Hola!

Simplemente no puedo más que agradecerles todos sus comentarios, me hace muy feliz que les guste mi fic y estoy demasiado contenta al ver a quienes siempre me están apoyando en otras de mis historias :)

Me encanta la idea de que la pequeña Rin una a la pareja y veo que a ustedes también n.n

Bueno, aquí está el segundo capitulo, espero les guste.

Saludos y un gran abrazo a todas! Arigatou por su apoyo ^^

:::///*Cindy Elric*\\\:::


Lluvia

Había sido un hermoso día, si, antes de que esas molestas nubes lo oscurecieran, parecía que iba a llover, el ambiente estaba húmedo y la luz del sol no era capaz de traspasar a las amenazantes nubes.

No había nadie fuera de sus casas, todos se encontraban resguardados esperando a la inminente lluvia, todos menos una pequeña niña que vagaba sola por el bosque, se abrazaba a si misma tratando de curar su frío mientras seguía con su insistente búsqueda, estaba perdida, no sabía hacia donde caminar pero no se daría por vencida, tenía que encontrar a esa joven tan amable…

-Espero que el señor Sesshoumaru no se moleste conmigo… -dijo alzando su vista al cielo, estaba bastante lejos del refugio en donde la habían dejado, seriamente dudaba si podría regresar sin problemas, pero tenía que aprovechar esa oportunidad, mientras se encontrara sola podría ir a buscar a la chica de ropas extrañas, quería hablar con ella, conocerla un poquito más para verificar si ella podría cumplir su deseo de cumpleaños, después de todo la vez anterior le había comentado que estaban acampando cerca de ese sector, no podía ser tan difícil el dar con ella…

La niña caminó minutos interminables, pidiéndole al cielo que no lloviera, no, si empezaba a llover sería mucho más difícil y peligroso el buscarla, "por favor Kamisama…" pidió cerrando sus ojos y juntando sus manos, tenía un poco de miedo y algo de tristeza, pero eso no la detuvo, tenía un objetivo en mente y quería lograrlo, si el señor Sesshoumaru no la ayudaba con su regalo ella misma tendría que esforzarse para hacerlo. Caminó unos metros más y vio humo a lo lejos, sonrió aliviada, no importa si no fuera el campamento de la chica por lo menos podría pedir indicaciones, corrió con todas sus fuerzas recuperando su acostumbrada vitalidad, antes de llegar disminuyó la velocidad y se acercó escondiéndose alternadamente en los arboles a su alrededor, debía ser cautelosa, podrían tratarse de personas malas, como bandidos o algo así…

-¿Qué haces aquí Rin?

La niña se volteó para ver quien le hablaba, sonrió ampliamente al ver a la chica que estaba buscando, estaba cargando unas cuantas ramas secas y la miraba sorprendida.

-¡Señorita Kagome que bueno que es usted! –la saludó animada corriendo a encontrarla.

-Hola Rin ¿Cómo has estado? –Se agachó a la altura de la niña sonriéndole- dime, ¿Cómo está tu brazo?

-¡Muy bien! Ya no me duele, el señor Jaken me dio unas hierbas para que no se me infectara.

-Me alegra escuchar eso –respondió recordando la apariencia del demonio color verde y sonriendo por las palabras de la niña- ¿Qué haces aquí? ¿Sesshoumaru te dejó sola otra vez?

-Si, tuvieron que ir a hacer unas cosas… en realidad la estaba buscando señorita Kagome, me sentía muy sola –respondió jugando con sus dedos y ocultando su verdadero objetivo.

-Ya veo, bueno, si quieres puedes venir conmigo –se levanta y mira al cielo- parece que va a llover, no es bueno que andes por aquí sola.

-¿Me dejaría? ¡Muchas gracias! –Exclamó sonriendo y le extendió sus manos- si quiere puedo ayudarle a llevar algunas ramas.

-¿En serio? Eres una niña muy buena Rin –accedió entregándole unas cuantas ramas, las más livianas claro está- vamos, ¿tienes hambre? Porque estábamos apunto de comer.

-¡Si! –la niña caminó al lado de la joven, sonriendo feliz al poder encontrarla y emocionada por su idea secreta.

Después de tan sólo un minuto llegaron hasta donde la sacerdotisa y sus amigos se estaban refugiando, tenían preparada una fogata y cerca de ellos había una cueva que pensaban utilizar por si empezaba a llover.

-Kagome, regresaste… ¿Quién es esa niña? –le preguntó la exterminadora mientras ayudaba a la chica tomando las ramas de sus manos.

-Ella es Rin, viaja junto al hermano de Inuyasha pero ahora estaba sola así que le dije que nos acompañara.

-Pero si es una señorita muy linda, mucho gusto mi nombre es Miroku –le sonríe.

-Ni lo piense monje mañoso, ella es una niña inocente –le mandó mirándolo enfadada y luego le sonrió a la niña- mi nombre es Sango, avísame si este monje te llega a molestar ¿esta bien?

-Pero si yo no pienso hacer nada, es sólo una niña… -se defendió sentándose junto al fuego.

-Oye Kagome, si esa niña viaja con Sesshoumaru ¿está bien que la tengamos aquí? –arquea una ceja y cruza sus brazos- quizás y sea una trampa de ese tipo para robar a Tetsaiga.

-No digas tonterías Inuyasha, yo invité a Rin ella no ha hecho nada, además es sólo una niña ¿de qué te preocupas? –Después de observar que el hanyou terminaba de quejarse le sonríe a la pequeña- Rin siéntate junto a Shippou, en unos momentos estará lista la comida.

-Si señorita Kagome –respondió para luego obedecerla, sentándose a un lado de lo que parecía un pequeño niño que tenía una cola extraña.

-Hola mi nombre es Shippou y soy un gran youkay –saludó sonriendo y moviendo su cola- es un placer conocerte Rin, ¿quieres uno?- -pregunta ofreciéndole una pequeña paleta que guardaba en uno de sus bolsillos.

-¡Shippou no coman esas cosas hasta después de la comida! –lo mandó la sacerdotisa mientras recibía los platos que Sango estaba sirviendo.

-Esta bien Kagome… toma, puedes guardarlo y te lo comes después.

-Gracias Shippou-san… -dijo examinando con cuidado aquel extraño objeto color rojo.

-Rin, eres una niña muy educada –decía el monje mientras recibía su plato de comida.

-Si, pero puedes llamarme Shippou solamente, después de todo parece que somos de la misma edad.

-Es verdad, ¿Cuántos años tienes Rin? –le preguntó la sacerdotisa mientras se sentaba junto a la fogata después de haberles servido a todos.

-Tengo nueve años… pero en una semana cumpliré diez… -respondió avergonzada mientras revolvía su comida.

-Así que se acerca tu cumpleaños, me encantaría poder regalarte algo ese día… -agregó la chica reflexionando en aquello.

-Esas son tonterías, yo nunca he celebrado ninguno de mis cumpleaños… ¡Kagome sírveme más!

-Inuyasha no seas grosero –se levanta y recibe su plato vacío- para los niños son muy importantes sus cumpleaños, es una pena que no puedan celebrarlo.

-A decir verdad yo tampoco he tenido ningún cumpleaños… -agregó la niña mirando tristemente su plato y llamando la atención de todos sin quererlo- cuando vivían mis padres eran muy pobres y después al morir me quedé sola así que nunca se ha podido… -sintió una pequeña punzada en su pecho y sus ojos se cristalizaron.

Todos se miraron preocupados y tristes por las palabras de la niña, tratando de pensar en algo para devolverle la alegría.

-¡Ya sé Rin! Piensa en lo que quieres de cumpleaños y cuando sepas me dices, haré todo lo posible por regalártelo ese día o por lo menos después cuando nos volvamos a ver ¿Qué opinas? –le dice la sacerdotisa sonriendo con una de sus mejores sonrisa tratando de animarla.

-Si, yo voy a guardar mis dulces para regalártelos también –agregó el zorrito.

-La próxima vez que nos veamos podemos hacer una gran cena para celebrar contigo ¿no es verdad monje Miroku?

-Si Sango, es buena idea –sonrió.

-A ustedes sólo les gusta perder el tiempo –se cruza de brazos.

-Estoy segura de que Inuyasha estará feliz celebrar con nosotros ¿no Inuyasha? –pregunta tirando una de sus orejas logrando del hanyou una respuesta afirmativa y unas cuantas maldiciones.

La niña no pudo más que sonreír ante las palabras de los jóvenes, eran personas en verdad agradables y estaba muy feliz por haber podido encontrarlos, su idea después de todo no era tan imposible como lo pensó en un momento, quizás y con un milagro podría tener lo que tanto quería.

La cena había terminado y todos se encontraban descansando a gusto, la niña y la sacerdotisa estaban sentadas en el pasto contemplando el cielo gris sobre ellas, Kagome se ponía al día del verdadero estado de la herida de Rin mientras que ella repasaba en su mente un complicado discurso.

-Señorita Kagome… ¿usted tiene hijos? –preguntó inocentemente sin comprender el repentino sonrojo de la joven a su lado.

-¿Qué? No, no tengo hijos Rin ¿Por qué preguntas?

-Porque usted es muy buena conmigo y con Shippou también, supo curar mi herida y sabe cocinar muy rico… -respondió enumerando todo con sus dedos mientras hablaba- también quiso subirme el animo cuando estuve triste y siempre es amable con todos, parece como una mamá…

-Pero que cosas dices Rin… -sintió el calor de sus mejillas y trató de tranquilizarse, veía que la niña le hablaba en serio así que no quiso ser descortés con su sinceridad- no tengo hijos pero tengo un hermano menor, a veces es un dolor de cabeza pero es un buen chico, me gusta cuidarlo y que siempre este bien, además Shippou también es como un hermanito para mi así que he aprendido a hacer cosas para que sea feliz –respondió sonriendo mientras en su mente recordaba a su familia que desde hace tiempo no veía.

-Ya veo… -la niña repasó sus palabras convenciéndose cada vez más que la joven era a quien ella estaba buscando- señorita Kagome… yo ya sé que quiero de regalo de cumpleaños… -fijó su vista en sus dedos, jugando con ellos y pidiendo que a la chica no le molestara lo que estaba apunto de decirle.

-¿Si? Pues dime Rin, haré todo lo que pueda para poder dártelo.

-Yo quiero… -no pudo continuar, sintió algo que golpeaba su cabeza y el ambiente estaba aun más húmedo que antes, entonces fue que la lluvia comenzó a caer apagando casi instantáneamente la fogata y obligándolos a correr hasta la cueva.

La lluvia caía estrepitosa, entorpeciendo la vista del exterior de la cueva, todos trataban de secarse dentro ella y extrañaron la calidez de la fogata, Inuyasha salió y buscó varias ramas, las dejaron a un lado esperando que se secaran mientras que cada uno buscaba calor como podía, el zorrito se escondió en los brazos de la exterminadora mientras que ella se acercaba avergonzada al monje quien la recibió con una sonrisa mientras permitía que se sentara a su lado.

-Rin, ven aquí… -le dijo la sacerdotisa sonriéndole dulcemente mientras le ofrecía sus brazos.

La niña dudó unos segundos pero después se acercó a ella, refugiándose en sus brazos, aceptando y disfrutando esa calidez y cariño, se aferró a ella sintiendo por primera vez que extrañaba ese contacto humano, vio que el hanyou se les acercaba y se sentaba a unos centímetros de ellas, después sintió que algo las cubría y levantó la vista para ver un traje rojo sobre ellas.

-Gracias Inuyasha –le sonrió al hanyou que se sonrojaba al instante y le hacia un desprecio- será mejor que te acerques también, hace frío –vio con gracia la duda y la queja del joven pero al final le hizo caso sentándose a su lado, ella cerró sus ojos sintiendo la calidez a su lado.

Rin miró con interés aquella situación, notando el sonrojo de ambos jóvenes, al parecer había algo extraño entre ellos dos, lo notó y reflexionó que quizás eso podría ser algo que dificultara sus planes, tenía que pensar bien sus futuras acciones, el sólo pedirle a la chica que sea su madre no es suficiente… sería perfecto si se quedara junto a ella para siempre, pensó en que quizás sería bueno el viajar con ellos para estar a su lado pero desechó la idea inmediatamente, no, nunca dejaría solo al señor Jaken y ella quería demasiado al señor Sesshoumaru como para alejarse de él, no, tenía que hacer algo para que la señorita Kagome se uniera a su grupo.

-Alguien se acerca –dijo el hanyou distrayendo a todos de sus divagaciones personales y poniéndose alerta.

Todos imitaron la dirección de su mirada, observando una confusa silueta que se acercaba a la cueva, sólo después de que estaba a pasos de la entrada pudieron descubrir su identidad.

-¡Señor Sesshoumaru! –exclamó la niña levantándose de su lugar y corriendo hacia el youkay, sonriéndole feliz.

-Vámonos –mandó frunciendo el ceño, estaba molesto porque la niña lo había desobedecido, porque había tenido que buscarla y porque se encontraba con el inútil de Inuyasha.

-Sesshoumaru, espera, si se van ahora se mojarán –dijo la sacerdotisa llamando la atención de todos, tensando aun más al hanyou que estaba atento a los movimientos del demonio y aumentando el enfado del youkay sin siquiera notarlo.

-Ese no es tu problema –la miró, la despreció a ella y a toda su insolente raza, miró a la niña y le dejó en claro que debía obedecerlo.

-No se preocupe señorita Kagome, vamos a estar bien –le sonrió y luego siguió al youkay que ya había empezado a caminar.

La sacerdotisa suspiró al verlos desaparecer en la lluvia, aun estaba preocupada pero no podía hacer nada para remediarlo, obedeció a la voz del hanyou que le decía que volviera a resguardarse del frío y pidió en silencio por la seguridad de la niña.

Mientras tanto Sesshoumaru caminaba lentamente, sin siquiera notar o simplemente ignorando que la pequeña a su lado estaba completamente empapada, bueno, ella tenía otras cosas en su mente más importante que la lluvia así que no le interesaba, sólo trataba de ingeniar alguna forma de que la joven sacerdotisa aceptara viajar junto a ella, el señor Jaken y al señor Sesshoumaru, si, eso era lo único en que debía concentrarse.

Continuará…

:::///*Cindy Elric*\\\:::