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Tenía ya tiempo queriendo actualizar esta historia pero me costó mucho plasmar la idea que pensé para este capítulo, el cual sirve para dar impulso a toda la historia en general. Me complace poder postear este capítulo en otro día especial: Feliz cumpleaños Maxima, te adoro.

Gracias por pasar a leer y espero que lo disfruten.

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CAPITULO 2 – DISTRACCIÓN PERFECTA

Al comenzar a recobrar el sentido, lo primero que notó fue un ardor intenso en su espalda que parecía aumentar en ciertas zonas a causa de una presión leve pero se sentía demasiado aturdido como para darse la vuelta y ver. Lo segundo fue un zumbido agudo y persistente en sus oídos que opacaba toda la demás gama de sonidos en el ambiente, aunque por suerte perdía fuerza con rapidez. Permaneció inmóvil mientras se recuperaba, además de lo desorientado que se sentía también padecía un cansancio terrible y ni siquiera podía recordar cómo es que había terminado así tan hecho polvo y recostado boca abajo en algún sitio. Conforme el zumbido abandonaba el interior de sus orejas, comenzaron a escucharse unos leves murmullos que pronto pasaron a convertirse en voces bastantes familiares para él, las reconoció inmediatamente.

— Aprietas muy fuerte, ¡Vas a lastimarlo más! —dijo una voz femenina, proveniente de una jovencita que observaba la escena con una mirada cargada de preocupación.

— No seas tonta, ¿Que no ves que está inconsciente? —aseguró una voz masculina más grave con un tono molesto—, no puede sentir nada ahora mismo.

— ¿Crees... que esté muerto? —ahora más que inquietud, la voz de la joven chica exhibía una tristeza rotunda que dada la situación no hacía más que hacerla sonar adorable. Aunque su acompañante no opinaba lo mismo.

— Pero que idioteces dices... —el chico bufó, moviendo la cabeza a los lados y sonriendo por lo estúpido del juicio de su compañera. Era obvio que no estaba muerto pues el pesado cuerpo se movía al compás de sus propias respiraciones. Pero no iba a pararse a explicárselo ahora, sabía que era más importante continuar con su tarea.

La chiquilla permaneció en silencio mientras que el joven adulto humedecía un poco más la gasa en una de sus manos con el líquido de la botella que tenía en la otra. No estaba muy seguro de lo que estaba haciendo o de si era la manera correcta pero hizo lo posible por imitar las acciones de su compañero caído, a quien había visto hacer curaciones varias veces y que ahora necesitaba que aplicara en él las pocas cosas que sabía. De haber sido en otras circunstancias ni siquiera se hubiera preocupado por atenderlo, a él le gustaba ocuparse de esa clase de cosas. Pero haberlo encontrado inconsciente en la sala del departamento y a apenas unos escasos pasos de la puerta le había resultado cuanto menos inquietante. Eran tres heridas en total, todas cortes de un tamaño considerable situadas en la parte media de la espalda, los restos de sangre seca en la ropa y piel denotaban que habían estado sangrando bastante. Tuvo que rasgarle la sudadera que llevaba encima para poder dejar su espalda al descubierto y atenderlo como era debido.

Cuando terminó de limpiar las cortadas se puso de pie y entregó la pequeña botella de líquido antiséptico y la gasa manchada de sangre a la pequeña que estaba a su lado, indicándole que los pusiera en su sitio correspondiente. No pudo evitar notar los grandes ojos de ella mirándole inocentemente y en ellos un temor que no podía esconder. Suspiró pesadamente pues no quería hablar pero no le quedaba de otra, estaba sólo con ella si es que ignoraban por completo a su amigo inconsciente en el suelo y de no abrir la boca ahora se enfrentaba a una noche plagada de lloriqueos femeninos y tampoco iba a lidiar con eso. Cuando la chica se dio la vuelta dispuesta a irse, supo que tendría que hacerlo ahora o nunca.

— Oye, escucha... —comentó en voz muy baja, pero fue suficiente para que la chiquilla lo escuchara. Ella se dio la vuelta inmediatamente volviendo sus enormes ojos hacia él, cosa que lo puso nervioso. Hizo una pausa incómoda tratando de acomodar las palabras en su cabeza y se llevó una mano a la nuca antes de continuar—. Está vivo, respira y se pondrá bien. Sólo necesita descansar y es todo, ¿Ok?

Lo último le hizo sentir bastante tonto, más aún porque era una de las estúpidas expresiones que había tomado del vocabulario de su compañero. Realmente era afortunado de que sus gafas oscuras le cubriesen los ojos, aunque hubiera deseado que alcanzaran a cubrirle toda la cara para así ocultar por completo la vergüenza que sentía. Por lo menos su plan parecía haber funcionado, ella parpadeó un par de veces y asintió con la cabeza con un gesto más sereno y prestando poca o nada de atención a lo avergonzado que se encontraba.

Una ligera risa ahogada seguida de algunos quejidos llamó la atención de ambos quienes giraron la cabeza en dirección al suelo, de donde provenían los sonidos. El pesado hombre que había estado inconsciente momentos antes ya había conseguido colocarse bocarriba e hizo un esfuerzo para sentarse. La delgada chica dejó caer la botella de antiséptico y la gasa en su mano para lanzarse al suelo y atacar a su compañero de equipo caído con un fuerte abrazo. Él la rodeo con un brazo, apretándola suavemente contra él y sintiendo el inquieto latir de su corazón bajo la mirada incomoda de K', quien no tardó en abrir la boca para interrumpir.

— Dale espacio para respirar, vas a asfixiarlo.

Al ver la manera abrupta en la que ella se separó del abrazo que compartían y la mirada de pánico en su rostro, Maxima se aseguró de calmarla rápidamente—: No, no es verdad. Sólo está bromeando.

Kula se giró hacia el chico moreno con los ojos entrecerrados y la nariz arrugada, dedicándole un gesto molesto. No tardó mucho en sacarle la lengua a modo de venganza para luego recoger las cosas que había tirado en el suelo, alejándose después a colocarlas en el cubo de basura para estar lo suficientemente lejos de K' ahora que ya había confirmado que Maxima estaba bien. El enorme hombre gruñó varias veces mientras hacía el esfuerzo por ponerse de pie, estiró con cuidado su espalda para no empeorar el escozor que sentía y movió los brazos lentamente para aliviar un poco la tensión en sus hombros. Giró la cabeza un par de veces a los lados para hacer crujir las vértebras de su cuello antes de apuntar su vista directo al joven moreno que no le había quitado la vista de encima—: ¿Llevan mucho tiempo aquí?

— Una hora o algo así —K' se encogió de hombros y después acomodó ligeramente las gafas en su rostro para distraerse un poco antes de buscar despejar su duda más grande—: ¿Por qué estabas así?

— Nada, realmente. Tuve una pelea imprevista cuando salí a entrenar por la mañana —con la punta de los dedos de una de sus manos, Maxima se acarició la barbilla un tanto nervioso, esperando que no tuviera que indagar demasiado en el asunto.

— ¿Una pelea? —aquella respuesta aunque algo vaga logró llamar la atención de K'—, ¿Contra cuantos?

— Bueno, era uno solo —contestó levantando la vista, recordando poco a poco lo que había ocurrido horas atrás—, sucede que era un oponente bastante fuerte y…

— ¿Y…? Ni siquiera cuando hemos peleado contra los más fuertes del torneo te había visto tan acabado como ahora —el moreno bufó con evidente desagrado que iba a juego con su tono de voz y luego desvió la mirada hacia un lado, pensativo—. A este paso vas a tener que quedarte aquí cuidando de la casa, no vas a ser de ninguna utilidad en las misiones.

Maxima se quedó de pie, inmóvil y sin saber exactamente cómo reaccionar. No esperaba para nada recibir un regaño y mucho menos de parte de K' pero aún con todo debía admitir que el chico tenía razón. Su debilidad iba manifestándose cada vez más en forma de fatiga y poco aguante a la hora de combatir y aunque siempre estaba dispuesto a arriesgarse por los suyos esta vez no haría más que ser una carga. Escuchó a K' suspirar un poco cuando se dio la media vuelta para ir a tumbarse en el sofá, estaba seguro de que ambos sabían el motivo por el cual había caído rendido de cansancio después de una pelea que, en otro momento, hubiera resultado tan sencilla como dar un paseo por el parque.

Comenzó hacía apenas unos meses, una alerta apareció de pronto en su sistema y parecía sólo tratarse de una pequeña falla en su cuerpo, nada que no pudiera arreglar por sí mismo pero aunque se había pasado noches enteras con las herramientas en mano, eventualmente se dio cuenta que no era nada fácil hacer sólo una intervención de ese tipo. Menos aun cuando era sobre algo tan delicado como su reactor principal o dicho de otra manera, su corazón.

—Supongo que tienes razón… —dijo casi sin darse cuenta mientras bajaba la cabeza, sin siquiera estar seguro de que el joven moreno lo hubiera escuchado. Según sus cálculos, la falla no haría más que agravarse hasta lograr apagar su sistema y por ende su vida. Era por ese mismo motivo que el objetivo de todos sus compañeros cercanos había cambiado drásticamente al comunicarles la noticia. La prioridad ahora era encontrar al doctor Makishima, el único que tendría el conocimiento suficiente como para repararlo.

— Antes de que lo olvide, tienes que meterte en el sistema bancario otra vez. Nos estamos quedando sin dinero.

Las palabras de K' fueron la prueba que necesitaba para saber que evidentemente no había escuchado lo anterior pero sirvieron bastante para sacar a Maxima de su ensimismamiento. Por supuesto, hacía tiempo que no hacía una de sus visitas a uno de los bancos en el centro de la ciudad debidamente disfrazado para que la policía local no reconociera su identidad. Conseguir el dinero era sencillo, usualmente no le tomaba más que una rápida visita al cajero automático ubicado en la central bancaria para lograr penetrar el sistema y adjudicarse tanto dinero como le fuera necesario aunque con prudencia, había que evitar a toda costa tomar demasiado y levantar sospechas. Hubiera querido tener un trabajo normal y ganarse la vida como todo el mundo pero las constantes misiones en busca de la verdad ocupaban la mayor parte de su tiempo.

— Espera, ¿Qué tal si consigo un trabajo? —dijo de repente con algo de emoción para después permanecer en silencio, meditando la idea en su mente por unos segundos. Obtener un empleo sería la distracción perfecta ya que no iba a ser de ninguna utilidad en las misiones y tendría que quedarse todo el día en casa, probablemente sólo. De ese modo mataría dos pájaros de un tiro, obteniendo el dinero que necesitaban para sobrevivir y a la vez librándose del aburrimiento. Por la cantidad de tiempo que tenía viviendo como "Maxima", estaba seguro que quedarse en casa no le resultaría para nada placentero. Estaba acostumbrado a salir todos los días, a moverse y saltar directo a la acción, ser perseguido y adentrarse a escondidas en toda clase de sitios para investigar. Sobre todo eso, se había acostumbrado también a trabajar de la mano con alguien, cosa que disfrutaba como ninguna otra. K' y Maxima, los dos rebeldes contra el mundo, algo le decía que iba a extrañarlo, pero al menos tenía que darle una oportunidad a la idea de encontrar otra actividad para distraerse e intentarlo.

— Haz lo que tengas que hacer, pero necesitamos llenar la nevera —contestó K', de nuevo prestando poca atención al extraño plan que acababa de formular su compañero. Haciendo gala de su indiferencia, agregó—, también podrías cocinar algo, tengo hambre.

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Los días pasaron rápidamente para Maxima, entre anuncios en el periódico y algunas entrevistas que no habían dado lugar a nada. Se había dado cuenta de la peor manera que conseguir un trabajo por la vía legal sería imposible. Él era considerado un criminal y además un fugitivo, aunado a eso estaba el hecho de que ni siquiera tenía papelería. Obtener un contrato sería difícil en esas circunstancias y su intimidante complexión no le ayudaba en lo absoluto. Inclusive intentó buscar algún trabajo que pagara en negro pero sin mucho éxito y comenzó a pensar que tal vez debía olvidarse del asunto cuando a sus oídos llegó una sugerencia, algo que parecía ser su única opción disponible por el momento.

Se lo había comentado el dependiente de un bar que solía frecuentar, por las calles se hablaba de una vacante para un trabajo temporal del cual no había muchos detalles aunque se rumoreaba que probablemente estaba relacionado con alguna banda criminal de la zona. Nadie tenía idea acerca de las actividades a realizar, lo cual sólo ayudaba a confirmar la teoría de que era algo un tanto turbio. Aunque más bien nadie había sido lo suficientemente adepto como para lograr ganarse la aprobación del jefe quien por lo que había escuchado, se daba el lujo de hablar cara a cara con los candidatos para amedrentarlos. Lo que si se sabía acerca de la oferta era que el empleo estaba muy bien pagado y también el lugar al que habría que acudir en caso de estar interesado, un departamento ubicado en una de las zonas más descuidadas y peligrosas de la ciudad pero algo como eso no podía asustarlo pues el lugar donde vivía no se encontraba muy lejos de ahí.

Esa mañana se había levantado con el propósito de acudir a ese llamado, viendo que sus opciones estaban agotándose. Tomó una ducha rápida y desayunó algo ligero antes de salir de su departamento, ni siquiera habría de molestarse en tomar el transporte público pues su destino quedaba a tan sólo unos cuantos minutos caminando gracias a sus enormes zancadas. En la ciudad se respiraba una tranquilidad ligeramente inusual pero al ser tan temprano era bastante lógico que no hubiera muchas personas dando la vuelta. Vio apenas un par de personas en su trayecto, ninguna pareció distraerse con su presencia o le voltearon a ver siquiera, probablemente iban demasiado concentradas en sus pensamientos para prestar atención a lo que les rodeaba.

Una vez que arribó al lugar de la entrevista, estudió el descuidado edificio con la mirada antes de decidirse a entrar por la puerta principal. Tenía que admitir que aquél sitio tenía pinta de basurero, mucho más que el propio edificio de departamento que compartía con K, algunos papeles desperdigados en el suelo junto a botellas de plástico, suciedad y vidrios rotos eran prueba irrefutable de ello. Dentro del desolado portal, una escalera de concreto sin ningún tipo de pasamanos le indicaba la única vía posible y escalón por escalón comenzó a avanzar directo al tercer piso, tal y cómo le habían indicado. Se detuvo durante una fracción de segundo al sentir la presencia de alguien más justo al haber plantado ambos pies en el último peldaño que le quedaba por subir y antes de que su escáner se activara, el frío filo de una navaja se posó sobre su cuello para hacerlo parar completamente.

OBJETIVO DETECTADO

Una risilla aguda y de corta duración llamó su atención—: Vaya, ¿Pero quién se ha decidido a…? —antes de poder continuar con su pregunta, el hombre que empuñaba el arma se giró a mirar la presa que había atrapado a la cara y su presencia pareció haberle tomado por sorpresa pues frunció el ceño de inmediato con cierto desconcierto en el rostro. A pesar de que Maxima ya sabía de quien se trataba, el escaneo se completó exitosamente.

RYUJI YAMAZAKI. JAPONÉS. EDAD DESCONOCIDA. APROXIMACIÓN, 35 AÑOS.

ESTILO DE COMBATE BASADO TÉCNICAS HOMICIDAS PROPIAS.

DELINCUENTE. PELIGROSO. HISTORIAL CRIMINAL DISPONIBLE.

DEBILIDADES CONOCIDAS: CUCHILLO DE COMBATE, ALTO VALOR SENTIMENTAL.

Maxima sonrió y bufó ligeramente por la última conjetura que había hecho su sistema de reconocimiento, cosa que el mayor no comprendió ni tampoco tomó de manera agradable y lo dejó saber claramente, exhibiendo una mueca de desagrado—. Eres tu otra vez.

— Oye, oye… Ahórrate tus amenazas —le contestó con toda calma, interponiendo uno de sus dedos entre la navaja y la carne de su cuello para presionarla ligeramente lejos de él—, no creo en la intimidación.

Aquel había sido un comentario firme pero arriesgado al mismo tiempo y prueba de ello fue que Yamazaki no se movió sino que al contrario, ejerció una ligera presión para que el cuchillo se moviera en su posición original en lo posible. Ambos hombres intercambiaron miradas, tratando cada uno de mantener su postura y no ceder ante el otro, de paso llenando el ambiente de tensión. Mucha tensión. El intercambio de palabras aunque breve, sería la excusa perfecta para alguien tan inestable como el mayor, todo indicaba que se desataría nuevamente un combate como aquella mañana en South Station.

— ¿Te crees muy listo, cierto? Dame entonces una buena razón por la que no debería cortarte la garganta —su voz siseante destilaba peligro en cada silaba, como el cascabel de una serpiente que se siente amenazada y lista para tirar el primer mordisco.

— Bueno, tengo una entrevista de trabajo y me gustaría llegar presentable —replicó con una naturalidad casi fingida. A pesar de era consciente que pasarse de listo con ese comentario le saldría un tanto caro, estaba preparado para enfrentarse a él con tal de cumplir con el compromiso que le había traído hasta ese lugar.

— ¿¡Tú has venido a presentarte!? —sorpresivamente la ira de Yamazaki se disipo en cuestión de un momento, tan sólo transcurrieron tan sólo unos pocos segundos en un ligero forcejeo que termino por dejarle a Maxima un corte en el dedo antes de que el otro se decidiera a retirar la mano y de paso su arma, guardando ambos en su amplio bolsillo derecho mientras se burlaba abiertamente a carcajadas— ¡No me hagas reír! Mejor sería que te retiraras, tonto.

— Un poco de sana competencia no te viene mal, ¿O acaso temes que me quede yo con el puesto? —contestó mirándose la herida por unos segundos antes de meterse el dedo a la boca para succionar la sangre que había comenzado a brotarle. Levantó la vista al escuchar a Yamazaki reír estruendosamente de nuevo y giró la cabeza ligeramente hacia un lado, preguntándose a que rayos debía ese súbito buen humor.

— Heh, debe ser una lástima tener esa enorme cabeza de metal y que esté hueca por dentro, ¿es que no te has dado cuenta todavía? —esperó un momento a ver qué era lo que respondía pero Maxima simplemente levantó una ceja y lo miró fijamente, esperando lo que fuera a decir. Yamazaki bufó exasperado y desvió rápidamente la mirada para no ver esa tonta expresión que tenía en el rostro, enseguida agregó—: ¡El que hizo el llamado para el trabajo fui yo! Pero no estás hecho para esto así que vete antes que termines por colmarme la paciencia —concluyó dando unos pasos hacia el marco de la puerta abierta de uno de los departamentos, completamente confiado de que tenía la última palabra. Pero la respuesta no se hizo esperar.

— ¿Que prueba más grande necesitas que la pelea que tuvimos antes? Yo diría que fue un combate bastante cerrado.

Yamazaki había entrado apenas en el departamento y se detuvo en seco al escucharlo. Tomo el borde de la puerta con su mano libre y la apretó con evidente enojo. Por supuesto que no quería recordar nada de ese día, mucho menos la evidente desventaja en la que había quedado y sólo escuchar la modesta forma en la que se lo echaba en cara le hizo rechinar los dientes. Una provocación insolente ameritaba una respuesta igual de insolente—: ¡Eso da igual! ¡Aquí el que toma las decisiones soy yo y no te quiero merodeando cerca, así que vuélvete por donde viniste! — sentenció y después azotó la puerta con fuerza.

La madera crujió de forma sonora al rebotar con el pie que Maxima había interpuesto en su camino antes de que se cerrara—: Ahora eres tu quien comienza a probar mi paciencia —respondió de forma seria, esta vez sin ningún tipo de burla en sus palabras. Yamazaki se dio la vuelta para encararlo pero la tonta expresión en el rostro del alto hombre se había desvanecido por completo, siendo reemplazada por un ceño fruncido y la boca completamente torcida hacia abajo. Ciertamente estaba harto de encontrar negativas en cada sitio en el que se presentaba y aunque nunca se le pasó por la mente que Yamazaki fuera el que estuviera detrás de todo eso, tenía sentido por su historial criminal, el que ni siquiera se había parado a leer por mero desinterés. Era la última oportunidad que tenía de encontrar algo medianamente interesante con lo que sacar algo de dinero y evitarse el hastío de pasar los días enteros sentado frente al sofá viendo televisión. En definitiva iba a pelear para conseguirlo en lugar de dejar que la oportunidad simplemente se fuera—. ¿Qué necesitas que pruebe?

Yamazaki se rió sin disimulo para jactarse del nuevo cambio en su tono de voz aunque era también algo de risa nerviosa, este sujeto estaba sacándolo de sus casillas y jugando con fuego. Lo observó durante un momento a detalle con completo desdén y enseguida se maldijo mentalmente pues el tipo correspondía al tipo de persona que había estado buscando, alguien de aspecto fuerte y con un poder muy por encima del promedio. También debía admitir que lucía todavía mejor ahora que ya no tenía ese torpe gesto afable en el rostro, le sentaba mejor algo de rudeza. Pero como era de esperarse, no iba a dejarle saber que era único que cumplía con el perfil que necesitaba para el trabajo de entre los candidatos que se habían presentado—: Si estás tan deseoso de querer trabajar para mí, dejaré que pruebes un par de días —replicó a desgana sin cortar el contacto visual, luego transformó la sonrisa en su cara por un gesto de total seriedad para proseguir—. Te espero aquí mañana pero si no llegas, puedes ir olvidándote de mí generosa oferta. Ahora lárgate y deja de molestarme, al menos por hoy.

A pesar de que pensó que lo de generoso era debatible, Maxima prefirió asentir con la cabeza a manera de aprobación y aunque hubiera podido irse sin decir nada más, no pudo evitar agregar algo justo antes de quitar el pie para no interponerse más entre la puerta —¿ Tomaré eso cómo que estás agradecido por lo de ese cuchillo tuyo?

Yamazaki rodó los ojos y suspiró exageradamente antes de cerrarle la puerta en la cara. Que rápido se estaba arrepintiendo de haber accedido pero había sido necesario. Tuvo que quedarse con las ganas de decirle que por supuesto que no tenía que ver con eso pero en realidad no le debía ningún tipo de explicación ni pensaba responder sólo para darle gusto. Maxima sonrió satisfecho al otro lado, la misión estaba cumplida.