Hola gente aquí les dejo un capítulo mas de esta historia que mi cabeza desarrolla. Espero que les guste!!

Elwing Nyar

Capítulo 2: Desconcierto

-¿Te encuentras bien?- Bastian noto la expresión de su mujer, algo no cuadraba.

-Si, estoy bien… creí ver algo… no me hagas caso, probablemente no es nada.

-¿Estas segura? Si no te sientes bien es mejor que te vayas a casa

-Si, si- se apresuro a responder- es mejor que entremos no queremos hacer esperar a la gente- Tomó el brazo de su marido y atravesaron la pequeña puerta.

Oriana dedicó una última mirada a aquella mujer. Su mente se invadió de recuerdo, y su semblante reflejó la nostalgia que la embargaba.

Cerenia y su hermanan menor jugaban el en jardín de la casa cuando escucharon gritos provenientes de la casa. Sus padres estaban discutiendo nuevamente.

-¡No te das cuenta, ya tendría que ver despertado su magia! Oriana es un año menor y ya a demostrado una gran habilidad- gritaba el señor colérico.

-No podemos precipitarnos, quizás todavía no esta preparada. Tú sabes que es reservada, puede que no quiera hacer demostraciones- la mujer trataba, inútilmente de apaciguar a su marido.

-No tolerare esa clase de gente en mi familia, es una vergüenza- el hombre tomo su abrigo y salió de la casa.

La señora Darnell sabia de lo que era capaz su marido, no exageraba. Tenia que hacer algo, no podía permitir que lastimara a su hija. Salió al jardín a llamo a las niñas. Les comentó que tenía que viajar urgentemente y pidió a Cerenia que la acompañara.

- Necesito que estés lista, partiremos en dos horas- Dijo la madre mientras se dirigía haca la casa. Miró nuevamente a las de pequeñas y deseo a ver tomado la decisión correcta.

Cuando Oriana se despidió de su hermana sintió una opresión en el pecho, era algo definitivo, no una simple despedida. Quiso llorar pero no pudo, sólo se quedo parada, estática. Como una espectadora que observa lo inevitable.

La señora Darnell tomó a su hija del brazo y desaparecieron. Cuando Cerenia por fin pudo abrir los ojos, sintió una horrible sensación en el estomago. No comprendía que es lo que había sucedido. Miro a su madre y esta le sonrío.

-¿Ya te sientes mejor? La primera vez te descompone pero es sólo hasta que te acostumbres.

- ¿Como lo hiciste mamá?- interrogo la niña asombrada

-Con magia- respondió la madre

-¿Por qué yo no puedo hacer esas cosas? Por eso papá esta molesto, lo noto cuando me mira.

-No tienes de que preocuparte, no le hagas caso a tu padre, te prometo que todo será distinto- Abrazo a su hija fuertemente, lagrimas caían de sus ojo.

-¿Por qué lloras? A mi no me molesta ser diferente, en serio, no llores.

-Todo va a estar bien- y diciendo esto, sacó la varita de su bolsillo y apunto a su hija- Ahora estarás bien- La niña se desvaneció en sus brazos.

Cerca del lugar quedaba un pueblo muggle, era una noche fría y todos los habitantes se encontraban resguardados en sus casas. Solo una figura solitaria caminaba por la calle, se detuvo delante de una modesta casa estilo victoriano. Había visto muchas veces a sus propietarios y eran buenas personas. Su hija encontraría en ese hogar todo lo que necesitaría, la contemplo por última vez. Sus rizos delineaban su rostro pálido, parecía tener un hermoso sueño, una sonrisa se dibujaba en la comisura de sus labios.

Tenia que apresurarse, no podía perder más tiempo. Golpeó la puerta y alzó una vez más su varita. Para cuando la niña abrió los ojos la mujer ya había desaparecido.

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El señor Granger iba concentrado en la carretera; ya estaba anocheciendo y odiaba manejar durante el crepúsculo. Una hora del día bastante engañosa, en donde los últimos rayos de sol distorsionaban las imágenes dificultando la percepción.

-La noche esta demasiada tranquila, ¿no te parece raro?

-No me digas que vos también estas paranoico- se burló Jane

-Tal vez tengas razón- concedió su marido no muy convencido- voy a tener que dejar de leer tantas novelas de suspenso

-Parece que alguien mas resultó sugestionado por el castillo- la Sra. Granger disfrutaba incomodar a su marido.

-No te burle

-No me vas a decir que es bastante irónico

Hermione mantenía su mirada fija en aquel bosque, nuevamente se sintió atraída, sentía como su sangre se alborotaba ante aquel magnetismo. Siempre se caracterizo por se una niña bastante madura para su edad, la racionalidad era un punto resaltante en su personalidad. Si bien siempre disfrutó de una fructuosa imaginación que la trasportaba a mundos lejanos y llenos de aventuras… eran solo mundos creados por su cabeza, no algo real. Pero últimamente la realidad y la fantasía se veían continuamente entremezcladas y la línea divisoria se disolvía.

No podía dejar de pensar en todo esos extraños sucesos que la tenían como protagonista principal. Primero pensó que estaba alucinando o que quizás era un sueño muy vivido y su mente le jugaba una mala pasada. La frecuencia de estos alarmantes eventos fueron aumentando… no podía seguir mintiéndose. Lo que sea que estaba pasando no lo entendía y eso la asustaba…

-Herms ¿estas bien?- preguntó Jane- Pronto llegaremos al Hotel y podrás descansar un rato.

-Si… mamá

-Si, cariño

-Como a papá no le gusta conducir de noche, estaba pensando que… quizás… podríamos pasar la noche aquí. ¿Qué te parece?

-¿A ti que te parece cariño? Tiene razón Herms es tarde. Creo que vi una pequeña posada, podríamos quedarnos ahí- Jane compartía o creí compartir los intereses de su pequeña.

-Me parece bien. Va a ser interesante pasar la noche en el pueblo, quien sabe… quizás tengamos una visita nocturna

-No empieces de nuevo cariño, al fin y al cabo ¿quien terminaría asustado?- Hermione y su madre rieron de buena gana.

-Claro, ahora las dos se complotan contra mí. ¡NO ES JUSTO!

-La vida no es justa, acostúmbrate a ello- respondieron ambas al unísono- ¿Acaso no dices eso siempre papá?

-Nunca me lo imagine de ti, mi princesa, me siento totalmente traicionado- poniendo su mejor cara de desaprobación.

- ¡Vamos papá! No te pongas melodramático

-Bueno, bueno. Mejor lo dejemos ahí. Ahora tengo que ver por donde tengo que doblar para volver al pueblo. Querida ¿puedes fijarte si hay alguna indicación?

-No, no hay ninguna señalización de este lado- Jane buscaba algún cartel que indicara el camino.

-No puedo creer que no haya una indicación- el Sr. Granger ya estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

-¡Mira papá! Adelante hay una bifurcación, tal vez sea el camino de regreso- dijo señalando hacia delante.

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Ya estaba a punto de comenzar la ceremonia, los rostros ansiosos de la audiencia lo anticipaba. Desde el inicio de los tiempos oscuros las cosas había cambiado para la comunidad mágica; la gente movida por el miedo había dejado de acudir a los eventos. Los festivales quedaron relegados a causa de la guerra y de las continuas amenazas. Se perdieron muchas vidas. Ahora con la caída del Lord Oscuro, en manos de aquel pequeño, poco a poco las cosas retomaban su curso.

Nueve años habían pasado desde su derrota pero muchos magos y brujas cargaban, aun, con pesadumbre, en sus corazones, los resabios de la Guerra. El Ministerio de Magia vio, en el festival, la oportunidad de rendir una especie de homenaje a todas aquellas personas que lucharon con valor y determinación.

A pesar del ambiente festivo, la incertidumbre era palpable en muchos corazones que se rehusaban a creer que todo había acabado. La calma y tranquilidad actual se mantenía en un equilibrio inestable.

La historia de los seres humanos, desde sus inicios, ha estado poblada de periodos oscuros separados por cortos intervalos de prosperidad y guerras no declaradas. Por desgracia, la historia de la comunidad mágica no era una excepción a la regla. Después de todos los magos también eran seres humanos y como tales, estaban sometidos a las mismas pasiones, defectos y virtudes.

Los Parkinson estaban encargados, como muchas otras familias, de la ceremonia. Hace tiempo que venían trabajando en la organización.

El sol ya se estaba ocultando tras las colinas, era hora. Se escuchó el dulce sonido de un arpa, Oriana interpretaba la melodía con maestría; sus dedos bailaban entre las cuerdas. Los espectadores, absortos en la música, se dejaban trasportar a otros tiempos… otros lugares. La magia comenzó a fluir entre los presentes. Las voces del coro se hicieron oír acompañando a aquellos embriagantes acordes.

La luna, imponente, fue testigo de aquel espectáculo. Su luz iluminó el pálido rostro de Oriana. Ella mantenía los ojos cerrados, concentrada en su interpretación. Sus cabellos negros se agitaban con la brisa demarcaba su perfil, su semblante era sereno… apacible, como una rosa que no a sido tocada por el invierno. El cuadro era perfecto.

De pronto, como una palabra que no entona con la frase, la Señora Parkinson un grito desgarrador; cargado de angustia y se desvaneció. Bastian se apresuró en socorrerla.

A los lejos, un rayo de energía ascendía a los cielos. Los magos y brujas presentes pudieron sentir una poderosa magia proveniente de aquel lugar. Tan fugaz como apareció… se desvaneció… y todo volvió a la normalidad. La confusión se hizo palpable en las caras de aquellas personas.

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La fría brisa que se colaba entre las sabanas logró sacarla de su ensueño, había olvido cerrar la ventana de la recama. Agradeció que la luz estuviera apagada, no quería despertar, el dolor era demasiado palpable con los ojos abiertos.

Desde la ventana se observaba un vasto terreno en desniveles cubierto por la oscuridad circundante; no existían matices sólo se percibía esa tonalidad penetrante, inquietante, abrumadora. No recordaba donde estaba ni como había llegado hasta ahí, sólo recordaba a aquella extraña señora.

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