Tuve un desliz mientras editaba esto y me detuve a ver Cuando un hombre ama a una mujer y Meg Ryan es simplemente fabulosa, fue de mis primeras musas (mis musas definitivamente no tienen orden, todas son igual de importantes en mi palacio de la memoria). El punto es que… no hay punto, simplemente quería compartir con ustedes un pedacito de inspiración, porque definitivamente me tomó con fuerza esa película (hace tiempo necesitaba algo así).

Advertencia: Se vienen capítulos de dosis fuertes incluyendo este.

Los personajes a continuación pertenecen a CBS y Bruno Heller.

No me opongo si Dios me regala un Simon Baker.

Capítulo II.

Después de haber visitado a Lisbon el equipo siente cómo sus preocupaciones descienden un poco, ella será dada de alta al día siguiente y posiblemente pueda volver sin ningún riesgo al campo de trabajo la siguiente semana. Se despiden para poder continuar con la investigación en la que estaban, Cho y Rigsby van a volver a la escena del crimen por petición de Jane quien insiste en que hay algo que no cuadra a su vez que se ofrece a comunicarles cualquier novedad acerca de su jefa.

—Deberías ir —insiste la pelinegra conociendo la importancia del caso para Jane, conociendo la necesidad del consultor de sobre esforzarse cuando se trata del caso de Red John.

Él niega con la cabeza mientras cepilla el cabello de ella con su mano derecha. —Ni siquiera lo pienses, no me voy a alejar de ti tan fácil.

—No nos van a dar el caso —dice Rigsby a Van Pelt y Cho ya en la sede colocando una carpeta sobre su escritorio.

El agente surcoreano no duda en tomar el caso y resolverlo a pesar de no pertenecerle, después de todo él comprende que se les niegue porque trata de su jefe, pero porque es sobre su jefe él decide investigarlo por su cuenta, sin duda Van Pelt y Rigsby también se suman a la causa.

El testimonio de ella es crucial y a pesar de que ella no quiso tocar el tema, Jane les ha contado los hechos de lo sucedido; a Jane también le ha resultado difícil dicha empresa, pero lo ha conseguido con la promesa claro de que el tema no será tocado de nuevo, —al menos no por ahora —piensa él. —Bueno —piensa Jane —al menos tienen algo de material a diferencia de los policías encargados del caso a quienes Lisbon se niega a contar siquiera un poco de la información.

El testimonio que Lisbon ha dado a los policías es realmente vago insistiendo constantemente en que ha sido un simple asalto y ellos se niegan a tomar las palabras de Jane luego de la broma que les hizo. No es inusual que las personas no tomen en serio sus palabras luego de que la primera impresión que brinda es jugar bromas infantiles. Lisbon se cuestiona internamente cómo obtuvo Jane un anillo de toques eléctricos o si siempre lo ha cargado en su bolsillo.

—El psicólogo estará aquí en menos de una hora —dice Jane bailando sobre sus talones con las manos ocultas en sus bolsillos y obteniendo una mirada mortal de su amante —¡¿Qué?! —exclama haciéndose el sorprendido —no fui yo quien se negó a dar un testimonio más profundo.

Lisbon se hunde un poco más en su cama, tomando las sábanas entre sus puños cubre su cuerpo hasta solo dejar la cabeza y parte de su cuello descubiertos. Vacila sobre las palabras que desea contestar para que su molesto asesor guarde silencio acerca todo lo relacionado al tema, pero se rinde, permite que si él desea continúe hablando, no tiene ganas de perder la poca energía con la que amaneció en una charla sin sentido.

Jane observa al hombre de metro setenta y tres entrar a la sala con paso decidido y la espalda erguida, se levanta de la silla y proceden con las respectivas presentaciones. El hombre de apellido Carter sugiere que Jane salga de la sala, algo que el mismo consultor está dispuesto a cumplir; pero al dirigir su cuerpo hacia la salida siente la mano de Lisbon cerrarse casi con fuerza alrededor de su muñeca, Jane observa en su rostro una tristeza indescriptible que logra dejarlo sin aire, no hay palabras y a pesar de ello comprende lo que ella desea. Jane se ofrece a acompañarla al mirar el miedo en su rostro mientras el doctor habla y ella permanece sentada en la cama de hospital con las sábanas cubriendo la mitad de su cuerpo, el miedo residual luego del trauma, el mismo que se extendió alguna vez por sus huesos y su sangre cuando su esposa e hija murieron, el miedo a la soledad. Él ve eso, ve que lo sucedido ha desencadenado algo, algo que va más allá de su capacidad de observación y se siente atormentado por no poder ayudar. No logra leerla de manera completa, puede observar que oculta algo, pero no está seguro de qué; y eso lo rompe un poco, que desconfíe de él, aunque conozca que esa desconfianza inicial es normal luego de lo que pasó.

Luego de los recuerdos revividos en su mente.

Luego de unos momentos la tensión entre Lisbon y el médico toma un giro que sorprende a todos en la sala, tanto Jane como el médico como Lisbon se encuentran sorprendidos de la reacción que está última tomó.

—No fui violada, ¿bien? Estoy bien, solo fue un asalto —repite ahora más tranquila, intentando ignorar que el médico está anotando sus observaciones en la libreta entre sus manos.

—Fue eso —piensa el rubio a un lado de la ventana con los brazos cruzados sobre su pecho. Su respiración de pronto se siente pesada y un malestar general se posesiona sobre él, tiene que obligarse a concentrar en mantenerse de pie. —Ella ya ha pasado por algo peor — vuelve a dialogar consigo mismo sin querer creer en su propia deducción, algo que posiblemente el doctor Carter también haya deducido, el pensamiento logra destruirlo más si es que anteriormente no lo ha hecho.

La mayor parte del día ha permanecido acostada, prefiriendo evitar al equipo, pero por una razón más sólida desea a Jane a su lado, siempre, aunque hablar al estar aún aturdida y demasiado fuera de órbita como para encontrar las palabras correctas.

Tiene que pasar la noche allí, en el hospital, entre paredes blancas y luces demasiado brillantes; intenta objetar, pero los sedantes son fuertes y su mente y cuerpo están tan nublados por el dolor que no puede pensar con claridad.

Al día siguiente camino al departamento de Jane, las cosas son calmadas, tranquilas: ella está sentada en el asiento de copiloto con la mirada perdida en algún punto más allá de su ventana; Jane tiene una desavenencia interna consigo mismo, es consciente de la gravedad de la situación, así que espera a un mejor momento para hablar —maldición. Jamás es buen momento para hablar de ese tipo de cosas —maldice internamente golpeando el volante y provocando que Lisbon se sobresalte.

—Lo siento —se disculpa con la voz rota y con vergüenza.

Ella asiente sin entender su comportamiento y vuelve a sumergirse en sí misma.

Jane intenta sacar el tema, esta vez de manera más prudente, teniendo cuidado en no sonar demasiado indagador.

—No.

—Teresa —dice su nombre, usándolo, tomando el arma más poderosa de su arsenal para persuadirla.

Con su nombre en sus labios es aún más difícil negarse y ella lo mira mortalmente porque él lo sabe —No. —habla con voz fuerte, resuelta, decidida, y lo es lo último que dice antes de cerrar los ojos y fingir dormir.

El tráfico no es tan pesado a esa hora del día, así que el viaje del hospital al departamento de Jane es relativamente corto, lo suficiente al menos para que el pequeño momento de incomodidad no se extienda.

Al llegar a su pequeño hogar Jane le prepara un baño en son de disculpa y ella lo mira agradecida a la vez que susurra un pequeño lo siento.

—No tienes que hacerlo. Estaremos bien —dice en voz baja, incluyéndose, porque él forma parte de ella sin darse cuenta desde cuándo. Quizá desde esa primera vez en que se conocieron.

Se ofrece a hacer el almuerzo mientras ella toma el baño, conociendo la naturaleza tímida de Lisbon es posible que ella no desea que la observe durante algún tiempo; pero el tiempo es relativamente corto y ella lo llama buscando ayuda con el suéter. Jane desliza el suéter concho de vino con cuidado, dejando su espalda desnuda y obligándose a respirar al observar los cortes ahora con puntos y los moretones que cubren su piel; siente la incomodidad de ella y mira hacia otro lado antes de corroborar por última vez la temperatura del agua.

Jane se queda de pie allí y ella no reclama. Lisbon se encoge un poco más sobre sus rodillas al sentir los dedos de su amante deslizar su cabello hacia un lado y luego toca delicadamente su espalda. Ambos sienten el nudo formarse en su garganta y las lágrimas amenazando con caer, pero es Lisbon quien emite un pequeño sonido primero y envía una alerta por todo el cuerpo de Jane.

Jane respira profundamente y guarda un poco de aire tratando de ocultar el dolor en su voz —¿Te lastimé? —pregunta preocupado alejándose un poco, solo un poco; porque si es sincero con él mismo, no cree que sea capaz de alejarse de ella de nuevo, porque la sensación de protegerla toma fuerza y crece en él.

Ella niega con la cabeza y cubre su boca con sus manos. Es la primera vez que él la ve llorar desde el accidente.

Cuando la ayuda a terminar con el baño y a vestir, se ofrece a hacer el almuerzo sorprendiéndola con su plato favorito.

Ella sonríe un poco, solo un poco, pero lo suficiente como para alimentar la esperanza. Lleva puesto un abrigo verde que hace resaltar sus ojos, la mirada de él se pierde en ella, piensa que aquello es suficiente para vivir por el resto de su vida. Ese momento es eterno para él, porque así desea que sea, porque en ese pequeño espacio tiempo la realidad lo perfora y sabe que está definitiva y perdidamente enamorado y de todo el conjunto de caos y orden que representa.

Cuando Cho llega con el informe y las imágenes de la escena del crimen ella duerme en el sofá. Permanece boca abajo con un brazo rozando la alfombra en el piso, Jane se despide de Cho y se sienta en el sillón colocado a un lado del sofá. Está revisando las imágenes cuando ella empieza a moverse entre sueños, se levanta colocando los papeles en la mesa de centro y apoya una mano en el hombro de ella moviéndola delicadamente intentando despertarla cuando nota que ella se está agitando mucho a causa de la pesadilla.

Lisbon abre los ojos y Jane puede ver el pánico en ella, la sensación de dolor expresada en su rostro, las lágrimas amenazando con caer; la ayuda a sentarse en el sofá y la abraza con fuerza. Ella siente cómo él está tan destrozado como ella, las lágrimas caen por su rostro empapando la camisa de Jane, pero no puede detenerlas.

—Está bien. Ya pasó —las palabras de Jane son cálidas y amables. Cepilla su cabello y la mira a los ojos con esa expresión casi hipnotizante que provoca en ella tranquilidad.

Lisbon inhala profundamente y asiente, sus manos se agarran con fuerza a su camisa y siente la mano de él rozar su mejilla.

—¿Quieres hablar? —pregunta sin especificar el tema, pero dejando en el aire que es acerca de la pesadilla y de todo lo que implicó el accidente.

Ella niega con la cabeza, Jane deja un beso fantasma en su frente y la toma en brazos para llevarla a la habitación. Aquel beso es más que palabras, es lo suficiente como para hacerla sentir mejor y quizá despejar cualquier rastro de pesadillas por el resto del día y de la noche.

Vale, que esto merece contenido ¿M?, cuando digo que se vuelve fuerte, es fuerte…

Ven que todo esto de Lisbon es caótico y existen tantas variables (amo las variables, me encanta jugar con los personajes) y nunca se ahondó en la serie, hubiera deseado un poquito más para saciar mi necesidad interna de drama televisivo, equisde. Ya nada, han quedado advertidos sobre el contenido de esta historia. *Inserte risa de súper villano*