Saludos! muchas gracias a todos los que han mostrado su interés en este fic, y mil disculpas por el gran atraso, al igual que lo mencioné en mi otro fic, estuve ocupada con dos cosplays un gender bender de Kai Hiwatari y el coslpay de Winry Rockbell =p... esa es la razón del atrazo. Otra cosa en un comentario me hicieron la observación de que Winry realizó alquimia al final como sí ya hubiera visto la puerta, me aterroricé por eso, pues como fan no me gustaría cometer ese tipo de errores, luego revisé el capítulo y vi que sí lo había colocado bien, "Winry chocó sus manos y luego tocó el círculo de transmutación" ... dice algo así o parecido, sólo para aclarar, gracias a quienes leyeron y comentaron =)
Uno es todo, todo es uno, capítulo 2
Alemania, Diciembre 1925.
Habiéndose instalado en una pequeña casa en las afueras de la ciudad capital, los hermanos Elric se preparaban para salir en busca de algunas cosas necesarias para la cena navideña que compartirían con los señores Hughes. Mientras que el menor se sentía entusiasmado por este tipo de festejos, el mayor seguía siendo un poco escéptico ante este tipo de tradiciones.
- ¡Hermano! Alégrate un poco, me encargaré de preparar la mejor cena, después de todo el señor Hughes y Gracia-san nos estarán acompañando hoy- exclama Alphonse.
- Sí, sí lo sé, pero estas cosas me molestan, las personas deberían de estarse preocupando más y dar más importancia a las políticas que se están dando y la crisis que parece ser permanente, a un montón de banalidades como lo son estas fiestas- reprocha el mayor.
- Te entiendo, pero por lo menos hoy trata de no hablar tanto del gobierno y esas cosas… el señor Hughes también se emociona al escuchar de esto y Gracia-san y yo estaríamos atrapados como espectadores en una guerra verbal- Alphonse dice de manera irónica y hace que Edward sonría ante el comentario.
Luego de haber realizado las compras necesarias, regresaron a su hogar. Estaban ya acostumbrados a que Alphonse fuera el cocinero y Edward se encargaría de preparar la mesa, siendo este un día en el que tendrían invitados, se podía considerar que las labores serían un poco más equitativas. A eso de las seis los invitados llegaron y con la cena lista todos se reunieron para disfrutaron de los alimentos.
Durante la cena, recordaron gran parte de los años en los que Hughes y Gracia habían conocido a Edward, pensando a la vez en lo extraño que les parecía el que Edward hablara de un mundo que nadie en esa ciudad pareciera entender. Sin embargo, para ellos el momento en el que conocieron a Alphonse, cambiaron por completo sus opiniones, dándose cuenta de que aquél mundo realmente existía. Posiblemente fue a partir de ese día que ambos comprendieron la nostalgia que se reflejaba en la mirada de Edward. También, Hughes recordó el comentarles acerca de una carta que había recibido por parte de Noah el último mes, la joven le había comunicado que había logrado llegar e instalarse en la ciudad inglesa de Londres sin problema alguno. Llegando casi al final de la velada la pareja recordó la noticia más importante que tenía que darles a los jóvenes.
- ¡Oh cielos! No puedo creer que casi lo olvidamos- el señor Hughes exclamó estrepitosamente alarmando a los jóvenes hermanos.
- Querido, no seas tan escandaloso, por poco matas a los muchachos- Gracia expresa sonriente.
- ¿Qué sucede Hughes-san?- Alphonse cuestiona al recobrar el aliento.
- Si vuelves a gritar así, no te volveremos a invitar- suscita Edward molesto.
- ¡Hermano!-
- Jajajaja, no te preocupes, no lo volveré a hacer, no me gustaría dejar de comer estas delicias, aunque claro no supera a mi querida Gracia- ríe el hombre y luego continua- queríamos decirles que estamos esperando a nuestro primer hijo-
- ¡Felicidades!- Al manifiesta de inmediato.
- Gracias Al-kun, estamos muy felices y esperamos que ustedes sean los padrinos del bebé- Gracia les menciona.
- Estaremos complacidos, aunque tengo un pequeño presentimiento de que será una niña- Edward expresa y Hughes y Gracia le miran extrañados mientras su hermano sólo ríe por el comportamiento de él.
A eso de las 9:30 los señores Hughes se despidieron de los hermanos Elric. Al quedar solos en casa se pusieron a poner un poco de orden y dejar el lugar tan limpio como les fue posible. Agotados por el largo día, optaron por ir a descansar, pero cierta incertidumbre en Al le obligaba a hablar con su hermano.
- Hermano… ¿aún extrañas a todos los que dejamos en Amestris?- la pregunta tomó por sorpresa a Ed, había pasado ya algún tiempo desde que Al le había hecho la misma pregunta.
- Cada día pienso en ellos, me gustaría decir que no lo hago, pero sería mentirte…- Ed responde tratando de ocultar su mirada- cada día me pregunto qué será de la abuelita Pinako, de Den, de nuestros amigos en Riseembool, me pregunto si el Coronel cumplió su meta de ser Fürher, si Riza-san aún sigue a su lado… y cada día también pienso en Winry y me pregunto si se sentirá sola- lo último lo dijo casi inconscientemente, pues se concentraba más en contener sus lágrimas.
- Hermano- Al mencionó tratando de comprender todos los sentimientos de Edward, él también extrañaba su mundo, pero de una forma u otra lo había superado más pronto que Ed.
- Pero… sé que elegimos este mundo, por eso trato de vivir cada día de la mejor manera, lo único que puedo hacer por ellos es recordarlos y pensar que están bien- concluye Ed tratando de no preocupar más a su hermano menor.
- Yo también los recuerdo, hermano, fueron y son parte de nuestras vidas, pero como dices lo único que podemos hacer es recordarlos- concluyó Al entrando a su habitación.
Edward sonrió nostálgico, era cierto, en ese momento él y Al vivían de los recuerdos que tenían de Amestris y de su viaje alrededor del país. Trataba de no dedicar mucho de su tiempo en pensar en ellos, pero cada día había un momento del día en el que aunque tratara de concentrarse en su trabajo, no lo lograba, pues todos ellos se aparecían en su mente. Luego de algunas horas de lectura Edward se resignó a dormir. Aquella pesadilla de ver a Winry ser arrastrada por la puerta no había vuelto a suceder, aunque no podía negar que otros sueños aún peor de su amiga de infancia le atormentaban de vez en vez. Había llegado incluso a cansarse de tener la capacidad de soñar, se había cansado de gritar en medio de la noche al sumergirse en la desesperación de verse impotente en sus sueños y no poder ayudar a su amiga. Ante todo, se había cansado de preocupar a Alphonse.
Cuando Alphonse decidió cruzar la puerta junto a él, creyó que todo volvería a la normalidad, pero había olvidado su propia ambición. Esa misma ambición fue la que ocasionó que él realizara una transmutación en donde perdió su pierna y por poco a su hermano. Luego nuevamente su ambición le llevó a la búsqueda de aquél tesoro legendario, la piedra filosofal, búsqueda que de alguna forma u otra lo había condenado a este mundo. No podía creer la cantidad de tormento que sus deseos podían traer a las personas que le rodeaban y no podía creer que cada una de sus noches estuviera llena de martirio.
Queriendo ignorar sus propios pensamientos se acostó y cerró sus ojos esperando poder tener una noche de descanso tranquilo. Sin embargo, Edward sabía que eso no sería posible y a los pocos minutos su mente volvía a jugar con sus emociones.
Ahora se encontraba en la oficina del Fürher, un lugar bastante distinto a los que usualmente aparecían en sus sueños. Mirando hacia el escritorio vio a Roy Mustang quien le observaba fijamente, mostrando odio e indignación a quien fue el Alquimista de Acero.
- Fue culpa tuya, ¿no es así? Fue culpa tuya y ni siquiera estás arrepentido, me avergüenza conocerte Acero- reclama Mustang levantándose de su asiento y dirigiéndose a él.
- ¿A qué te refieres? Estás más loco que la última vez que nos vimos Coronel- replica Ed sorprendido del trato del Coronel.
- Te haces llamar hombre, te refieres a ti como alquimista, pero no eres nada, mereces arder en llamas por tus pecados-
El chasquido de los dedos de Mustang fue lo último que Ed logró escuchar en su sueño, pues justamente en ese momento volvía a despertar asustado de lo real que el sueño se había sentido. Aliviado de ver que Alphonse no había entrado a su habitación, se sentó a la orilla de su cama.
- Nunca creí que diría esto, pero… Espero que no me odies Coronel, no sería capaz de soportar esa carga- Edward murmura tratando de recuperar la compostura y normalizar el latido de su corazón.
En días pasados había soñado repetidamente que Mustang y el resto de los militares del equipo del coronel se encontraban molestos con él, pero nunca antes había tenido un sueño en el que sintiera tanto odio. Sintiendo que sus ojos le reclamaban que durmiera un poco más, no tuvo más opción que recostarse nuevamente y esperar que no se reprodujera ninguna otra escena de este tipo.
Amestris, 1921.
La nación de Amestris pasaba por una época de oro, por decir lo mínimo. El Fürher, Roy Mustang había logrado establecer relaciones pacíficas en cada una de sus fronteras. La prioridad de los Alquimistas Estatales ahora era la de ayudar a las personas y era más común ver en el ejército alquimistas especializados en la alquimia médica que en cualquier otra área. Por otro lado, las relaciones con el pueblo ishvalita era el mayor de los logros del Fürher, se había restablecido por completo y la importación de los productos de esta población era uno de los principales pilares de la economía de Amestris.
Sin embargo, detrás de todos esos logros había un hombre que siempre buscaba hacer más para poder reivindicarse de su pasado. Aunque el mismo Roy Mustang pudiera ver, contar, verificar y dar hechos de sus logros aún no sentía total satisfacción consigo mismo.
- Buen día Señor- saluda Jean Havoc entrando repentinamente a la oficina del Fürher.
- Havoc, ¿cuántas veces te he dicho ya que toques la puerta?-
- Jejeje, lo siento señor, venía para informarle que las pruebas para "alquimista nacional" darán inicio en una hora- comunica Havoc.
- Entiendo estaré allí a tiempo, gracias Coronel Havoc-
- Sí señor, me retiro-
Aunque llevaba 2 años de ejercer como Fürher, Mustang no llegaba a acostumbrarse a las frecuentes pruebas para ganar el título de alquimista nacional. Él mismo había establecido que se llevarían con una frecuencia de tres meses. En ocasiones pensaba que esto era una forma de reflejar su desesperación por encontrar algún otro prodigio de alquimista como lo fueron los hermanos Elric. Y aún para él, esa razón parecía tan vana y trivial como la incansable redención que constantemente buscaba. Siendo atraído a la realidad al escuchar el toque de la puerta y permitiendo la entrada recibió a Riza y a sus dos pequeños hijos.
- Aunque no lo creas querían ver las pruebas de alquimista- comenta Riza, pues Alicia que es la mayor tiene tan sólo 2 años y medio y Maes no llega aún al año y medio.
- Ciertamente no me sorprende, vamos- replica el Fürher llevando en sus brazos a la pequeña Alicia.
Caminaron en silencio por los pasillos hasta llegar al salón en el que se llevarían a cabo la primera parte de la prueba. Había al menos 180 personas realizando los exámenes para convertirse en alquimista estatal. La creciente popularidad de este cargo se debía al cambio radical del uso de la alquimia y al desplazamiento del término "perro del ejército" por "servidores del pueblo."
Los pequeños Mustang observaban curiosos a las personas concentradas en la elaboración de sus exámenes y dibujaban círculos en el aire, tratando de imitar los círculos de transmutación que lograban observar. Durante el receso entre la prueba teórica y las pruebas físicas, el Fürher y su esposa regresaron a la oficina principal en donde los pequeños cayeron dormidos.
- Alicia hoy me preguntó por Winry-chan… han pasado ya cinco meses- Riza menciona de la nada y su esposo da un pequeño suspiro- ¿Crees que ya los haya encontrado?
- Eso espero, al menos sé que está del otro lado- replica Roy.
- ¿Por qué la seguiste ese día? Aún no me lo has dicho-
- En parte tenía miedo, quería asegurarme de que si por alguna razón no cruzaba al otro lado, alguien estuviera allí para ayudarla- replica él mientras acaricia la cabeza de Maes- Lo único que nos queda es pensar lo mejor, que los tres están juntos nuevamente.
- Es cierto- susurra Riza y sonríe imaginando el feliz reencuentro de los tres amigos de infancia.
Munich, Alemania, Abril 1927
El menor de los hermanos Elric había tratado de averiguar, desde hacía un tiempo, acerca de personas que investigaran la alquimia en la capital alemana de Munich. Pese a que tenía total conocimiento que la puerta había sido cerrada y que el uso de la alquimia a este lado de la puerta era imposible, quería hacer todo lo posible para investigar si el regreso a Amestris era algo que se podía dar. Este tema era algo que no había comentado con su hermano mayor, pues sabía que él se negaría sin importar lo mucho que extrañaba su tierra natal.
Alphonse siempre tomaba ventaja de las horas libres que tenía después de sus clases para poder buscar información acerca de personas que practicaran la alquimia. En más de una ocasión había considerado darse por vencido tras recibir burlas y miradas que lo calificaban de loco, pero el querer ayudar a su hermano de alguna manera le hacía seguir adelante. Entrando a otra de las bibliotecas se resignó a preguntar nuevamente y observar las típicas reacciones.
- Buen día, disculpe señora, sabe usted de alguna persona que haga investigación relacionada con la alquimia-
- ¿Alquimia? ¿No es acaso algo ya obsoleta?- replica la bibliotecaria.
- Lo sé, pero estoy haciendo un recuento para un trabajo universitario y…- comentaba Al en medio de titubeos.
- Regina, ¿recuerdas a Wong?- otra de las bibliotecarias comenta.
- ¿El extranjero del otro día?-
- Sí, verás joven hace unos meses atrás nos visitó un extranjero, dijo que quería saber de todas las ciencias, pero principalmente de la alquimia, es curioso que dos personas preguntaran por lo mismo en medio de un año- explica la señorita.
¿En serio? ¿Dónde vive?- pregunta Alphonse.
Vive en la frontera norte, pero yo en tu lugar no iría a visitarlo, hablaba de abrir una puerta, parecía loco- comenta Regina.
¡Muchas gracias por la información!- contesta Alphonse y sale corriendo hacia su hogar.
Estaba emocionado, saber que había alguien que hablaba de la alquimia y aún mejor que hablaba acerca de abrir la puerta era una señal de esperanza para los hermanos. Sin embargo, un pensamiento cruzó por la mente de Alphonse, ¿cómo le daría la noticia a su hermano mayor? Edward era un "poco" contradictorio, pues Al sabía muy bien que su hermano mayor quería regresar, pero que la decisión tomada cuatro años atrás le impedía realizar cualquier intento de encontrar la forma de regresar. Además, Edward consideraba que la puerta estaba sellada por ambos lados.
Por un momento Alphonse prefirió dejar de pensar en todo eso, pues sólo le causaba revuelo y preocupación en su mente. Cuando llegó a su casa abrió la puerta y se dirigía directo a la cocina para preparar la cena, pero justo cuando entró se topó con Edward en la entrada.
- ¿Dónde estabas? Me tenías preocupado- Edward quien se preparaba para salir a buscarlo le dice.
- Lo siento hermano, me entretuve un poco en la calle- contesta el menor.
- Nah, está bien, vamos… creo que ya preparé la cena- siendo que no tenía ningún tipo de habilidad culinaria, Ed siempre dejaba en duda las cosas cuando preparaba los alimentos.
Alphonse se encargó de "arreglar" un poco la cena que Ed había hecho y se sentaron a comer. Para Al seguía siendo curioso cómo Edward no dejaba de preocuparse por él, siempre era la misma situación. Sin embargo, Al sabía que en ese mundo tan amplio lo único por lo que Edward realmente se preocupaba era por él. Aunque era algo que le agradaba, era algo que también le preocupaba. Acabada la cena, Edward continuó con algunos asuntos pendientes del trabajo y Alphonse con sus obligaciones de estudiante.
- ¡Hermano! Mañana es el cumpleaños de Winry- Al dice alegre al mirar el calendario.
- Es cierto… mañana cumple 22 años- Ed replica nostálgico al pensar en su amiga de la infancia- Recuerdo el día en que transmutamos aquella muñeca para ella, fue malo hacerla llorar, pero al menos le gustó el regalo.
- Sí, ese día mamá se dio cuenta que habíamos comenzado a practicar alquimia-
- Es cierto-
Eran momentos como esos en los que Edward mostraba una sonrisa sincera mezclada con melancolía. Hablar de la niñez en Risembool , recordar sus andanzas en búsqueda de la piedra filosofal, los sarcasmos de Mustang, el entusiasmo de Hughes, todos esos recuerdos formaban los fragmentos de la felicidad de los hermanos Elric, principalmente de Ed.
- Hermano, ¿cómo fue vivir con papá?- Al pregunta a su hermano.
- Pues no fue malo, construyó varias prótesis para mí y siempre se encargó de hacer las compras y cocinar… aunque lo cierto es que tampoco era bueno para la cocina- comenta dejando salir un suspiro- Aún no puedo creer que el viejo se sacrificara por mí…
- Hermano…- Al susurra y toma el valor para darle la información que tenía- Hermano, hoy me enteré que un tipo llamado Wong es un alquimista que busca abrir la puerta, tal vez si lo encontramos podamos volver a Amestris.
El silencio actuó de mediador de mediador, pues la sorpresa de Ed al escuchar las palabras de su hermano menor no le dejó hablar y en el caso de Al, el miedo de la reacción de su hermano no le dejó continuar. Luego de un rato de intercambiar miradas ambos hermanos volvieron a las palabras.
- ¿Es en serio Al?- cuestiona Ed y su hermano asiente- No, no puede ser, no podemos dejar que abran la puerta nuevamente.
- ¿Hermano?-
- Encontraremos a ese tipo y no le permitiremos abrir la puerta, la razón por la que estamos aquí es esa, y sé que el Coronel haría lo mismo con cualquier persona que intentara cruzar a este lado- exclamó Ed- Pediré un permiso en el trabajo, viajaremos mañana por la tarde, prepárate Al-
- De acuerdo hermano-
Ese día por la noche se encargaron de empacar y dejar todo listo para su nuevo viaje. Alphonse aún se encontraba incrédulo por la reacción de su hermano. Por otro lado Edward se enfocaba en bloquear las emociones que le invadían tras la ciega esperanza de poder volver. Prefería centrarse en su deber de mantener la puerta cerrada y cuando terminó de empacar todo, miró a su escritorio en donde siempre colocaba su reloj de alquimista.
No importa si realmente pudiéramos regresar, mi deber es protegerlos, después de todo sigo siendo un perro del ejército- pensó Ed mirando la escritura, aquel "Don't forget 3.10.11," la que le recordaba su determinación, y ahora necesitaba recordar la determinación de proteger a sus seres queridos más que nunca.
