DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La historia es mía, sólo para entretención – mía y de ustedes. Sin fines de lucro.


Las pequeñas mentiras cambian su forma y se disuelven en un suspiro de aire blanco,
así que no olvidaremos el significado de perdernos, no importa cuántas veces mi corazón sea apuñalado.

Dejo este "adiós" justo aquí y sigo hacia delante.
No te perderé de nuevo.

PLEDGE; the GazettE —


Soltó un bufido al sentir por quinta vez su móvil vibrar en su bolso. Resopló, moviendo su flequillo, mientras tamborileaba impaciente sus dedos contra la madera del escritorio que tenía frente suyo, mirando de reojo la puerta a un costado de la oficina. Sacó el aparato para leer rápidamente el texto.

"¡Vamos! Ya llevamos más de 20 minutos esperando. ¿Todo bien?"

Rodó los ojos, iba a teclear la respuesta "Sí, todo bien, bajo enseguida", pero el ingreso de su jefe la interrumpió. Levantó la miranda, volviendo a guardar su móvil y fijando los ojos en él, con el semblante un tanto fastidiado.

— Disculpa que te haya hecho esperar, pero ya sabes… las labores de un jefe nunca terminan, menos antes del fin de semana…

— No te preocupes… ¿para qué me llamaste?

Los ojos del castaño brillaron, lo que no le agradó para nada a ella. Se acomodó en el asiento, esperando la respuesta mientras su móvil vibraba nuevamente en su bolso. Apretó los dientes, sin dejar de mirar a su jefe con detenimiento.

— Bueno, la verdad es que quería invitarte a cenar.

Su mirada le dio toda la respuesta, sin embargo, él espero que la verbalizara, con una sonrisa segura en el rostro y sus ojos sin perder ese brillo astuto.

— ¿No te aburres de intentarlo?

— La perseverancia es la clave del éxito…

— Sólo si quieres terminar lográndolo por cansancio…

— Vamos, Sango — se animó a tomarle las manos, provocando que ella frunciera los labios ante el gesto —. No es sólo por mí, es una cena de… negocios. Eres quien mejor domina las estadísticas del departamento y necesito de tus conocimientos y encanto…

Sango rodó otra vez los ojos, un poco más fastidiada que antes. Inhaló profundo, contó mentalmente hasta diez y luego exhaló, decidiéndose por fin a preguntar: — ¿Y cuándo es la dichosa cena?

El joven sonrió aún más ampliamente, intuyendo que había logrado su cometido. — El lunes, a las 20 horas. Nos iremos directo desde acá, así que yo te puedo llevar. Gracias, muchas gracias por aceptar. Entonces, hasta el lunes.

— E-Eh… ¿Qué…? ¡Yo no dije que sí!

Pero el muchacho ya se había marchado de la oficina, dejándola con las palabras en el aire. Volvió a resoplar, sacando su móvil para verificar la hora: llevaba más de 30 minutos de retraso. Se apresuró en cerrar todas las dependencias del edificio que aún estaban abiertas y luego salió, viendo de inmediato el automóvil azul marino estacionado afuera, el conductor estaba apoyado en el vehículo con su móvil en la mano, seguramente escribiendo otro mensaje más mientras su acompañante esperaba en el interior, jugando algún videojuego sin prestar mucha atención a su alrededor.

— Ya, no sigas. Llegué. — Al momento de terminar su frase, volvió a sentir la vibración en su costado, donde estaba apoyado su bolso, y resopló, sabía que él la había visto desde el momento en el que atravesaba la puerta de salida y sólo seguía enviando mensajes para molestarla. — ¿Qué caso tiene? Ya estoy aquí.

— Pensé que podría ser una ilusión de mi mente deseosa de verte — le sonrió con los ojos azules destellando con picardía —. ¿Por qué tardaste tanto?

— Kuranosuke necesitaba hablar algo conmigo…

— Pudiste haberme avisado. Podría haber ido a dejar a Kohaku con la anciana Kaede y luego volvía por ti…

— No pude, lo siento. ¿Vamos?

— Creo que no, aún no.

Sango arqueó una ceja, cruzándose de brazos. ¿Acaso era el día de fastidiarla? Primero, todo el día en la oficina haciéndole recados a su jefe; luego, la había hecho esperar casi 30 minutos para decirle lo que tanto necesitaba y terminar comprometiéndola a una cena a la que ni siquiera tenía ganas de ir; y ahora, para finalizar, Miroku se negaba a emprender el camino a casa. Frunció los labios, fulminándolo con la mirada.

— ¿Y ahora qué? ¿Acaso se descompuso tu vehículo o…?

— No me has saludado como corresponde. ¡Los modales, Sanguito! ¿Qué ejemplo le das a los niños?

— ¿Q-Qué…? ¡No seas melodramático! No estoy para tus juegos, sube al auto y vamos…

— No te cuesta nada: un besito aquí y un "hola, guapo". Vamos… — Miroku se señaló la mejilla derecha, sonriendo.

— Qué infantil eres — Sango se acercó nuevamente a él, depositando el beso en la zona indicada —. Hola… No, ni pienses que te diré "guapo".

Lo atajó antes de que le exigiera el resto de su petición. Él se encogió de hombros para luego abrirle la puerta del copiloto, haciéndole una reverencia caballerosa antes de permitirle subir; se montó también en el vehículo y se puso en marcha, mirando de reojo a su compañera para determinar el momento indicado para romper el silencio. Aunque no fue necesaria su intervención, ella misma volvió a entablar conversación.

— Estás extrañamente animado hoy. ¿Puedo saber por qué?

— Fue un buen día en el trabajo. El proyecto que me había rechazado anteriormente… bueno, apelé la semana pasada y me lo otorgaron.

— Me alegra escucharlo, te felicito.

— Gracias, preciosa. ¿Y puedo preguntar qué quería Kuranosuke?

— Invitarme a una cena de negocios el lunes. Creo que no me podré librar esta vez.

Miroku negó con un gesto, frunciendo un poco las cejas mientras analizaba la frase. "Librarse esta vez". Llevaba una semana evitando aceptar las invitaciones de su jefe, pero no le hacía sentido cuando recordaba que ella misma había admitido estar "saliendo o algo así" con él, cuando había tratado de enmendar las cosas.

— Sango, disculpa que insista, pero sigo sin entender por qué…

— Te he dicho que no es tu asunto. Mi relación, o lo que sea que tengo, con Kuranosuke, no es de tu incumbencia.

Kohaku tosió en el asiento de atrás, en respuesta a las recientes palabras de su hermana: él tampoco entendía el asunto. Si bien sabía que ella a veces salía con su jefe, nunca lo había considerado como algo serio y prefería mil veces a Miroku – que él le regalara videojuegos y le ayudara con consejos amorosos no tenía nada que ver con su favoritismo, claro –, pero era cierto que los últimos días la muchacha había estado esquiva sobre ese tema y no tenía idea porqué. Sospechaba que podía ser algo ocurrido durante el viaje que habían hecho a Las Vegas, pero prefirió no preguntar pese a que la curiosidad lo comía por dentro.

— Lo que sea que tengas… claro, comprendo.

Miroku no pudo disimular la molestia que tenía, Sango lo miró de reojo para notar que seguía con el entrecejo fruncido y fingiendo concentrarse en el camino. Soltó un suspiro, intentando ignorarlo. Después de todo, sabía que todo lo que derivara de ese tema de conversación, en especial lo amurrado de Miroku y las desaprobaciones indirectas de Kohaku, eran su culpa. Siguieron el trayecto en silencio hasta que llegaron al edificio de departamentos donde vivían ella y su hermano. Miroku estacionó y, antes de que ellos bajaran del automóvil, se aclaró levemente la garganta para llamar la atención de sus pasajeros.

— ¿Qué ocurre?

— El lunes tengo una reunión por el proyecto que te comentaba, así que no podré pasar a buscarlos.

— Hum… bien, veremos qué hacer. Gracias y… ahm, adiós.

La despedida fue fría, él sólo les hizo un gesto con la mano antes de arrancar nuevamente el automóvil y desaparecer por la calle. Eso dejó apesadumbrado el corazón de la castaña, pero como estaba acostumbrándose a hacer, ignoró el sentimiento para organizarse mentalmente para el lunes. Ese era el asunto más pronto a resolver, después de todo.


Tiró la chaqueta y las llaves en el sofá, para luego tirarse él mismo, llevándose las manos a la cara, tratando de quitarse esa sensación de encima. Todo un excelente día, arruinado por el simple comentario de una cena y el directo "no te entrometas" de su amiga. Maldición, él sólo quería comprender un poco su extraña actitud, pero ella prefería alejarlo.

¿Había interpretado mal las señales? Sango era una chica especial, eso lo reconocía, pero eran los mejores amigos desde la secundaria, eso significaba que la conocía bastante bien. Mucho más que cualquiera que estuviese en su círculo de cercanos ahora. Incluso más que ese tal Kuranosuke que, aunque también la conocía desde esa época de adolescencia, nunca había sido tan cercano como él. Nadie lo había sido, de hecho.

Hasta que tuvieron esa pelea. Esa discusión, ese problema por un tonto tema de negocios y affaires. Se había dejado llevar por una chica que le prometió grandes ganancias y, además, lo había seducido hasta su cama. Para cuando se dio cuenta, había ganado un buen negocio, pero a ella, a Sango, la habían despedido. Claro, cuando se enteró intentó cambiar las cosas, la muchacha era su mano derecha, él había buscado el negocio para los dos, para la empresa. No era justo, pero las exigencias del contrato que había conseguido habían sido claras y no pudo hacer nada, ya estaban firmados los papeles y si se echaban para atrás, terminarían despidiéndolo a él también, por no decir que la empresa para la que trabajaba perdería mucho dinero. Trató de explicárselo a Sango, comprendía que ella estuviese molesta, enojada, furiosa. Estaba preparado para sentir toda su ira caer sobre él, pero nada de eso ocurrió. Ella simplemente lo miró, fría, seria, casi indiferente para luego decirle las palabras que hasta el día de hoy le dolía recordar: "no vuelvas siquiera a hablarme, no existes para mí".

Las llamadas nunca más fueron contestadas ni devueltas, la puerta de su hogar no volvió a abrirse para él y su presencia comenzó a ser ignorada por completo por ella. Pensó que el tiempo curaría las heridas, que ella comprendería, y esperó. Esperó paciente, los días, semanas, meses que pasaron. Nunca perdió las esperanzas y, cuando pensó que era tiempo suficiente decidió volver a acercarse, primero tanteando terreno con Kohaku, hasta que al final habían vuelto a hablar. Para su alivio, a pesar de que ella parecía aún molesta por su estúpido error pasado, ya no le era indiferente.

Después pasó lo del matrimonio. Claro, otra razón más para que ella quisiera fusilarlo, pero en lugar de eso, el viaje a Las Vegas había sido tanto más provechoso en ese sentido. Por lo menos él había aclarado un poco más sus sentimientos, decidiéndose a intentar ver si realmente la situación era como la sospechaba. A pesar de que presentía que ella podía ir por el mismo camino que él, su amiga le había cortado cualquier ilusión de golpe.

"Lo siento, Miroku… estoy saliendo con Kuranosuke… o bueno, algo así."

Bien, una puñalada baja. Sin embargo, él no era de los que se desanimaba tan fácil y, aunque quisiera negarlo, ella también había correspondido ese beso, y era por algo. Así que su respuesta fue sencilla: "De acuerdo, pero hice una apuesta y no voy a perderla". Sango tampoco había reclamado mucho ante esas palabras, simplemente le dijo que hiciera lo que quisiera. Así que sutilmente habían vuelto a ser amigos como antes, aprovechando los momentos en que las hacía de chofer para ponerse al corriente, incluso cenaban juntos a veces y solían mandarse bastantes mensajes. Entonces, ¿estaba interpretando mal a la castaña?

— Es obvio que lo prefiere a él — asumió en voz alta, cosa que le dolió más que pensarlo. Como si no bastara con la tortura en su mente, siguió verbalizando sus ideas —. Es guapo, no se puede negar; exitoso, adinerado y tiene clase. Por si fuera poco, siempre ha declarado estar enamorado de ella y es su jefe. ¿Cómo no lo va a querer? Entonces, no entiendo que no quiera salir con él. ¿Habrán peleado, quizá la trató mal? No lo creo, no se ve como alguien capaz de hacer algo así… ¿Será por algo que no tenga que ver con él? Sango podría… quizá esté confundida…

El sonido de su móvil lo sacó de sus divagaciones; miró la pantalla y se encontró con dos mensajes: uno de Kohaku y otro de InuYasha. Abrió primero el del más joven, leyendo el contenido con prisa.

"No sé qué le pasa a mi hermana, pero se encerró en su pieza y está con la música alta, no quiere responderme. A veces me preocupa. ¿Debería hacer algo?"

Meditó un poco la respuesta, pensando las palabras que escogería para el muchacho. Luego de unos cuantos segundos de duda, decidió por fin el contenido del mensaje: "Mejor déjala por hoy. Mañana trata de preguntarle si pasó algo. Quizá, podría ir a verla también, pero primero averigua qué ocurre."

Envió el mensaje y a continuación, leyó el de su amigo: "Oye, Kagome se fue a la casa de su abuelo por el fin de semana. ¿Vamos por unas cervezas?"

Negó con un gesto, la verdad no tenía ganas de salir, menos a beber, pero tal vez podía ayudarle a distraerse. Ladeó la cabeza, pensando en las posibilidades, después de todo InuYasha no era mucho de ese tipo de propuestas y quizá necesitaba hablar algo con él, así que tomó una decisión.

"Ok, te paso a buscar en 30 minutos."

Un par de segundos después de enviar el último texto, la pantalla volvió a brillar con un nuevo mensaje de Kohaku.

"No creo que deba venir mañana. Mejor trato de averiguar lo que pasa y le cuento. Buenas noches."

Suspiró, tomando sus cosas para ir en busca de su amigo. Pediría un taxi, porque si iban a beber cerveza, no quería terminar en un hospital. Podía ser tan irresponsable como para conducir con un poco de resaca, pero nunca lo haría ebrio.


"¡Es que no es justo, Kagome! No quiero sentir esto."

Mandó el mensaje a la única persona a la que le confiaría lo que le estaba pasando. Suspiró mientras esperaba la respuesta, pero cuando su móvil comenzó a sonar, no fue con un mensaje. Bajó un poco la música y contestó la llamada.

— ¿Sí, Kagome?

¿Qué ocurrió ahora? ¿Volvieron a pelear?

— No… no sé — ni siquiera era capaz de comprender lo que estaba pasando —. Se molestó, estoy segura. Su despedida fue… fría.

¿Y por qué? Miroku no se enoja porque sí… algo debió pasar.

— No quiero darle detalles de lo que tengo con Kuranosuke…

Ay, Sango… — Ella pudo imaginar perfectamente el rostro entornando los ojos en desaprobación de su amiga a través del teléfono, sólo por su tono de voz. — Ni siquiera yo sé qué es lo que tienes con él…

— Ya te he dicho, él me busca — contestó un poco molesta, su amiga era su confidente y le había contado lo que pasaba —. Y a mí me gusta un poco…

¿Por qué no le dices que sí, entonces? No comprendo, te evitarías muchos problemas. — Sango no contestó, se quedó pensativa unos segundos antes de revelar la verdadera arista del problema. — ¿Sango, sigues ahí?

— Sí… lo siento…

¿Entonces, me dirás porque no…?

— Miroku.

Ahora fue Kagome la que se quedó sin habla. ¿Era en serio? Sango solía hablar de la extraña relación que tenía con Miroku, lo problemático que era y que prefería mantenerse al margen de sus enredos. Desde que se habían hecho inseparables en la adolescencia, la castaña criticaba fuertemente la actitud mujeriega y libertina del moreno, pero siempre lo defendía delante de otros; por su parte, Miroku solía sobreprotegerla e incluso celarla más que su propio hermano. Ella siempre los había visto como buenos amigos, casi hermanos por la confianza que se tenían, pero cuando se habían peleado y la castaña se había alejado, su corazón intuyó que algo más pasaba. Con el tiempo, al ver que sus amigos no se reconciliaban, descartó la idea y no volvió a intentar juntarlos más. El tema del matrimonio hubiese sido la excusa perfecta, pero en realidad parecía que ninguno de los dos estaba cómodo así, y cuando Sango le confió que estaba comenzando a tener algo con su jefe, descartó por completo una relación de ese tipo con el oji azul.

Bien, Miroku. ¿Qué pasa con él? — Tuvo que preguntar, no comprendía cuál era el problema. O, en realidad, le era difícil creer que ése fuese el problema.

— No sé, no quiero que sepa. No quiero que vaya a… molestarse por eso. Él no aprueba a Kuranosuke, nunca le ha agradado. Y yo no quiero que se enoje conmigo por eso…

Miroku puede ser muy infantil, lo sabes. Pero si le explicas lo que pasa, creo que tiene la suficiente madurez como para comprenderlo y no hacer un drama de esto.

Sango le meditó un segundo, ella no estaba tan segura. Miroku sí era maduro y ella sabía que, en otras circunstancias y quizá, en otro momento, habría comprendido. Ahora era distinto…

— … No quiero que se ponga celoso.

Pudo notar la sorpresa de su amiga, casi se atraganta con el líquido que se estaba llevando a la boca. La escuchó toser un par de veces antes de que fuese capaz de volver a hablar: — ¿Celoso? ¿Por qué? Sé que siempre lo ha sido, pero te dejaba tener tus novios, Sango… no veo porqué ahora sería diferente…

— Es que… pasó algo en Las Vegas — sus mejillas enrojecieron, debería haberle contado eso desde que volvieron, desde un principio, pero no quería asumir lo que se suponía que significaba.

¿Algo? ¿Acaso se acostaron…?

— ¡No, por el amor de Dios, NO! — Casi le grita al teléfono, qué ideas se le ocurrían a Kagome.

¿Entonces?

— Él… Miroku me besó… y yo le correspondí.

Otro silencio, más largo que los anteriores, mientras la azabache procesaba la información que acababa de recibir. Pudo sentir a través del auricular cómo su amiga se acomodaba, respiraba profundo y ordenaba las ideas antes de seguir con la conversación.

Ok, se besaron… ¿sobrios?

— ¡Claro que sobrios! No volvería a embriagarme con él en Las Vegas, ¡no quiero otro matrimonio olvidado!

De acuerdo… ¿y por qué se besaron?

— P-Porque yo estaba molesta, no quería volver a hablarle porque no recordaba la razón por la que me propuso matrimonio y eso me dolió, y él estaba molesto porque yo no le hablaba y dijo que sí recordaba porqué me había besado aquella vez…

¿Ya se habían besado antes? Sango, hay muchas cosas que no me estás contando, parece…

— ¡Fue hace 6 años, estaba ebria y no lo recordaba! Pero él sí y volvió a besarme y yo correspondí… pero como lo conozco, le dije que no caería en sus juegos y que nunca iba a cambiar, que se seguiría tomando todo a la ligera…

Eres dura con él cuando quieres…

— ¡Se lo merece! Pero, en vez de dejarme en paz, me apostó que si era capaz de tomarse algo en serio… le dije que tenía algo con Kuranosuke, dijo que de todas formas no perdería la apuesta y… y… no sé qué hacer. Tengo miedo, Kagome. ¿Y si sólo está jugando, como siempre?

Sango, respira… tranquilízate, es normal que dudes cuando se trata de Miroku. Creo que aquí no deberías pensar en lo que él hará… Lo más importante es saber qué sientes tú. ¿Te atrae Miroku?

— Yo… — Lo pensó unos segundos, Miroku era un joven atractivo, su sonrisa era deslumbrante, sus ojos no tenían comparación con ese tono azul que la hipnotizaba y, por si no bastara con eso, sabía perfectamente que tenía un físico envidiable. — Sí, creo que sí me atrae…

Bien, es muy guapo después de todo… ¿lo quieres?

— ¿Quererlo…? — Era una pregunta un poco tonta, claro que lo quería, era su mejor amigo. — Sí, también lo quiero…

¿Y te gusta? Dime Sango, ¿te gustaría tomar su mano y caminar por el parque así? ¿Volver a besarlo, sentir sus brazos alrededor tuyo? ¿Quizá escuchar palabras tiernas de sus labios? Bueno, también otras pícaras y pervertidas, de eso no hay duda…

— ¡Kagome!

Perdón, me estoy desviando… ¿Te gusta, Sango?

— Eres demasiado cursi…

Sólo respóndeme.

Lo meditó un momento. Miroku solía animarla, sabía exactamente cómo subirle el ánimo cuando había tenido un día malo. La sorprendía, la mimaba desde pequeños detalles hasta grandes gestos que ella apreciaba mucho. La hacía sentir querida, especial, protegida incluso. Y a ella le agradaba eso, cuando estaba con él, podía olvidarse de sus problemas. Podía tomar un verdadero respiro, refugiándose en la tranquilidad que le brindaban esos ojos. Pero, por otro lado, no podía negar que también le dolía saber que no era la única mujer en la mente de él. Miroku era mujeriego, libertino y un pervertido sin remedio, cualidades que ella siempre le había reprochado y que no compartía. Eran, en realidad, como agua y aceite. ¿Cómo iban a poder estar juntos?

— No estoy segura. A veces creo que sí, pero luego… él no es mi tipo, Kagome.

Sí, tu tipo es más como Kuranosuke, eso lo sé. ¿Preferirías pasar una tarde con él o con Miroku?

— Con Miroku… — La respuesta fue casi automática, Kuranosuke la agobiaba, se sentía presionada, incluso abrumada, como si no pudiese ser ella. Con él se comportaba como lo que se suponía que era: una señorita, una joven un poco tierna y delicada, segura sólo en el ámbito laboral. Pero junto a Miroku podía ser tal cual era: incluso podía golpearlo si se pasaba de listo y él no se molestaría ni se alejaría de ella por eso. Se sonrojó al darse cuenta de lo que significaban sus palabras.

Bien, supongo que ahí tienes tu respuesta. ¿Qué vas a hacer?

— Creo que tendré que hablar primero con Kuranosuke. Últimamente se ha estado haciendo muchas ilusiones, lo mejor será hablarle claro.

Y luego, conversarás con Miroku… ¿no?

— … No lo sé. Debo pensarlo, Miroku es muy problemático y no quiero salir herida.

Bien, supongo que es tu decisión. Pero recuerda que preferiste pasar una tarde con él. Y que él apostó demostrarte que se tomaría en serio las cosas. ¿Sabes que nunca pierde, verdad?

— Lo sé… gracias, Kagome.

No es nada. Trata de descansar ahora. Adiós.

— Adiós.

La llamada finalizó, dejando a la castaña con un peso menos en sus hombros, pero bastante más en qué pensar. Apagó la música y se metió en su cama, trataría de dormir para luego seguir en su dilema. Probablemente, con la cabeza más despejada y descansada, podría decidir mejor qué haría.


Pidió otro par de cervezas y miró a su amigo, tenía las mejillas un poco sonrosadas por el exceso de alcohol y a ratitos soltaba hipidos que le causaban gracia. Le extendió la botella verde esmeralda y le hizo un gesto para brindar.

— ¡Por ti, que te has animado mucho esta noche!

— Keh, no fastidies. Sólo necesito pensar un poco…

— El alcohol no te ayuda a pensar, de todas formas.

Los extraños ojos dorados se posaron en los azules con seriedad, sólo un par de segundos antes de abrir la boca para expresar sus inquietudes.

— Quiero pedirle matrimonio a Kagome.

— ¿¡QUÉ!?

Varias cabezas en el bar se giraron a mirarlos, Miroku hizo un gesto para restarle importancia a su exclamación, disculpándose, y luego volvió a mirar fijamente a su amigo, directo a los ojos.

— ¿Casarte?

— Quiero vivir con ella…

— Pueden mudarse juntos sin necesidad de estar casados…

— … y quiero formar una familia. Pasar el resto de mi vida con ella.

El moreno bebió un sorbo largo de su botella antes de responderle a su amigo, sopesando la idea en su cabeza. El matrimonio podía tener sus ventajas, InuYasha amaba a su novia y de seguro, ahora pasaban mucho de su tiempo juntos. Quizá el siguiente paso era vivir juntos, aunque sospechaba que muchas veces él se quedaba en casa de ella y viceversa, así que si esa etapa estaba superada, la siguiente era el matrimonio… sonrió de medio lado, palmoteando la espalda de su amigo.

— No es mala idea, dudo que encuentres alguien que te aguante más que ella.

— No fastidies. ¿Cómo lo hago? Tú ya pediste matrimonio una vez, aconséjame.

— Estaba ebrio, fue una apuesta. No creo que cuente mucho…

— Pero se lo dijiste a Sango y sobreviviste. Necesito esa suerte.

Miroku le dio un suave codazo en las costillas, eso no le hacía gracia, menos en esos momentos en los que estaba… con esa encrucijada amorosa – ¿podía llamársele así? – entre manos y prefería olvidar momentáneamente cualquier asunto relacionado con Sango.

— No seas ridículo, InuYasha, la situación es completamente distinta.

— Lo sé, perdón… de todas formas, ¿tienes alguna recomendación?

Miroku lo meditó unos segundos, si su amigo quería hacerle esa propuesta a su novia, iba a tener que hacerlo de una manera sorprendente y original. Sonrió brevemente, pensando en lo emocionada que estaría Kagome cuando lo supiera, ya la imaginaba saltando de la alegría y queriendo contárselo a medio mundo de inmediato.

— Tienes que hacer algo único, especial. Algo que los distinga a los dos. No sé, quizá si tienen algún lugar especial…

A InuYasha le brillaron los ojos, al parecer las palabras de su amigo le habían dado una idea.

— Sí hay un lugar… está cerca del templo de su familia. Hay una leyenda que asociamos a nosotros…

— Bueno, puedes partir por ahí…

— Sí, creo que se me acaba de ocurrir algo… gracias — InuYasha volvió a beber de su cerveza, aunque ya estaba pensando que debía ser la última.

— No es nada, sabes que aquí estoy para lo que necesites.

Asintió en respuesta y lo miró de reojo, algo le pasaba a Miroku. No es que él fuese un experto leyendo e interpretando a la gente, pero todos esos años siendo su amigo algo le habían enseñado. Lo conocía lo suficiente como para notar que algo lo estaba molestando, a pesar de sus intentos por aparentar que todo estaba bien.

— Hoy fue un buen día en el trabajo… — Se aventuró a soltar, no era muy bueno hilando ideas ni mucho menos indagando en los problemas ajenos.

— Sí, lo fue…

— Pero no te ves tan animado. Por lo menos no tanto como en la oficina.

— Me sorprende lo observador que eres — el tono fue sarcástico, no pudo evitarlo. No se sentía de humor para hablar sobre eso.

— Debo suponer que fue por algo que ocurrió después — no hubo respuesta a su indagación, por lo que se arriesgó a adivinar —. ¿Quizá, Sango…?

Un golpe secó en la mesa del bar cortó la frase, Miroku había dejado la botella con fuerza en la superficie, como tratando de impedirle que continuara con la idea. Sin embargo, esa reacción le bastó a su amigo para saber que iba por el camino correcto: la castaña era la causante.

— No pasó nada.

— Oye, puedes confiar en mí… ¿no crees?

— Como si pudieses solucionar el hecho de que ella sea tan ambigua.

— ¿Ambigua? — InuYasha arqueó una ceja, no podía entender que él dijera eso, su amiga siempre era bastante clara.

— Sí. Dijo que tenía "algo" con ese tipo, Kuranosuke… pero lo ha estado evitando desde hace días.

— A lo mejor ya no le gusta tanto… ¿no te ha querido decir por qué?

— No le gusta hablar de eso… por lo menos no conmigo. Es frustrante, ¿sabes?

— ¿Por qué? O sea, debe ser molesto que no confíe en ti, pero… ¿frustrante? No puedo creer que tú, Tsujitani Miroku, me reconozcas que estás frustrado por algo.

— Es sólo que… no sé, nada es claro. Cuando se trata de Sango, no puedo saber qué quiere. Pensé que la conocía, pero últimamente es un mundo aparte…

InuYasha bebió lo poco de cerveza que le quedaba al seco, se limpió con el dorso del antebrazo y lo miró un par de segundos, pensando la situación. Para él, la relación que tenían sus amigos siempre había sido rara, pero nada más allá que una fuerte amistad. Sin embargo, desde lo ocurrido con el matrimonio en Las Vegas, algo había cambiado. No conocía tanto a Sango como para estar seguro, pero Miroku era su mejor amigo y sabía que algo había pasado. Él le había comentado algo vago, como si no quisiera admitir que realmente estaba afectado por eso y tampoco había querido profundizar, respetaba si Miroku quería guardarse algunas cosas, después de todo era el código que tenían los dos.

Ahora, sin embargo, parecía ser distinto. Por mucho que su amigo no quisiera decirle qué pasaba, estaba seguro que no era algo tan simple como que ella no quisiera decirle sobre su vida personal. Era algo más, y estaba casi seguro de que tenía que ver con lo que había pasado en su viaje y con los sentimientos de ambos.

— ¿Miroku?

— ¿Sí, InuYasha?

— Sango es tu mejor amiga… y es una chica muy hermosa…

— Así es.

— Y ustedes son muy unidos… ¿no será que realmente te gusta y estás celoso?

Pensó que su compañero lo golpearía, lo regañaría o negaría sus suposiciones; sin embargo, la respuesta que obtuvo fue diferente: él se volteó para verlo a la cara, el rostro pensativo y una media sonrisa resignada cruzando sus labios. Quizá le había dado al clavo.

— Creo que tienes razón. Últimamente, no he podido sacármela de la cabeza… Sango me gusta, no puedo negarlo, y a pesar de todo lo que me conoce, creo que es la única que podría soportarme. Pero temo que se haya cansado de mí… y, muy probablemente, esté celoso de su jefe, claro.

InuYasha quedó con la boca abierta, pasmado ante la repentina sinceridad de su amigo. En otro momento habría bromeado al respecto o se habría molestado, pero no habría declarado sus emociones tan directamente. Sacudió la cabeza, seguramente el alcohol de más en sus venas estaba teniendo efectos en el razonamiento del oji azul y sus pensamientos ya no pasaban por el filtro de la inhibición: él estaba siendo honesto.

— ¿Y no se lo has dicho?

— Aparte de lo que pasó en Las Vegas, no he vuelto a tocar el tema. No voy a hacerle un escándalo cada vez que salga con ese tipo ni mucho menos, mi estrategia es distinta. Sólo soy yo, atento como siempre y demostrándole que realmente me importa. ¿Qué más puedo hacer? Creí que el hecho de que había correspondido el beso, significaba que también le gustaba, pero ahora estoy comenzando a dudarlo.

— ¿Tan esquiva es contigo?

— No, no es esquiva… por el contrario, volvimos a ser tan unidos como antes. Sólo que cuando se trata de Kuranosuke… se enfada, no me comenta nada y dice que no es mi asunto. Me confunde: me permite coquetearle tanto como quiero, pero en cuanto sale el nombre de ese idiota a la palestra, se cierra por completo. Sin embargo, tampoco quiere salir con él, evita verlo fuera de lo necesario por el trabajo… No lo entiendo.

— Las mujeres son complicadas. Kagome hacía lo mismo cuando Hōjō estaba rondando… y con Kōga… ¡Agh, no quiero ni recordarlo! ¡Como si uno no se preocupara por ellas! Deberías dejarla sola, se le pasará en un tiempo…

— ¿Tú crees? No sé si sea una buena idea, ¿no sería desinteresado de mi parte?

— Sería preferible que no te calentaras la cabeza. Tú la conoces mejor que nadie, sabes que prefiere tener las cosas claras. De seguro, más temprano que tarde, ella misma quiera hablar sobre esto.

— Supongo que sí…

InuYasha le palmoteó la espalda con cariño, luego pagaron sus tragos y pidieron un taxi para irse a casa. Tenían todo el fin de semana para pensar en sus problemas, y hallarles la mejor forma para solucionarlos.


"Lunes…"

Había tratado todo el día hablar con su jefe, pero él estaba tan ocupado como cada lunes. Hacerse de 5 minutos para conversar con ella había sido imposible, aunque prometió compensarla. Ella no estaba conforme con esa respuesta, porque sabía que se refería a otro intento de salir juntos, alguna invitación a cenar o al cine, o algo así. Rodó los ojos al escuchar a su compañera, la situación de verdad estaba hartándola.

— Ya ves, dice que es porque se maneja mejor en las estadísticas del departamento, pero seguramente es porque es su favorita…

— Pero si es obvio. ¿No escuchaste que estaban saliendo?

— Por si no lo han notado, estoy aquí — les soltó a las dos chicas que no hacían ni siquiera el intento de bajar la voz para hablar de ella.

— Entonces, podrías aclarar la situación. No es bueno que anden rumores sobre el jefe y tú por los pasillos…

— ¿Qué, quieren que les cuente toda mi vida personal?

— Pues sabíamos que algo tenían con el señor Takeda… pero también tienes otro pretendiente. El tipo guapo ese que pasa todos los días por ti, ¿no? ¿También sales con él?

— Mi vida privada es PRI-VA-DA. No tengo que darle explicaciones a nadie. Pero, si quieren saberlo, sólo voy a la cena de esta noche por un tema laboral. ¿De acuerdo?

— Sí, claro… sigue repitiéndotelo, a ver si así te convences.

Las chicas se alejaron riendo, ella cerró los ojos y volvió a contar hasta diez para no ir tras ellas y seguir discutiendo. Sabía desde un principio que tener cercanía con Kuranosuke iba a ser motivo para chismes. Ya no les caía bien a muchas de sus compañeras por la forma en la que había llegado a ese puesto – luego de que la despidieran de su empleo anterior, su jefe la había contratado sin siquiera ponerla a prueba – y ahora, con la insistencia de él y las pocas veces que había aceptado sus invitaciones, era peor. Ésa era una de las razones por las que no terminaba de sentirse cómoda teniendo algo con su jefe. Aparte de todos los peros que ya tenía claros, por supuesto.

Miró la hora, faltaba poco para el cierre de la oficina. Guardó su trabajo, apagó el ordenador y comenzó a ordenar sus cosas. Vio a todos a su alrededor hacer lo mismo e irse, seguramente a sus casas a descansar o a pasar lo que quedaba de la tarde junto a alguien querido. Resopló su flequillo y sacó su móvil para llamar a su hermano.

— ¿Hermana?

— Kohaku, ¿cómo estás? ¿Ya terminaste los talleres?

— Si, acabo de salir… La señorita Kagome me irá a dejar donde la anciana Kaede. Ahora la estoy esperando.

— De acuerdo… no salgas de la escuela hasta que llegue ella, ¿sí? Y no vayas a subirte a ningún vehículo extraño…

— Hermana, sé cuidarme bien. Tengo 14 años, ¿lo olvidas? No me iré con ningún extraño. Te aviso cuando llegue donde la anciana Kaede.

— Está bien, perdóname… a veces olvido que estás tan grande. No olvides avisarme, ¿de acuerdo? Te quiero.

— Claro, hermana. Nos vemos en la noche, te quiero. ¡Pásala bien!

La llamada se cortó justo en el momento en el que escuchaba una risita a sus espaldas, se volteó para encontrarse con su jefe riendo bajo sin dejar de mirarla.

— Pareces su mamá, no deberías ser tan sobreprotectora con él. No es un niño…

— Es mi hermano menor, y soy responsable por él. Yo sabré cómo lo cuido, no creo que sea asunto tuyo.

— De acuerdo, perdón… no volveré a decir nada al respecto — Kuranosuke levantó las manos en señal de haberse rendido con ese tema, luego le volvió a sonreír —. ¿Vamos? Aún tenemos que pasar a la tienda por tu vestido…

— ¿Mi vestido? No te preocupes, si pasamos a mi casa me cambio rápido y…

— No, claro que no. No te preocupes, es un regalo.

La tomó por el brazo y la condujo hasta su vehículo, luego se dirigieron a la tienda, ella se probó el vestido que él había escogido y, no muy convencida – porque era un poco más descotado de lo que hubiese querido – al final terminó usándolo para la cena.

Llegaron al lujoso restaurante donde se llevaría a cabo la reunión, se encontraron con quienes harían negocios con ellos y comieron tranquilamente, riendo de vez en cuando con algún comentario.

En un momento, a ella le pareció ver a esa tipa… ¿cómo era su nombre, Koharu? Apretó los dientes, pero prefirió disimular su incomodidad. Estaba al otro lado del salón, junto con otro grupo seguramente de negocios, ¿habría ido a buscar acuerdos nuevamente a la ciudad? Era mejor no pensar en ello, después de todo ya había pasado un tiempo desde los problemas que había ocasionado, así que volvió a obligarse a ignorarla y seguir en lo suyo.

Luego de comer, se dispusieron a hablar de lo que los convocaba y en ese momento, Sango se lució como sólo ella podía con el manejo de la especialidad de su departamento, de tal forma que impresionó a los futuros inversionistas. Kuranosuke estaba más que complacido con haberla llevado, pero sus planes no terminaban ahí. Luego de que se cerrara el acuerdo, la llevó a la pista de baile para disfrutar de un momento con ella. Sango aceptó a regañadientes, sólo porque quería intentar hablar con él un momento.

— Veo que no me equivoqué al invitarte.

— Me alegra poder ser de ayuda para la empresa…

— ¿Y no quieres hacer algo más? Podriamos…

— No, Kuranosuke… de verdad, quiero… necesito que hablemos.

— Pero si estamos hablando… — Él estrechó un poco más el abrazo por la cintura, acercándola y apoyando su frente en la de ella.

— Kuranosukue, ¿qué…?

Pero tardó demasiado en reaccionar, el castaño cerró la distancia que los separaba y terminó besándola en los labios. Sango quedó un poco shockeada, tardó unos cuantos segundos en terminar de procesar lo que estaba pasando para ordenarle a su cuerpo responder con una sonora bofetada.

— ¿S-Sango…?

— ¿Cómo te atreves? ¿Acaso no escuchaste que dije "hablar"?

— P-Pero creí que… ¿no estabas…?

— ¿Qué, esperándolo o pidiéndolo? ¡Quería decirte que no puedo seguir con esto! Lo siento, pero no me gustas. Te tengo mucho cariño y agradezco todo lo que has hecho por mí, pero no puedo verte como otra cosa que un amigo y mi jefe.

Exhaló pesado, percatándose ahora de que todos se habían volteado para verlos. Se sonrojó por la vergüenza, odiaba ser el centro de atención y más aún, colocar a ambos en ese tipo de escena. Agachó la cabeza, balbuceando disculpas a Kuranosuke y deseando desaparecer. El muchacho negó con un gesto, abrazándola por los hombros y llevándola hasta su mesa, le pasó sus cosas, se disculpó brevemente con sus comensales explicándoles que volvería enseguida, la guió hasta su vehículo para pedirle que subiera y él mismo hizo lo propio.

— Y-Yo… lo siento, de verdad… n-no quería…

— Descuida, no te estoy recriminando nada. Debí darme cuenta antes. ¿Te llevo a casa?

— Está bien… ¿no estás molesto?

El muchacho soltó una risa tranquila, despreocupada, mientras arrancaba el motor y comenzaba a conducir directo a la dirección de la castaña.

— ¿Molesto? No, claro que no. Comprendería si tú estás enfadada conmigo, me sobrepasé y varias veces trataste de alejarme. Lo siento, sólo no pude resistir la tentación.

— Gracias… ¿de verdad, no… no estás enfadado? ¿Y si arruiné el negocio…?

— Tranquila, esto tiene que ver con nuestra vida privada. Es mi culpa lo que ocurrió, así que yo daré las explicaciones que sean necesarias, descuida. Sólo descansa, nos vemos mañana.

Estacionó fuera del edificio, ella se sorprendió de lo rápido que habían llegado, pero al parecer, el lugar de la cena quedaba bastante cerca de su departamento. Se despidió, aún un poco avergonzada, y antes de entrar a su hogar, pasó por Kohaku para que ambos fuesen a dormir. Había sido un día largo y necesitaba despejar su mente y descansar.


Había sido un día de trabajo normal, un poco más ajetreado porque estaban finalizando los detalles del proyecto que se suponía, iba a concretar esa noche. Miró su reflejo en el espejo y sonrió, el traje le sentaba de maravilla. Salió de su casa, se subió a su automóvil y partió rumbo al restaurante donde se llevaría a cabo su reunión.

Llegó, saludando a sus futuros compañeros de trabajo, llevándose la primera sorpresa de la noche: la misma muchacha con la que había hecho ese trato un par de años atrás, ese que había desencadenado tantos problemas con su amiga.

— ¿K-Koharu…? Qué sorpresa…

— ¡Miroku! ¡Estaba tan emocionada cuando supe que participarías del proyecto! Es una alegría que nos volvamos a reencontrar, ¿no crees?

— Es… como dije, es una sorpresa.

— ¿Sigues molesto por ese contrato anterior?

— Quizá sea mejor dejar eso atrás y enfocarnos en la propuesta de ahora, ¿no crees?

Ella le sonrió con un gesto coqueto que a él no le llamó mucho la atención. Una vez hechas todas las presentaciones y después de cenar, comenzaron a tratar los detalles del proyecto, determinando las condiciones actuales y los grupos de trabajo. Tras una larga discusión, terminaron por acordar por fin algo con lo que todos estuvieron de acuerdo. Ignoró el hecho de que Koharu hubiese insistido en ser parte de su equipo de trabajo, a pesar de que él había manifestado que estaba acostumbrado a trabajar solo. Pero eran detalles y él ahora estaba centrado, tenía sus prioridades más claras.

— ¿Así que ahora trabajas solo?

Levantó la vista de su móvil al escuchar la pregunta, estaba pensando en enviar un mensaje de texto a su amiga para ofrecerle llevarla a casa luego, pues la había divisado al otro lado del salón junto a su grupo de negocios, pero no llegó a concretar la acción.

— Sí, desde esa vez que me quedé sin compañera.

— Ve el lado positivo, ahora brillas por tus logros y no tienes que compartirlos con nadie. Agradécemelo.

— No creo que deba agradecer haber perdido a mi mejor amiga por algo así. Además, si sigo trabajando solo es porque no he encontrado a alguien a su altura — respondió un poco fastidiado, no quería recordar eso precisamente ahora.

— ¿Aún estás sensible por eso? Supéralo, ella no estaba a tu altura…

— ¿Seguirás recordándome toda la noche lo que ocurrió o darás vuelta la página y te enfocarás en el presente? Pareciera que eres tú la que no lo supera. ¿Tanto te quedé gustando?

El rostro de la muchacha se enrojeció a tal punto de opacar el rosa de su vestido. Resopló levemente, cruzándose de brazos para dirigirle una mirada con enfado y cierta coquetería mezclados.

— No seas tan egocéntrico. Aunque no puedo negar que podría repetir la experiencia con gusto…

Miroku le dedicó una sonrisa socarrona, acercándose para tomarla por la cintura y llevarla a la pista de baile, provocando un sonrojo aún más notorio en ella.

— Creo que esta vez no podré complacerte, pero no le veo problema a que disfrutemos un par de piezas de baile. ¿Te parece?

Koharu asintió con un gesto, la sonrisa coqueta escapando sin dificultad de sus labios. Ambos bailaron un par de canciones sin perder el entusiasmo, a pesar de que el moreno tenía más que claro que más allá de eso no iban a llegar, y se lo dejó claro en el momento en el que ella parecía estar esperando por algo más que una sonrisa pícara.

— Preciosa, eres una excelente compañera de baile, pero créeme… no pasará nada más.

— ¿Por qué, guapo? Nadie tiene porqué enterarse… además, viniste solo y supongo que regresarás solo a casa, ¿no? ¿No es mejor hacerlo acompañado?

— Quizá no vuelva solo…

Koharu dirigió la mirada hacia el punto en el que Miroku la tenía perdida para ver a la muchacha que tiempo atrás había quedado desempleada por su culpa, bailando con un muchacho bastante guapo. Arrugo el ceño, confundida.

— Pero ella está acompañada… quizá ya tengan planes y tú los interrumpas…

— No creo que tengan muchos planes, además no pierdo nada con intentarlo.

Miroku sonrió con autosuficiencia, volviendo a sentarse a la mesa y terminando de servirse la única copa de vino que había pedido y que bebería esa noche. Volvió a sacar su móvil, había decidido preguntarle a la muchacha si la llevaba a su hogar, así que tecleó el mensaje, pero antes de enviarlo volvió a mirar a Sango. Lo que vio hizo que su estómago se apretara un poco: Kuranosuke tenía su frente apoyada en la de ella, que estaba sonrojada, podía notarlo a pesar de la distancia; y en tan sólo un instante, los cortos centímetros que los separaban se desvanecieron, encontrando los labios del mayor con los de su amiga. Sin poder creer lo que acababa de ver, tomó sus cosas y se despidió rápidamente de sus compañeros, argumentando que debía marcharse por una emergencia personal.

Salió del edificio, subiéndose a su vehículo y tratando de calmarse antes de arrancar el motor. Resopló un par de veces, luego volvió a mirar su móvil para borrar el mensaje que iba a enviar, apretando la mandíbula. ¿Por qué Sango no había sido un poco más clara con él, directa? Si tenía ese tipo de relación con su jefe, él lo habría comprendido. Creía que ese "lo que sea" que tenían no era en realidad nada serio y por eso no había dejado de intentarlo. ¿Pero un beso? ¿No era eso prueba suficiente de que ese "lo que sea" estaba encaminándose a algo más serio? Apoyó las manos en el volante, cerrando sus dedos alrededor para calmarse. Volvió a mirar la entrada del local, sólo para ver salir a la muchacha guiada por el castaño hasta su auto, abrirle la puerta e invitarla a subir, hacer lo mismo él y partir. Apretó los párpados, intentando no pensar en lo que eso significaba, pero no pudo alejar la idea de su mente. Arrancó el motor de su automóvil, sin tener claridad total de dónde iría, dejó que su impulso manejara el vehículo hasta su siguiente destino. Si ella iba a despreciarlo de esa forma, él intentaría olvidarlo de algún modo.


¡Hola de nuevo~! No pude evitarlo. La historia me pedía a gritos una continuación y mi alma - musa incluída - no pudo resistirse. Espero que les guste, en realidad es algo que ha salido bastante rápido, así que cualquier crítica o comentario o lo que deseen, es bienvenido.

Agradecimientos a todos los que leen, espero pronto traer el siguiente y no dejarlos con la intriga. Un saludo especial a Nuez, que sigue apoyándome a pesar de que mi mente termine agobiada después de tantos ataques. ¡Te quiero, preciosa!

Nos leemos pronto, ¡abrazos a todos y feliz comienzo de año!

Yumi~

~ A favor de la campaña con voz y voto: porque leer sin dejar review es como agarrarme una teta y salir corriendo. ¿Debo recordarles que eso no lo hace ni siquiera Miroku? ~