CIEN DÍAS

Se empezaba a sentir una pequeña brisa primaveral en el ambiente, una que contrastaba completamente con el aura negra que desbordaba de su cuerpo. Es más, si mirabas a sus ojos por más de tres segundos, seguro que sentirías una especie de rayo láser letal que terminaría con tu fugaz vida. Y así, él y su fiel asistente recorrían el jardín de la Universidad de camino a casa, o al menos eso suponía el menor, que lo perseguía tratando de hacerlo entrar en razón.

– Senpai, onegai, sentémonos a conversarlo y…

– No necesito conversarlo. Mi respuesta es NO.

– ¿Pero por qué? Es una gran oportunidad para los dos. Además es toxicología, uno de tus cursos preferidos.

– Todo eso suena muy bien, pero conozco tus intenciones ocultas. ¡Quieres hacer tus cosas homo en tu tierra natal!

– ¡Senpai, claro que no es esa mi intención! – Bueno, tal vez sí, pero también lo hago por el congreso…

– ¿Crees que nací ayer? Te conozco desde hace mucho y por ardua experiencia sé que no tienes ni un poco de autocontrol.

– Maa, sé que a veces me dejo llevar un poco, pero…

– ¿Un poco? – cuestionó deteniendo su paso al fin – ¡¿Solo un poco?! ¿Quieres que te recuerde todos los problemas en los que me has metido por ser tan impulsivo y hormonal?

Tetsuhiro bajó la cabeza sin poder refutar nada y en lo que restaba de camino no dijeron ni una palabra más. Al llegar a casa, Souichi abrió la puerta y ambos entraron rodeados de un silencio incómodo. Dejaron sus mochilas en el sofá y Senpai fue al baño, mientras que el otro se dispuso a preparar algo ligero para ambos, ya que no se sentía con muchos ánimos para hacer nada trabajoso.

– Senpai, ¿está bien si solo preparo unos sándwiches para cenar?

– Por supuesto, lo que sea que prepares está bien para mí. Además, dicen que comer es uno de los placeres de la vida.

– Lo es, ¿cierto? – afirmó mientras rellenaba los panes – Después del sexo, claro.

Tetsuhiro no tenía idea de que su compañero de piso lo había escuchado, y que se encontraba justo detrás de él con aquella aura malévola otra vez. A veces, creía el asistente, Senpai era medio ninja.

– MO-RI-NA-GA…

– Se-Senpai, ¿estabas aquí? ¿Buscabas tu sándwich?

Ante ese cinismo solapado, Souichi le propinó un fuerte golpe en medio de la cabeza y fue solo ahí cuando el menor se dio cuenta de que había sido escuchado segundos antes.

– ¡Sigue con las indirectas y te haré dormir en las escaleras!

– ¡Gomen nasai, gomen nasai, solo estaba pensando en voz alta y se me escapó!

– Pues reflexiona antes de decir estupideces, baka.

Tetsuhiro guardó silencio e hizo una mueca de fastidio. Sabía perfectamente que su Senpai tenía razón, pero no quería dejarse vencer y sobre todo, no quería que Senpai pensara que él solo vivía para el sexo. Sin embargo, ahora tenía un argumento válido, ya que el mismo chico lo había declarado recientemente. De todas maneras, sintió un poco de miedo por la reacción que pudiera causar en el otro.

– Senpai, tú… tú dijiste que ya no ibas a huir…

Souichi cambió el ceño fruncido por un rostro sonrojado y desvió la mirada. Claro que había dicho eso, pero había ciertas cosas en las que no podía ni quería ni debía ceder.

– S-sé lo que dije, no tienes por qué sacármelo en cara. Pero no quiero hacer nada en el viaje. ¿Te imaginas si alguien nos… escucha?

El más joven abrió los ojos sumamente sorprendido. ¿Así que era por eso? Senpai tenía miedo de ser escuchado, ya que ambos eran conscientes de que era un tanto escandaloso en esos momentos tan íntimos. Esto le pareció de lo más adorable y, a pesar de que sus planes no irían como él se había imaginado, sonrió más tranquilo después de esa declaración y se le ocurrió una idea.

– Está bien, Senpai. ¡Apostemos! Quiero que te des cuenta de que realmente tengo autocontrol.

– No, gracias, será una pérdida de tiempo. Apenas pongamos un pie en Fukuoka, estarás trepándote sobre mí y arrastrándome a tu cuarto. – expresó mientras caminaba hacia su cuarto.

– Senpai, ¡¿cómo puedes hablar así?!

– Ja, ¿estoy mintiendo acaso? Sé hombre y acepta tu realidad. Apuesto mis experimentos a que no podrías estar más de un mes sin hacer cosas pervertidas. Ya pasó una vez, ¿o no? No te aguantaste más de dos meses y pagué las consecuencias. Terminé casi destrozado ¿o ya lo olvidaste? Pero ahora que ya lo tomaste por costumbre, no creo que resistas ni un par de semanas.

– ¡Senpai, matte! – dijo abalanzándose sobre él haciendo que lo mirara de frente.

– ¿Pero qué demo…?

– Lo haré, me controlaré, solo dame un plazo y lo cumpliré. Por mi honor gay, lo cumpliré.

– ¿Qué clase de juramento ridículo es ese?

– Vamos, Senpai…

– ¡Está bien, está bien! Sino estarás fregándome todo el día con eso. Bueno…

Souichi pensó en esta situación como su gran oportunidad para estar unos días en paz sin que su asistente se lanzara sobre él acorralándolo contra cualquier rincón o pared disponible. Sabía que jamás aceptaría un contrato tan cruel por muy desesperado que estuviera por demostrarle su oh gran autocontrol. De pronto, una cifra clave y significativa aterrizó en su mente y sencillamente la soltó sin pensar demasiado en las consecuencias que esto traería después también a su persona. Después de todo, sabía de antemano la respuesta de su hormonal kouhai. O eso creía.

– Cien días.

– ¿E-Eh? – tartamudeó el otro soltando una risa nerviosa.

– ¿Lo ves? No tiene caso, no hay forma de que lo resistas. – declaró tajantemente apartando a su kouhai del camino.

¿Senpai quiere que no lo toque durante cien días? ¿Cien días… cien días? Eso es, eso realmente es… – ¡Acepto! – gritó repentinamente asustando a Souichi.

– ¿Q-qué fue lo que dijiste?

– Que acepto, Senpai. Durante cien días no te tocaré.

Souichi lo miró incrédulo. No, no caería en su juego. Conocía demasiado bien a su asistente y si había algo que no tenía ni por asomo era autocontrol para sus instintos sexuales. Esto era irreal, simplemente no podía estar pasando.

– Pero a cambio tienes que venir conmigo al congreso…

– Sabía que era demasiado bueno para ser verdad.

– Eso es porque tienes que creer en mi palabra, Senpai. Vamos, no seas así. Fukushima sensei cuenta con nosotros y…

– Es que yo quiero ir al congreso. ¡Lo que no quiero es ir contigo y mucho menos dormir en la misma habitación que tú!

– Eres el mejor ejemplo de lo que es la crueldad, Senpai.

– Di lo que quieras, pero no es no.

– Te lo estoy jurando. Si no cumplo, me podrás castigar de la manera que quieras. ¿Qué dices?

Souichi bramó sintiendo que la sangre empezaba a hervirle de furia. Este tipo era un loco. Un loco y un enfermo. Senpai siguió reflexionando sobre los pros y contras de tan dichosa apuesta. No, no había ni un solo contra en todo esto, ¿o sí? Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz chillona de su compañero de departamento.

– Entonces es un trato. Mañana le confirmaré a Fukushima sensei que iremos para que reserve las dos plazas para nosotros. Disfruta tu sándwich. ¡Oyasumi nasai, Senpai!

– Oi, ¿qué te hace pensar que…? – gruñó furioso, pero Tetsuhiro ya había huido a su habitación ignorándolo – ¡Oi, Morinaga, ni siquiera he dicho que sí!


Esa mañana Tetsuhiro se levantó muy temprano para hacer el desayuno mientras tarareaba canciones Jpop una tras otra. Había dormido de maravilla. Nunca pensó que se alegraría tanto de haber aceptado semejante trato, apuesta o lo que fuera. Solo sabía que tenía un plan, un plan malévolo, un intento extremo, tal vez el más extremo de su vida, pero que bien podría funcionar. Media hora más tarde, el hombre más tirano de Nihon se levantó de la cama casi arrastrándose. Sentía como si no hubiera dormido en siglos. Con las justas fue al cuarto de baño y salió hacia a la sala desplomándose sobre la silla cual costal de papas.

– Ohayou gozaimasu, Senpai. ¿Dormiste bien?

Pero con solo ver su rostro pudo adivinar la respuesta. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Souichi le lanzó una mirada asesina a lo que el otro solo pudo reír nerviosamente. Al parecer otra vez había hecho enojar a su Senpai. Desayunaron en un silencio algo incómodo y al cabo de unos minutos, Senpai murmuró mientras masticaba su tostada con desgano.

– No juegas limpio…

– ¿Eh? ¿Decías algo?

– ¡No decía nada! Y bueno, ¿le dirás hoy a Fukushima sensei que vamos a ir al congreso? – preguntó con clara ironía en la voz.

– ¡Senpai! – exclamó emocionando saltando de la silla – ¿Eso quiere decir que sí iremos juntos al viaje?

– ¿No lo dijiste tú mismo ayer? Diablos, ¿quién te entiende?

– Es que pensé que estabas molesto. De cierta forma, siento que te estoy forzando...

– Bah, eso no es nuevo. Pero si acepto es porque estoy creyendo en tu palabra, así que sé agradecido.

– Y lo soy, Senpai. – dijo sonriente – Bueno, hoy tengo clases, así que si me da tiempo, me pasaré a ayudarte al laboratorio apenas termine, ¿de acuerdo?

– Haz lo que quieras.

Ambos se encaminaron hacia el laboratorio con cierta calma ya que habían salido con tiempo de sobra de su departamento. El clima estaba templado y podían sentir el viento golpeando sus rostros y agitando sus cabellos. Tetsuhiro lanzaba de cuando en cuando miradas furtivas a su Senpai, pero este tenía aquella cara de póker tan típica de él en este tipo de situaciones. Es por eso que se sorprendió mucho cuando de pronto le habló.

– Oi, Morinaga.

– ¡H-hai!

– No me has comentado nada sobre algo indispensable del viaje.

– ¿Algo indispensable?

El chico empezó a buscar en su memoria a ver si se le había olvidado algún detalle, pero nada llegaba a su cerebro. Volvió a mirar al mayor que ya tenía el ceño fruncido esperando una respuesta a su parecer obvia.

– No se me ocurre nada, Senpai.

– ¿Tienes más de diez neuronas, Morinaga? ¡Hablo del lugar! El congreso será en Fukuoka, ¿no?

– Ah, sí, sí, ¿qué hay con eso?

– Es tu ciudad de origen y te fuiste de ahí hace mucho por todo el problema que tuviste. ¿No te molesta regresar de un momento a otro?

– Pero Fukuoka no es tan pequeña, Senpai, no creo que vaya a encontrarme con gente que me conozca, sería mucha mala suerte. La vez pasada fui, ¿recuerdas? Me quedé en casa de un amigo y no tuve mayores problemas.

– Si tú lo dices…

Tetsuhiro sonrió y se acercó un poco más a su Senpai. Le encantaba cuando se ponía de mal humor solo para disimular que estaba preocupado, nervioso o incluso celoso.

– ¿Estabas preocupado por mí de nuevo?

– B-baka, solo estaba preguntando, no lo interpretes todo a tu modo. – explicó ocultando su rubor – Y ya llegamos, lárgate a tu salón y yo iré al laboratorio.

– Si mis clases acaban más tarde, al menos almorcemos juntos en la cafetería.

– No te prometo nada, tengo mucho trabajo.

– Senpai, no voy a permitir que sigas descuidando tu alimentación, no mientras me tengas en Nagoya.

– Sí, sí, como sea, solo vete y déjame en paz.

Ambos tomaron caminos separados hacia sus respectivos destinos para seguir con su rutina diaria. Cuando terminaron sus clases, lo primero que hizo Tetsuhiro fue ir donde Fukushima sensei para pedirle que separara las dos plazas para Souichi y para él. Al profesor le dio mucho gusto que dos de sus alumnos favoritos hubieran decidido ir a tan productivo congreso.

Ya a la hora del almuerzo, la cafetería de la Facultad se llenaba de gente hambrienta que salía casi moribunda de su respectivo salón de clases. Souichi y Tetsuhiro se encontraron en la puerta, cogieron sus bandejas y se sirvieron el almuerzo. Tomaron asiento en una de las mesas más cercanas a la puerta para poder sentir el aire fresco de esa temporada. De repente, el más joven se puso de pie de golpe asustando a su Senpai.

– ¡Olvidé coger la mayonesa!

– ¡Hijo de tu madre, no me des esos sustos de muerte!

– Gomen, ahora regreso. – dijo sonriente dirigiéndose a la barra de cremas.

– Casi me mata del susto…

Souichi tomó sus ohashi y cuando se disponía a comer el primer bocado, escuchó a dos chicas que conversaban amenamente en la mesa de atrás.

– Nee, Reika, ¿ves al chico de polo marrón, el que está al lado de las cremas?

– Mmm, sí, sí, lo veo.

– Wow, es la primera vez que veo a un chico así de guapo.

– Qué gran cosa haber entrado a esta universidad, hay chicos lindos e inteligentes, la perfecta combinación.

Ambas reían por lo bajo mientras comían y soltaban suspiros exagerados. Para esto, Souichi estaba a punto de romper sus ohashi a causa de la fuerza con la que los estaba sosteniendo. Estaba conteniéndose con todas sus fuerzas para no explotar y hacer una escena ahí mismo. Sabía que no le convenía para nada hacerlo. Las estudiantes continuaron hablando.

– Aww, míralo, su cabello es lindo y sus ojos son tan expresivos…

– Ya, ya, no seas tan puritana.

– ¿A qué te refieres?

– Sé que su cara es linda, pero no me digas que lo primero que viste no fue su cuerpo…

– Pues sí, ¿verdad? Es alto y tiene un porte impresionante. Pero volviendo a su cara, parece demasiado buena persona, ¿no será aburrido?

– Rina, los que tienen carita tierna son los mejores en la cama, ¿sabías?

Y ahí teníamos a un Souichi completamente rojo de rabia. Quería levantarse y tirarles la comida caliente a ambas. ¿Quién diablos se creían para hablar así de su kouhai? Oh sí, las mujeres eran aterradoras, pero no pensó que tanto. Y lo que más lo descuadró y avergonzó fue definitivamente aquella afirmación del final.

– Ya regresé, Senpai. – anunció sentándose frente a él.

– No quiero comer aquí. – sentenció con voz seria poniéndose de pie dispuesto a irse del lugar.

– ¿Eh? ¿Sucedió algo malo?

– No me gusta este lugar, tan simple como eso.

– P-Pero si toda la vida hemos comido aquí.

– Si quieres quedarte no es asunto mío, pero yo me voy. – dijo cogiendo su bandeja y salió disparado por la puerta.

– ¡Ah, matte, Senpai! – exclamó el otro tomando la suya y tratando de alcanzarlo.

Souichi se ubicó debajo de un árbol que daba una gran sombra debido a su frondosa copa. Suspiró muy irritado sin saber siquiera por qué estaba reaccionando de ese modo por una simple conversación entre dos mocosas estúpidas.

– ¿Te encuentras bien?

– No me pasa nada, ¿no lo ves?

– Es que saliste así de la cafetería y pensé que fue por algo que hice yo.

Souichi lo miró y reflexionó sobre su comportamiento. No era justa la manera en la que lo estaba tratando. Después de todo, no era su culpa que las chicas se fijaran en él. Sacudió la cabeza para ahuyentar esos pensamientos que solo hacían que se mortificara aun más.

– Senpai, ahora que lo pienso, no hemos hablado muy bien sobre los términos de la apuesta. Por ejemplo, la fecha de inicio debe ser la última vez que lo hicimos, o sea todos los días que me fui contarían como los primeros quince.

Soiuchi se atragantó con el jugo de uva ante tan repentino comentario así de la nada. Se ruborizó ligeramente, pero como siempre trató de disimular.

– B-baka, no hables sobre esas cosas tan alto. Deja de tomarte en serio algo tan estúpido, simplemente aguanta cien días y ya. ¿Cómo? Bueno, pues ese será tu problema. Si intentas algo, pierdes y tu castigo será terrible.

– Es que eso está clarísimo. Lo que no entiendo es otra cosa.

– ¿Qué más hay que entender?

– Viendo la realidad, yo tengo métodos para autocomplacerme durante ese tiempo. No es lo que quisiera ni lo ideal porque tú eres irreemplazable, pero creo que puedo aguantar. Sin embargo, tú me preocupas, Senpai.

El chico de anteojos casi se atraganta por segunda vez y se sonrojó de pies a cabeza. Miró a todos lados a ver si alguien estaba observándolos u oyendo su conversación.

– Maldito bastardo, ¡¿qué demonios estás insinuando?!

– Solo digo la verdad, Senpai, tú no tienes mucha experiencia ni mucha práctica en mastur…

Senpai lo tomó del cuello con fuerza y lo miró con un odio feroz.

– Qué atrevimiento el tuyo para decirme algo así. ¿Debería matarte y dejar tu cadáver bajo este árbol para que sirva como abono?

– Sumi… masen… – balbuceó sintiendo que le faltaba el aire.

El mayor lo soltó de golpe y esquivó la mirada. El otro tosió un par de veces para recuperar el aliento y luego se arregló el cuello del polo. Titubeó antes de hablar, pero no quería dejar dudas en el aire.

– Perdóname, Senpai, solo estaba preocupado…

– Ya basta, no quiero que hables más de eso aquí, así que cállate ahora mismo antes de que alguien pase y te escuche.

Souichi se puso de pie y Tetsuhiro lo siguió hasta el laboratorio. Aún tenían varias horas de trabajo por delante por lo que tuvieron que quedarse hasta más de las 9 pm. No comentaron más del tema por el momento.

Eran casi las 10 pm cuando al fin llegaron a su hogar. Comieron algo ligero preparado por el menor y después este le anunció a su Senpai que saldría a ver a su amigo que trabajaba en el bar, pues no había ido desde antes de partir a Hamamatsu. Mientras tanto, Souichi se sentó en el sofá y se dispuso a trabajar un poco más en su laptop.

– No me tardo, Senpai.

Igual solo obtuvo como respuesta un gruñido de resignación.


– Admiro tu entereza, Angel-kun, pero… ¡¿cien días?! ¿No te parece que Senpai-san está abusando? Y no solo por eso. Sino también lo digo porque cada vez te veo más moretones, raspones, etc, etc. y lo peor es que no recibes a cambio lo que tanto esperas. O sea sexo.

– Es porque a veces lo merezco, en serio. Suelo ser un poquito pesado. Y en cuanto a lo otro… creo que tengo un plan.

– ¿Plan? No me lo tomes a mal, pero que yo sepa ninguno de tus planes ha servido hasta el día de hoy, Angel-kun. Lo único que sé es que eres un completo DoM. En fin… – murmuró tomándose el rostro de manera dramática – Dejando de lado lo de los cien días… Senpai-san ha accedido a ir contigo a Fukuoka bajo la condición de que no intentes nada durante el viaje, ¿nee? Pero una vez más me sorprende.

– ¿A qué te refieres?

– Pues a que parece que no te conociera más de cinco años. O sea, él SABE que de todas maneras vas a intentar algo, ¿no?

– Hiroto-kun, he hecho un juramento. ¿Ni siquiera tú confías en mí?

– Me conozco la historia de tu vida amorosa más que la de Shingeki no Kyojin y sé que tus instintos sexuales no se detienen ante nada, y mucho menos cuando Senpai-san está involucrado. Pero lo que me sorprende es que a pesar de que sabe que definitivamente sí intentarás algo, igual acepta ir contigo.

– Eso es porque le insistí mucho y Senpai es tan amable que cede a mis caprichos cuando sabe que me hacen feliz. Ya sabes cuán egoísta puedo llegar a ser. – dijo un poco deprimido.

– ¡Angel-kun, tú eres el hombre menos egoísta que he conocido en todo el universo! Yo diría más bien que Senpai-san es el egoísta. ¿Te has dado cuenta de que el tiempo se sigue pasando y él no define su relación contigo por más que esté clarísimo que le importas mucho?

– Senpai tiene una confianza y fe extremas en mí, y claro que sé que le importo, pero eso no significa que me quiera de la misma forma que yo a él.

– Eso es porque nunca te lo ha dicho con palabras, pero bien que se pone como loco cada vez que has intentado desaparecer de su vida. ¿No es eso bastante extraño ya?

– Ya te dije que eso es porque soy el único amigo que tiene y soy valioso para él, y aunque no parezca, Senpai se preocupa mucho por las personas que le importan y soy afortunado al ser una de ellas. Pero a estas alturas no me quiero hacer ilusiones ni esperar a que por milagro de la vida me diga que me quiere. Me conformo con avanzar de a pocos, ya que lo que más me importa es estar junto a él. Por eso con este plan, espero lograr avanzar un poco más…

– Tú sí que eres paciente. Yo creo que ya habría renunciado hace tiempo.

– No es que no lo haya pensado y lo sabes. Pero es que simplemente no podría estar sin él…

– Vamos, vamos, no te sientas mal. Sabes que te comprendo y te apoyo más que nadie, así que cambia esa cara.

– Arigatou, Hiroto-kun, no sé qué haría sin ti.

– Probablemente tendrías que escribir un diario sucio, y eso no te queda. – rió cómicamente siendo secundado por el joven científico.


Tetsuhiro caminaba hacia el departamento, pero su mente viajaba de un lado a otro pensando en la conversación que acababa de tener con su fiel amigo dueño del bar.

Debo ser fuerte para demostrarle a Senpai que tengo autocontrol. Y no solo eso… Tengo que lograr lo otro también. Es una oportunidad en un millón.

No se dio cuenta de que ya había llegado al departamento por lo distraído que estaba, pero una vez ahí, introdujo la llave y entró. Pudo divisar a su Senpai recostado en el sofá leyendo un libro algo grueso. Una de sus piernas descansaba sobre la otra y sus manos sostenían el libro firmemente. Ya tenía puesta su ropa de dormir y su camisa del pijama estaba ligeramente abierta a causa del leve bochorno que se sentía en el ambiente. Se notaba claramente que había tomado un baño, pues su cabello estaba suelto y un poco húmedo aún y caía sobre uno de los brazos del sofá. Se veía demasiado encantador.

Esto va a ser más difícil de lo que pensé. Vamos, Tetsuhiro, no puedes rendirte ahora. Hiroto-kun, ya verás que mi plan dará resultado de una forma u otra.

– Tadaima, Senpai.

– Okaeri. No habrás tomado demasiado, ¿verdad?

– Claro que no, solo lo necesario. ¿Tú estás leyendo algo importante?

– Bioquímica. La relación entre los procesos bioquímicos y el comportamiento humano.

– Oh, suena interesante.

– Lo es. – dijo mientras pasaba a la siguiente página.

Tetsuhiro se quitó los zapatos y se acercó a su Senpai, inclinando la cabeza hacia el libro que este leía. Al notar la cercanía, Souichi tragó en seco, pero trató de no darle importancia al asunto. Ambos empezaron a examinar el contenido de esta nueva página cuando de pronto se quedaron mudos durante unos segundos. Tetsuhiro sintió una emoción infantil e inmediatamente miró a Souichi cuya reacción era lo más cómico que sus ojos habían visto. Y como a él le encantaba avergonzar a su Senpai porque se veía adorable cada vez que lo hacía, empezó a leer en voz alta cual reportero de televisión.

– "¿POR QUÉ NOS ENAMORAMOS? Desde el punto de vista bioquímico, el enamoramiento comienza en la corteza cerebral. Posteriormente pasa al sistema endocrino y se transforma en una respuesta fisiológica y en cambios químicos originados por la segregación de dopamina en el hipotálamo."

Souichi cerró el libro de golpe y se puso extremadamente nervioso.

– Senpai, estaba en la mejor parte. – fingió quejarse con evidente ironía.

– ¡Cierra la boca! – ordenó poniéndose de pie malhumorado – ¿No puedes ni siquiera dejarme leer un libro tranquilo?

Souichi se fue hacia su habitación dando grandes zancadas decidido a encerrarse ahí por un buen rato. Se lanzó a su cama y trató de calmarse un poco. Otra vez estaba ahí ese sentimiento extraño que tanto lo confundía y molestaba.

No tengo tiempo para tonterías.

Se acomodó entre las sábanas dispuesto a leer un poco más hasta que el sueño lo ganara, así que cogió el libro y lo abrió en una página al azar. Y como era de esperarse, para su mala suerte era la misma página que había provocado su huida hacía unos minutos. Maldijo al mundo unas cien veces más, pero sus ojos desobedientes alcanzaron a leer unos párrafos más de ese ridículo texto.

"Todo comienza con una atracción física seguida por una atracción personal. El enamoramiento se dispara cuando existe el conocimiento o sospecha de que hay o puede haber reciprocidad. Las características principales del enamoramiento sonsintomáticas. Por eso varios científicos sociales han construido una serie de modelos teóricos que describen y explican el enamoramiento. Cuando uno se enamora sufre las siguientes reacciones:

• Intenso deseo de intimidad y unión física con el individuo.

• Deseo de reciprocidad.

• Temor al rechazo.

• Idealización del individuo.

• Frecuentes pensamientos del individuo que interfieren en su actividad diaria.

Pérdida de la concentración.

• Fuerte actividad fisiológica ante la presencia del individuo.

• El otro individuo se vuelve el único centro de atención."

Ahora sí, sin más ni más, cerró el libro con rabia y lo lanzó por los aires hasta que el pobre inocente aterrizó cerca de la puerta de su habitación. Se tomó el cabello con desesperación y se metió bajo las sábanas tratando de calmar su violento arrebato.

¡Maldita bioquímica!


¡Konnichiwa, Jane is back! Aww, en este capítulo Senpai es tan adorable que me desmayo. Soy muy irónica, lo siento, jeje. Y sí, soy fan acérrima de Shingeki no Kyojin, necesitaba ponerlo en este fic. Por ahí irán conociendo más cositas sobre mí a ver si ustedes y yo compartimos intereses aparte de Koisuru Boukun. ¿Qué opinan sobre los "cien días"? ¿Y qué les pareció la pequeña clase de bioquímica? Creo que a Sou no le hizo mucha gracia.

Hasta la próxima, minna!

Para el cap 3:

Pista: Plan

Pregunta: Ahora que se viene el viaje, ¿Angel-kun realmente cumplirá su palabra?

Ja nee!

**Jane Ko**