recuerdos II
Me desperté en la noche y miré la Luna ¿Qué hora será?
Volví a soñar con él, es el mismo sueño desde hace algunos meses, pero no se lo he contado a nadie. Cada vez que imagino su rostro elegante, enmarcado en esa cortina de sedoso cabello castaño me estremezco.
¿Me estaré enamorando? Pero yo jamás lo he visto, ni siquiera sé su nombre, no puede ser eso, aún así mi corazón retumba con fuerza cuando lo ve. Pero su mirada no me gusta, sus ojos son fríos, me da miedo, es como si todo lo tierno que es conmigo se perdiera en sus ojos.
Es como si lo conociera de otra vida y eso me aterra. Me pregunto si él me buscará como quisiera buscarlo yo a él. Pero no me permiten salir de los jardines, ni siquiera puedo visitarlos sola ¿me preguntó qué habría más allá de las enormes paredes que separan esta casa del resto del mundo?
Vuelvo a pensar en mi sueño, esta vez fue más vívido y creo que era más pequeña, por lo menos me sentía más joven. De unos diez años más o menos.
Pero es imposible que haya pasado, yo no he salido de esta casa desde que tengo memoria.
Una niña de diez años corría detrás de una pequeña pelota de oro, del tamaño de una naranja, con un rubí en forma de corazón, un zafiro en forma de estrella, una esmeralda en forma de trébol y un diamante incrustados en ella, con tiras de perlas que la partían en cuarterones.
La dueña del pequeño tesoro era igual de sorprendente, tenía el cabello castaño y largo hasta la cintura, peinado en simulación de una red, usaba una diadema de plata con diamantes formando una rosa en el centro y gotas de perla en el resto del peinado, que llegaba hasta su nuca. Sus ojos eran azules brillantes, vivos y alegres, con infinita inocencia en ellos. Debajo de su cabello se notaban dos orejas puntiagudas, algo grandes aún para su cabeza, pero que no desentonaban mucho.
Iba ataviada en un vestido blanco hasta sus pies, sin mangas y con los hombros descubiertos, separados visualmente de sus brazos por unos tirantes gruesos. Sobre el vestido usaba una capa corta de seda transparente con joyas bordadas.
Las risas de la niña se escuchaban por todo el patio y los que la miraban sonreían y seguían su camino, algunos la saludaban con una pequeña inclinación que ella correspondía antes de seguir.
La pequeña sujetó su pelota con una sonrisa y comenzó a correr de nuevo, pero tropezó con una piedra y cayó. La pelota escapó de sus manos y aterrizó en un estanque que estaba a unos metros de ella salpicando de pies a cabeza a un joven que meditaba junto al agua.
– ¡Morgana! –reclamó él, bastante molesto.
–gomennasai, Asaha sama –le dijo ella tartamudeando e inclinándose ante él.
–mocosa torpe –le recriminó Hao y se alejó dejándola al borde del llanto.
La niña se acercó al borde del estanque y miró su pelota hundida en el agua transparente, muy lejos del alcance de su mano.
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Más tarde
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–Mappa sama, lo lamento mucho –murmuró una voz detrás de él y un dulce de arroz y miel se deslizó entre sus manos.
–déjalo así, Morgana, yo exageré un poco –le dijo él a la niña mirándola fijamente tomando sus manitas entre las suyas.
–yo no quiero hacerte enojar porque eres una duine* muy valiosa para mí, tú no me tratas diferente, para ti no soy un estorbo ni soy algo extraño que no debería estar ahí. Tú me tratas como si fuera cualquier otra persona y eso es muy importante para mí. Yo quiero tener amigos, pero no es fácil cuando todos te ven como una extraña o como alguien superior aún cuando no lo seas. Yo quiero que seamos buenos amigos, Asaha kun... acushla** –le dijo la niña besándolo en la mejilla y haciéndolo sonrojar. Persona* algo así como corazón mío (literalmente "latido de mi corazón") **
–Nos vemos en la noche, no llegues tarde –gritó Morgana corriendo lejos de él mientras Hao se tocaba la mejilla atónito.
Sí, ahora recuerdo su nombre... su nombre es Asakura Hao... yo lo llamaba... Mappa o Asaha
Pensaba una jovencita de brillantes ojos negros y cabello castaño largo hasta la espalda mientras miraba la luna a través del enorme ventanal de la habitación, envuelta en una sabana.
– ¿volviste a soñar con él, cierto Nicole? –preguntó el espíritu de un joven manifestándose junto a ella.
–Sí, sueño con él cada noche –contestó ella.
–Deberías olvidarlo, es un simple sueño y nada más –contestó el joven.
–tal vez sí, tal vez no, Ediam ¿Por qué no dejas que ella lo averigüe sola? –preguntó una voz y la luz plateada de la luna se volvió roja.
–Tú no tienes nada que hacer aquí –reclamó él interponiéndose entre la chica la figura que comenzaba a delinearse en la ventana.
–que diminuto eres, ¿realmente crees, espíritu, que podrás contenerme? –preguntó la misma voz, pero ahora la sombra recortada contra la ventana era nítida como el agua.
–trobhad*, Nicole... que desagradable ainme** usaron para reemplazar el tuyo –la llamó él, extendiendo su mano hacia la chica. Ven aquí* nombre**
–Hao sama –murmuró ella acercándose tímidamente a él.
–Nicky, aléjate de él –le ordenó Ediam sin poder contenerla, pero parecía haber entrado en un trance.
–Hao kun –murmuró la castaña tomando la mano del shaman de largos cabellos. Tomó a la chica entre sus brazos y ella lo miró tímidamente.
– caidal* –ordenó Hao pasando su mano por el rostro de la castaña, que cayó en un sueño instantáneo acurrucándose en sus brazos. Duerme*
Hao y la chica de desvanecieron entre las llamas que iluminaron la noche.
