Saludos ^^
Dejo a continuación otro de los OS que escribí de mi comic "Digimon Dragon Hunter". Este lo escribí un par de días después que el de Megidramon, pero como siempre me digo que lo voy a subir la próxima semana y se me pasan los días 8D Espero que les guste y me dejen sus reviews ^^
#13. Gumdramon
—Ahí está—dijo SlayerDramon, observando desde detrás de un montículo de tierra al que sería su próxima cacería.
— ¿Seguro que quieres ese?—preguntó el dragón rojo y pequeño que le acompañaba a su lado, agazapado y observando al otro, varios metros más adelante.
— ¿Por qué no?—preguntó su cazador sonriendo—Se ve en muy buenas condiciones.
—Claro, pero…—Shoutmon se rascó la mejilla—es que estamos como a cuatro metros de él y todavía no se ha percatado de que estamos aquí. Tiene que ser muy despistado.
—Mira quien lo dice—rio SlayerDramon con complicidad—; a ti te atrapé a diez centímetros de tu cara.
— ¡Pero es que yo estaba trabajando en algo!—se excusó el digimon sonrojándose, avergonzado.
Su exclamación bastó para poner sobre alerta al objetivo. El pequeño Gumdramon que en esos momentos masticaba nueces debajo del árbol levantó la cabeza, espantado. Observó en rededor y no tardó en ver al SlayerDramon tras el montículo de tierra acompañado del Shoutmon. Se quedó paralizado en su lugar y con las cáscaras de nuez en sus manos. Los otros dos lo observaron en silencio, aguardando alguna reacción cuanto menos agresiva al verse en peligro. El digimon en su lugar, se quedó tiritando de pavor en su sitio, aguardando a que los otros se fueran, rezando para que no le estuvieran buscando a él para hacerle algo. Transcurrieron dos largos minutos, hasta que el cazador se convenció por sobrado de que el otro no haría nada.
Salió de su lugar seguido de Shoutmon. Se acercaron lentamente y evitando en lo posible mostrarse agresivos. Tal vez el digimon ni siquiera les diera pelea. En cuanto estuvieron a solo un par de metros, el digimon dio un veloz salto de su sitio y salió disparado corriendo en cualquier dirección. SlayerDramon y Shoutmon reaccionaron sorprendidos por la velocidad con la que huía.
— ¡Es muy rápido!—exclamó el dragón más pequeño, boquiabierto.
— ¡Vamos, se escapa!
Salieron persiguiéndole.
Adelante, Gumdramon lloriqueaba aterrado de haberse convertido en el objetivo de aquellos dos raros. Rezaba en poder correr lo suficientemente rápido para no ser alcanzado, perderlos, o que al menos los otros se cansaran y desistieran. No contaba con que se había convertido en la presa de un cazador tan testarudo como lo era SlayerDramon. Corrió por la pradera esquivando rocas y troncos caídos, hasta divisar el bosque a lo lejos. Allí tendría mejor oportunidad de esconderse. Aceleró el paso.
— ¡Shoutmon!—llamó el digimon mayor al otro, sin dejar de correr.
El aludido saltó a los brazos de su cazador, quien de un fuerte impulso lo lanzó hacia adelante. El digimon rojo acercó el micrófono que cargaba a su boca.
—Soul Crusher!
La fuerte onda de sonido impactó a solo unos pocos centímetros de Gumdramon, y la explosión que generó le hizo rodar por el suelo y golpearse contra un tronco. Después de eso no se volvió a mover.
SlayerDramon y Shoutmon llegaron hasta él y se acercaron con cuidado. No de que fuera a atacarlos, pues ya habían notado que el digimon no era precisamente un peleador. Con cuidado de no espantarlo de nuevo y que emprendiera otra alocada carrera. El cazador se arrodilló y constató su estado: solo estaba desmayado y con algunos rasguños. Sacó su dispositivo plateado y lo deslizó por el aire, capturando al pequeño dragón purpureo. Sonrió y examinó los datos: estos no eran nada prometedores.
—Cielos…—Shoutmon silbó negando con la cabeza, decepcionado de lo que mostraba la pantalla holográfica.
Las estadísticas del Gumdramon eran bajas…por decir lo menos. Ni siquiera sobresalía en velocidad, a pesar de lo rápido que se les había escabullido en un principio. Al parecer su principal motor para mover tan rápido las piernas era el miedo. El digimon rojizo clavó de punta su micrófono en el suelo y volvió a hablar:
—No es que quiera ser sarcástico pero lo preguntaré de nuevo: ¿estás seguro de que quieres ese Gumdramon?
— ¿De qué estás hablando? Claro que sí—respondió SlayerDramon, frunciendo el ceño y regresando el dispositivo a su cinto.
—Hay muchos otros allá afuera…
—Éste está muy bien para mí—dijo el mayor, sonriendo nuevamente—, me conviene que sea novato. Podré criarlo y reforzarlo en los aspectos necesarios; crecerá conmigo. Ya verás.
Como siempre, SlayerDramon estaba confiado de sus habilidades como criador, además, se trataba de un dragón pequeño. Sería mucho más fácil de domar que los maduros o de gran tamaño. Con esto, Shoutmon simplemente se encogió de hombros y siguió a su cazador.
Al interior del XrosLoader, las cosas no resultaron del todo bien. En cuanto tuvo su marca en la cola y se materializó en el espacio virtual del dispositivo, Gumdramon corrió a esconderse. En cualquier parte. La cosa era que nadie lo viera. Tropezó con algunos juguetes olvidados por los otros rookie del lugar, chocó contra un Veedramon enorme que dormitaba echado contra un tronco y que ni siquiera reparó en él, y no se detuvo de correr aun cuando un dulce Cutemon intentó cruzarse en su camino y detenerlo con sus minúsculos brazos alzados. El digimon dragón se refugió bajo un desastre de cosas apiladas sin el menor sentido, en una zona un poco más apartada del centro en donde había caído, y en donde comúnmente los demás del grupo recibían a los nuevos. Aguardó allí en silencio y con los ojos cerrados, hasta que estuvo seguro de que nadie le buscaba. Recién entonces su respiración se normalizó y trató de poner algo de orden en su cabeza.
Dio un respingo en cuanto escuchó ruidos en la pila de cacharros en donde estaba sumergido, junto con un tarareo. Se quedó quieto y aguantó la respiración, mientras el peso de las cosas arriba iba aligerándose. Finalmente la luz le dio en la cara. Él levantó la cabeza y vio a un digimon muy alto arriba, del mismo color que él, con unos cascos enormes en las orejas, y que masticaba chicle. El aparecido se sorprendió de verle y dejó de rumiar la goma en su boca. Ambos se observaron en silencio unos segundos. Gumdramon se esperaba que el otro le gritara o le atacara, seguro por haberse metido entre sus cosas, pero él solo quería…
— ¿Me pasas ese cartucho de ahí?—preguntó el digimon alto, apuntando algo que Gumdramon tenía bajo su mano.
El niño observó el objeto, se lo estiró y el otro lo cogió.
— ¿Quieres que deje esto tapado?—preguntó desde arriba.
—…sí por favor…
ArresterDramon asintió con la cabeza, siguió mascando su chicle y volvió a cubrir con trastos el agujero que había hecho mientras escarbaba buscando su cartucho. Gumdramon lo escuchó alejarse. Luego una peculiar música comenzó a sonar, una que el niño seguiría escuchando el resto de su tiempo viviendo en aquel espacio virtual. Se quedó en su lugar escondido y quieto, sin saber exactamente qué pasaba ni qué sería lo siguiente que haría. No supo cuánto tiempo estuvo allí debajo hasta que escuchó algunos pasos acercándose al lugar y unas voces hablando.
— ¿Viste por aquí a Gumdramon, kyu?
— ¿Al mini mí?—reconoció él la voz de ArresterDramon—Está ahí—Luego dijo después de una breve pausa—. No lo molestes; está aterrado.
—Pero…—volvió a insistir la primera voz.
—Tsk, déjalo. Ya saldrá por su cuenta.
Los pasos se alejaron. Gumdramon suspiró aliviado y se quedó en el sitio hasta que se quedó dormido, agotado de aquel estresante día. Despertó esa noche, cuando los cacharros sobre su cabeza comenzaron a moverse otra vez. La música se había apagado. Arriba se encontró de nuevo con el digimon morado, pero sin los cascos ni el chicle esta vez.
—Ya es hora de cenar—dijo ArresterDramon desde arriba—. ¿Quieres venir?
El niño negó con la cabeza enérgicamente. El otro pareció levemente sorprendido.
— ¿Seguro? Me lo voy a comer, y no quiero que me vengas con huevadas después, ¿sale?
Gumdramon asintió, sin tener idea de a qué se refería el otro exactamente con eso de los huevos. ArresterDramon volvió a cubrir el agujero y se alejó. Eso fue todo lo que supo Gumdramon hasta antes de volver a quedarse dormido, muerto de hambre, pero negándose a salir de su escondite.
Al día siguiente despertó con una música estridente azotando cerca de su madriguera. Después de constatar lo bien que funcionaban sus oídos ante los retumbos de la música, el segundo en hacerse notar fue su estómago, hambriento después de no haber comido más que algunas nueces del día anterior. El hambre obligó al pequeño dragón a salir de su escondite y encarar el mundo de afuera de una vez. En cuanto quitó los cacharros que lo cubrían, Gumdramon observó alrededor: el digimon de antes yacía cómodamente en una hamaca que colgaba de dos postes virtuales, como todo en aquel mundo. Jugaba distraídamente con su pequeño GameBoy, mientras en el suelo, una radio de estilo retro atronaba con una mezcla extraña de canciones que iban desde el Hip Hop, el Rap, el Rock, el Country, el Pop y el Reggae, hasta los sonidos antiguos de los noventa y la Onda Disco. El digimon masticaba unas galletas que iba sacando de una pequeña bolsa sobre su pecho. No había reparado en que Gumdramon había salido de debajo de la pila de cachivaches.
Tímidamente, Gumdramon se acercó y habló con voz apenas audible.
—Oye…—le llamó, coloreándose de solo intentar hablar con un desconocido— ¿me darías…galletas?—pidió, apenado y bajando las orejas.
Por cierto que ArresterDramon lo escuchó, pero se hizo el sordo y siguió masticando sus galletas, haciendo ruidos placenteros y fingiendo degustarlas con deleite. Gumdramon lo intentó de nuevo, subiendo ligeramente el tono de voz:
—Disculpa… ¿podrías darme galletas, por favor?
—Qué buenash eshtán lash galletash—soltó el otro, con media galleta en la boca—, podría comerlash todo el día…
— ¡Disculpa!—exclamó de nuevo el pequeño, hablando aún más fuerte— ¿Podría pedirte…?
—Láshtima que she me van a acabar, con lo shabroshas que esthan…
El dragón abajo se golpeó las mejillas, exasperado y con la música a todo volumen lastimándole los oídos. Finalmente y movido por el hambre y el enfado de verse ignorado, gritó a todo pulmón:
— ¡Me das de tus galletas, por favor!
ArresterDramon se volvió a verlo, mientras seguía balanceándose en su hamaca. Se movió un poco y levantó la bolsa sobre su cabeza, agitándola mientras unas migajas caían de adentro.
—Uhh…lo siento, mini mí, ya se acabaron. Tsk, debiste haberme pedido antes…
Los ojos del niño se mojaron ante la desilusión. Se vino abajo su expresión y sus orejas. ArresterDramon rio para sí y moviendo un poco la cola apagó el estruendoso aparato, devolviendo al lugar un reconfortante silencio, apenas interrumpido por el inaudible sollozo del niño. El mayor siguió balanceándose en la hamaca sin quitarle los ojos de encima.
—Debiste haber comido ayer; te lo advertí.
—Es que…—balbuceó Gumdramon—estaba…asustado y…
—Ya. No seas mamón; los hombres no lloriquean. Sórbete los mocos y no me ensucies el suelo.
El rookie obedeció y luego observó en rededor: los cacharros eran un montón de cosas sin relación, como pasa películas viejos, radios antiguas, revistas de comics y otras de dudosa reputación, juguetes para ociosos, ropa desordenada, álbumes de recortes, cds, y un sinfín de cosas que no pudo reconocer. Había varios objetos dispersos por el suelo del lugar, la hamaca colgada, posters holográficos flotantes, una televisión, una consola con juegos desordenados, basura y paquetes vacíos de comida…de pronto cayó en cuenta.
— ¿Esto es…como tu habitación?—preguntó mirando al otro.
—Es mi habitación, dude.
Gumdramon se cubrió la cara, avergonzado.
— ¡L-lo siento! ¡No quise entrar! ¡No me di cuenta!
—Seh…porque no hay puerta, genio—ironizó el otro—. Por cierto—dijo, arrojando un paquete hacia el niño, quien lo atrapó en el aire.
Eran galletas. Gumdramon se confundió.
—Dijiste que se te habían acabado…
El otro miró al cielo y negó con la cabeza.
—Nene, no seas tan ingenuo; no soy así de cruel.
—Pero…
—Cállate y cómete las galletas; están buenas y tienen rica fibra.
— ¿Qué es fibra?—preguntó el niño.
—Esa cosa que te hace ir al baño sin que te quedes estancado seis horas.
—Uh…
Gumdramon se sentó en el suelo y comió feliz las galletas de fibra dietética para dragón que ArresterDramon había comprado por accidente en vez de comprar las galletas con sabor a maní. El envoltorio era muy similar, y en su distracción se había traído seis paquetes de galletas que le enviaban en inesperados viajes al retrete. Al menos mini mí le ayudaría a librarse de algunos.
— ¿Qué es eso que juegas?—preguntó el rookie, atraído por la música que salía de la pequeña consola portátil.
ArresterDramon le hizo un gesto. Gumdramon se acercó y el otro le rodeó por la cintura con la cola, subiéndolo a la hamaca y quedando el pequeño recostado sobre el mayor. Se había sonrojado completamente, pues le parecía penoso estar tan cerca de un desconocido. Uno muy amable por cierto y que le había regalado galletas. Se distrajo durante una hora mientras ArresterDramon viajaba por la región de Kanto, aprendiendo rápido la mecánica del juego y emocionándose.
— ¡Puto movimiento, siempre falla!—estallaba el dragón mayor, hundiendo los dedos en los botones ante su exasperación.
— ¡Usa fijar blanco!—decía el otro, levantando los brazos.
— ¡A la mierda esos movimientos! ¡Pierdo turnos, viejo!
— ¡El otro usa doble equipo muchas veces, nunca lo vas a golpear!
— ¿Y qué demonios esperas que haga ahora?
— ¡Cambia por tu monstruo de tierra para que use excavar!
—… ¡Oye! ¡Qué buena idea!
Estuvieron así hasta que se acabaron las baterías. ArresterDramon había olvidado cambiarlas y la consola se apagó en medio de un reto de entrenador. Los dos dragones se quedaron viendo la pantalla en negro, atónitos. Luego el mayor recordó algo.
—La hostia…capaz y cuando reinicie me sale missingno.
— ¿Qué es eso?—preguntó Gumdramon mirándole hacia arriba.
El mayor le observó hacia abajo, recién recordando que estaba con el newbie tímido al que todos andaban buscando. Qué rápido se le había pasado la timidez de pronto.
—Er…es difícil de explicar, mini mí.
—Me llamo Gumdramon—dijo el rookie, extrañado de que el otro siempre le llamara por el otro nombre.
ArresterDramon rio levemente y se recostó en la hamaca.
—Seh…sospechaba que tu nombre empezaba con G.
— ¿Por qué me dices mini mí?
—No sé, viejo. ¿Me has mirado por casualidad?
El niño le observó detenidamente. Las alas. El color de las escamas. La coraza roja. La marca en el rostro. Asintió con la cabeza.
—Vale, ¿Cuándo fue la última vez que te miraste en el espejo?
—Hace como…tres días—respondió Gumdramon, recordando haberse mirado en la laguna que estaba en la pradera donde vivía.
—Bien. ¿Has notado que tú y yo tenemos…así como un parecido?—preguntó el digimon, sonriendo y apuntando al uno y al otro.
Gumdramon dio un respingo y cayó en cuenta. De nuevo.
— ¿Yo evoluciono en ti?—preguntó lleno de curiosidad.
—Ahá. Claaaro… no serás tan pró como yo ni igual de divertido…pero sí. Básicamente nos veremos igual. Aunque ahora que lo pienso…—dijo, apretando las mejillas sonrosadas del rookie—Vas a ser un ArresterDramon muy bonito; así como un peluche de felpa. Las chicas se pelearán por ti.
El aludido sonrió levemente, con sus mejillas prendiéndose otro poco. Se veía muy sano, bastante ingenuo y casi adorable. ArresterDramon lo observó intentando no dejarse embargar por el afecto que nacía en él hacia su pequeña y adorable versión. A él le hubiera gustado tener su color de piel tan intenso y el brillo de sus ojos. Las alas igual de elásticas y las mejillas de ese tono, evidenciando la buena alimentación y el aire puro que respiraba aquel Gumdramon de la pradera en comparación con el Gumdramon de la ciudad que había sido él. Raro. Debió haber sentido envidia en vez de ese sentimiento de protección y apego hacia el niño. Decidió para sus adentros intentar prolongar la infantilidad e inocencia del pequeño mini mí y de paso intentar ayudarlo con su problema de la timidez. Venía de la rama de los digimon cooles, así que habría que corregir ese problema para cuando estuviera listo para evolucionar.
—Oye—dijo Gumdramon, sonriendo— ¿te gustaría que fuéramos amigos?—le pidió, venciendo su barrera de timidez.
—Oye—repitió el otro, mirando en cualquier dirección—, es la primera cita; no me pidas cosas como esa todavía, ¿ok? No estoy listo.
—Ah…pero yo…
—Después veremos el asunto de ser amiguis —sentenció—; por ahora voy a ser tu guardaespaldas.
Gumdramon se quedó pensando en esto, pues nunca antes había escuchado esa palabra.
— ¿Voy a tener que cargarte encima?—preguntó ingenuamente.
ArresterDramon echó la cabeza hacia atrás, riendo levemente. Palmeó la cabeza del menor y luego puso ambas manos tras la nuca, empujando la hamaca con la cola y haciendo que esta se balanceara levemente.
—Seh. Vas a tener que cargarme de vez en cuando. Eso antes de que tratemos lo de ser amigos. ¿Te vale?
Gumdramon aceptó. Con tal de tener a ese digimon tan divertido y amable como su amigo, haría lo que fuera.
Lady Beelze: Sep, en español Arresterdramon llama a Gumdramon por mini mi, mientras que en inglés le llama lil' self. Pueden leer sobre el "gumdramon de ciudad" en mi OS "Ese día estaba nevando" c: Nos vemos!
