Hola de nuevo, vengo a saludarlos y les traigo un nuevo episodio, me inspiré en mis días de soledad y ya tengo casi bien planeada la historia, recuerden que algunas vestimentas no son descritas, ya que a algunos no les podría caer el veinte XD y aparte, es su imaginación, sean el personaje y sientanse a gusto, un saludo y disfrutenlo, y trataré de seguir con AGS vale? cuidense y disfrutenlo.
Declaimer: Ni Mahou Shoujo Lyrical Nanoha ni otras cosas X me pertenecen, solo a sus respectivos autores. Lo único de mi propiedad es la historia escrita y el territorio de ''Derracotta''.
-Capítulo 2: Sorpresas-
Después de haber llegado al Reino de Derracotta, Chrono y Alvar decidieron celebrar el cumpleaños de Fate cuando llegase, llevando la noticia a todos los pobladores de la celebración, y para evitar que fuese un perfecto desastre, lo dejaron como un secreto para Fate. Por otro lado junto con nuestros viajeros, nadie, ni el mayordomo de Fate pudieron descansar, y como siempre, Fate estuvo imperceptible del mundo, esperaron una luna hasta llegar a la ciudad de Khlonore, una de las 4 ciudades más visitadas de Derracotta, además de ser la ciudad central del territorio y hogar del Castillo Nakajima, era una pequeña y hermosa ciudad, tenía muchos puestos de comida, ropa, armas y demás, era muy buen centro mercantil.
-Llegamos al Castillo, mi señora.- Decía Michaels con una sonrisa parecida a la de un felino.
-Bien... Mi padre me ha prohibido hacer una estupidez, así que no tendrás que preocuparte por venir conmigo, créeme, haré llegar el mensaje al Lord.-
-No creo estar tan seguro Mi señora, la acompañaré en cualquier caso, me preocupa vuestra seguridad.-
-Tómalo con calma Michaels, ya tengo un buen pulso con la espada, según Lancelot me ha comentado.- Reí un poco. –Bueno, es mejor ir a visitar al Señor Nakajima y hablar con él.- Y así salí del carruaje decidida y segura, pero cuando vi el paisaje que me rodeaba, no podía creerlo. Estábamos en la colina superior del Reino de Derracotta, rodeado de puro prado, árboles, y un cielo bastante claro, y desde lo lejos se podía ver toda la ciudad de Khlonore, ¡Era enorme! No se como pudimos pasar por ahí... Era un paisaje hermoso. En ese momento me sentí niña de nuevo, queriendo correr por ese enorme prado y revolcarme en las flores... pero ya no hay tiempo para eso...
-¿Pasa algo mi señora?- Decía Michaels poniéndose a mi lado.
-Nada... Solo recuerdos rondando en mi mente...-
-¿Le propongo algo mi señora? Después de dar el mensaje ¿porque no recorremos la ciudad? Recuerde que os prometí vuestro descanso.- Decía Michaels tratando de alegrarme un poco.
-Gracias, eso haré.-
-Estaré con usted, eso tómelo en cuenta. Ahora, vayamos al castillo.-
-¡De acuerdo!- Lo dije con muchos ánimos. En fin, me puse frente a la entrada principal, y los guardias parecían muy ''secos'', como estatuas. Tranquilamente nos dejaron pasar sin tener que enseñarles nada, o por lo menos no preguntaron quiénes éramos o quiénes nos mandaban, solo... nos dejaron entrar. Caminamos hasta el Castillo y me quedé parada con la enorme puerta frente a mí, y con el miedo en mi garganta de poder cometer una estupidez al entrar, cerré los ojos con temor y toqué la puerta.
Nadie respondía.
Volví a tocar y el silencio nos seguía acompañando. Pero antes de tocar por tercera vez... sentí unas manos gruesas en mis muñequeras, y otras en mis brazos, el apretón era muy fuerte. Me habían agarrado unos guardias desprevenidamente, acomodaron mis muñecas atrás de mi espalda y comenzaron a envolverme una cuerda gruesa en ambas muñecas, para no poder escapar. Pasó lo mismo con Michaels.
-¡Soltadnos! ¡Díganme si os he hecho un crimen! ¡Os digo que nos suelten Caballeros!- Grité hasta el cansancio. Pataleé y grité para que me soltaran, no resultó.
Nos llevaron hasta el salón principal del Castillo, era muy diferente a lo que teníamos, estaba más decorado. Y cuando no lo esperé, nos empujaron al suelo y nos obligaron a arrodillarnos con la cabeza baja.
-¡¿Que quieren de nosotros, Caballeros?! - Pero no le respondieron a Michaels, solo en el salón principal se oían unos pasos lejanos que comenzaron a acercarse, unos muy fuertes.
-¡Soltaos a la princesa de Amagan y al mayordomo! ¡¿Acaso les enseñé que asaltasen a nuestras visitas?!- Y en esa orden, nos quitaron las cuerdas que rodeaban mis muñecas, y nos dejaron levantar. En ese momento volteé hacia el Rey de Derracotta muy elegante, desde las escaleras comenzó a bajar hasta mi posición, se puso frente a mí.
-Lamento la actitud de mis Guardias, princesa Fate.- Se disculpó apenado el Lord de cabello plateado.
-No se preocupe mi superior, están bien equipados.-Reí un poco con el comentario e hice una pequeña reverencia hacia él.
-Bien Caballeros, ¿Qué los trae por aquí?- Preguntó el rey.
-Bueno Señor, vinimos a entregarle esta carta del Rey de Amagan.- Contestó Michaels.
-¡Oh! ¿Vuestro padre, no es así Princesa?-
-Así es, Lord de Derracotta...- Contesté.
-Dígame por mi nombre, Genya Nakajima.- Dijo muy calmado.
-De acuerdo... Lord Nakajima, mi padre me mandó hasta vuestro reino para entregarle esta carta...- Hice otra reverencia con la carta enfrente, esperando que Genya la tomase. Volví a levantarme al sentir que la carta ya no estaba en mis manos. -Quiere hacer negociación con usted, pero no ha podido venir por unos cargos, no ha tenido tiempo de descansar.-
-Comprendo que esté demasiado ocupado, estos días han sido algo ajetreados últimamente.-
-¿Usted ha pasado lo mismo?- Pregunté.
-Para ser francos, si. Desde que mi ejército atacó al vuestro, han pasado muchas cosas en estos años, reinos en conflicto, emboscadas en el camino hacia Jottinhime, embarcaciones de piratas, y grandes robos. No se imagina cuanto he batallado con esos problemas.-
-Entiendo, han pasado cosas similares en Amagan. Es por eso que mi padre quiere evitar catástrofes mayores, y espera que esté de acuerdo con el trato que viene en la carta para usted.-
-Muy bien...- Agarró un abrecartas que su sirviente le ofreció y abrió la carta para comenzar a leer. -Así que una unión ¿Eh? Bueno... Lamento decirle que, princesa, usted no puede casarse con ninguna de mis dos hijas porque... Bueno, usted sabe.- Acabó con una sonrisa algo extraña.
-Es lo que le dije a mi padre, Señor...-
Hubo un detenido silencio.
-¿Y que pasa con su hermano Chrono? ¿Acaso ya está comprometido?-
-Por desgracia, si, Señor Genya. Fue hace 2 semanas que decidimos unirnos con el Reino de Rumania.-
-Ehemm… Esto es algo inquietante… P-pero creo que no hay otra alternativa… Se casará con mi hija mayor, su nombre es Ginga ¿Le parece?-
-V-vaya... Eso fue... extraño.- Pensó. Fate quedó pasmada al recordar que hace 5 minutos, Genya había aceptado la propuesta de matrimonio. Reflexionando sobre ello, no había pensado en esa posibilidad ¿Casarse? ¡¿Con otra mujer?! ¡¿En que rayos pensaba su padre?!
-Creo que todos quedamos de la misma manera, mi señora. Pero véalo por el lado bueno, hicimos paz con nuestro antiguo enemigo, y la joven no es nada fea.- Me guiñó con una sonrisa.
-Michaels, eso no me alegra, tanto. Es decir, quiero paz, pero ¿Casarme con ella? No me gusta, me agrada, y no quiero decir que no es linda, es dulce-digo-no me refiero a que no es extremadamente ardiente-digo-¡Ahhg!-
-Cálmese mi señora. Entiendo que no la quería para un matrimonio, pero, ordenes son ordenes.- La mano de Michaels palmeaba uno de mis hombros.
-¡Dios! ¡Que clase de padre he tenido!- Renegué con manos en cara, no podía creer que mi padre hiciera algo así.
-Se lo compensaré yendo a la cuidad, si aún sigue teniendo el humor para seguir.-
-Creo que el viaje me alejará del problema.- Contesté al último para ir a conocer la ciudad.
-¡Oh! Tome esto señora, es para prevenir.- Michaels me dio una gabardina ordinaria. -No hable con nadie más que con los mercaderes, ni siquiera con un pregonero, es por su seguridad, mi señora.- Agarré la manta enorme y con un color sucio, café .
-Gracias...- Me puse la gabardina hasta cubrirme la nuca y nos dirigimos al carruaje. Estábamos tranquilos pensando a donde íbamos primero, si por comida o a pasear un rato, hasta que algo nos asustó. Al llegar al transporte blanco, Justo cuando pasamos cerca de él, escuchamos una voz muy familiar gritando en el maletero.
-¡¿Porqué esta cosa siempre se atora?!- Gritaba una voz femenina, parecida a la mía.
Me dirigí al cajón y silenciosamente, le pedí a Sebastian que me pasara las llaves, agarrando la más pequeña y vieja del bulto de llaves, y abrí cuidadosamente el cajón, tirándome al suelo la persona que hacía tanto ruido en tal maletero.
-¡Alfin!- Gritó hasta el punto en que mis oídos estaban en un punto muerto. Bajó la cabeza hasta notarme en el suelo. -¡¿Fate?! ¿Qué haces ahí abajo?- Preguntó mi hermana mayor.
-La pregunta en sesión es ¡¿Qué diablos haces allí arriba?!- Le pregunté, no puedo creer que no se haya quedado en casa, seguramente nuestro padre está preguntando en donde se encuentra la futura heredera de Amagan ahora mismo.
-Si te respondo, ¿Me dirás a que viniste?- Asentí, a veces, por más que ella fuera la mayor en edad, mi hermanita es un poco inocente. - Bueno, vine a ver si estabas bien, ahora responde.- Vi su cara al sentenciar lo dicho, parecía el mismísimo diablo, su cara tan pícara como un niño cuando consigue lo que quiere.
-¡¿Qué?! ¡Hasta ni yo te la creo! ¡Deberías estar con nuestro padre! ¡Dios, eres la próxima heredera de Amagan y no te comportas como una!- Renegué.
-¿Si? ¡Y tú no respondes lo que te preguntan! ¡Respóndeme!- Atacó.
-¡No hasta que me digas realmente a que viniste!-
-Mi señora Alicia, vuestra hermana solo vino por un matrimonio forzado con cierta candidata, eso es todo.- Michaels... Eso era privado...
-¿Eh? ¿Un... matrimonio?...¿Candidata?- Aquí viene el ''No me dijiste''- ¡¿Porque no me dijiste?! ¡No puedo creerlo! ¡Eres menor y ya tienes que casarte, se supone que era mi turno ahora! - ¿Qué?
-¿P-pero que estas diciendo? Yo no fui la que decidió hacer esto, sabes a conciencia que es mi padre el que elige.-
-Al parecer no me dejas otra opción... ¡Yo también me casaré!- ...¿Que?¿Que truenos pasa por tu mente Alicia?
-...- Me quedé en silencio...
-¡Te demostraré que yo también puedo conseguir una mujer y ser lo bastante responsable como para gobernar!- Que tontería, sinceramente de las cosas elocuentes que has dicho, esta es una de las peores. -Si me disculpas, una mujer me espera.-
La más baja de las dos, bajó del maletero y empezó a correr incansablemente como pato al graznar.
-¡Aguarda! ¡No sabes lo que haces!- Corrí a su dirección tratando de alcanzarlo, y corriendo de la misma manera, Michaels lo hacía.
Caminé pensante en la ciudad de Khlonore, no buscaba solución a lo ocurrido. -¡Diablos! ¿Dónde estará mi hermana? Acaba de perderse ante mi vista...-
-Será mejor separase mi señora, y con cuidado, recuerde lo que le había dicho.-
Asentí, y dicho y hecho, me separé de Michaels y empecé a buscar, preguntando por una joven gritona con cabellos dorados, piel blanca y muy parecida a mí. Todos negaban, era inverosímil que ambas hayamos pasado imperceptibles, nadie entre los mercaderes nos reconocía.
-¡Haha! ¡Les he ganado a todos ustedes caballeros! ¡Ahora denme lo prometido!- Comentaba una voz femenina ¿En un bar? No podía ser Alicia, era una voz diferente.
Mi mente no dejaba de molestarme, no me dejaba... Seguí paso a paso el camino, pero llegué al punto en que las voces internas me molestaban, me detuve y me dí media vuelta hacia ese bar.
Entré al dicho bar y lo primero que ví fue a una castaña recibiendo una gran cantidad de dinero, sentada satisfactoriamente con unas monedas de oro entre sus brazos, viendo como los otros caballeros lamentándose y tomando de una jarra de cerveza, estaban molestos...
-¿Eh?- Pregunté, todos me veían con fastidio y sorpresa, y eso realmente me tensaba.
-¿Pasa algo?- Me vio la castaña, vestía con unos pantalones cortos, camisa blanca y botas café un poco sucias. Ponía su dinero en una bolsa enorme.
-Ehmmm... Si...Bueno, a lo que vengo ¿Acaso algunos de ustedes...- Tragué saliva -Caballeros... me han visto pasar por aquí? Busco a una persona parecida a mí.-
-Hummm... No creemos haberla visto señorita, pero mientras juega, puede esperarla aquí. Solo es una recomendación.- Volví a tragar saliva, ese lugar no era de mi agrado, pero era buena idea por parte de la joven castaña.
Asentí a lo dicho y me indicó que me sentara en la barra del bar, junto con el camarero. Me senté y ella me siguió.
-Mi nombre es Yagami Hayate, pero solo dime Hayate, un gusto.- Me dio la mano en símbolo de confianza, le devolví el saludo.
-Fate, el gusto es mio.-
-¿Quieres jugar un rato?- Me preguntó con ansias.
-S-seguro ¿Porqué no?-
-¿Un juego de cartas o Ajedrez?-
-Te toca.- Comenté.
-Déjame pensar...- Agarró a su torre negra y lo transportó hacia mi caballo blanco, tirándolo con discreción.
-Esa no la vi venir...- Pensé, no podía creerlo, esta chica tenía habilidad en uno de mis juegos favoritos, ya me arruinó el juego.
-Jaque Matte.- De ninguna manera ¿Como puede ser esto posible? Solo quedaba mi Rey, para ella todavía le quedaban la Torre, su Rey, un Alfil suyo y un peón, estaba perdida.
-Haha, tu ganas ¿Otra partida?-
-¡Vale!-
Que divertido era jugar con esta chica, no podía creerlo, me acabó en un instante, y ahora que sé sus movimientos, podré tronarla en un instante.
-¡Oye Mocosa! ¡Ven para acá!-
Vi que una persona se refería a Hayate, y ví que Hayate estaba muy intranquila, ella no quería voltear a verle la cara...
Espero que les haya gustado este capítulo, me inspiré bastante en el, esperen el siguiente capítulo. Un saludo y con gusto contesto vuestras Reviews.
Matta Ne!
