Lamento la demora, pero debo conservar mi primer lugar así que estudio, estudio, estudiooo!
Este Fanfic sera largo, así que no se cuanto me tarde en terminarlo, por que contara lento para hacerlo muy creíble y no caer en el cambio de personalidad de ningún personaje.
Espero les guste lo escribí con cariño y tratare en lo posible de subir el proximo en unos dias.
Espero disfruten el UlquiHime y este cambie en la historia tanto como yo al escribirlo.
Gracias por los comentarios, alertas y favoritos. Se aprecian mucho los gestos de aliento.
Sigan leyendo ;D 3
¿No lo recuerdas?
~~ Moviéndose en las profundidades ~~
La lluvia sin dar tregua ni tener compasión por nadie seguía cayendo como si fuera deseada.
Los dos pequeños shinigamis, quieres fueron testigos de esa escena cargada de sentimientos, sentían tanto respeto por el afectado y por su dolor que no se movieron, no hablaron y ni siquiera respiraron.
Ver a un hombre como ese, a un alma tan imponente e indestructible como la de Ichigo; quedar vulnerable y expuesta ante la lluvia helada les erizaba todos los bellos del cuerpo congelado sus almas. Aunque el muchacho no hablara, ni pestañara al mirar hacia el cielo, aunque no moviera ni un musculo, aunque no expresara absolutamente nada mas que vacío transmitía el desamparo y el aislamiento que calcinaba su corazón por haber fallado.
-Yuki—
El pequeño saltó sobre sus pies y observo al pelirrojo con agitación.
-¿Sí, Kurosaki-San?—hablo robóticamente nervioso.
Los ojos caramelo chocaron contra el pavimento y las gotas que perecían contra él. Entrecerró los ojos y papeado una vez dejando que todo el agua acumulada en sus pestañas callera en línea recta por sus mejillas. Simulando las lágrimas de su agrietada alma.
-Avisa a la Sociedad de las Almas que Inoue Orihime a muerto—susurro sin vida en su voz.
Shino cerró los ojos con fuerza tratando de aguantas la pena que le daba el ver la fragilidad de un hombre tan valiente romperse a pedazos.
-Eso haré—asintió el pequeño sacando su celular y marcando.
Tardo unos cuantos segundos en hacer conexión hasta que alguien atendió.
Todos los tenientes corrían desesperadamente por los pasillos tratando de ubicar a sus respectivos capitanes. Pasando por sus oficinas, o por los cuarteles de entrenamientos, los patios y por último la casa central en donde rara vez aparecían los cabezas de grupo.
Kira, junto con Matsumoto y Hinamori, eran siempre los que más problemas tenían para encontrar a sus escurridizos capitanes, a quienes siempre se les ocurría desaparecer en el momento menos oportuno.
El comandante general había dado una alarma de extrema emergencia, a la cual tenían que asistir de inmediato todos los capitales del Goten 13. Sin embargo, parecía ser que los únicos que no sabían de tan importante alarma eran esos tres capitanes que nunca estaban en donde deberían.
-¿Kira-Kun has visto a mi Taicho?—pregunto una Momo al borde de un colapso nervioso.
-Ni idea, pero lo más seguro es que este junto de mi Taicho—
-¿Alguien vio a mi Taichoooo?—gritaba Matsumoto a todo lo que daban sus pulmones un poco mas alejada de esos dos.
-Bueno, parece ser que no somos nos únicos con problemas—dijo Kira para calmar los ánimos de la pequeña y saltó hacia las calles.
-¡Vamos Hinamori-san se me ocurre a donde pueden estar!—alerto y la chica lo siguió.
Corrieron lo más rápido que podían hasta el lugar que encontraron por última vez a sus capitanes. Y tal y como había pensado, ambos capitanes estaban en el mismo lugar, de lejos podían apreciar los números inscritos en sus ropas blancas.
-¡Taicho!—Grito Kira para de un gran salto subir hasta el tejado superior de la Academia Shino.
-¿Qué sucede Kira?—pregunto en un tono frío el de cabellos negros.
-El comandante general ha solicitado una audiencia urgente con los capitanes. No nos han dicho de que trata, pero fue una alarma, así que es algo muy grave. Por favor acompáñeme a la sala de reuniones—informo haciendo una reverencia muy formal a pesar de que su receptor le daba la espalda.
-Tks, ¿Otra reunión? ¿Qué el viejo no se cansa de vernos casi todos los días?—Se Irrito el capitán de la flor campanilla.
-Por-por favor Taicho, se nos hace tarde—hablo gentilmente Hinamori, entre la vergüenza y la inseguridad, recibiendo una mirada gélida por parte de ambos capitanes. Quienes, por sus modales tímidos y rostro sonrojado, no podían evitar sentir nostalgia y familiaridad ante tan bella expresión femenina.
-Está bien. Vamos—dijo el pelinegro evitando sus pensamientos de añoranza, y saltado de los primeros fue siendo seguido por los otros tres.
Al llegar a la sala de reuniones fueron seguidos por Hitsugaya y su despampanante teniente, quienes al parecer, tuvieron los mismos problemas de coordinación que ellos.
Todos los FukuTaicho se quedaron aguardando la puerta, mientras las cabezas de cada división ingresaban a la estancia sin miramientos, posicionándose en sus respectivos lugares.
Cuando las puertas se cerraron comenzó la reunión.
Shigekuni mantenía su grueso bastón apegado al piso mientras sus dos manos lo sostenían. Mantenía los ojos casi completamente cerrados y en cuanto a sus oídos no llegó ni la más mínima respiración, comunicó:
-Inoue Orihime ha muerto—Fue directo, sin saliva, sin sentimientos. Seco.
Soi fong, Unohana, Kyoraku, Abarai, Hitsugaya, Zaraki, Mayuri y Ukitake abrieron los ojos por unos segundos llenos de sorpresa.
-¿Qué?—nadie sabe quien pregunto aquello ya que fue un sonido general dentro de la sala.
-Silencio—exigió el anciano golpeando el piso con el bastón una vez. —Inoue Orihime ha fallecido y ha sido enviada por kurosaki Ichigo a algún distrito del Rukongai—aclaro el anciano sin expresión alguna.
Los más preocupados por todo esto parecían ser Ukitake, Renji y Toushiro, quienes expresaban su inquietud en cada poro de sus rostros.
El nombre del chico de cabellos naranja cruzo con gran pesadez las mentes de los dos capitanes más han compartido con él.
-No tengo que informarles de la magnitud de los poderes de esa humana—prosiguió el Capitán general—Es altamente poderosa, incluso si perdió todo conocimientos de sus poderes. Es un peligro, tanto para ella como para las almas que la rodean. Nuestro aire esta creado de partículas espirituales así que su poder se ha multiplicado infinitas veces para nuestra desgracias. Necesitamos encontrarla lo más rápido posible ya que al no recordar sus poderes es un ser ilimitado e inestable. Informaran a sus tenientes de esta búsqueda y ellos al resto de los shinigami de cada escuadron, quienes saldrán tras de ustedes inmediatamente. En cuanto crucen esa puerta saldrán a buscarla a cada rincón de cada Rukongai. Se dividirán en cuatro grupos de tres divisiones, los primeros tres escuadrones al norte, los que siguen al sur y después Este y Oeste. Esto es una prioridad. La chica debe aparecer cuanto antes.—
Agito su bastón contra el piso y dio por finalizada la reunión, retirándose de los primeros.
-Inoue Orihime—susurro Byakuya para sí mismo, recordando haber visto a la chica y a sus divinos poderes.
-Valla, parece que el asunto afecto hasta a Kuchiki—se burlo Zaraki con su sonrisa ensanchada.
Byakuya solo lo observo y se volteo indiferente, encaminándose hacia la puerta.
-Imagino sabrás quien es Inoue Orihime ¿no Jaegerjaquez?—pregunto respetuosamente Unohana al azulino.
-Tks, la verdad no tengo ni idea—soltó despreocupado del asunto.
-Inoue Orihime, humana huérfana de dieciocho proveniente de Karakura. Una de las salvadoras de Kuchiki Rukia, secuestrada por Aizen para utilizar sus poderes divinos contra el Rey. Controla el espacio y el tiempo, logrando retroceder cualquier cosa a su origen o extinción—hablo indiferente el capitán del tercer escuadrón.
-¿Y tú como demonios sabes eso?—pregunto un confundido colega.
-Es una de las heroínas de la Sociedad de las Almas. Es cultura general Grimmjow—susurro cruzando la puerta y acercándose a su teniente.
-Que interesante debe ser esto para ti ¿No Cifer?—le hablo burlonamente el capitán de la duodécima división sin detener su andar.—Pero no dejare escapar esta oportunidad tan tentadora—susurro con perversión.
Los ojos esmeraldas lo observaron de forma crítica, sin saber exactamente a que se debían sus palabras. Iba a abordarlo para que le diera explicaciones cuando dos gritos lo distrajeron por completo.
-¡No!—los gritos desgarradores se esparcieron como virus por los pasillos.
-Matsumoto…—susurro Hitsugaya observando cómo su teniente se rompía a pedazos.
-Rukia-Chan—susurro Ukitake preocupado al ver las lágrimas instantáneas de la noble.
-Orihime…Ella no puede haber muerto Taicho, ella no puede—rompió a llorar cubriéndose el rostro con las manos sin importarle que todos a su alrededor la observaran tan absorbidos como ella.
-Ukitake-Taicho Inoue no…no… ¡Oh Dios…!—no podía articular palabras entre sus sollozos.
Ambas chicas comenzaron a negar la muerte de su querida amiga mientras eran consoladas por sus respectivos capitanes.
La atmosfera se vio viciada por una melancolía y tristeza nunca antes compartida. Nadie hablaba demasiado alto y parecía que todos se habían puesto de acuerdo, sin comunicar nada, que debían susurrar sus palabras para respetar el dolor de las shinigamis.
-Inoue-San, pobrecita—susurro Kira luego de escuchar la noticia y la nueva misión.
-Hay que encontrarla, Inoue es muy tímida, de seguro está asustada en algún lugar—susurro Renji a su teniente, decido al ver la tristeza de su amiga de infancia.
-Démonos prisa Taicho—dijo seguro de sí mismo Hisagi, quien siguió a su capitán en la marcha.
-Debo entender que la chica a ayudado a la sociedad de las almas siendo solamente un Ryoka—comenzó a hablar Ulquiorra caminando rápidamente por los pasillos hacia la puerta norte.
-Así es Taicho, por eso todos los capitanes, tenientes y shinigami de menor rango saben de quien se trata. Varios hemos interactuado y combatido con ella.—susurro Kira alcanzando a su capitán después de informar a sus compañeros la misión quienes lo seguían a paso ligero.
-Bien. Apresúrense, nos veremos en seis horas—susurro Cifer y al siguiente instante desapareció usando shunpo.
Abrió los ojos sin dificultad ya que no había luz suficiente como para segarla. Se incorporo despacio en el futon, amontonando las sabanas en su cintura. Observo una habitación amplia con pocos muebles, pero limpia y ordenada, de colores tierra y un inciensillo dentro de un cerdo de barro que dejaba un aire con olor a vainilla en la habitación.
Se ayudo a levantar con sus manos y estiro las mantas sobre la cama para que combinara con el ordenado lugar. Se incorporo algo tambaleante y noto que estaba descalza cuando sus pies sintieron el frío de las tablas chocas contra su piel. Bajo sus ojos a su dedos y los movió como si nunca los hubiera visto antes. Sonrío sin saber por que y se encamino hacia lo que supuso era una puerta de papel, alzando los brazos para mantener el equilibrio.
Deslizo con sutileza, tratando de no hacer ruido y distinguió un pasillo de roble, limpio y brilloso, de un color caoba muy bonito que inducía hacia una escalera. Camino hacia ella con torpeza, como si no lo hubiera hecho en años y al llegar al borde despego un pie del piso con intenciones de descender.
Tambaleó hacia delante y antes de que pudiera recuperar el equilibrio una mano sujeto su cintura y otra la mano que la equilibraba.
Parpadeo desconcertada ante el tacto y giro su rostro hacia su salvador.
-Ten cuidado pequeña, puedes caer—le sonrío un chico a su espalda de forma casi imperceptible.
Ella abrió la boca para decir algo, pero simplemente cerro los labios.
-Quédate aquí, quieta. Traeré unas sandalias, hace frío—desapareció dejándola sola y al instante siguiente volvió a su lado, dejando los zapatos en el piso y ayudándola a encajar sus pies.
-Gracias—susurro con calidez, sorprendiéndose a si misma por decir esa palabra sin meditaciones.
Noto que su propia voz era suave, cálida, llena de sentimientos y ligeramente maternal.
-Valla, hablas. Es bueno saberlo.—dijo el chico con intensidad. La tomo de la mano y ayudo a descender.
Llevaba un vertido damasco de varios pliegues sostenido en su cintura por un trozo grueso de tela roja, tenía estampado flores rosadas y sobre su pecho se asomaba su largo cabello de un color anaranjado.
La primera planta era acogedora y lujosa, con muebles preciosos y gran iluminación, al parecer era de noche ya que todas las luces estaban encendidas en el pasillo. El joven la guío hacia una sala, muy seguro de hacia donde iba. Descorrió una puerta y dejo ver una mesa redonda de madera alrededor de la cual había cinco personas.
Todos se giraron hacia la puerta mirándola fijamente y la pelirroja no atino a nada más que esconderse tras la espalda masculina.
-¡Oh! Ha despertado—grito un niño corriendo hacia ella.
-Wow, es preciosa—dijo una niña en total admiración.
La joven recién despertada solo sonrío con timidez y se sonrojo. Apretando inconcientemente la mano del sujeto a su lado.
-Abba-San prepare otro platillo por favor—pidió el chico a una señora mayor.
-Claro joven, enseguida traeré su comida señorita.—la pequeña y encorvada mujer camino fuera de la estancia hasta desaparecer.
Los tres niños que se encontraban en la sala la ayudaron a tomar asiento alrededor de la mesa, sentándose sobre sus tobillos.
Todos parecían estar en un ambiente familiar, más no se parecían en nada físicamente. Dos pequeños, rubios, parecían ser hermanos, el otro menor tenia en cabello negro y los ojos azules, la joven al frente de su vista tenía el cabello corto azulado, la miraba con una expresión muy seria. Y por ultimo el hombre su lado de un cabello castaño, chocolate, unos hermosos ojos celestes, tan claros que parecían blancos y una cicatriz en su ojos derecho que cruzaba de forma vertical desde su frente por debajo de su flequillo hasta el nivel de sus labios.
Por alguna razón esa herida se le hizo familiar y por precaución llevo sus manos a su rostro para palpar si tal ves ella tenia cicatrices en su cutis. No noto nada extraño.
La mujer de cabello blanco trajo otro plato y le sirvió de la fuente común centrada en la mesa.
-¿Cómo se llama señorita?—pregunto la única niña en la sala, ganándose la atención de todos.—mi nombre es Mio, ¿y el suyo?—
Medito su respuesta un poco y sin saberlo sus labios y sus cuerdas vocales reaccionaron por si solas.
-Ino…—se detuvo sin saber por que. Una voz en su mente le pidió que se callara.
-¿Ino?—al no recibir respuesta creyó que era una afirmación-¡Ino-San bienvenida al primer distrito, Junrinan en el lado Oeste del Rukongai el pueblo más cercano a los shinigamis! –grito entusiasmada, extendiendo los brazos en todo su esplendor.
-Shini…ga-mi—susurro absorta en sus pensamientos ante este nuevo concepto, tocando sus labios con sus dedos fríos.
Un cuerpo cubierto por ropajes negros destrozados, una delgada espada negra, un casco blanco con cuernos y un largo cabello naranjo cruzaron su mente, luego de un destello turquesa y unos aterradores y escalofriantes ojos amarillos rodeados de un contorno negro.
Se levanto de golpe chocando la mesa con sus pies para luego caer hacia atrás.
-Shini… gami—susurro desconcertada y rompió a llorar con el cuerpo tembloroso y los ojos desorbitados, aterrada.
Espero les haya gustado y cualquier cosa que me quieran comentar es bienvenida. Gracias. Hasta el próximo capitulo.
Hime Chan
