¡Felicis Festum!
Hahahaha supongo que estarán felices por ver el primer capi antes de lo que dije, pero la verdad es que no pude resistirme a hacerlo… Ok lo confieso, ¡quiero más Reviews! Hahahaha aunque conseguí unos muy buenos solo con el prefacio, ¡gracias!
Bueno os voy avisando, ¡esta será una historia lenta! Hahaha pero bueno ya me conocéis, no se preocupen el drama no comienza… Aun MUAJAJAJAJAJAJA
Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece. Son propiedad de sus respectivos creadores. No hago esto con fines de lucro, plagio ni difamación.
Capitulo 1:
"Un Mundo de Caos"
La historia humana estaba llena de toda clase de eventos. Descubrimientos, inventos, desarrollo, evolución... y guerra. De hecho, para aquellos que miran la línea completa, todos los grandes eventos y sucesos que marcaron la historia estuvieron relacionados a la guerra. Ya fueran precediéndola o anunciándola. Siempre había grandes derrames de sangre.
-Desde el comienzo de la historia el hombre se había sentido movido por conquistar y dominar a los otros. Un deseo alojado en sus corazones del que nacen la codicia y el odio. Nunca han sido conscientes del verdadero origen de ese ser-
El hombre de la luna era una presencia constante de la cual los humanos solo eran conscientes a medias. Todo gracias a que siempre optaba una postura de observador. Prefería mirar siempre y dejar que las personas eligieran su camino, aunque de vez en cuando les enviaba ayuda; solo la suficiente para encaminarlos en la dirección correcta. Y esa ayuda: eran sus guardianes.
Seres elegidos por él mismo para llevar a los humanos el espíritu que más pudieran necesitar. Eran inmortales, poderosos e invisibles a los ojos de aquellos que habían perdido el rumbo. No podía permitir que aquellos cuyas manos estaban manchadas siguieran destruyendo el mundo, o siguieran rigiéndolo. No. Lo que él buscaba era a aquellos cuyas mentes y corazones se mantenían limpios.
Por desgracia eran pocos los adultos que contaban con aquellas virtudes. Y eso era algo de lo que un ser se aprovechaba: Pitch Black. Un espíritu completamente opuesto a él. Mientras que Mim representaba a la luna brillante, fresca, pura y cambiante. El Coco, como también se hacía llamar, era un ser oscuro, que habitaba las sombras de los corazones y la mente y se manifestaba a través de los miedos provocando pesadillas y corrompiendo a la humanidad.
Aquel era el principal trabajo de sus guardianes: mantener a raya a Pitch. Siempre eran cuatro quienes lo representaban en la tierra. Actualmente poseía a los mejores que alguna vez hubo.
Santa Claus, guardián del asombro y espíritu de la navidad.
Bunnyman, guardián de la esperanza y espíritu de la pascua.
Toothiana el hada de los dientes, guardiana de los recuerdos, un espíritu infantil conocido por todos.
Y Meme, el hombre de arena, guardián de los sueños y protector del descanso de los niños.
Ellos habían vivido ya siglos y enfrentado al Coco, saliendo victoriosos. Dejando a Pitch tan reducido que nadie esperaba que volviera a levantarse de las sombras.
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Habían transcurrido trescientos años desde la victoria contra Pitch. El mundo seguía su curso natural aunque no podía decirse que todo estuviera en calma. El continente se encontraba dividido por la guerra entre los distintos reinos queriendo hacerse con la mayor cantidad de tierras y dominar a los demás. Las islas pequeñas eran azotadas por las bestias salvajes y los espíritus pequeños no dejaban de deambular haciendo lo que querían.
-Esto es…-Desde lugar Mim no dejaba de preocuparse. No era la primera vez que los hombres se dejaban arrastrar por sus deseos egoístas. Pero aun así, tenía un mal presentimiento. De todas formas no podía dejarse llevar, primero seguiría observando y viendo como se desarrollaba todo.
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-Mmmm…-Abajo, en el continente, el rey de uno de los reinos se sentaba a meditar en su trono.
Su castillo se encontraba en la cima de una gran colina en medio del bosque. Sus dominios se extendían más allá hasta las montañas del oeste y se encontraba en una precaria situación.
-¿Qué voy a hacer?-Se pregunto llevándose una mano a la frente.
-Mi señor, ¿algo le preocupa?-De entre las sombras que inundaban el salón del trono asomo un hombre adulto, flaco, de larga barba blanca y facciones unidas como si no hubiera comido en días y la piel tan blanca que no parecía un hombre que vivía en tierras de bosque y cultivos.
-Que pregunta más estúpida, Kado-Respondió el rey. Suspiro y se apoyo completamente en el respaldo de su trono, desde donde observo al hombre. Su consejero más antiguo.
-Es verdad señor, mis disculpas-Dijo Kado-La presión de la guerra y los clanes debe de tenerle de lo mas de tenso. Pero no se preocupe, pronto los tendremos a nuestros pies no se preocupe.
-Sí, aja…-El rey solo asintió con hastió-Kado, ¿Qué noticias hay de la búsqueda?
-Ah, eso…-Por alguna razón la sonrisa adulante del consejero se borro de inmediato, claro que al tener el rostro entre su mano el rey no se dio cuenta-No hay nada milord, ni rastro alguno.
Ante esta última respuesta solo recibió un leve gruñido de inconformidad. El consejero hizo una leve reverencia antes de retirarse y dejar solo a su rey. Camino en silencio dejando el salón. Mientras caminaba por los pasillos del castillo no dejaba de acomodarse sus finas ropas y de pulir sus anillos; ordeno a una de las sirvientas que paso junto a él que llevaran la comida a sus aposentos.
Amaba el poder. Kado era un hombre muy astuto. Jamás destaco por su fuerza o habilidad, era un tipo enjuto y esmirriado. Pero lo que tenía en debilidad lo compensaba en codicia y ambición. Jamás había tenido miramientos en mentir, engañar y traicionar con tal de conseguir lo que quería. Llego a su habitación, casi tan grande como la del dueño del castillo, y fue directo a la ventana.
-"Mío…-Pensó con ambición mientras paseaba sus ojos por los terrenos del castillo, por los muros, hacia el bosque y por los demás terrenos colindantes hasta perderse en la línea del horizonte entre las montañas-Algún día, todo será mío"
Porque todas aquellas tierras debían ser suyas, con sus riquezas y todo lo que hubiera sobre ellas. Porque ese era su sueño, siempre soñaba consigo mismo sentado en ese trono con todos los súbditos arrodilladlos a sus pies venerándolo como el amo y señor, como el gobernante de todo, como el rey. Y lo único que se interponía entre él y su objetivo, se encontraba siendo cazado como un animal.
-Lord Kado-Escucho como le llamaban desde el otro lado de la puerta-Le he traído su comida.
-Poco-Se dijo; por alguna razón sentía que su sueño estaba a punto de cumplirse-Solo un poco más.
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Muy lejos de allí en un reino más al este, la noche se cernía silenciosa, profunda y despejada. Una brisa de aire recorría el bosque pero ni siquiera la oscuridad era suficiente para detener los esfuerzos de la guardia real. Esa noche, al igual que las anteriores, se hallaba inspeccionando todos los alrededores, cada árbol, cada camino cada choza, por humilde que fuera.
-¡Sargento!-Llamo el capitán de la guardia, montando su caballo a mitad del camino alzando una lámpara de aceite frente a él.
-Nada capitán, no hay rastro alguno-Informo el oficial regresando de entre los arbustos.
-Sigan buscando, su majestad el rey espera buenas noticias-
-¡Si señor!-Y de esa forma siguieron buscando.
Había pasado más de una semana de búsqueda infructuosa. Cada día aumentaba más la angustia de los soberanos de aquella tierra. Después de todo por lo que habían pasado no podían creer que la vida se empeñara en su contra como para pensar que su pequeña seria secuestrada.
Todo el reino, desde las mucamas hasta los cortesanos se sentían abatidos. Habían gozado solo unos días de la presencia de la pequeña princesa pero su ausencia les dolía como si hubiera sido una vida. No eran solo los guardias quienes buscaban, los hombres del pueblo también se habían unido a la búsqueda. Pero ni aun así había señales de la pequeña.
Habían revisado cada centímetro conocido, pero todos habían pasado por algo un lugar. Una colina de rocas demasiado altas y demasiado lisas para escalar, era tan poco probable que la princesa estuviera allí que nadie noto la cueva que había oculta tras las enredaderas, invisible a la vista. Cruzando ese estrecho pasaje se descubría que aquella colina era en realidad una especie de cono con un espacio considerable en su interior.
Y en su centro, erguida de la nada, una torre se alzaba diez metros del suelo. De piedra con una pequeña trampilla de madera en su base que serbia de entrada. No tenía ventana alguna, a excepción de la cima donde podía verse echa en madera una gran ventana que brillaba.
En su interior, una joven mujer alta, de abundante cabello negro rizado se dedicaba a torear animadamente mientras se miraba en el gran espejo ovalado con marco de madera que tenía en la sala. Mientras se examinaba las arrugas invisibles e imperfecciones imaginarias que solo ella, en su obsesión por la belleza, veía.
-…-Un pequeño ruido rompió su concentración. A través del reflejo dirigió su mirada a la cuna que había cerca de la chimenea. Era sencilla, de madera, con un mosquitero abierto.
-Ah, pequeña molestia-No estaba de humor para lidiar con un llanto así que se apresuro a ver que ocurría.
Allí sobre la suave colcha descansaba una pequeña. De un dulce rostro redondeado, mejillas inflas y unos hermosos y grandes ojos verdes, ahora ocultos ya que dormía. Pero lo más llamativo era su hermoso cabello rubio. Largo para una bebe, de delgadas hebras doradas como hilos de oro y que resplandecían ante la luz del fuego.
-Mi pequeño tesoro-A ella no le importaba la pequeña. Solo quería su cabello y ese mágico poder que poseía.
Había obtenido una nueva flor. Su llave para la eterna juventud había regresado. Ella era joven, vivas y disfrutaba de todos y cada uno de los placeres de la vida. Maldita sea su suerte que ahora debía cuidar de ese pequeño bulto de carne, no quería ser madre. Pero la vida eterna lo valía.
Y se aseguraría de jamás dejar que esa mocosa mimada abandonara su torre. Ella jamás dejaría de disfrutar de su juventud y esa princesa jamás disfrutara de la suya. Mejor sería que siguiera durmiendo. Que disfrutara de su sueño mientras aun pudiera. Pues ella se encargaría de aplastar cualquier otro que se atreviera a tener.
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Mim desvió su mirada de aquellas tierras, que los problemas políticos de los mortales los resolvieran quienes los causaban; aunque si le tenía un tanto preocupado aquella pequeña princesa, pero ya había enviado a alguien que se encargaría. El mundo giro y giro hasta que ahora sus ojos se posaron en tierras completamente diferentes. Aunque sería más preciso decir una pequeña tierra, una isla. Al norte de las tierras escandinavas.
Y la verdad era que la isla de Berk no estaba entre sus favoritas. Era un lugar duro, tosco y rustico. Su clima era despiadado, la tierra era áspera, sus costas indomables y sus habitantes eran todo lo anterior. Para resumirlo en una palabra: Vikingos. Pero Mim los comprendía. Vivian en condiciones casi extremas y debían hacer todo para sobrevivir. Pero eran gente necia y testaruda, enfrascada en sus costumbres arcaicas.
Solo seres así eran capaces de alojarse tan cerca de un nido de dragones. Criaturas magnificas, poderosas, rápidas, fieles e inteligentes. Pero los vikingos eran incapaces de ver aquello, ellos solo los cazaban y mataban sin pensar en el porqué estos los atacaban, sin notar la verdad que ocultaban. Pero lo que más le molestaba, era la forma en que criaban a sus hijos. Literalmente los privaban de su infancia. Desde pequeños los entrenaban para pelear, a manejar espadas o hachas enormes, jamás los dejaban jugar o correr. Pocos eran quienes se tomaban la molestia de pasar tiempo como familias.
-… mi pequeño Hicc´-Una madre en particular, y estaba mal pero no podía evitarlo, era su favorita. Una mujer adulta, diferente a las demás por su complexión delgada y agraciada, cosa en la que las mujeres vikingas no siempre destacaban. Y no solo por su figura diferenciaba.
Vale aclarar que Valka Hadock detestaba la violencia con cada fibra de su ser. Si bien podía ser muy intimidante cuando se lo proponía, no estaba en su naturaleza lastimar a los demás, sin importar quienes fueran… O lo que fuera. Por esa misma razón es que cada tarde, a pesar de su avanzado estado de gestación, se internaba en el bosque hasta llegar a una pequeña cueva, un claro, al pie de Punta de Cuervo.
Allí era el lugar perfecto, solitario y apartado, con altos muros de roca que evitaban que vieran que ella, la esposa del jefe de la tribu, hacia: criar un dragón. O para ser más precisos, cuidar de un huevo de dragón. Ella no les odiaba, sabía que eran peligrosos, pero también sabía que había un camino mejor a matar o ser comido.
-Quiero que crezcas en un mundo mejor a este-Susurro, sentada en una roca, a su abultado estomago mientras se pasaba una mano con suavidad sintiendo una pequeña patadita; entonces noto como el huevo, dentro de una hoguera ardiente, se sacudía levemente-Ups, perdón. Que ambos puedan crecer en un mundo nuevo-Agrego sonriente arrojando un par de leños para mantener vivo el fuego.
Desvió los ojos del suelo y los dirigió al cielo. Las nubes grises empezaban a tornarse más oscuras y supo que ya era momento de regresar a casa. Era la esposa del jefe de una tribu vikinga, no era una mujer que se asustara fácilmente. Pero las noches eran peligrosas en Berk, y no solo por el clima helado.
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Aunque no era su asunto, Mim no podía dejar de sentir lástima por los humanos. Siempre en conflicto, siempre egoístas. Todo aquello a causa de su naturaleza que solo les llevaba al dolor, la pena y el sufrimiento. Pero ellos no eran los únicos que sufrían.
-¡Ey!-Odiaba esa época del año. El viento siempre se llevaba su puesto y después debía salir corriendo para atrapar la lona que le serbia como protección de la nieve que caía.
-¡Auch!-Los transeúntes debían tener cuidado donde pisaban o podían terminar resbalando con un charco congelado o alguna roca cubierta de escarcha.
Pero sin importar los tropiezos, las ventiscas y las frutas congeladas, que fuera de mañana, medio día, tarde o la más profunda noche, nadie era capaz de escucharlo. Esa sonora carcajada que no resaltaba más que susurro del viento. Nadie veía que las lonas de los puestos no salían volando esporádicamente, sino que eran jaladas por una mano que después las dejaba al viento; o que los charcos y las rocas eran tocados por un largo callado de madera antes de congelarse al instante.
-Mmmm, no funciona-Nadie notaba al joven sentado en la cornisa de la casa. Dejaba sus piernas colgando, su mano descansaba apoyada a un lado y la otra sostenía su cayado contra el hombro.
No importaba que hiciera. Si ayudaba a las personas o solo hacia travesuras infantiles. No existía diferencia: nadie lograba verlo. Ni la más mínima señal de notar su presencia. Ni un guiño, una vacilación, una duda. Se parase frente a quien lo hiciera siempre lo atravesaban como si fuera menos que la bruma o la niebla-¡Tsk!-Era frustrante.
De un salto despego dejando una fuerte y muy fría ventisca de nieve tras de sí. Aun no comprendía muy bien como era que lograba volar. Podía sentir como el viento lo elevaba y lo impulsaba; sin importar donde estuviera siempre lograba despegar sin problemas. Era como si el aire a su alrededor reaccionara a su voluntad. Era increíble.
Sentir su cabello agitarse al igual que su ropa. Ver las copas de los arboles, las cimas blancas de las montañas, el recorrido de los ríos o todo junto, desde lo alto del cielo más arriba de las nubes donde estas parecían solo algodón o un plano superior a la superficie terrestres.
¿Pero que importaba todo eso? De que le serbia ver todo aquello si no tenia nadie con quien compartirlo. Nadie a quien contarle los lugares increíbles que había visitado, los paisajes fantásticos que admiraba día a día con cada amanecer y atardecer. Ni siquiera sabía si alguna vez tuvo a alguien. No podía recordar nada antes de despertar en ese pozo congelado.
-Tu nombre, es Jack Frost-Aquello fue lo primero que escucho jamás. O eso pensaba, al no haber hablado con nadie en tanto tiempo y al no recordar haberlo hecho alguna vez.
¿Quién era en realidad? ¿De dónde venía? ¿A dónde iba? ¿Para qué estaba allí?
No se creía filósofo ni aspiraba a serlo. Pero quería conocer la respuesta aquellas preguntas. Quería poder despertar sin preguntarse en donde estaba. Poder charlar con alguien. Reír con alguien de sus bromas. Poder participar de una guerra de bolas de nieve o simplemente poder comer en compañía.
Claro, él no necesitaba dormir, o comer. Era un espíritu. Y había conocido a otros más. Algunos agradables, otros gruñones, y algunos no muy sociables. Pero había una razón que lo diferenciaba de ellos: su razón. Todos tenían un motivo para estar allí. Algo por lo que trabajaban a pesar de no ser más visibles que él. Jack no tenía nada de eso. Él era como una simple hoja al viento.
Irónico pensamiento el que cruzo por su mente.
Pero no estaba muy alejado de la verdad. Solo debía seguir volando, creando nieve, heladas, ventiscas y nevadas allí a donde fuera.
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Lo único que todos ignoraban era que las cosas, a pesar de lucir tan mal. Estaban a punto de cambiar, muy a su pesar, para peor. Bastante peor.
-Sí, si…-Los negros granos de arena se agitaban a su alrededor, como una fina corriente deslizándose entre sus dedos tomando forma de corceles, osos, búhos y criaturas desconocidas-Finalmente.
Después de tanto tiempo sus pesadillas finalmente estaban listas. Había costado mucho esfuerzo. Pero finalmente había dejado de depender únicamente del miedo y el temor de infantes. Ahora podía alimentarse del miedo de todos, adultos y ancianos. Incluso podía alimentar sus miedos y de esa forma hacerlos evolucionar. Cuando el corazón de los hombres se oscurecía con el temor solo intentaban evitarlo con su ambición, llenarlo con su egoísmo y eso solo causaba más miedo a su alrededor.
-Llego la hora…-Jamás había sentido tanto poder desde su Edad Oscura. Antes de la llegada de esos odiosos guardianes. Pero el Coco volvería a elevarse y extendería la sombra del miedo en los corazones humanos borrando todo rastro de su esperanza, de su capacidad de asombro, de soñar y oscureciendo sus recuerdos.
Las nubes ocultaron la luna y bajo su sombra, en mitad del bosque muerto la arena negra de pesadilla comenzó a extenderse en todas direcciones.
-Adiós, guardianes…-Pitch Black, había vuelto.
Continuara…
¡YEIH! Capitulo uno subido antes de las fiestas, es mi regalo para todos n_n
Pero no se preocupen, ¡para la primera semana de enero será el capi 2! Sin embargo no se confíen, pueden darme ánimos con sus Reviews, y no olviden su colaboración para mi alcancía de Reviews n_n recuerden, ¡son 1000!
Jajajaja espero que les haya gustado este capi. Ahora me tocan mis vacaciones por navidad y a vosotros igual ¡COMED MUCHO! ¡BEBED MÁS! ¡Y DEJAD REVIEWS!
¡Buon Natale! ¡Merikurisumasu! ¡Joyeux Noel! ¡Felicis Festum! ¡Kala Christougeme!
