Él siempre había sido un hombre meticuloso.
Observando todo lo que pasaba a su alrededor, las acciones de las personas y sus decisiones, buscando la razón que los impulsaba a actuar.
Era fácil entender las razones de una persona y encontrarse con pequeños retos, significaba simple y llanamente una pequeña obsesión que no lo dejaría hasta que entendiera la razón de su existencia.
Aunque eso no significaba que de vez en cuando no sé llevara una sorpresa.
Como cuando se enteró de que el guardaespaldas de su hijo tenía una cuenta muy conocida en Twitter, donde sus hilarantes comentarios eran bien aceptados. Comentarios que no esperaría de una persona que solía verse tan seria.
Pero al final tenía sentido. En algún lugar debían ir todos los comentarios que el hombre no hacía en sus horas de trabajo y, Al parecer, también en su tiwmpo libre.
O cuando descubrió que Nathalie tenía cierta fijación por las novelas eróticas y estaba casi seguro de que ella, estaba trabajando en su propio contenido.
Sólo que aún no descubría qué clase de pseudónimo tenía pensado la mujer para publicar su trabajo, o si ya había publicado con anterioridad.
Los pasatiempos de las personas eran un asunto interesante. Aunque él no estaba seguro de tener uno en realidad.
La mayoría de sus actos eran realizados como si fueran un trabajo; acciones realizadas con un fin lucrativo.
Aunque no todos tenían el mismo grado de éxito y eso lo irritaba.
Más cuando acariciaba despreocupadamente la joya color lila que adornaba su cuello, esa que significaba el trabajo más importante de su vida.
El trabajo donde más se sentía fracaso.
Día dos: pasatiempo.
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