CAPÍTULO 0 - "EJECUCIÓN"

Erase una mañana como cualquier otra en Tierra I. Hace dos semanas que no pisaba su estéril campo de muerte que fue, para muchos en la colonia, alguna vez plagado de vida. Al menos, hasta hace más de dos mil años luego de la última tormenta solar. Los libros de historia citan muchas fotografías de antiguas comunidades que vivieron hace bastante tiempo, ahora sólo son imágenes que prevalecen en la memoria de los muertos, cenizas del mundo que antes fue abrigado por una cálida gloria extinta.

La razón que me encuentre en este mundo ruinoso es debido al extraño caso de un peculiar personaje: el doctor Tim Marcoh. Reconocido científico y genio excepcional, fue nombrado alquimista gracias a que su trabajo reveló que la primera forma de energía alterna descubierta, seele, puede aún ser utilizada para la repoblación de la humanidad en el planeta Tierra a pesar de no poseer las cualidades extraordinarias de nervus, siendo esta última la única esperanza para sobrevivir de los seres humanos y de los biodroides.

Viajé desde la estación espacial Central hasta el puerto 489-B en la Luna para tomar el transbordador Hindras el cual me llevaría hasta Rush Valley, único pueblo en existencia de todo el planeta. Durante mi arribo a este lugar, encontré varias unidades biodroides que ya tenían una vaga idea de mi visita. Apenas pude creer que era el único humano visto en semanas, al menos que no fuese un prisionero de Sonora II. La única razón que mantiene a estas criaturas cibernéticas en este miserable lugar es su trabajo: ha habido innumerables altercados en la prisión, así mismo intentos de escapar de la misma por lo que ellos se encargan de custodiar a los reos. Humano o biodroide, los centinelas no mostrarían piedad y se resumirían en atrapar al infortunado para ser nuevamente ser encarcelado.

Afortunadamente, no tardé en encontrar a Paninya. Siendo ella parte de la embajada entre seres humanos y biodroides de Rush Valley, algo irónico debido a que sus piernas son prótesis cibernéticas; resolvió en otorgarme un vehículo con un escolta y llevarme hasta la entrada de la prisión. El pueblo se encuentra a doscientos diecisiete kilómetros al noroeste de Sonora II, no obstante nuestro viaje sería de sólo de siete minutos gracias a la inverosímil velocidad de la nave.

Su piloto, Kurt Curtis, se mostró feliz al poder salir del pueblo.

-"Vigilar, verificar el perímetro, vigilar, verificar el perímetro… esto de ser centinela en una prisión cansa"-. Musitó

Contemplé un poco sorprendido al biodroide. Según registros humanos antiguos, cuando el planeta Tierra todavía era habitable; ellos habían creado artefactos robóticos similares a humanos. Estaban fascinados con que algún día pudieran crear a un ser con inteligencia propia, una creación meramente humana y autónoma; con la que pudieran suplir sus tareas. Y así fue, al menos antes de que "sus creaciones" se dieran cuenta del verdadero propósito de su existencia. Pasó tiempo, bastante, antes de que ambas razas pudieran reconciliarse todo gracias a que la Tierra, mejor dicho, Tierra I comenzara a perecer.

-"Mientras no estés tomando tu papel de piloto resulta que tienes que asumir el papel de niñera de miles de bastardos atrapados en una sucia jaula"-. Suspiró el biodroide mientras se acomodaba el retrovisor.

-"Dímelo a mí"-. Le dije al recordar mi propósito.

El escolta se volvió y me devolvió una sonrisa: -"Al menos tu trabajo es emocionante. Te pagan por viajar y leer libros, ¿de qué te quejas, alquimista?"-.

Tengo bastante tiempo conociendo a los escoltas de Red Raven, una asociación de transporte biodroide gracias a Paninya. De hecho, Central contrató sus servicios para todos los alquimistas y para los seres humanos clase Une. Hace dos semanas conocí a Kurt justamente cuando comenzó su entrenamiento como piloto de naves.

-"No tienes idea…"-. Le dije, tratando de esconder mis verdaderas razones de visitar la fortaleza.

Su curiosidad me recordó a la de mi hermano menor quien su mayor fascinación es en la tecnología biodroide y la forma en la que podría utilizarse para los seres humanos que han sido afectados por las antiguas guerras. Es difícil creer que los androides, siendo alguna vez enemigos acérrimos de nuestra raza, pudieran mostrarse pacíficos y afables, quizá demasiado como para compartir sus conocimientos.

Alguna vez, mi hermano y yo hemos estudiado juntos esa extraña forma de energía llamada nervus durante tres años. Mientras él se decidió por la tecnología biodroide, yo seguí investigando el origen de tan peculiar forma energética. Durante un tiempo, me pareció incongruente cómo es que una pizca de esta materia pudiera mantener activas todas las funciones de una nave de combate por cerca de doscientos años.

Poco a poco, no tardé en llegar a varias teorías que podrían suponer una espantosa realidad.

El único que podría esclarecer ese misterio se encuentra detrás de las puertas de Sonora II.

Kurt se volvió hacia a mí, un poco preocupado:-"Si no es indiscreción, pero ¿te pasa algo? Estás algo pálido-.

Él está en lo cierto. Claro que estoy preocupado sin embargo de ninguna manera se lo diría. Estaba ya impaciente a que el horizonte dibujase las murallas de Sonora II.

-"No es nada, Kurt"-.


La nave Raptor MKII dejaba una estela de tierra a lo largo de la vasta tierra árida. En ella, dos tripulantes divisaban su destino a la distancia, una fortaleza ciclópea custodiada por un sinfín de torres. El vehículo limitaba su velocidad hasta que tres plataformas hexagonales aparecieron repentinamente a su alrededor. Tres columnas de luz emergieron de las plataformas, dando lugar a seis formas humanoides revestidas de placas, asemejándose a una fortísima armadura. Uno de ellos se acercó al conductor.

-"Identificaciones por favor"-. Una voz similar a un estruendo metálico demandó.

Un joven sacó una tarjeta de sus bolsillos y se la entregó al temerario personaje:-"Kurt Curtis, piloto Red Raven"-.

Antes de que el centinela articulara, el acompañante sacó un curioso reloj plateado:-"Alquimista de Acero, Edward Elric"-.

El biodroide guardián palideció y rápidamente ordenó a sus compañeros a abrir el paso. Kurt miró malicioso al alquimista:-"Eres un presumido, ¿lo sabías?"-.

Edward estaba perdido en sus pensamientos, mirando hacia el gran portón que rápidamente cedía. Las imponentes murallas de acero dejaban escapar un poderoso fulgor blanco que cegó rápidamente al biodroide y al alquimista. Edward no tardó salir del vehículo.

-"No me esperes"-. Indicó el alquimista:-"Esto tardará más de lo que te imaginas"-.

Mientras que el piloto Red Raven se perdía a la distancia, el visitante era transportado hacia el interior de la fortaleza, custodiado por un biodroide guardián.

La luz paulatinamente cedía mostrando ante el alquimista y el biodroide un largo pasillo de mármol. Hacia ambos lados se dibujaban cientos de celdas hexagonales a semejanza de un panal, presumiblemente donde los prisioneros estaban atrapados.

A la distancia, un disco hexagonal se acercó a la pareja. De éste, un resplandor verduzco se hizo aparecer e instantáneamente dibujó la forma de una mujer de apariencia autoritaria. Edward tragó saliva con sólo verla. Ha tenido el honor de conocerla antes.

El biodroide se apresuró ante la emergente imagen, realizando un saludo militar:-"Reportándose centinela HG-89"-.

La desconocida mujer contempló por un momento al guardián haciéndole un gesto en su respuesta. No tardó en observar al visitante.

-"¿Otra vez?"-. Dijo inyectando veneno en sus palabras la intimidatoria militar:-"Debo suponer que vienes con el mismo tipo y con el mismo propósito, ¿me equivoco?"-.

A pesar de conocer tan bien a este personaje desde hace mucho tiempo, para Edward aún ella era capaz de animar sus nervios. Era algo que sólo ella podía hacer.

-"Así es"-. Intentando no titubear, el alquimista articuló:-"Necesito hablar otra vez con él"-.

La mujer se mostró pensativa un momento, mirando a Edward fijamente. Ella no simpatizaba con los militares de la estación espacial de Central, mucho menos con sus alquimistas. Estaba claro que las decisiones que se tomen por parte del Führer hacia con sus sirvientes alquimistas estaban fuera de su control, así mismo las necesidades que éstos tengan, sin importar si fuesen simples visitas a Sonora II. Sin embargo, incidentes que han ocurrido en la prisión ha sido paradójicamente gracias a ellos por lo que ella ha tenido que discutir con el Führer en muchas ocasiones, muchas veces arriesgando su cargo militar.

Soltando un suspiro, desvió su mirada hacia el centinela haciéndole un gesto. Acto seguido, el guardián irguió un poco su antebrazo del cual un panel holográfico se hizo presente y comenzó a teclear algunos comandos. Repentinamente un nuevo disco hexagonal se hizo presente y la ignota mujer miró nuevamente al joven:

-"Tu petición está concedida, pero antes necesitamos hablar"-.

El joven se posiciona en el disco hexagonal el cual mediante unos nuevos comandos que el centinela biodroide ingresa, éste desaparece.


He estado más de diez años en la milicia superando entonces mi padre, el ex general Gargantos. Nunca antes he conocido a un decidido hombre dispuesto a ordenarle a sus inferiores el de no mostrar piedad si su superior no muestra la determinada capacidad para dirigirlos o para representarles. Es por eso que he seguido sus pasos, haciendo que Sonora II sea mi propia verdad.

Tardé en depurar a mi hermano hacia cargos que creo yo son apropiados para alguien como él. He oído de su parte las hazañas grandes del alquimista Edward Elric y descubrimientos que el mundo científico de los alquimistas han aportado hacia las estaciones aledañas a Central como las nuevas mejoras para las armas nervus. Los hermanos Elric son alabados por el propio Führer, nunca antes pensado que estos dos jóvenes pudiesen llegarle a los talones del propio Tim Marcoh.

He me aquí entonces teniendo bajo mi cargo las impenetrables murallas de Sonora II y de la tercera parte de la tripulación militar de Central en Tierra I, oxidándose como siempre esperando en vano alguna guerra que tanto el Führer como yo sabemos que nunca ocurrirá.

Nunca he compartido afecto hacia los alquimistas. Creo yo que además de ser ellos la solución, representan también un verdadero problema con sólo su mera existencia.

Repentinamente, veo una plataforma hexagonal materializándose frente a mí, justamente cómo había previsto.

Paulatinamente una estela de luces tiene lugar desde dicho disco el cual toma lugar una silueta humana.

Se trata de ese alquimista.

Veo en sus ojos algo de temor pero a la vez suma determinación, algo en el brillo de este sucio científico muestra que, paradójicamente, está ocultando algo.

Quizás algo insignificante.

Quizás algo pequeño… pequeño, pero peligroso.

-"¿Puedo saber de una vez qué fue lo que no te quedó claro con la última entrevista de Tim Marcoh, alquimista?"-.

Sin duda, Edward Elric no comparte la forma en la que trato a todo visitante a esta prisión. No lo culpo, estoy segura que él está de acuerdo con hacer los modales de lado. Elric siempre ha sido así, inclusive con Bradley.

-"Sólo si puedo saber si seguirá hurgando las cámaras de seguridad de la celda de Marcoh, especialmente cuando le visito, Comandante Olivier Armstrong"-.

-"Mide tus palabras, hombrecito"-.

Su mirada rebelde y esa obstinación no pudieron haber sido heredadas sino de su antiguo mentor, el Alto Alquimista Maes. No dudo de la capacidad de Maes o de Elric, es sólo que ambos son simplemente como las olas de los extintos océanos de Tierra I.

Son indomables y por ello son reconocidos en Central.

Es verdad que la comunidad científica Nervus y la comunidad militar son ramas independientes, siendo el Führer y el Consejo los únicos intermediarios, los cuales trabajan en par para lograr la población absoluta en Tierra II y por supuesto, de tener suerte, en quizás la reconstrucción de este devastado planeta, Tierra I.

-"Toma asiento, Elric"-.

El muchacho no tardó en acomodarse, y en breve busca algo en el interior de un maletín negro de una manera brusca y poco profesional. Nunca le había visto tan apurado y sobre todo, preocupado.

Reconozco que él no es un sumiso cachorro como cualquier soldado, nunca lo ha sido y definitivamente nunca adoptara esa aprisionada postura.

-"Eres un verdadero problema aunque quizás yo sea la de las malas noticias"-.

El rostro de incredulidad del alquimista se hace presente. Muchas cosas que he entablado con él nunca las ha tomado en serio al considerarlas él como inapropiadas. Le he dado razones para creer que él es un problema, al menos para mí lo es por cada visita que hace. Bastantes alquimistas o personas de status Une ha venido muy a menudo para entrevistas con los prisioneros, algo que no está permitido por parte de Central. Le he permitido al alquimista de acero por el simple hecho de una pequeña carta virtual firmada por el Führer mismo.

-"No me diga general que sobre por mi"-.

-"En realidad, es sobre Tim Marcoh. Mañana a primera hora, será ejecutado"-.

Reconocería cuando alguien me teme por los movimientos de sus manos, sus pies y sobre todo, de sus ojos. Esta ocasión es diferente. La palidez de su rostro, una mueca de desesperación ahogada y sus orbes doradas con un aire oscuro y desconcertado.

-"No estará hablando en serio"-. El alquimista apenas logra hablar de la impresión.

-"¿Cree que soy alguien quien no toma las cosas en serio?"-.

Rápidamente, el alquimista saca un pequeño disco circular y mediante una combinación de teclas se activa una pantalla virtual. En ella se detallan varios informes de fechas muy distantes.

-"¿No le parece extraño esto?"-. Me comentó confundido.

Todas esas noticias relatan sobre el día en que Marcoh fue sentenciado, el día en el que comenzó a ser un habitante de Sonora II. No hay un día en que piense sobre aquél juicio, mis soldados fueron por él con la supuesta acusación de terrorismo. Pensar en que podría haber algo turbio en todo esto podría ser peligroso, al menos no para mí. De haber algo significaría que en definitiva, algo va a suceder en Central.

-"Es por eso que ordené que vinieras a mi oficina"-.


"Tim Marcoh nunca fue llevado ante un juez para dictaminar su sentencia, es más, ni siquiera él sospecha que mañana va a convertirse en botana de cuervos. Desde ahora en adelante, deberás investigar qué fue lo que llevó a caer en esta olvidada tierra de Dios y pase lo que pase, me mantendrás informada sobre todo"

Como un eco distante, las palabras de la mujer general resuenan en la cabeza del confundido alquimista mientras un agente biodroide le escolta por los pasillos de mármol que componen el gigantesco complejo.

No tardan en llegar a una estación donde se muestra un túnel con rieles. Llegar a la celda del tan ansiado prisionero supone recorrer literalmente medio mundo. En silencio, el agente avanza hacia la orilla del túnel donde éste alza su mano y una tenue luz se hace presente. A continuación, un panel holográfico azul aparece a lo que el biodroide pronto comienza a utilizar mientras que Edward contempla el entorno, perdiéndose en la neblina de sus pensamientos.

"Incluso hasta la misma general sabe que algo anda mal", medita, "Las extraordinarias teorías de nervus creadas por Michael y Nicola son bastante confusas para el alquimista promedio, pero no para mí. Pero en todas esas ecuaciones hay algo que no encaja. Todos los experimentos realizados se llevaron a cabo en Central pero no todos están a la mano ni siquiera de los alquimistas más allegados al Consejo. Siendo Marcoh un sabio alquimista, logró descifrar la forma en la que pudiera ser utilizado seele, que por tanto tuvo que apoyarse en las teorías experimentales de nervus. En efecto, él debió ver algo que estaba prohibido por Central por lo que su juicio debió sólo haber sido para enmascarar algo"

Un estruendoso chirrido anuncia la llegada de un monorriel donde el biodroide indica al científico que aborde junto con él. En un santiamén, la nave cobra vida ante las órdenes del droide y toma una inverosímil velocidad, viajando a través de una red de túneles subterráneos.

Durante el viaje, el joven alquimista contempla con cuidado su entorno en cuanto puede y activa una pantalla virtual donde hace algunas anotaciones.

"Red 23, túnel B67. Red 57, túnel K77. Red 65, túnel S42…"

Cuando poco a poco el monorriel se detiene, la pantalla se apaga a voluntad del joven científico evitando sospecha alguna a su escolta. Al llegar al andén, se materializan dos plataformas debajo de la pareja. Utilizando un dispositivo guía, el biodroide transporta al alquimista hacia unas puertas fortificadas, mostrándose estas como las principales puertas de esta parte de la prisión.

Es en esta entrada donde cuatro centinelas interceptan al joven y a la máquina.

Uno de los centinelas se acerca al escolta a quien le hace un gesto de mostrar su identidad y la de su acompañante. El joven nota que el centinela resulta ser un hombre cerca de sus cuarenta, de expresión seria y bastante firme. Nunca antes ha visto a este personaje salvo a los otros tres guardianes.

-"Se nota que te gusta mucho involucrarte con los locos y los raros, acero"-. Dice uno del trío quien se muestra muy amigable.

El joven identifica a este hombre como Barry, conocido como el "carnicero" por mostrarse como un despiadado jugador de naipes. Hasta la fecha, no ha habido jugador humano o biodroide quien haya logrado vencerlo.

-"Ahora que Barry lo menciona, ¿me puedes decir por qué te llaman el alquimista de acero?"-. El segundo custodio se le aproxima al alquimista.

-"Mi hermano tiene razón, de hecho, es una muy buena pregunta"-. El tercero se incluye en la plática, sin embargo el primer centinela se vuelve hacia el trío causando que éstos ahoguen sus palabras y reanuden sus labores.

A pesar de que ellos le conocen, el cuarto insistió en que se identificasen por temor a que la mujer general Armstrong se molestase por alterar el protocolo.

-"Alquimista de acero, Edward Elric y agente HL-43"-. Musitó el escolta.

Al corroborar las identidades, el cuarto guardián ordenó a sus compañeros a sacar cada uno una llave, la cual consta en una tablilla rectangular pequeña. Al instante, cada tablilla emitió una pantalla virtual la cual escaneó los rostros de sus portadores, verificando sus identidades. Cada tablilla metálica emitió un sonido agudo de confirmación y un parpadeante resplandor verduzco. Los custodios ingresaron sus respectivas llaves y ante la señal del jefe de los cuatro, sus compañeros dieron vuelta a sus tablillas al mismo tiempo. Un estruendo metálico se hizo esperar en el engranaje de la reja y ésta cedió. Una brillante luz emergió del interior cegando al instante al alquimista.

No tardaron entonces que en abrirse dichas puertas a voluntad de los centinelas, se mostrase un panorama compuesto de decenas de arquitecturas similares a un valle de torres. Justo cuando las luces del recinto disminuyeron su intensidad, las plataformas del joven y de HL-43 comenzaron a moverse hacia el interior. Al avanzar lentamente a través de un único pasillo en este bosque de celdas hexagonales, el científico se da cuenta de varios nombres escritos en cada una de dichas celdas. Nombres de personas, nombres de biodroides son las que identifican a su morador y por tanto, las que muestran el tipo de crimen que cometieron mientras anduvieron libres en Tierra I y en la estación espacial Central.

Cada celda nota que tiene un recubrimiento de mármol con un visor en la parte superior central de la puerta, donde puede verse a su habitante. Con sólo acercarse a cada una de ellas se despliega una ventana holográfica anaranjada que reza toda la información fundamental del prisionero.

Edward Elric muestra un poco de indiferencia y se centra en lo que estaría a punto de hacer de tal forma que pudiera de hacerse de toda la información de Marcoh.

"Nunca pensé que tuviera el tiempo en mi contra. Supongo que el tiempo nunca ha sido aliado de nadie, mucho menos enemigo. Sólo brinda oportunidades sin siquiera decirlo o rogarle. No. El tiempo sólo es justo y nada más.

Tendré que persuadir a Marcoh para que me diga todo lo que sabe sobre nervus. Hay algo que en Central saben y sólo él puede decírmelo.

Lo que no entiendo es algo que de sólo pensarlo me da escalofríos:

Si Central misma otorgó mis visitas a Marcoh, ¿por qué desean ejecutarlo sin antes un juicio previo? ¿Intentan ocultar algo por temor a que alguien pueda saberlo? ¿O esperan a que me confiese algo con lo que ellos no quisieran ensuciarse las manos?

Sea lo que sea, necesito hacer algo con las cámaras de seguridad que está en su celda. Gracias a Alphonse, no supondrá un obstáculo para que me diga todo sobre nervus.

Después de haber estado en el laboratorio mucho tiempo, creo que nervus no es lo que parece"


Notas del autor: Como ya se habrán dado cuenta desde el prólogo, el ambiente toma lugar en el futuro donde las máquinas tienen inteligencia propia así como también un futuro "utópico" en el que los humanos conviven con ellos. En este capítulo aparece, uno de los personajes que para mí tiene un pasado misterioso y que en la serie no se profundizó como (creo yo) debió merecerse, Barry The Chopper pero en forma humana. Sé que para muchos no hay nadie como este personaje en su forma de armadura y sobre todo, por su personalidad tan peculiar que tiene pero poco a poco lo iré evolucionando tratando de explicar cómo es que lentamente se fue transformando... desde una persona mentalmente sana hasta en alguien con gustos enfermizos así como también con los hermanos Slicer.

En lo que estoy trabajando actualmente es en la escaleta de esta historia y en otras más que ya tenía planeadas antes de este relato así que os pido un poco de su paciencia si me tardo demasiado en subir capítulos.

Agradecería mucho sus comentarios y sugerencias, sin más nos vemos hasta la próxima.