Hola a todos. Aquí les dejó el segundo capítulo, disfruten la lectura.
Los personajes de Naruto no me pertenecen, son de M. Kishimoto.
Su voz aterciopelada la atrapó. Quedó estática momentáneamente. Saliendo de su sorpresa, lo miró directamente a los ojos. Grave error. Sus orbes, de color ónix, como la más hermosa de las piedras, eran demasiado profundos. Se perdió en ellos.
Tan hermosos y brillantes, la atraparon. Cayendo en un pozo sin fondo. Sintió un cosquilleo en la mano, ahí, donde los suaves labios del joven tocaron su piel. Un escalofrió la hizo estremecerse. El mundo desapareció. Solamente existían ellos, perdidos en los ojos del otro.
Sasuke, se ahogó en un hermoso mar color jade, quedó prendado de ellos. Y no quería escapar, le gustaba la sensación que evocaban en su interior. Todo en ella era hermoso.
Desde que la vio, mientras platicaba con Hinata en la otra punta del salón, le preguntó a su rubio amigo quién era. Se vio atrapado por ella. Su cuerpo hermoso, su piel blanca de porcelana, sus finas facciones, su sonrisa encantadora, y esos cabellos rosas. Jamás conoció a una mujer con un color de cabello tan característico. En ella, lucia esplendoroso. Le daba un aire exótico, uno muy agradable, a su parecer.
Era una belleza muy femenina. Lo hechizó, y se dejó consumir por el embrujo. Pidió a su amigo se la presentara. Él, haría su magia. Esa mujer le gustaba, deseaba conocerla. Naruto, reacio, le explicó que ella era como su hermanita, además de un sermón sobre no hacerla sufrir o se las pagaría. No es que le temiera, pero sabía muy bien de qué era capaz por las personas que amaba. Solo quería conocerla. Ella lo cautivó. No pasaba muy a menudo.
Por lo general, las mujeres lo acosaban y seducían sin recato alguno. No les prestaba atención, parecían prostitutas en busca de cliente. A él le gustaban los retos, y, según el rubio, ella lo representaba. Eso le encantaba. Las cosas fáciles, no saben tan bien, como el luchar por ellas y obtenerlas. Se sorprendió a sí mismo por aquel pensamiento. Esto ya rayaba en lo extraño. Él, jamás pedía nada como eso. Pero ahí estaba, Sasuke Uchiha, el importante empresario multimillonario, esperando impacientemente conocer a quien le robó el corazón, simplemente con verla.
Su corazón latía en una loca carrera. La presencia del guapo pelinegro la ponía nerviosa. Eso jamás le pasaba. Pero ahí se encontraba el sentimiento. Nerviosismo puro recorriendo su sistema nervioso. Haciéndola torpe. Su cerebro no registraba otra cosa que no fuera el hombre que le acababan de presentar.
¿Cómo era posible que alguien evocara tanto en tu interior al conocerlo? No lo sabía. Antes, los hombres solo llamaban su atención por su físico. No por sentimientos. Ninguno, anteriormente, removió tanto en su interior con solo una mirada directa a sus ojos. Él llamaba la atención. Poseía algo irresistible e imposible de no voltear a ver. Prefería, no hacerse ilusiones, no pensar en él de otra forma. No era sino un simple conocido. Más bien, lo acababa de conocer.
No era posible que, alguien como Sasuke Uchiha, no tuviera pareja. Era algo, definitivamente, imposible. Ninguna mujer podría resistirse a su encanto. Aquello se le antojaba ridículo. Respiró profundo, tratando de calmar a su apresurado corazón, y trató de guardar la compostura. Después de todo era la fiesta de Hinata, debería de estar con ella, mas no quería dejar de lado al pelinegro.
Tuvieron una charla corta. Sasuke preguntó sobre su nuevo libro. Ella se limitó a darle un pequeño resumen de él y contestando las constantes preguntas del Uchiha. Se sentía un poco incómoda. Aquello, sentido al principio, persistía en ella. No la dejaba en paz. Suspiró llamando la atención de su compañero. Sasuke cuestionó si se encontraba bien, Sakura se limitó a sonreír. No estaba acostumbrada a dar explicaciones, mucho menos, a un desconocido.
Deseaba la ayuda de Hinata, que acudiera a ella, y la apartara del lado de aquel fantástico espécimen masculino. Él solamente revolvía su cerebro y su estomago. Tal vez, era simplemente, el alimento pedido por su cuerpo.
Mentira. Reconocía la mentira que trataba de creerse. No era el hambre ni ninguna otra función del cuerpo lo que la mantenía sintiendo eso. La sensación era igual a mil mariposas, hermosas y llenas de energía, revoloteando en su estómago. Era, hasta cierto punto, molesto. Y, mientras más tiempo transcurría, las mariposas movían sus alas con mayor fuerza. Decidió, mejor, alejarse de la fuente de su mal.
Disculpándose con Sasuke, fue directo al sanitario. Entró en el amplio y lujoso baño, y se recargó en el lavamanos. Por fin, las mariposas se aletargaban. Alivio, la llenó de repente, las mariposas dejaron el vuelo atrás. Empezaron a invernar. Ya un poco más calmada, salió del baño y se dirigió hacia la mesa, en donde, ya todos se encontraban sentados. La cena estaba por ser servida.
Ahora, se permitía observar a las personas de la reunión. Reconoció a Neji Hyuuga, y a su lado, su amiga Tenten sentada sonriente. A su lado se encontraba Ino y con, quien sería, su nuevo novio. Ese debería de ser Gaara, según le comentó Hinata, el galán y pintor famoso francés. Un pelirrojo de ojos aguamarina, era la primera vez que elegía un hombre como aquel, completamente diferente a los otros galanes con quienes Ino salía, tal vez, por esa razón, ahora se encontraban prometidos para casarse. El hombre con el cual, su rubia amiga, se encontraba completamente enamorada. Y según parecía, mientras los observaba, el sentimiento era recíproco. Se miraban muy bien juntos.
Muchas veces, Hinata le habló de las quejas de Ino por lo inexpresivo que podía llegar a ser pero, de todas maneras, lo amaba como era y parecía ser, la influencia de Ino, lo estaba convirtiendo en expresivo y extrovertido. Momentos antes los miró, a lo lejos, besándose frente a todos.
Shikamaru se encontraba con Temari. Su rubia amiga recogía su cabello en cuatro coletas, la saludó desde lejos. Sakura devolvió el saludo. Todavía no podía creerlo, alguien tan enérgico como Temari, se hubiera casado con alguien muy perezoso como Shikamaru. El señor observante de nubes. El genio cuya palabra predilecta era:"problemático". Él consideraba todo aburrido, o, simplemente, demasiado problemático para su gusto. Se casó hace dos años con la rubia ojos verdes. De hecho, nadie lo creyó.
La bomba cayó de sorpresa, una increíble sorpresa, dejó a todos momentáneamente en shock. Si era raro el pensar a Temari y a él juntos, lo era el descubrimiento de su boda. Todos quedaron perplejos. Por fin, encontró una mujer lo suficiente interesante como para amarrarse a ella. La alegría fluyó en todos, una vez pasada la inicial sorpresa y el shock, mientras los felicitaban y daban su bendición a la pareja. Ambos eran el complemento perfecto. Tal vez, por esa razón, habían acabado juntos. Temari, era otra de sus mejores amigas.
A un lado de ellos, y sentados en la cabecera de la mesa, Hinata y Naruto sonreían a sus amigos, mientras charlaban amenamente. Solo un puesto estaba vacío:
El suyo. A un lado de Sasuke. Era su vecino. Esto le irritó. Ahora ya no comería a gusto. Él la perturbaría. Lo hizo antes y ahora lo lograría de nuevo.
Avanzó, con gracia y orgullo, hacia su asiento. No estaba dispuesta a dejar que Sasuke Uchiha le arruinara la noche. No, por supuesto que no. Se sentó a su lado sin siquiera voltearlo a ver. Simplemente, se limitó a platicar con Temari. No se dio cuenta, antes, de cuanto la extrañaba. La última charla en la cual platicaron fue hace mucho tiempo. Sintió nostalgia por los viejos tiempos.
Aquellos donde todas salían a la caza de hombres guapos. Donde se divertían juntas y reían hasta el cansancio. Parecía tan lejano. Sus amigas al menos dos de ellas estaban casadas, otra comprometida y pronta a casarse. Excepto ella y Hinata, pero Hinata tenía a Naruto, su novio, a su lado. Suspiró con el último pensamiento. Precisaba dejar esas ideas atrás, por el momento, requería olvidar y solo disfrutar.
La cena llegó en el mejor momento. Sakura se relamió los labios al verla. Tanta charla, logró abrirle el apetito. Tomó un pequeño bocado de la comida y lo puso en su boca, estaba exquisito. Hinata era una excelente cocinera, aun a pesar de tener sus propios chefs, le encantaba hacer la comida para las fechas especiales. Ahora que lo pensaba, no sabía el porqué de la reunión. Después de comer le preguntaría a su amiga. La cual, durante toda la noche, había mantenida una actitud bastante sospechosa.
Comió con gusto, sin remordimientos, cada bocado de lo que se encontraba en su plato. Si se encontraba hambrienta, se enteró en ese momento. Tomó la copa de vino tinto acomodada a su lado y le dio un sorbo a la bebida.
Momentos después, los platos fueron retirados. Un pequeño tintineo, como de cristal siendo golpeado por una pequeña cuchara, llamó la atención de todos los comensales. La atención se vio dirigida hacia Naruto, el cual con una sonrisa de oreja a oreja, se puso de pie y se aclaró la garganta para empezar a hablar.
—Buenas noches, les doy las gracias por acompañarnos en esta maravillosa velada en la casa Hyuuga. Como todos saben, Hinata, ha sido mi novia desde hace dos años, dos fabulosos años. Soy muy afortunado de tenerla a mi lado. Pero ahora, siento la necesidad de que eso cambie. Hinata. —Su nombre se deslizó de su lengua como terciopelo, acercó su mano grande para tomar la pequeña y delicada de ella, invitándola a pararse.
—Enfrente de todos nuestros amigos y personas más cercanas y queridas…—Se detuvo un momento para tomar aire. Apoyó su rodilla derecha en el piso y con voz firme dijo.
—Hinata, eres lo mejor que me ha pasado en la vida, te necesito como el aire para poder vivir, por eso, y porque te amo inmensamente, quiero preguntarte. —Hizo una pausa breve y continuó, mientras sacaba una caja de color azul oscuro del bolsillo derecho de su pantalón.
—Te amo con toda mi alma, Hinata Hyuuga, ¿Me harías el honor de ser mi esposa? —
La Hyuuga no pudo contener la emoción. Se lanzó a los brazos de su amado, con lágrimas en los ojos, y con la voz entrecortada por la sorpresa y el llanto, dio un ¡Sí! a la proposición. Momentos después, el Uzumaki le colocó el anillo de compromiso en el dedo anular de su mano izquierda.
Las felicitaciones no se hicieron esperar. Todos los presentes se acercaron a dar su enhorabuena a la recién comprometida pareja. Ambos, con una enorme sonrisa en el rostro, aceptaron los buenos deseos de todos sus amigos.
Sakura, se sentía muy feliz por su amiga. Pero, a la vez, le tenía envidia. No es que Naruto le gustara, ni mucho menos, él era como un hermano mayor para Sakura. Todo radicaba en su relación. Sakura estaba impaciente por encontrar a su persona ideal. Al amor. Deseaba que de una vez tocara a su puerta. ¿Lo encontraría algún día?, no estaba del todo segura.
Se levantó de la mesa para dar sus felicitaciones a la pareja. Ambos, sus mejores amigos, sus personas más queridas. Daba gracias que, sus amigos, hubieran encontrado a alguien especial. Quién iba a pensar: la tímida Hyuuga y el extrovertido Uzumaki, terminando .
Todos se alegraron cuando por fin, se hicieron novios, el sueño de Hinata se había vuelto realidad. Desde la niñez se encontraba perdidamente enamorada del rubio. Y ahora, su amor, se agrandaba más. Darían un enorme paso en su relación. Se convertirían en marido y mujer.
La fiesta terminó tarde, eran las 2 de la madrugada, entre anécdota y anécdota se pasaron el resto de la noche. El ambiente cargado de renovado gozo. Amaba a sus amigos, los extrañaba, pero se sentía fuera de contexto. Todos con sus parejas, esposas, esposos, novios o novias, y ella, la única soltera del grupo. Bueno, también estaba Sasuke. Pero en eso no quería hablar ni con ella misma. Estaba basta confundida sobre él, no necesitaba pensar sobre eso.
Se despidió de todos con una sonrisa pintada en el rostro. ¡Falsa!. Su conciencia le gritó. Era verdad, la felicidad expresada en el rostro, no era real. Sentía lo opuesto a ese sentimiento. El ver a sus amigos comprometerse le sentó mal. Le recordó lo sola que se encontraba y lo mal que se sentía por no tener a nadie a su lado. Lo había intentando tantas veces, ninguna resulto, ya estaba cansada de lo mismo.
Cuando salió al patio, se estremeció por completo, un aire frío le golpeó el cuerpo bruscamente. Frotó sus manos en sus congelados apéndices para ganar algo de calor. Caminó lentamente hacia su coche. Quería llegar a él. Pero su cuerpo no parecía permitírselo. Deseaba llegar a su departamento, cambiarse y dormir. Olvidar todo.
De repente, una cálida mano se posó en su hombro asustándole, haciéndola brincar de sorpresa.
Espero hayan disfrutado del segundo capítulo. Hasta el siguiente capítulo.
