Hetalia no me pertenece, le pertenece a Hidekaz H.
John Smith es producto de mi imaginacion.
Advertencias: Dependiendo del punto de vista de quien lo lea puede contener OoC y es bastante Crack.
Notas al final
30 de Marzo, 9:27 am
John Smith es un típico americano de veinticinco años con un nombre muy común y un trabajo un poco fuera de lo normal. Desde que era pequeño siempre ha admirado a esos hombres vestidos en trajes con modernas armas que son considerados héroes por muchos: los agentes de servicio secreto. Por esa razón, se impuso la meta de algún día trabajar con ellos y así salvar el mundo como todo buen americano debe hacer. Jamás se imaginó que sí, terminaría trabajando donde quería y de hecho le habían encomendado el "cuidado" de alguien importante, pero que ese "alguien" se convertiría en su peor dolor de cabeza.
— Vamos, contesta — Smith se pasea ansioso por el amplio corredor contiguo a la Sala oval de la Casa Blanca, con celular en mano y sus uñas acabadas de tanto que las ha estado mordiendo por los nervios de ver perdida a la persona que debería de vigilar en todo momento. Cierra el teléfono al no ser atendido por nadie, casi se lanza a llorar por su mala suerte — ¿¡Dónde demonios estas, Estados Unidos!?
Cualquiera que lo hubiera escuchado gritar lo habría mirado como si le hubieran salido dos cabezas y de seguro le hubieran regalado un mapa del país. Pero lo que esa gente no sabría es que John se refería a nada más y nada menos que Alfred F. Jones o mejor conocido como la representación humana de los Estados Unidos.
Cuando a John le asignaron el cuidado de Jones y le dijeron que era la persona más importante, incluso tal vez más que el mismísimo presidente, pensó que era una broma. Ese chico no parecía mayor que él, tenía un aspecto bastante común -a excepción por ese mechón de cabello que casi parecía inmune a la gravedad- y sinceramente parecía tonto. Incluso llego a pensar que era el hijo bastardo del presidente o algo así y por eso lo protegían.
Pero grande fue su sorpresa al darse cuenta que ese chico sabia más de la nación que el presidente, era más fuerte que Superman y contra todo pronóstico, inteligente. Entonces comenzó a sospechar que había más de lo que le habían informado y un día, de buenas a primeras, Jones le confió quien era realmente, diciéndole además que no era el único en su "especie". Al pobre de John le había costado salir del shock y asimilarlo, pero al final termino acostumbrándose a ello.
Así más o menos llegamos a donde estamos ahora, con John tirado en el piso rogando por un milagro, necesita contactar con Jones o sus superiores le reñirán; además, esta la posibilidad que el chico halla sido secuestrado o algo por el estilo.
— ¿Agente Smith, está usted bien? — Pregunta un hombre de tez oscura parado delante de él.
— ¡Señor presidente! — John se reincorpora rápido y se apresura a hacer el saludo reglamentario — Disculpe, es solo que… bueno — John vacila un poco antes de preguntar — ¿De casualidad, señor, no habrá hablado recientemente con Jones?
Barack Obama se queda callado unos segundos antes de responder a la pregunta hecha por el joven frente suyo.
— No desde ayer. No me digas que se metió en problemas, ese chico, siempre haciendo las cosas que se le antojan.
— No realmente señor, más bien lo perdí de pista y no sé dónde pueda estar; se supone que tendría una reunión ayer, pero aún no se comunica — John hace una pausa pensando un poco — llamé al hotel, pero no llego a dormir. Llame también al hotel donde se hospeda el señor Kirkland, pero dicen que tampoco llegó a dormir.
Obama medita un poco la situación. Saca su celular, no tenía mensajes de declaraciones de guerra de ningún mandatario. Va bien, ahora tantea su bolsillo; suspira aliviado al notar que ahí tiene la llave que activaba la bomba nuclear. Recuerda haberle dado condones y tiene agentes en Las Vegas para avisarle si el chico se dirige hacia allá. Suspira algo aliviado y confiando que esta con Inglaterra – que según el presidente calificaba como "adulto responsable" - se dirige nuevamente a John.
— Sigue intentando comunicarte con él. Hoy habrá hamburguesas para la comida, si no llega a comer, entonces preocúpate — Obama pone una mano en el hombro del joven y lo mira con cara mortalmente seria — Alfred nunca se pierde el día de hamburguesas.
Dicho esto, el presidente de los Estados Unidos de América entra a la sala oval, dejando a un traumado y al borde del suicidio John.
— Mi vida es un asco
30 de Marzo, 3:34 am
Lo que esta haciendo en esos momentos debía de calificar como la cosa más rara que ha hecho en su vida entera (y vaya que ha sido muy larga su vida). Se encuentra sin saco, camisa, pantalón, calcetines ni zapatos. Únicamente viste una corbata y su bóxer. No es algo digno de alguien como él.
¿Pero cómo ha comenzado todo? Se pregunta Austria. Pues bien, ha sido culpa de esa maldita puerta del mal, si tuviera su piano a mano tocaría dedicándole todo el odio del mundo a esa puerta. Pero bueno, no debe alterarse, él es un aristócrata y los aristócratas no se alteran. En fin, continuando con el relato; el ambiente se estaba aponiendo pesado después de cerca de seis horas encerrado, sus dedos se movían compulsivamente como tocando un piano invisible y un tic estaba saliendo en su ceja izquierda.
Estaba considerando seriamente saltar por la ventana, después de todo no sería tan distinto a aquella vez que Estados Unidos decidió que sería divertido jugar al "Barco hundido"* en el gran cañón, recordaba perfectamente que en algún momento del juego Islandia piso en falso y casi cae al precipicio, creando una reacción en cadena cuando Dinamarca intento sujetarlo y Alemania sujeto a Dinamarca y de ahí España, Bélgica, Polonia, Rusia, China y así sucesivamente con el resto de mundo (literalmente). Al final resultó que el idiota americano había colocado plataformas inflables al final del cañón, por lo que no hubiera pasado nada si el chico caía (aunque si lo piensa bien, siendo país no le hubiera pasado nada igualmente, hubiera sido doloroso, pero no hubiera muerto).
Esta divagando, okey, como iba pensando, estaba considerando saltar por la ventana cuando vio a Corea sacar una baraja de su traje y comenzar a barajarla. Movido por la curiosidad y por qué se aburría como nunca decidió acercarse y preguntar si se le antojaba una partida de póker. El coreano aceptó casi enseguida (no sin antes aclarar que el póker fue originado en Corea) y se pusieron a jugar.
Al poco rato ambos se estaban aburriendo del juego, llevaban cinco partidas de las cuales y para su sorpresa, Corea había ganado cuatro (Y debe admitir que la única razón por la que ha logrado ganar es por un descuido del coreano, donde le permitió ver sus cartas). Cuando estaban a punto de parar, la hermana menor de Rusia, que al parecer llevaba tiempo observándoles jugar, les propuso unirse a la partida.
— Paso — Siente a Corea estremecerse con las palabras de la chica. Desde que el juego comenzó con la bielorrusa, ella controlaba todas las partidas. Cierra los ojos temiendo mirar sus cartas. Lo único que le queda por perder, además de su corbata y bóxer, es su dignidad. Cuando la rubia pasa, ve una luz al final del túnel.
Mira unos momentos al coreano, que a estas alturas cubre su desnudez únicamente con un calcetín. Alza una ceja, la sala de reuniones esta en silencio, todos duermen, ha logrado permanecer con su bóxer y corbata cerca de cinco horas – se pregunta como demonios alguien puede jugar tanto tiempo.
Carraspea antes de mirar sus cartas, abre los ojos sorprendido. Una sonrisa un poco fanfarrona adorna su rostro- él no es así, tal vez es el cansancio. Pero una idea algo malévola cruza su mente. Deja las cartas en el suelo, ante la mirada atónita de la rubia y la esperanzada del coreano.
— Creo que yo gano esta partida — susurra mientras hecha un vistazo a su alrededor. Mira su reloj que descansa entre su ropa acomodada al lado de la bielorrusa. Marca las tres de la madrugada, todos excepto ellos duermen. Decide dormir un poco después de exigir su prenda por ganar.
— ¿Qué es lo que pides, aristócrata? — La fría pregunta de la chica parece desafiarlo. Austria esta cansado, de verdad quiere dormir, por lo menos un poco. La malvada idea que cruzó su mente momentos atrás regresa como exigiéndole que la cumpla. Sera cruel, y sin mucho sentido tal vez, pero el sueño atrofia su cerebro y sus ojos le piden descanso.
— El calcetín — responde, simple, elegante, como si acabara de decir una sofisticada palabra difícil de entender — Quiero el calcetín de Corea.
La chica sonríe, mirando con un poco de incredulidad y diversión a Austria. Su aterradora aura se ha desvanecido horas antes, tal vez a causa del cansancio, tal como ocurre con Austria. Corea ríe histérico, retrocediendo un poco. Ese calcetín es lo único que cubre sus partes nobles.
Entonces comienza la persecución. Corea corre sujetando con una mano el calcetín sobre sus genitales y Austria lo sigue de cerca, tratando de alcanzarlo. No alcanza aun a entender de qué demonios le servirá el calcetín, pero lo quiere. Corren esquivando naciones dormidas en el piso. Las pocas que no están dormidas, como Islandia y Turquía, los miran con una ceja alzada.
Siguen corriendo, hasta que Corea se tropieza con sus propios pies. Dada su velocidad, Austria no alcanza a frenar y tropieza con Corea. Lo último que siente antes de caer inconsciente es un duro golpe en la frente y algo liquido escurrir por su rostro.
30 de marzo, 10:04 am
— ¿Entonces eres un niño islandés mágico? — Turquía está sentado con las rodillas contra su pecho y sus manos sobre estas. A su lado, Islandia, con unas ojeras impresionantes y sentado del mismo modo que el turco lo mira exasperado.
— Si — susurra, con la voz un poco ronca. Habían hablado toda la noche de cosas al azar — Me tele transporto y veo gente mensa.
— ¿Muerta?
— No, mensa — Islandia aparta la vista de Turquía y señala hacia Dinamarca, que parece estar bailando un vals con Polonia — Ahí hay uno.
— Ya veo — Contra todo pronóstico, Turquía se ve realmente impresionado. Islandia suelta un suspiro, llevan así desde el día anterior. Habían comenzado una charla sin sentido y parecían mantener el ritmo, hablando estupideces.
Permanecen en silencio unos momentos, mirando a su alrededor. Por alguna razón Suiza parece estar muy entretenido hablando en una esquina lejana con Escocia, ambos lucen nerviosos. Islandia alza una ceja, ya investigara después que se traen esos dos.
Sigue mirando a su alrededor… ¿Italia le estaba haciendo un striptease a Estados Unidos? Mejor ignora eso, no quiere traumas en su pura y mágica mente islandesa. Sus ojos buscan por algo que hacer, hasta que se topan con algo interesante.
— Hey, Turquía ¿Quieres hacer la discordia?
30 de Marzo, 10:09 am
Prusia comenzaba a hartarse de la situación que veía frente a sus ojos. Hace un rato ya que Francia había llegado a incordiar su prefecto momento con el canadiense. El francés había llegado de la nada y se había sentado entre él y Canadá, le había quitado al rubio que un dormía el abrigo del albino y se lo había aventado al dueño en la cara para reemplazarlo con el suyo propio.
No le había apartado la vista al prusiano hasta que el canadiense se despertó, pocos minutos después, y había comenzado a charlar con quien había considerado como un padre para el tiempo atrás.
— ¿Prusia? — La suave voz Canadá lo saca de sus pensamientos; suponía que había tratado de matar a Francia mentalmente por un tiempo y se había perdido de la conversación de esos dos — Te preguntaba si no era Austria el que está ahí tirado en el piso medio desnudo y sangrando.
Prusia alzo una ceja confundida y desvió la mirada hacia donde Canadá apuntaba. Efectivamente, el señorito engreído estaba en el piso medio desnudo casi encima de Corea y con lo que parecía ser sangre en la frente. ¿Qué demonios? Austria medio desnudo en el piso, debía tomar una foto.
— ¿Por qué no vas a echarle una mano, mon cher? — Prusia miro a Francia con el ceño fruncido. ¡Por supuesto que ese mal amigo francés quería que se fuera! ¡Quería alejarlo de Canadá! ¡Maldita rana francesa…! Oh, espera, estaba comenzando a sonar como Inglaterra, eso no podía ser bueno. De una u otra forma Prusia forzó una sonrisa amigable e ignoró a Francia.
— No te preocupes Canadá, el señorito estará bien, se las ha visto peor. — ¡Y una mierda dejaría que ese francés presuntuoso lo separara de Canadá ahora que lo había descubierto!
30 de Marzo, 10:34 am
— ¡Así no, ve~! — Inglaterra se bajó la camisa que ya estaba a medio subir ante las palabras del italiano y suspiro exasperado. Llevaban al menos una hora con ese asunto del striptease. ¿Cómo todo eso había comenzado con lecciones de cocina y había terminado con un tipo bastante bizarro de curso sexual? Con desgano el anglosajón se bajó de la mesa donde se encontraba y se tumbó agotado en el suelo.
Las pocas horas de sueño que había tenido se las había pasado peleando con el italiano la única cosa parecida a almohada en la sala: Estados Unidos. Cada que Inglaterra lograba acomodarse en el estómago pachoncito del americano, Italia se las arreglaba para lanzarlo lejos y tomar su lugar. Hasta que arto del asunto, Inglaterra había lanzado un poco fuerte a Italia y lo había tumbado de la mesa donde descansaban, haciéndolo dormir en el suelo (aún no estaba seguro si el italiano realmente estuvo dormido o el golpe lo había dejado inconsciente). Como fuera, el americano no se había enterado de nada y había dormido plácidamente toda la noche.
Nada más despertar (o recobrar la conciencia después de la caída) Italia había retomado las clases de cocina/curso sexual y le ahora le mostraba como hacer un striptease más o menos decente. Estados Unidos seguía sin comprender que hacia ahí, pero se había quedado sentadito y quietecito cuando le habían dado una barra de chocolate que Hungría había metido de contrabando a la sala de juntas y que les había dado a cambio de ver un beso entre Inglaterra y Estado Unidos.
— Debes moverte un poco más ¡ponle sabor a esto como si estuvieras haciendo comida!
— Ese es el problema — habló por fin el de anteojos, quien terminaba de saborear lo que quedaba de su tercer barra de chocolate — Su comida sabe horrible… ¿tienen otro chocolate?
Casi como si la hubieran invocado, Hungría apareció de la nada con chocolate en mano y las mejillas rojas de la emoción. Inglaterra suspiro resignado, tal vez nunca sería bueno en eso del erotismo y la comida.
— Tal vez siempre apestare en esto, no tiene ningún caso seguir, Italia — Dijo con desanimo mientras se inclinaba para besar a Estados Unidos mientras Hungría se deshacía en gritos de emoción. — Quiero decir, mi país es conocido por su erotismo y eso, pero como tal vez Francia tenga razón y solo soy bueno en las novelas eróticas nada más.
Italia paso a un lado de Hungría, que tenía una hemorragia nasal enorme y tomo las manos de Inglaterra entre las suyas, mirándolo con una determinación conocida en el italiano únicamente cuando se trataba de preparar pasta, y le dijo completamente seguro y sin vacilación.
— Para cuando logremos salir de aquí si es que salimos ve~ ¡te prometo que serás el mejor cocinero del mundo!
— Italia… — La escena no hizo más que aumentar los chillidos de Hungría, a quien le parecía la escena más homo que había visto en su vida, mientras estados unidos tomaba con sutileza el chocolate de sus manos y comenzaba a comerlo sumamente feliz y sin terminar de entender del todo que tenía que ver el erotismo con la comida de Inglaterra.
30 de Marzo, 3:45 pm
Suiza estaba muy nervioso, miraba de manera casi paranoica a todos lados antes de entrar a un pequeño closet adjuntado a la sal de reuniones donde se guardaba los abrigos. Su cuello ya dolía de tanto que lo movía ante cualquier pequeño ruido. Se exaltó un poco al sentir una mano aprisionando su muñeca y jalándolo dentro del closet.
— ¡Entra rápido, maldición! — La voz del escoses lo tranquilizo, solo se trataba del pelirrojo. — Si no actúas normal comenzaran a sospechar.
Suiza solo asintió con la cabeza. Tal vez ese asunto se les estaba yendo de las manos. Chasqueo la lengua y se maldijo mentalmente por haber accedido a dejar sus armas fuera de la sala.
— Todos están actuando normalmente, pero estoy seguro que dentro de poco se desatara el infierno — Escocia encendió un cigarrillo que había encontrado dentro de algún saco cuando desesperado se había puesto a esculcar las cosas de los otros.
— Están sobreviviendo a base del mercado negro que Hungría lidera. Al parecer ella se hace cargo del intercambio de cosas que fueron contrabandeadas a la sala de juntas sin que Alemania lo notara, pero eso no durara para siempre, en algún momento escaseara la comida… —
—…Y cuando eso ocurra— El escoces exhaló el humo de su cigarrillo y puso una sonrisa digna de un villano de Disney — Nosotros estaremos en la cima de todo—
Suiza alzo una ceja. Tal vez el asunto se les iba de las manos. Estaban planeando una conspiración. En un armario. Y su única arma era… un queso.
30 de Marzo, 5:22 pm
Francia rechinaba los dientes de puro enojo. Su supuesto amigo, Prusia llevaba rato flirteando con Canadá ¡Su dulce y seguramente virgen Canadá! No lo podía permitir, sobre su cadáver dejaría a su pequeño niño con alguien como Prusia. Nadie era lo suficientemente bueno para su pequeño canadiense – el hecho de que normalmente el mismo lo pasaba por alto poco importaba en esos momentos.
Ahora tenía que encontrar un plan para separar a ese rufián del canadiense, ¡y tenía que encontrarlo ya! Hacía rato que Canadá parecía haber comenzado a excluirlo de la conversación sobre los diferentes sabores de maple que podía encontrar en su hogar – aunque sinceramente, todos le parecían lo mismo al francés. Su sangre hervía de celos de padre cuando veía al rubio reír por los comentarios del albino, o cuando el albino rozaba la mano de Canadá accidentalmente y un sutil sonrojo se colocaba en el rostro del canadiense.
Bufo con molestia cuando Prusia le dirigió una mirada altanera que claramente decía le restregaba en la cara que su pequeño Canadá tal parecía disfrutar de su presencia. Muy bien, eso era guerra, y como tal, necesitaba aliados. Miro a todos lados buscando algo que le ayudara.
En una esquina recóndita de la sala, Hungría y Japón, ambos con lentes oscuros puestos sostenían un cartel que decía "Comida por yaoi". Pensándolo un poco, le estaba entrando hambre, desde el día anterior solo había sobrevivido a base de agua. Sacudió la cabeza, debía concentrarse. Siguió buscando con la mirada; en algún lugar de la sala, Finlandia estaba casi ahorcando a Suecia mientras que Turquía e Islandia sonreían cómplices. Esos cuatro parecían tener ya su propia guerra. Austria, con un tic en el ojo y sujetando un calcetín como si fuera lo más preciado del mundo se encontraba sentado a un lado de un deprimido Lituania mientras ambos platicaban sobre cosas de la vida.
Francia suspiro resignado, tal vez nadie lo podría ayudar con su pequeña guerra personal. Derrotado, tomo asiento en el piso. Entonces un golpecito en el hombro llamó su atención.
— Al parecer, a ti tampoco te resulta muy agradable que Canadá se esté volviendo cercano con Prusia—
Francia miro asombrado a la persona detrás de él, su expresión fue reemplazada con una sonrisa de satisfacción. Al parecer esta guerra se pondría interesante.
Solo dire qu ela razon de tardar mas de un año en actualizar el fic fue porque no me sentia comoda con el. Fue dificil continuar escribiendolo, y no me gusta publicar cosas solo por hacerlo. Al inicio cuando lo publique tenia una idea clara en mente. Despues de un tiempo la idea se fue y ahora ya tengo esa idea de regreso y me gusta como va quedando. Planeo terminar el fic pronto. Ya tengo dos capitulos adelantados y los publicare uno por semana.
Gracias por leer :)
