos podía apartar la mirada del grupo de los bailarines principales quienes charlaban de forma animada alrededor de quien parecía ser el centro del grupo, aquel muchacho de cabello oscuro y ojos marrones que sonreía con un poco de nerviosismo al tiempo que sus demás compañeros no tenían reparo alguno de reír a carcajadas.

-¡En serio, Phichit se besó con uno de los oficiales de policía que estaban en la barra del bar, ayer!- dijo Chris haciendo que el joven tailandés se sonrojara completamente-. Jamás había visto así a nuestro pequeño, debo admitir que me gusta esta faceta salvaje y alocada de su personalidad.

-Yo no lo recuerdo y si no lo recuerdo no pasó…- dijo Phichit ignorando a todo mundo mientras intentaba pararse en las puntas de sus pies sin lograrlo.

-Lo que de verdad me resulta increíble es que tú recuerdes algo de eso, Giacometti- dijo Yuri Plisetsky con una sonrisa fría que hizo que Chris le dedicara una mirada airada con sus ojos verdes-. Bebiste como un barril sin fondo, no entiendo por qué no tienes resaca…

-¡Oh, mi dulce y puro Yurio!- dijo Chris volviendo a reír-. Cuando has vivido tanto como yo empiezas a aprender uno que otro truco útil para los días de fiesta…

-Creo que me perdí de un show de calidad ayer- dijo Yuri con una sonrisa tranquila que siempre surgía al estar con sus mejores amigos en el mundo-. Lamento de verdad no haberlos encontrado…

-Admítelo, su majestad- dijo Chris quien había empezado a llamar a Yuri de aquel modo desde el primer instante en el que lo había visto aquel día y el joven Katsuki podía intuir que su amigo no lo llamaría de otro modo en mucho tiempo-. No quisiste ir a la fiesta y todos lo entendemos, no tienes que mentirnos…

-Sí quería ir, incluso pasé por el Ice Castle para preguntarle a Takeshi si los había visto- dijo el joven japonés con sinceridad-. Pero estaba lloviendo tanto… ok, deja de mirarme así, mi excusa es patética. Tienes razón, Chris, quizá después de todo no quería ir a la fiesta…

-¿De verdad pensaste que estábamos en el bar de Takeshi a las diez de la noche?- dijo Minami cuyo cabello rubio con mechones rojos le cubría el rostro mientras el muchacho intentaba tocar las puntas de los dedos de sus pies con sus manos sin doblar las rodillas-. Parece que no conoces el itinerario de juerga de Chris, este hombre es imparable…

-¿No fueron al bar de Takeshi?- dijo Yuri realmente sorprendido de saber que sus amigos habían roto el ritual casi sagrado de terminar una noche de fiesta en aquel lugar.

-Sí, sí fuimos…- dijo Yurio con una sonrisa algo seria-. Chris se la pasó en grande ahí, se reencontró con un viejo amigo ¿No es así, Chris? ¿Vas a contarnos que hicieron ese amigo y tú durante veinte minutos encerrados en el baño del bar?

Chris sonrió con malicia antes de contestar. El joven Giacometti, quien era originario de Suiza ya se imaginaba que sus amigos no lo dejarían en paz con aquel asunto del amigo con el que se había encontrado la noche anterior y la verdad es que él se estaba muriendo de ganas de contarles lo que había pasado con él, porque vamos, siempre era bueno volver a ver a un viejo colega de aventuras y correrías de las que, aquellos niños – porque aunque le costara tenía que admitirlo, Chris siempre se había sentido el mayor entre aquellos bailarines jóvenes y al parecer menos alocados que él- no tenían ni idea.

Y es que Christophe Giacometti casi había creído ver una alucinación cuando en sus ojos se dibujó la imagen de aquel hombre que tocaba el piano y que sonreía de forma seductora intercambiando miradas aquí y allá con chicos guapos que no podían evitar sonrojarse ante la intensidad de la sonrisa de aquel misterioso ser que había hecho que la gente reunida en el Ice Castle bailara al son de su piano y al que Takeshi Nishigori dio animadamente las gracias antes de cerrar pues era más que obvio que gracias a la música del pianista aquel más clientes habían llegado al lugar que jamás había tenido tantos parroquianos.

Era increíble ver a un hombre como aquel, alguien extraordinario en su aspecto como en su modo de vestir, en un lugar desolado como aquel bar al que Chris y los demás acudían algunas noches más por costumbre y afecto al dueño, quien era un amigo de Yuri de toda la vida, que por el variado abanico de posibilidades que ofrecía. Y lo cierto fue, que al ver los brillantes ojos azules de aquel hombre, Chris no pudo evitar sonreír con cariño porque aquel pianista mágico era sin lugar a dudas, el famoso Victor Nikiforov a quien él había conocido años atrás en la primera compañía de ballet a la que había pertenecido.

Fue por eso que Chris no pudo evitar acercarse al pianista ruso cuando éste decidió tomar un descanso de la música y Victor tampoco tuvo problema alguno para reconocerlo, así que los dos habían pasado un largo rato bebiendo y platicando alegremente hasta que el calor de la noche o las jarras de cerveza que los dos estaban bebiendo hicieron su efecto y terminaron… bueno, reencontrándose de una forma bastante agradable que a ninguno de los dos incomodó porque los dos solían hacer aquello de vez en cuando y los dos estaban seguros de que si no había conquistas disponibles, siempre venía bien la mano – y la boca o las dos cosas- de un buen amigo para mitigar la soledad y traer el placer. Chris sonrió con malicia al recordar lo que había sucedido en el baño del bar pero no dijo nada, aquello apenas importaba.

Era lo que Victor le había dicho y no lo que había hecho con él, lo que sus amigos tenían que saber, lo demás, iba a dejarlo a la imaginación de los cuatro jóvenes que seguían mirándolo de forma interesada mientras él seguía perdido en aquellos pensamientos llenos de recuerdos agradables.

-Si te cuento lo que pasó, vas a traumatizarte, mi querido príncipe- dijo Chris riendo divertido-. Me temo que tú estás guardándote para el día de tu boda ¿no es así? Yuri, tendrás una virgen para ti cuando por fin le propongas matrimonio a Yurio…

-Seremos dos vírgenes entonces- dijo Yuri con las mejillas sonrojadas, provocando con sus palabras que Yurio se tambaleara en medio de su estiramiento al notar que Yuri no estaba negando la posibilidad de que ellos dos, algún día… ¿Qué? ¿Por qué le estaba dando importancia a eso? Yuri solo estaba siguiéndole la corriente a Giacometti ¿o no?

-¡En serio tengo que curarlos de esa terrible enfermedad!- dijo Chris con una mueca horrorizada que hizo reír a sus amigos-. Mi oferta de ponerse en mis manos para las clases de sensualidad sigue en pie, por cierto…

-Paso…- dijo Yurio recobrando la perfecta postura que había estado practicando antes-. Y no desvíes el tema de conversación ¿Cómo es posible que conozcas a Victor "la zorra" Nikiforov? ¿Eres parte de su lista de conquistas interminables? Aunque, omite esa pregunta, por la estúpida sonrisa con la que los dos salieron del baño ayer es más que obvio que formas parte de su lista de corazones robados…

-¿Tú también sabes quién es el dios al que vimos ayer, Yura?- dijo Minami con verdadera sorpresa-. Phichit y yo queríamos acercarnos a él pero… no, no, él está demasiado lejos de nuestras posibilidades. Jamás lo había visto en Hasetsu ¿por qué ustedes dos lo conocen?

-Phichit y tú harían bien en mantenerse lejos de él- dijo Yurio con una mirada sombría que ninguno de sus amigos pudo entender-. Él es un hombre despreciable si a alguien como él puede llamársele hombre…

-¿Por qué estás siendo tan duro con Victor?- dijo Chris bastante contrariado por las palabras del rubio- ¿Lo conoces o solo has escuchado rumores acerca de él? Porque déjame decirte que ninguno de esos rumores es verdad. Sí, él es un viejo zorro al que le encanta salir de cacería pero no hace nada que otros no quieran hacer también, él es como yo ¿entienden? Los dos somos almas libres, nada más…

-Yo no estoy entendiendo nada de nada- dijo Yuri Katsuki sintiendo que de verdad habían pasado demasiadas cosas en aquella fiesta a la que no había acudido después de todo-. No sé de quién están hablando, solo sé que es amigo de Chris y que Yura lo conoce…

-¿Nos puedes decir como lo conoces tú, Yura?- dijo Phichit realmente interesado en aquello.

-Ok, les contaré porque de verdad harían bien en mantenerse lejos de él y te equivocas Giacometti, tú no eres despreciable como él, bueno, no tanto…- dijo Yurio con una sonría divertida que hizo que Chris se relajara un poco aunque seguía sin entender la rabia de la voz de su amigo-. Conocí a Victor en Rusia, él fue el pianista acompañante del ballet de Madame Baranovskaya por un tiempo antes de que yo decidiera venir a Japón. Él y uno de mis compañeros, Georgi, tuvieron algo que ver, sé que Georgi es parte de la lista de Victor. El problema es que el corazón de Georgi pensó que él podría cambiar a una vieja zorra como Victor, ya sabes, lograr que se enamorara de él y otras expectativas estúpidas que evidentemente una zorra como Victor no podía cumplir…

-Zorro…- dijo Chris sin pensarlo.

-La zorra aquella rompió el corazón de Georgi - continuó Yurio sabiendo que toda la atención del grupo estaba en él-. Sí, debo admitir que Georgi es un rey del drama y que lo que hizo fue completamente culpa suya, pero Victor pudo detenerlo y no lo hizo, a Victor Nikiforov no le importa nada, ni nadie…

-¿Qué le pasó a Georgi?- dijo Yuri con el corazón intranquilo sin saber muy bien por qué.

-Después de lo que Victor le hizo, Georgi cayó en una depresión oscura y profunda, nadie parecía poder sacarlo de ahí- dijo Yurio recordando aquel negro episodio en Rusia-. El muy idiota creyó que Victor volvería a él por lastima pero no fue así, Victor no siente nada, nada de nada. Georgi intentó… bueno, algunos dicen que fue un accidente pero no lo sé, yo no era amigo íntimo de él pero aun así ¿Por qué uno de los bailarines más experimentados y artísticos de Rusia decidiría cruzar una de las avenidas más peligrosas de Moscú sin tener cuidado? ¿Por qué un bailarín se pondría en peligro a propósito, al grado de ser arrollado por un auto a toda velocidad?

-¿Está muerto?- dijo Minami con los ojos llenos de un terror reverencial producto del silencio que reinaba en el grupo ahora.

-No, pero creo que él deseaba estarlo… - dijo Yurio con calma-. No pudo bailar por dos años después de eso, lo último que sé de él es que hasta hace unos pocos meses pudo caminar de nuevo y todo fue por culpa de ese hombre que los tenía babeando a ustedes ayer…

-Insisto en que estás siendo injusto con él- dijo Chris sin poder negar que quizá Victor había sido un aliciente para que el chico aquel decidiera hacer lo que hizo, pero de ahí a culparlo por todo…

-Injusto o no, me desagrada- dijo Yurio con firmeza-. No me importa si es tu amigo o si coges con él cada vez que los dos se encuentran, la vida privada de los demás no es asunto mío. Solo quiero que sepan que si yo fuera ustedes me mantendría lejos de él, en especial tú, Yuri…

-¿Yo?- dijo el joven pelinegro sin entender muy bien por qué su corazón seguía latiendo de forma demencial-. Pero si yo no lo conozco y después de lo que dijiste tampoco quiero conocerlo…

-Y será mejor que él no te conozca a ti, si sabe que eres el rey cisne y te ve, bueno…- dijo el rubio sintiendo que empezaba a ruborizarse-. Creo que jamás te das cuenta de lo hermoso que eres y a Victor la belleza lo atrae como un imán, es como una vieja zorra adicta a todo aquello que le resulta bello y Yuri, sin duda alguna para él tú serías la joya de la corona porque…

-Porque nuestro rey cisne es jodidamente perfecto- dijo Phichit un poco intranquilo- ¿De verdad crees que Victor Nikiforov quiera hacerle daño a alguien? A mí no me pareció que fuera alguien malo, quizá un poco demasiado encantador y coqueto pero…

-Solo te digo lo que yo sé- dijo Yurio un poco harto de aquel tema-. Si no lo volvemos a ver nunca más estaré completamente feliz, quizá solo esté aquí en Hasetsu por error, no me imagino qué demonios hace alguien como él en un lugar como este, no creo que venga a un retiro espiritual la verdad, pero sea cual sea el motivo de su estancia en Japón espero que regrese pronto a Rusia para no volver a verlo jamás…

-Bueno… creo que eso no será posible- dijo Chris con una sonrisa divertida que puso en alerta a los demás chicos-. Resulta que Victor me dijo que él está aquí porque…

Chris se interrumpió a la mitad de su discurso y el silencio se hizo en el grupo de amigos una vez más cuando todo mundo se puso de pie al ver entrar a los dos directores de la compañía caminando al lado de un hombre de caminar sensual y sonrisa encantadora que rápidamente llamó la atención de todos los bailarines ahí presentes quienes miraban a los recién llegados con atención e intriga.

Yuri se quedó contemplando aquella escena desde detrás de hombro de Yurio quien de forma instintiva se había parado delante de él, como si quisiera apartar de la vista de aquel depredador de ojos azules quien sonreía y que paseaba la mirada por entre los chicos ahí reunidos como si estuviera buscando algo, y a Yurio no le quedó la menor duda de que aquella mirada del color del cielo de verano estaba buscando a Yuri y un escalofrío subió por la espalda del chico sin que éste pudiera evitarlo.

-Buenos días a todos, me alegra que la puntualidad siga siendo una de las características primordiales de esta compañía- dijo Minako quien era una mujer alta y delgada que a pesar de los años seguía siendo bella aunque el aire de autoridad que inspiraba hacía que todos los bailarines la contemplaran sin gana alguna de interrumpirla-. Celestino y yo queremos presentar al nuevo acompañante musical para esta temporada, el señor Victor Nikiforov trabajó antes para el ballet Bolshói y es todo un honor poder integrarlo ahora a esta compañía que sé, le dará la más cordial bienvenida a nuestro grupo…

-Victor estará disponible para los ensayos grupales así como para los ensayos individuales que cada uno de nuestros principales desee agendar, les rogamos que nos hagan llegar su lista de horas requeridas para poder organizar las rotaciones de una mejor forma- dijo un hombre de largo cabello castaño y ojos verdes que hablaba en inglés con cierto acento italiano que a pesar del tiempo no lo había abandonado y le recordaba a su tierra natal. Él era el segundo director de la compañía, Celestino Cialdini.

-Esperamos que todos hagan sentir al señor Nikiforov como en casa, es uno de los mejores pianistas clásicos del mundo, así que aprovéchenlo- dijo Minako con una sonrisa amigable-. Yuri Katsuki ¿Podrías dar un paso al frente, por favor?

El muchacho del cabello oscuro sintió que una descarga eléctrica lo recorría de pies a cabeza al escuchar su nombre y al sentir que, mientras él avanzaba al frente con paso sigiloso, los azules y brillantes ojos del nuevo pianista de la compañía no apartaban la mirada de él. La mirada de Victor era intensa, evaluativa, Yuri no pudo evitar notar que aquellos ojos estaban midiéndolo, estudiándolo, paseando por su cuerpo de una forma que le hizo entender a Yuri aquel dicho que decía "me estaba desnudando con la mirada".

Yuri tragó saliva de forma suave al llegar al frente de la compañía, su corazón latía un poco agitado pero decidió que no quería que el hombre aquel lo considerara débil, no después de lo que Yura había contado acerca de él. Yuri miró a sus compañeros antes de enfrentarse con los ojos azules del hombre aquel que sonreía con la ferocidad del depredador que está a punto de dar el primer zarpazo y Yuri notó que la gran mayoría de los bailarines contemplaba al hombre aquel con embeleso, algunos incluso estaban dedicándole miradas del mismo estilo de la que Victor Nikiforov estaba dedicándole a él.

Y cuando los ojos marrones del joven Katsuki miraron directamente a los ojos de Victor, el pianista ruso sonrió intentando con aquel gesto al que nadie jamás podía resistirse, encantar a la belleza que estaba frente a él. Yuri estaba usando un ajustado mallón oscuro que delineaba perfectamente las curvas de su trasero firme y también, los músculos de sus piernas que sin duda alguna eran fuertes y sabían moverse de forma perfecta mientras bailaban, algo que hizo que Victor temblara de placer ante la sola idea de sentir aquella piernas enredadas en su espalda. Una sonrisa aún más seductora se dibujó en sus labios y Yuri supo que aquella era la sonrisa de un cazador que tira a matar y el entender eso, el entender que aquel hombre estaba marcándolo como su presa, hizo que la rabia llenara el corazón del joven pelinegro quien pudo notar en seguida por qué aquel engreído, que sí, sin duda era guapo, le desagradaba sobre maneara a Yura.

-Él es el principal de esta temporada, Victor- dijo Minako sintiendo que entre el pianista y el Rey Cisne estaba surgiendo demasiada tensión para tratarse de un primer encuentro-. Yuri Katsuki es un bailarín excepcional, Celestino y yo queremos que los dos trabajen cuanto sea necesario para que Yuri logre optimizar todas sus virtudes. Yuri- dijo la directora dirigiéndose al joven que seguía mirando al pianista de forma imparcial-. Puedes agendar una hora de ensayo con Victor cuando desees, él está dispuesto a ayudarte en todo lo que le sea posible, así que no temas, él entiende de danza, ha tocado para las más grandes compañías de ballet del mundo entero…

-Y ha cogido con todos ellos- dijo Yurio sin poder reprimirlo haciendo que sus compañeros voltearan a mirarlo con algo de sorpresa, sin embargo sus palabras no llegaron a Yuri quien se limitaba a asentir a las palabras de la directora con calma.

-Yuri, como principal de la presentación deseamos que seas tú el encargado de darle la bienvenida a Victor- dijo Celestino con una sonrisa juguetona que raras veces aparecía en sus labios-. Sí, chicos, sí, tienen permiso para organizar una fiesta de bienvenida, tienen mi bendición, háganlo…

Los bailarines prorrumpieron en vítores alegres al escuchar las palabras del director, al menos la gran mayoría de ellos porque los chicos que tenían los papeles principales intercambiaron una mirada de desasosiego tal que incluso Minako y Celestino se sintieron sorprendidos de ver aquello, pues era bien sabido por todo el mundo que la palabra "fiesta" era una de las preferidas de aquella compañía de baile.

-Lo haré con gusto…- dijo Yuri con una voz firme que en seguida hizo sonreír a Victor-. Bienvenido a la compañía, señor Nikiforov, espero que su estancia aquí sea placentera, trabajemos mucho, por favor.

-Oh, créeme, Yuri- dijo el hombre de los ojos azules sin dejar de mirar al chico frente a él-. Mi estancia aquí será más que placentera y tú y yo trabajaremos más duro que nadie…

Yuri sintió un escalofrío enorme al escuchar la voz del ruso, aquella voz era una invitación a olvidarse de toda la cordura, aquella era la voz de un seductor nato y el joven Katsuki rogó a los dioses que quisieran escucharlo que sus mejillas no se hubieran ruborizado ante el énfasis que el pianista había hecho en la palabra "duro".

El joven japonés asintió a las palabras del pianista sin saber qué más decir y como ni Celestino ni Minako le dijeron algo más, el joven volvió a su lugar, al lado de Yurio quien no dejaba de mirar al pianista idiota aquel con odio declarado. Y es que el rubio veía el deseo descarado en los ojos azules del hombre aquel, aquellos ojos que seguían a Yuri de forma insistente, aquellos ojos que no dejarían al rey cisne en paz hasta que el rey cisne cayera por fin en las garras del zorro…


Las pupilas azules de Victor Nikiforov se habían quedado clavadas sobre el rey cisne desde el primer momento en el que había podido volver a verlo. Cortamente, el pianista había esperado poder conocerlo antes del ensayo, pero a medida que varios de sus compañeros llegaban al bar donde había decidido esperar por los bailarines que Takeshi Nishigori le había mencionado acudían a su bar en la madrugada, Victor se había dado cuenta de que el rey cisne no llegaría jamás, algo que no lo molestó del todo porque después de que se enterara de la identidad de aquel joven, el encuentro entre los dos era algo seguro, casi predestinado.

Victor sonrió ante ese pensamiento y relamió sus labios al observar al joven Katsuki dando muestra de su enorme talento mientras bailaba el solo de la obertura en el que Odette es convertida por vez primera en un cisne. Sí, no cabía la menor duda de que Yuri Katsuki era un bailarín excepcional. Sus manos y sus piernas se movían en total acuerdo con la música que estaba brotando del piano de Victor, era como si aquel cuerpo pudiera hacer el amor con el sonido y Victor sintió un escalofrío al pensar en lo que un chico como aquel podría hacer en la danza del amor, una danza que era puro instinto, una danza que no era tan medida y estudiada como la que Yuri Katsuki estaba realizando en medio de aquel estudio en el cual reinaba el silencio porque cuando Yuri bailaba, todo a su alrededor parecía callarse.

Y es que el pelinegro cuyo rostro lucía sonrojado por el esfuerzo, algo que solo aumentaba su belleza de forma exponencial, parecía estar lejos de ahí; lejos de los ojos codiciosos de todos lo que lo miraban; lejos del deseo del propio Victor, lejos de un sentimiento de raíces profundas que brotaba del pecho de Yuri Plisetsky quien no podía apartar la mirada de su mejor amigo, no en aquel momento, no cuando Yuri le parecía aquel espíritu inalcanzable que danzaba sin él, con el que tendría que danzar hasta el inicio del segundo acto.

El joven Plisetsky suspiró conmovido, algo que no atrajo la atención de los demás bailarines porque todos parecían sumidos en un encanto que adormecía los demás sentidos, era como si la imagen de Yuri en sus ojos hubiera adormecido todo lo demás para hacer de su danza algo más impactante, algo inolvidable, algo que tenía a Victor Nikiforov al borde del banquito del piano, preguntándose en qué momento la melodía que tocaba se terminaría para que él pudiera, por fin, desplegar su encanto delante de aquel chico que sin duda alguna era más que una cara bonita: Yuri Katsuki era puro talento, Yuri Katsuki era algo que las palabras no podían describir.

La música se terminó minutos después y a todo el mundo le pareció estar despertando de un sueño largo y reparador y la compañía en pleno no pudo evitar aplaudir a Yuri quien recibió el aplauso de sus compañeros con una sonrisa avergonzada, algo que le daba idea a Victor de que el rey cisne no tenía ni la más remota idea del efecto que su danza tenía entre los mortales, es decir, Victor había tenido que morderse los labios para recordarle a su cuerpo que aquel no era un buen momento para excitarse de más pero así se sentía: totalmente embrujado por la tímida sensualidad de aquel chico que bailaba, de aquel chico que no tenía ni la más mínima idea de que verlo bailar era todo un coctel de sensaciones contradictorias y placenteras para los sentidos.

-Perfecto, Yuri…- dijo Minako con una sonrisa satisfecha-. Ensayaremos el inicio del primer acto mañana, mientras tanto tú trabajarás en Odile con Celestino, Yuri, los dos sabemos que ese es el verdadero reto, tu Odette es perfecta…

Yuri asintió a las palabras de la directora quien siguió repartiendo instrucciones a diestra y siniestra, mientras Celestino Cialdini se acercaba al pelinegro para decirle algunas recomendaciones para el ensayo del día siguiente y Victor se dio cuenta que ni siquiera cuando Yuri no estaba bailando, le resultaba imposible apartar los ojos de él.

"Te pegó fuerte, Nikiforov", pensó el ruso mientras arreglaba sus partituras y algunos de los bailarines comenzaban a salir dedicándole uno que otra mirada sugerente. "Este chico es un verdadero tesoro y tiene que ser tuyo lo más pronto posible al menos que quieras morir de frustración sexual antes de que se termine tu contrato."

Victor rio sin poder evitarlo y cuando volvió a levantar la mirada de su portafolios oscuro, aquel en el que guardaba las partituras, notó que la habitación a su alrededor se había vaciado de pronto y que delante de él y de su piano estaba solamente un chico de rubios cabellos e intensos ojos verdes que lo miraban con evidente desprecio y que le resultaron vagamente familiares.

-Aléjate de él, ni siquiera pienses en acercarte a él…- dijo el joven bailarín haciendo que Victor le dedicara una mirada de desconcierto que le hizo levantar una ceja.

-¿Alejarme de quién, exactamente?-dijo Victor con la misma voz seria que el otro chico estaba usando.

-No te hagas el estúpido, zorra- dijo Yurio con firmeza, sin que le importara que Victor pudiera acusarlo con los directores por tratarlo de aquel modo.

Sí, era cierto que tenía mal carácter y que ese mal carácter era el que lo había orillado a actuar de aquel modo pero no podía evitarlo. El joven Plisetsky había visto cómo aquel imbécil miraba a su mejor amigo y él simplemente no podía si quiera imaginarse a aquel tipo cerca de Yuri. Tenía que proteger a Yuri. Tenía que alejarlo de aquel peligro andante que le sonreía ahora como un padre molesto le habría sonreído a un bebé que hace un berrinche.

-Creo que no has perdido para nada esa mala costumbre de decir estupideces, gatito- dijo Victor recordando de pronto a aquel joven iracundo que él había conocido en la compañía de madame Baranovskaya y al que no le había puesto demasiada atención-. Creo que es mi deber recordarte que me puedo acercar a quien me dé la gana ¿entiendes? La última vez que revisé, este país era un país libre donde tú no gobernabas…

-Mejor ser un gatito que una asquerosa zorra como tú- dijo el rubio con calma-. Y sí, puedes acercarte a quien quieras, no dudo que ahora mismo tengas una lista enorme de culos que follar, eso es lo que te gusta ¿no es así? Por eso te recomiendo que folles lo que está disponible y te alejes de Yuri ¿estamos claros?

-¡Oh, el gatito está enamorado del rey cisne!- dijo Victor con una falsa voz conmovida que solamente hizo que Yurio lo mirara con más odio-¿Cuánto tiempo llevas deseándolo así? Es evidente que él no sabe de lo que sientes ¿o sí?

-Lo que yo sienta por él no es asunto tuyo, anciano- dijo Yurio con calma-. Solo quiero que te alejes de él, no dejaré que Yuri se acerque a alguien como tú ¿entiendes? Él no es como los demás, no dejaré que le hagas daño como a Georgi…

-Georgi hizo lo que él decidió hacer- dijo Victor y el rubio se sorprendió de que una nube oscura pasara en las pupilas azules del pianista al pronunciar aquel nombre-. Yo jamás le mentí ¿entiendes? Cuando alguien se mete conmigo, sabe muy bien que no voy a pedirle matrimonio y que no lo amaré por siempre, vamos, ni siquiera creo en el amor…

-Y por eso es que no vas a acercarte a Yuri- dijo el rubio con una voz llena de enojo-. Yuri merece otra cosa, no que un imbécil como tú quiera usarlo como ha usado a todos los demás…

-¿Me estás diciendo que Yuri merece a alguien como tú?- dijo Victor riendo divertido- ¿Yuri merece a un gatito que quiere parecer un tigre pero que está asustado de sus propios sentimientos? ¿Yuri conocerá el amor de verdad contigo? ¿O me estás amenazando? ¿Quieres convertir esto en una competencia? Vamos, gatito, no hagas eso, si esto se convierte en una competencia para ganar el corazón del rey cisne, es obvio que ganaré yo…

-Eso es lo que la gente significa para ti ¿no es así?- dijo Yurio riendo despectivamente de las palabras del pianista-. Los hombres solo son trofeos para ti y no dejaré que Yuri se convierta en eso, no dejaré que él se acerque a ti…

-¡Ah, la fuerza que da el primer amor!- dijo Victor riendo alegremente-. Lamento interferir en tus fantasías adolescentes, gatito, pero eres el príncipe del cuento solo en la representación. Lamento bajarte de tu nube pero la vida real no es como el ballet, la vida real es otra cosa…

-No me hables de la vida real, zorra- dijo el joven rubio sin dejarse amedrentar por las palaras del hombre mayor-. Tú tampoco sabes nada de la vida, no le puedes llamar vida a esa lamentable existencia que llevas ¿Qué es lo que haces mientras no estás follándote al primer incauto que se te cruza en frente? Me das asco ¿sabes? La gente como tú, la gente que está muerta por dentro me da asco…

-Mira, Yuri Plisetsky- dijo Victor sintiendo que empezaba a enojarse y es que las palabras del rubio tenían un rescoldo de verdad que lo hería en lo más hondo, que echaba sal en una vieja herida que él siempre había ignorado a las mil maravillas-. No voy a alejarme de Yuri Katsuki en primer lugar, porque soy el pianista de esta jodida compañía y él tiene que ensayar conmigo ¿entiendes? ¿O ya se te olvidó como funciona todo en el ballet? Y en segundo lugar, creo que el rey cisne es perfectamente capaz de cuidar de él mismo y él decidirá si se acerca a mí o no. Yuri es un adulto, un adulto delicioso debo agregar ¡Cielos! ¿Cómo has hecho para aguantarte las ganas de tocarlo o de besarlo? Porque eso es lo que te está matando ahora ¿no es así, gatito? Te estás muriendo de celos ante la sola posibilidad de que sea yo y no tú el que bese y toque a Yuri ¿verdad?

Sin poder evitarlo, los brazos fuertes de Yurio tomaron a Victor por la solapa de su saco e hicieron que el hombre de los ojos azules se sintiera sorprendido por el arrebato del bailarín aquel quien estaba pareciéndole cada vez más una real molestia en el trasero que podía tornarse en un enemigo de verdad en la aventura de anexar al rey cisne a su larga lista de conquistas.

-No te atrevas a hablarle de cosas que no sientes y que jamás sentirás, no te atrevas a tocarlo…- dijo el rubio con firmeza-. Si haces algo de eso con él, haré de tu vida un infierno ¿me oyes? Puedo ser un gato, pero incluso los gatos desgarran a la carroña como tú. Así que no se te ocurra acercarte a Yuri como otra cosa que no sea el pianista mediocre que eres. Te lo diré solo una vez más, imbécil: si intentas jugar con Yuri, desearás no haber nacido…

-¿Yura, qué está pasando?- dijo una suave voz desde la puerta y el joven Plisetsky soltó de inmediato al pianista quien trató de sonreír de la forma más encantadora que pudo al ver a Yuri Katsuki una vez más delante de él.

El pelinegro se acercó a los dos hombres frente a él con aire temeroso, la tensión de las palabras que Yurio y Victor se habían dicho podía sentirse en el aire del mismo modo en el que en las tardes de tormenta uno puede sentir que hay algo en el ambiente próximo a estallar.

-¿Está todo bien?- dijo el joven de los ojos marrones siendo consciente una vez más del poderoso magnetismo de esos ojos azules que no dejaban de mirarlo- ¿Pasa algo, señor Nikiforov?

-Nada, nada…- dijo el hombre de los ojos azules intentando sacudirse la rabia que su encuentro con el rubio que seguía mirándolo atentamente le había causado-. Yuri ¿Te gustaría ensayar a solas conmigo? Creo que puedes tenerme para ti la tarde entera si así lo deseas…

-No, eso no es necesario, ni posible…- dijo Yuri sintiendo una vez más que había algo en Victor Nikiforov que no le gustaba de verdad, y al escuchar las palabras de su amigo Yurio tuvo que reprimir las ganas de ponerse a bailar de felicidad.

-¿Ocupado?- dijo Victor sin gana alguna de rendirse-. Sea lo que sea, estoy seguro de que puedo ayudarte…

-No es nada, es algo entre Yura y yo- dijo el joven Katsuki sonriéndole al rubio con un gesto dulce que hizo que algo en las tripas de Victor rugiera de forma airada-. Lo veremos mañana, señor Nikiforov, bienvenido de nuevo y… no se preocupe, tendré lista su fiesta de bienvenida también ¿está libre el viernes por la noche?

-¿Es una cita?- dijo Victor con ganas de golpear a Yuri Plisetsky y su maldita sonrisa de suficiencia.

-No…- dijo Yuri tranquilamente-. Es mi obligación como bailarín principal de la compañía… como sea, no quitaremos más su tiempo, si hay algo que pueda hacer por usted, dígamelo…

-De hecho, hay algo que puedes hacer por mí, Yuri- dijo el pianista levantándose hasta quedar justamente frente al rey cisne.

-¿Qué cosa?- dijo el joven Katsuki sintiéndose nervioso ante aquella cercanía.

-Llámame Victor ¿quieres?- dijo el hombre mirando al joven Katsuki directamente a los ojos-. Un hombre como tú, puede usar mi primer nombre…

-No veo por qué Yuri deba llamarte por tu nombre- dijo el rubio pasando uno de sus brazos por los hombros de Yuri, un gesto de competencia infantil que sin embargo hizo que Victor sintiera hiel amarga subiendo hasta su boca-. Ninguno de los pianistas anteriores era especialmente cercano con nosotros así que, opino que Yuri no debe llamarte de ningún modo…

-No seas malo, Yura- dijo el joven Katsuki con una nueva sonrisa dulce que hizo que el deseo de Victor se inflamara de forma inaudita ¿Qué tenía aquel chico que lo hacía sentir de ese modo?-. Ok, Victor, te veremos mañana…

-¿Estás seguro de que no quieres ensayar a solas conmigo?- dijo Victor a la desesperada, sintiéndose en desventaja ante aquel rubio imbécil que había pegado el cuerpo de Yuri al suyo de forma protectora.

-Muy seguro- dijo Yuri con seriedad, dándole a entender a Victor que su presencia no era tan importante como la del otro chico-. Es Yura quien siempre me ayuda con eso, siempre ensayo mejor con él. No te preocupes Victor, si necesito ensayar contigo alguna vez te avisaré.

-Adiós, anciano- dijo Yurio con una sonrisa triunfal en sus labios-. Y no olvides nuestra amigable plática, cada palabra que dije es cierta…

Victor miró que los dos jóvenes se alejaban de él sin voltear a mirarlo, Yuri Katsuki no se separó del rubio aquel y el hombre de los ojos azules sintió ganas de salir detrás de ellos y secuestrar al bailarín principal de la compañía porque no veía qué otra opción le quedaba.

¿Cómo era posible que Yuri Katsuki no estuviera interesado en él? ¿Era posible que el rey cisne de verdad estuviera enamorado del Gatito? ¿De verdad había llegado en ese momento en la vida de los dos chicos en el que una amistad de verdad se convierte en otra cosa de pronto? ¿De verdad el rey cisne pertenecía ya a otra persona, otra persona que le había robado el corazón antes que él? ¿El gatito le había ganado antes de que la batalla empezara? No, no. Claro que no.

-El gatito te tiene miedo, Victor- dijo para sí el hombre de los ojos azules -. Si no tuviera miedo de ti y de lo que puedes causarle a Yuri, si él estuviera seguro de los sentimientos de Yuri él no habría tenido que montar ese show. Puede que él tenga una ligera ventaja ahora pero ¿sabes? Amas los retos, Nikiforov, amas los retos y si Plisetsky quiere guerra, guerra tendrá. La batalla por conquistar el corazón de Yuri Katsuki apenas acaba de empezar…


NDA: Mil gracias por la bonita bienvenida que le dieron a esta historia, de verdad me siento feliz de que les haya gustado el primer capítulo y espero que sea así en los que siguen. Espero seguirlos leyendo¡ :D