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Capítulo 2
Memoria y creatividad
La noche seguía su curso imparable como las manillas del reloj. El golpeteo de su función era un recordatorio desagradable para Ino. Sentada en el sofá con la televisión encendida, viendo sin mirar, se sentía impaciente e incómoda. En ese momento debía estar leyendo su libro, mientras esperaba que el sueño llegara, pero contrario a ello, estaba esperando a que Sakura cruzara la entrada.
Faltaba una hora para la media noche, había pasado tres desde que había leído la invitación para una de las celebraciones previas a la boda de Hinata Hyuga y Shino Aburame. La unión de dos nombres que se escuchaba extraño en su mente. Ino podía apostar que nadie, ni siquiera la dichosa pareja, habría imaginado que estarían juntos. Mucho menos con la historia de la mayor de las hermanas Hyuga. Una que indirectamente envolvía a Ino, aunque solo Sakura lo supiera. Y ese era el motivo por el que había sacrificado su tiempo sagrado para recibir a su dudosa amiga.
— Si no estuviese molida hasta el pelo, me sorprendería verte despierta tan tarde. Pero prefiero ir a dormir. —fue lo primero que dijo Sakura al cerrar la puerta tras de sí y dirigirse directamente hacia su cuarto. Pero, para su desgracia, Ino había corrido para bloquear el paso a su destino—. En serio, Ino. Poco falta y me desmayo —su voz reflejaba el cansancio.
— Antes debes explicarme algo —exigió con los brazos cruzados.
— Lo que sea puede esperar hasta mañana —Sakura intentó evadirla pero su obstáculo era persistente.
— No. —fue lo único que respondió. La chica de cabello rosa miró con más atención la expresión de su amiga, y comprendió por la seriedad de su expresión que se trataba de algo importante. Aunque estaba demasiada exhausta, no tuvo más que desviar su camino hasta el sofá y sentarse pesadamente.
— Detesto que mi curiosidad lo supere todo —bufó peleando con la comodidad del mueble y el efecto adormecedor que le provocaba. Había cerrado los ojos, pero sintió a Ino acompañarla en el sitio.
— ¿Por qué no sabía que Hinata y Shino se casarán? Ni siquiera sabía de su relación. Y no me digas que tú tampoco, porque yo sé que tu segunda profesión es el periodismo informal —Las palabras salían de una manera desbordada que por la frustración de no estar en su cama, irritaban a Sakura. Mucho más por la injusta acusación que le hacían.
— Yo te había dicho lo que pasó con Hinata el año pasado.
— Eso lo sé. Pero no lo de ella y Shino.
— También te lo había comentado en tu antro personal. Pero si me escucharas al menos la mitad del tiempo que usas perdida en tu cabeza mientras te drogas con el olor de las flores, no tendrías que reclamar ahora y evitar que yo esté en mi cama. En serio Ino, deberías entrar a rehabilitación o a un centro psiquiátrico, no es normal que sufras ese tipo de efectos. —Y así se había esfumado cualquier indicio de enojo. Sakura no mentía, e Ino no tenía algún tipo de defensa ante su argumento. Sintiéndose apenada intentó desviar el curso de la improvisaba conversación a otro punto.
— No sé cómo sentirme al respecto.
— Deberías comenzar por la aceptación del problema.
— Hablo de la boda. —Pasó cierto tiempo en el que el silencio reinó, mientras la cansada mente de Sakura procesaba lo dicho. Ino la miraba expectante y con cierta desesperación, pues no se atrevía a ser directa con ese tema. Mencionarlo indirectamente ya era vergonzoso para ella.
— Creo que ya es tiempo de superarlo.
Luego de entender que Ino no la detendría más, Sakura se levantó lentamente y se encerró en su cuarto. Ino ya había pensado hace mucho lo mismo que su compañera de cuarto sugirió. Pero fácil era decirlo que hacerlo realidad. Cierto era que ella no había sentido por largo tiempo la sensación que renacía en su pecho. La rutina le había ayudado a adormecer ese tipo de emociones. Por supuesto, los pensamientos eran lo más duro de afrontar, pero podía mantener un nivel aceptable de lucha mientras permaneciera en la floristería. Era su terapia secreta aunque pareciera un vicio a los ojos de Sakura.
De alguna extraña forma, el golpeteo del reloj la regresó a la realidad. Y aunque del momento en adelante la sensación seguiría avivada, por ahora podría dormir y no sufrirla entre sueños. Se levantó después de apagar la televisión, y antes de ingresar por completo a su habitación, echó un último vistazo al computador que reposaba sobre la mesa. Una sutil tentación surgió pero lo ignoró dejando la sala oscura y en soledad.
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Otro día soleado de primavera había iniciado e Ino ya estaba en la mesa con los desayunos servidos. Sin embargo, la diferencia recaía en la mano que sostenía una taza de café y la otra que se apoyaba al frente del teclado de su portátil. La tentación la había vencido más temprano de lo que esperaba, y ya se encontraba revisando el mensaje de invitación, exactamente los correos en la sección de destinatarios. Buscaba uno en específico y no sabía si era el mismo que ella tan bien conocía.
— Buenos días —Escuchó la voz ronca de Sakura, pero no prestó mayor atención cuando ella se sentó a digerir el contenido de su plato.
— Días… —respondió Ino distraída.
— Creo no tener el sueño suficiente para ignorar que algo no anda bien. —Ino pasó de lo que su amiga dijo cuándo halló su objetivo. No era el mismo correo pero el contenido era reconocible: su seudónimo preferido. Dibujó una leve sonrisa y la sensación de la noche anterior se acrecentó— ¿Debo preocuparme?
— ¿Ah? —fue cuando la rubia levantó la vista que se encontró cara a cara con la mirada inquisidora de Sakura. Sus ojos entrecerrados la observaban con más atención de la que prefería.
— Al menos que tu narcótico te hiciera creer que la mañana es noche, y por eso estás frente a tu portátil cuando no es la hora en que sueles hacerlo, y ni siquiera has tocado tu desayuno; me atrevo a asegurar que algo más inesperado te pasa. Y debo admitir que prefiero lo primero —Ino desvió la mirada sintiéndose atrapada. No quería conversar con Sakura de ello, pues sabía que la irritaría. Años de consejos, sermones y consuelos habían creado una intensa aversión en su compañera. E Ino sabía que estaba en su derecho. Sakura tenía razón. Pero, lastimosamente, había cuestiones que no entendían a ese tipo de lógica y escapaban de cualquier control.
— Entonces no deberías preguntar si ya sabes —Sakura bufó y rodó los ojos. No podía haber peor momento para que la pesadilla amorosa de la Yamanaka iniciara. Las finales de semestre estaban a la vuelta de la esquina, y no tenía tiempo para soportar sus crisis. A duras penas y podía comer y dormir.
— Nadie ha sabido de él desde aquello. Posiblemente ya haya continuado con su vida y tú estás acá estancada con la tuya.
— Pero… —Aquello fue un golpe fuerte. Era la verdad después de todo, pero una que jamás había podido aceptar. Además, sabía que entre las líneas de lo dicho, Sakura dejó salir un tema más complicado. Aquello era demasiado para Ino y debía tratarlo todo por separado.
— Habla de una vez. —exigió Sakura sin la culpabilidad suficiente para retractarse por su dureza.
— Sé que no es muy probable que exista la oportunidad para que suceda. Pero no puedo evitar la ansiedad de pensar que él estará en la fiesta. —Terminó aumentando el agarre de su mano en la taza que a ese punto no había soltado. Sakura suspiró resignada intentando ser lo más delicada posible.
— Yo también vi su correo en la lista. Y aunque también quisiera verlo, nada asegura que vaya ir teniendo en cuenta lo que esto significa para él.
Otro instante de silencio se apoderó del ambiente, y Sakura supo que hasta allí había llegado la conversación. Terminó su desayuno y regresó a aprovechar el tiempo que le quedaba de descanso ya que su día iniciaba más temprano. Estaba equivocada, las finales habían llegado.
Ino vio la espalda de su amiga desaparecer tras la puerta, y al mirar su desayuno descubrió que no había tenido apetito desde que se levantó. Prepararlo había sido cuestión de costumbre más no de necesidad. Y si había algo que necesitaba, no lo podía alcanzar. Lo único que pudo hacer fue terminar su taza de café, echar un rápido y último vistazo al correo que había resaltado con el cursor, cerrar el portátil sintiendo una punzada en su pecho, y seguir con lo que restaba de normalidad en su día. Aunque dudaba que pudiese ser normal.
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Las explosiones de creatividad podían ser un analgésico para cualquier problema. Ser creativo y tener la inspiración necesaria para dejar fluir las ideas, generaban un efecto adormecedor a las preocupaciones. Las palabras de un escritor, las notas de un músico, y el arte con flores de Ino; allí nada importaba más que sus obras. Para el resto podía ser un producto o un regalo más, pero la rubia amaba su trabajo, y más que entregar sus niñas en las manos de otros a cambio de dinero, sentía que sus manos podían moldear la belleza natural de las flores de manera que el mundo pudiese admirarlas con todo el esplendor posible.
Esas explosiones eran de las pocas cosas que disfrutaba con toda pasión, y ese día en particular, le fue de gran ayuda para evadir las estocadas de pensamientos que solo la atormentaban. Ella siempre entregaba amor a sus arreglos florales, pero también era cierto que esos en especial tendrían un toque más mágico de lo normal, pues su empeño era más que el cien por ciento. Ese amor que le era prohibido exteriorizar, había despertado de su letargo, e Ino tomó ventaja de ello para dirigirlo todo lo posible a sus pedidos.
Y así como su energía salía sin límites, al salir de una jornada pesada de trabajo, sintió todas las secuelas del esfuerzo. Estaba completamente cansada, orgullosamente satisfecha pues sus arreglos encantaron a los clientes, y tranquila pues sabía que era cuestión de tiempo, muy corto tiempo, para acabar el día en un profundo sueño, lo que no le dejaría espacio para pensar.
Siguiendo esa misma línea, durante el camino a casa, pensó únicamente en llegar. Cuando pisó el interior de su apartamento, se duchó, preparó algo para cenar y se sentó en el mueble para revisar sus correos. Hizo un gran esfuerzo para no abrir el mensaje de invitación luego de terminar con los de negocio, y al estar a punto de levantarse y dirigirse a su habitación para leer un libro y esperar a que los brazos de Morfeo la rodearan, Sakura entró.
— Buenas noches —saludó Sakura con usual cansancio.
— Buenas noches. ¿Tuviste tiempo para hacer compras? —indagó Ino extrañada al ver que sus manos cargaban unas bolsas con logotipos de tiendas que ella bien conocía: de ropa, calzado y accesorios.
— Algo así. —respondió sentándose con pesadez al lado de la rubia, y luego ubicó las bolsas frente a sus pies—. Me escapé durante un receso y lo hice en tiempo record. Te mostraré mañana temprano. Tuve que hacer algunos cambios para ver clases en el día.
— ¿Por qué el cambio? Me hubieses dicho para acompañarte el sábado, yo también necesito hacer compras.
— No podemos ese día, Ino. La fiesta es mañana. —Debía ser su estado exhausto que le hizo procesar la información muy lentamente; o solo su ser se negaba a aceptarlo.
— ¡¿Qué?! —La resignación de Sakura incrementó el cansancio mental que ya pesaba sobre su cabeza. Ya no tenía la misma paciencia para los fallos de memoria de su amiga. Había creído que ese capítulo estaba cerrado, pero se equivocó.
— Voy a considerar mudarme a alguno de los apartamentos de abajo —masculló recostando la cabeza en el respaldar del mueble, y cerrando los ojos después de ver cuando su olvidadiza amiga revisaba histérica el portátil.
Nota de autor: Me da gusto que en su primer capítulo, la historia tenga esta aceptación. La he estado avanzando con más fluidez de lo esperado, y espero mantener este mismo interés por parte de ustedes, y más si es posible. Gracias al comentario y a los seguidores.
Gracias por leer y no olviden comentar.
PD: Lamento si les molesta que el capítulo sea corto. Supongo que es uno de esos caprichos de escritora, porque se me hace que tiene el contenido exacto para mostrar lo que necesito. Locuras mías (xD).
Chao, chao
