Londres-pensó mientras cerraba los ojos y se deleitaba con el sonido característico de la ciudad. El viento acarició su cabello e hizo que su chaqueta ondeara con violencia.
-Señor, ya hemos llegado.
El hombre esbozó una sonrisa, extendió los brazos como si quisiera abarcar el mundo, y giró sobre sí mismo. Una carcajada se escapó de sus sonrosados labios, y luego un grito
-El espectáculo va a comenzar.
