Disclaimer: Gantz, Gantz Minus, Nishi e Izumi pertenecen a Oku Hiroya WORK! La idea del fanfic es lo único mio, aparte de los OC.
15/07/13 Editado completo.
Izumi abrió los ojos cuando escuchó voces a su alrededor.
"¿Otro más?"
"¿Yo también he llago aquí así? Qué mal rollo, ¡Joder!"
"¡Mira Nozomi! Otro chico. ¡Qué mono es!"
"Estúpidas adolescentes en celo... Me ponen de los nervios."
A su alrededor, varias personas lo miraban como si fuese algún tipo de bicho raro de feria por el que habían pagado para ver.
"¿Cómo coño he acabado aquí? ¿Quién es esta gentuza? ¿No se supone que estoy muerto?"
Eso es lo que se preguntaba Izumi en aquellos instantes, aunque no se dignó a formularlas en voz alta; algo le decía que sería inútil de todas formas...
Se levantó del suelo y miró alrededor con desconfianza. Parecía estar un piso cualquiera, en un sitio cualquiera. Por la ventana se podía vislumbrar la torre de Tokio, así que por lo menos pudo comprobar que no estaba muy lejos de casa. Respiraba, se movía, sentía. No estaba para nada muerto. En el centro de la sala reposaba una gran esfera negra; calculó que su diámetro sería de un metro, más o menos. Relucía, y enseguida le llamó la atención. Detrás de la bola, un chico pelirrojo descansaba apoyado contra la pared. Debía de tener su edad, año arriba año abajo, o puede que un par más; aunque la melena que le llegaba hasta los hombros y las pecas le hacían parecer algo infantil (por no hablar del flequillo largo y recto que llevaba, por favor...). Mientras tanto, mirando por la ventana con media sonrisa en los labios y cara de estar soñando algo bonito, una chica bastante alta, de pelo corto oscuro, con flequillo hacia un lado y pelo algo más largo a los lados... Pues eso, miraba por la ventana, simplemente, casi como si estuviese drogada o algo. Aunque era alta, debía de ser algo más joven que él (¿O no?)y aunque tenía el pecho casi completamente plano, saltaba la vista que era una chica. Después se giró para ver las personas a las que pertenecían las otras voces que lo habían alertado.
Dos chicas jóvenes, con uniforme de escuela, lo miraban con gran admiración y con el rostro totalmente rojo. Supuso que una de ellas debía de ser la tal Nozomi. Una era rubia y la otra castaña, teniendo la segunda el pelo un poco más largo que la rubia, que lo llevaba por los hombros. "Menudo par de gilipollas", pensó Izumi. Al darse cuenta de que Izumi las miraba, una de ellas dio un respingo y la otra abrió la boca, como si fuese a decir algo, pero no emitió ningún sonido, boqueando como pez fuera del agua.
"Joder, par de retrasadas"
A su lado, un chico joven, de unos 20 años, las miraba con muy mala cara. Tenía el pelo azul de punta, un par de pendientes en la oreja y un piercing en el labio. Aquel tipo con pinta de delincuente tenía que ser, a la fuerza, quien había denominado a las dos estudiantes como "adolescentes en celo". Izumi no podía más que darle la razón mentalmente. Por último, un señor de mediana edad, vestido con un delantal lleno de sangre (de carnicero, supuso), lo miraba con cara de desconcierto. En total, y contándose a él mismo, eran siete personas las que se encontraban en aquella sala: el pelirrojo, la chica de pelo corto, las dos estudiantes, el tipo con pinta de delincuente, el viejo carnicero y él mismo. Un grupito bastante heterogéneo, la verdad.
¿Qué narices hacían todos allí? Tenía claro que no se quedaría para averiguarlo. Pero, cuando se dispuso a salir de aquella habitación, la chica de pelo corto habló:
- No te esfuerces, la puerta está cerrada. - aseguró ella.
Izumi frunció el ceño pero no dijo nada.
- Es cierto,- corroboró el viejo carnicero - y tampoco podemos siquiera tocar las ventanas para poder abrirlas.
-¡Esto es una puta mierda! - gritó el joven con pinta de delincuente - ¡Que puto enfermo nos tiene aquí encerrados!
-¡Cálmate! - le espeto el viejo - Estás asustando a las pobres estudiantes.
Izumi miró a las estudiantes, que tenían una cara de horror total y se abrazaban entre ellas. La rubia (la tal Nozomi), comenzó a sollozar y la que tenía el pelo castaño intentaba controlarse para no empeorar la situación.
- ¡Me importan una mierda ese par de zorras! - gritó de nuevo el delincuente (Izumi decidió definitivamente bautizarlo así, a falta de otro nombre) - ¡Yo sólo quiero salir de este puto sitio!
- Menudo gallinero se está montando - susurró el pelirrojo, y la chica de pelo corto lo corroboró con una pequeña sonrisa y un movimiento de cabeza.
Izumi no hizo ningún caso y comprobó si la puerta estaba realmente cerrada. Y vaya si lo estaba. Intentó tirar de la manilla con toda su fuerza (que no era poca), pero ni siquiera pudo tocar el pomo, por lo que casi se cae de espaldas.
De puta madre.
Pero bueno, ¿acaso no era aquello lo que él tanto deseaba? ¡Emociones fuertes!
Pues no.
Estar encerrado en casa de algún chiflado con una panda de idiotas no tenía nada de emocionante, ni motivante, ni nada de nada. Era una puta mierda.
Volvió a la sala principal e intento abrir la ventana. Al igual que con el pomo de la puerta, ni siquiera pudo tocarla.
- Te lo dije - dijo la chica de pelo corto, y después rió suavemente. No fue la típica risa coqueta que solía oír de las chicas cada vez que intentaban ligar con él. Para nada. Ésta tia se estaba riendo en su cara.
- ¿De qué coño va esto? - habló Izumi por primera vez desde que llegó, pero sin demostrar ningún tipo de emoción en su voz o rostro.
- Ni puta idea - le contesto la chica y rió más fuerte.
"Zorra mentirosa..."
El chico pelirrojo también parecía pasárselo de lo lindo y los dos se enviaban miradas cómplices mientras sonreían.
- Nosotros tampoco sabemos que está ocurriendo aquí. - intervino el viejo - Tú también estabas a punto de morir cuando llegaste aquí, ¿Cierto? A todos nos...
- ¡Calla de una vez, viejo! - le interrumpió el delincuente - No estábamos apunto de morir. ¡La hemos palmado! ¡Todos en esta habitación la hemos palmado! ¡Así que deja de decir gilipolleces!
- Pero... Estamos respirando y nos late el corazón - dijo Nozomi, llevándose una mano al pecho, ya algo más calmada que antes.
- Muy buen listilla, ya que tanto sabes, ¡Explícanos como coño hemos llegado hasta aquí! - gritó el tipo de nuevo - ¡Ese puto láser no es normal!
- ¿Qué láser? - a Izumi se le escapó la pregunta en voz alta.
- ¡Ése! ¡Ése de ahí! - grito Nozomi asustada, apuntando a un sitio concreto de la sala con el dedo índice, mientras su amiga se estrujaba más contra ella.
- ¿¡Más gente!? ¡De puta madre! - gritó el delincuente con sarcasmo. ¿Es que nunca dejaría de armar bulla?
Izumi siguió el dedo tembloroso de la rubia y, debía admitir, que se quedó un tanto desconcertado. Desde la bola negra, unos pequeños rayos de colores apuntaban a un lugar concreto de la sala. Poco a poco una personita comenzó a aparecer. Izumi no creía lo que veían sus ojos. Primero, aparecieron los zapatos, los cuales identificó como los típicos zapatos que se utilizaban para ir a la escuela, parecidos a los suyos. Al fin y al cabo, el seguía teniendo puesto su uniforme de la escuela, con chaqueta y corbata incluida, pero su bolsa se había quedado en la limusina de los yakuza.
Después de los pies, comenzaron a surgir las piernas. Estaban paralelas al suelo, por lo que quien quiera que fuese, llegaría tumbado o sentado.
Parecía ser un chico, por los pantalones de uniforme de chico de cualquier escuela. Luego, por fin, vinieron el tronco, con los dos brazos (ahora estaba claro que estaba tumbado boca arriba) y finalmente la cabeza. Era un chico que tenía los ojos fuertemente cerrados, al igual que los puños. Debía ser un par de años menor que Izumi, y su tamaño le pareció patéticamente pequeño. Si que era bajito el chaval. Le dio bastante pena, y también risa.
Nishi pasó al otro lado de la valla que separaba su balcón de la calle. Se quedó mirando desde el borde, hacia abajo. ¿Sería esa altura suficiente? Estaba en un quinto piso, la altura desde allí hasta el suelo, vista desde su posición, haría temblar a cualquiera. No se lo pensó dos veces. Si se quedaba allí de pie por más tiempo, se lo pensaría mejor y quizá no saltase. Dio un paso al frente y cayó al vacío. Y, después… Nada.
¡¿NADA?!
Sentía el suelo bajo su cuerpo, pero no le había dolido. Ni siquiera había oído algún ruido que confirmase su caída y posterior golpe. No se atrevía a abrir los ojos, los cuales tenía fuertemente cerrados, al igual que los puños. Decidió hacerlo de golpe, cuanto antes. Abrió los ojos y se incorporó.
Lo primero que se encontró de frente fue alguien que le tendía una mano. Un tipo, bastante más mayor que él, que rondaría los veinte. Tenía pelo algo largo, oscuro, y lo miraba de forma algo extraña. No lo conocía de nada. ¿Por qué narices le tendía una mano? Joder, él no necesitaba que extraños le fuesen tendiendo la mano, se bastaba solito.
Izumi estaba algo descolocado. Su mano seguía tendida en dirección al chico, pero este no hacía ni amago de cogerla.
"Y éste, ¿quién coño es, y por qué diablos me tiende la mano?" pensó Nishi un tanto descolocado también. Parecía estar en un típico piso japonés. A su alrededor, aparte del tipo que le tendía la mano, dos estudiantes, un tipo viejo y un joven con pinta de delincuente, lo miraban intrigados.
"¿Qué coño soy, un puto mono de feria?"
En mitad de la habitación, una gran bola negra llamó muchísimo su atención. A un lado de ella, una chica de pelo corto miraba por la ventana ignorando los hechos por completo, y detrás de ella, un tipo con media melena pelirroja, estaba apoyado en la pared con aire aburrido. La bola negra volvió a captar su atención. Y es que no podía apartar los ojos de ella. Completamente negra y brillante; la escrutó todo lo que pudo, buscando cualquier otro tipo de característica.
Izumi retiró la mano. Si no quería su ayuda, no era su problema realmente, pero ya estaba harto de toda ese show, así que lo cogió del antebrazo y lo levantó mientras parecía distraído mirando vete a saber dónde.
Nishi, tan concentrado estaba mirando la bola negra, que se sobresaltó sobremanera cuando fue levantado del suelo y, sin poder evitarlo, miró al tipo con cara de odio. Se podía levantar el solo perfectamente. Le dio un manotazo a la mano del tipo. Si se creía que le daría las gracias estaba muy equivocado.
- ¡Qué bien, otro puto crío! - comenzó el delincuente a chillar de nuevo - ¡No vendrá una tía buena, claro que no, solo estudiantes idiotas y críos! ¡Me cago en todo!
Nishi se quedó de piedra. ¿Pero ese de qué coño iba? Se ofendió, ya que evidentemente lo de "crío" lo decía por él.
A Izumi, por su parte, le daba absolutamente igual que se metiese con el crío ese, pero aquel tipo lo estaba poniendo ya de los nervios. No hacía mucho tiempo que llevaba allí y el tipo no hacía más que gritar contra todo el mundo. No le gustaban los llama-atenciones, para nada.
Sin pensárselo mucho, agarró a aquel tipo por la camiseta y lo alzó con facilidad por los aires.
- ¿Te vas a callar de una puta vez? - le dijo con voz amenazante, calmada y fría - Me estoy empezando a hartar de tus gritos, como no te calles, te rompo el cuello.
- ¡Calma, calma! ¡No tenemos necesidad de ponernos violentos! - intentó el viejo calmar el ambiente.
- ¡Suéltame, grandísimo hijo de puta! ¡Te voy a matar! - gritó el otro de vuelta, agitando las piernas en el aire.
Mientras tanto, Nishi miraba la escena, sorprendido por lo repentino del asunto, pero realmente complacido con el alguien le diese su merecido a alguien que lo había molestado, por primera vez en su vida. Quizás aquel tipo que lo había levantado no le caía mal del todo, puede que incluso le empezase a caer bien.
La chica del pelo corto y el pelirrojo miraban la escena con bastante interés, dando gracias al cielo de que por fin alguien con suficientes agallas hubiese llegado al grupo y de que, además, les proporcionase algo de diversión al asunto, ya que esperar a que Gantz los transportase podía llegar a ser desquiciante.
Mientras, las estudiantes cada vez se enamoraban más de su apuesto príncipe sin nombre, dígase Izumi, por hacer callar a ese mala bestia que las estaba poniendo enfermas.
Izumi se dispuso a estamparle el puño a aquel tipo en la cara, así si que callaría. pero, repentinamente, una canción que casi todos supieron reconocer llenó la sala, haciendo que se sorprendiese algo y soltase al delincuente, que acabó con el culo golpeado contra el suelo. Sorprendido también por la canción, se levantó sin más para poner a observar el también.
Aquella canción parecía provenir de aquella bola negra, y todos los presentes la identificaron como una famosa canción de un programa de ejercicio de la radio japonesa.
Atarashii asa ga kita
Kibou no asa ga
Yorokobi ni mune wo hiroge
Aosora aoge
Rajio no koe ni
Sugoyaka na mune wo
Kono kaoru kaze ni kirakeyo sore:
ICHI ,
NI ,
SAN !
Todos se quedaron callados, mirando a la bola; algunos asombrados, otros desconcertados, y algunos incluso aburridos. Entonces, aquella bola se iluminó, dando comienzo a la cacería.
